26 febrero, 2010

LA FIESTA DEL SANTA SUSANA FOOTBALL TEAM

La fiesta era real. Ahora todos estábamos bailando. El mariachi lo hacía con gana. El campo de la fiesta estaba ya mero en la misma playa. Estábamos todos. Allá estaba la morenaza de San Benito, Sandra Medina; y allá el huerito de santa Rosa Carlos Williams. Y luego ya más lejos los meros chingones de Hidalgo dándole al trago más de la cuenta. Eran buenos batos y no iban a buscar pelea pos les gustaba estar cuerdos hasta el final. Pero cuando acabase la fiesta ya veríamos. ¡Ándele! pero si no estaba allí mi cuate , el merito Vicente Briones de Mercedes, con su prietita tan chiquita y esos pezoncitos. Estábamos todos en esa fiesta y no parábamos de bailar con el mariachi de allá del otro lado del río, los Coyotes de Nuevo Laredo, pos. Pero por qué habíamos ido a la fiesta no estaba nada claro. El superintendente del school district Mister Halloway nos había invitado a venir, pos decía que la escuela lo pagaba porque el equipo de fútbol de los Tigres de Santa Susana había quedado el primero. Los Tigres nunca ganaban una liga, pero aquel año había sido diferente y el superintendente Halloway y el principal Don Pedro Rangel estaban muy contentos Hasta Eladio Contreras y la señora Longoria cantaban el corrido del bandido chingón Marquitos Vargas a dúo en el campo de la fiesta. ¡Híjole! Yo no me lo acababa de creer, pero ahorita con dos margaritas de más ya chingo me lo creo todo. Allá han puesto mesas con burritos, fajitas, enchiladas y tamales. Allá estaba la vieja Eladia Mendiola haciendo unos nachos para chuparse los dedos. Pero qué me dicen si no estaba también mi chaparrita Silvia Garza caminando con el pendejo de Erasmo Falcón. ¿Qué hacía allí mi bomboncito tan guapa ella con ese joto de Brownsville? Ganas me daban de golpiarle al guayabo y regresarle a su rancho lleno de puro mugrero.
Pero en ese momento yo estaba casi pedo y solo trataba de seguir bailando agarrándome a lo que podía y si podía ser el culo de alguna vieja que quisiera coger pos mejor. Todo el mundo estaba demasiado contento y todo me daba vueltas, pero no estaba pedo, se lo juro a ustedes que yo no estaba borracho. Entonces, de repente, allí mismito estaban los ojazos de Silvia mirándome y el joto de Erasmo ya no estaba con ella. Los dos nos agarramos y nos pusimos a bailar una rumbita muy suavecito. Qué bueno que los dos estábamos allí tan agarraditos como si el mundo fuera nuestro y después de la rumbita de seguido que nos abrazamos con otra pieza y yo le dije a la chamaquita que estaba loco por ella y ella me dijo que no estaba segura, pos que no sabía si me quería o no. Luego paramos de bailar y nos fuimos a la playa. La brisa de la noche era suavecita y más bien hacía calor húmedo. La playa de Padre era muy grande y decían que seguía munchas millas hasta llegar a Corpus. En las vacaciones de la primavera venían miles de gringos de los colleges y high schools para festejar y ponerse pedos y luego se peliaban y hasta había alguna que otra balacera. ¡Pinches gringos! Pero en ese momento yo estaba con Silvia caminando por la arena y quería decirle cosas bonitas , pero mi lengua parecía de trapo y no me salía nada. Yo quería cogerla pero tenía miedo pos ella no parecía querer ir más lejos conmigo. Parecía estar escondiéndose de algo o alguien.
“¿Por qué no me deja ahorita y se va? Quiero estar sola por un tiempo”, me dijo y era como si me echara una jarra de agua helada en la cabeza.
“Pero qué pinche madre de la chingada quiere?”, repliqué, “a lo mejor estoy algo pedo, pero no me quiero ir de usted”. Estaba muy enojado pos no entendía por qué me echaba de aquel modo. Pero al poco me di cuenta.
No muy lejos de allí rondaba la figura de un hombre alto, bastante alto; y yo, como que ya me inquietaba el pendejo.
“¿Quién es ese hombre Silvia? Así pues se lo pregunté porque se me parecía que allí se estaba cociendo algo y yo no era más que las mondas de una papa que había que tirar una vez la papa estaba ya pelada. Qué chingada era aquello y quién era el compadre que andaba rondando a mi bomboncito que ya se lo querían comer y saboriar otro. ¡Pinche madre! ¿Qué mi modo! Me sentía muy herido, estaba superenojado y era capaz de cualquier locura. Sentía mis piernas como si fueran alambre y de pronto allí estaba el chavo iluminado bajo la luz de la última farola del camino. ¡Chíngale! si no era el mismo Matías Nogales, el dueño del rancho El Gallo con las plantaciones más extensas de aloveras de todo el Valle. El mero cuate que que había venido hacía años del otro lado, de Monterrey; tan serio y casado con tres hijos ya muchachotes… ¿Pero qué mugrero era este en el que me estaba rebozando?
“¡Váyase, por favor! Se lo ruego Ramiro. No es nada que tenga que importarle. Quiero estar sola. Luego ya mero que regreso a la fiesta para seguir bailando con usted y pasarlo de madre”.
Aquellos ojazos estaban muy asustados y me di cuenta que ya no tenía nada que hacer allí. Ni tampoco quería mezclarme en pendejadas, pero me sentía despreciado, manipulado, humillado. Al rato me iba retirando rápido con ganas de hacer muncho daño, con ganas de peliarme con alguien, con ganas de darle más al trago hasta quedarme muerto. ¡Estaba cabrón de la chingada!
Cuando regresé al campo de la fiesta no hice más que pedir tequilas y luego cervezas y más tarde ya no recordaba nada. La policía de San Benito ya estaban mirando si se vendía alcohol en la fiesta. Siempre venían cuando había muncho puro mexicano en fiesta, pero entonces la bebida nos la servían en botes de coke. ¡Híjole! Pero que se me hizo que por fin arrestaron a varios porque decían que ya estaban borrachos y entonces acabó la fiesta. Fue mi amigo Chicho Martínez quien me contó lo que yo había intentado hacer. Con tanta bebida yo me creía un macho, un gran macho; el mero macho del Valle del Río Grande, desde McAllen a Brownsville. Me había ido a mi carro y allí en mi glove compartment tenía la pistola cargadita, una saturday night que había comprado al pocho de Saldívar el que ahorita anda coyotiando por la frontera. Pero yo no era pendenciero y nunca había tenido el valor para matar ni un gato por muy pedo que estuviera. Así que lo que hice fue disparar al cielo y gritar y disparar hasta que ya no me quedaban balas. No sé lo que gritaba y ya no me acuerdo, pero lo que si veo ahorita es que estoy en una celda de la cárcel del Police Department de San Benito y el bolillo este de Murray; el más tonto y pendejo police officer del condado de Hidalgo; ya mero que me vigila y se ríe de mí como si fuera nomás que un pinche mexicano chingado y bien chingado. Híjole, ¡mero cabrón!

Glosario:

huero/huerito
: blanco de color, persona de raza blanca
principal: director de un instituto de segunda enseñanza
burros, fajitas, tamales, enchiladas, nachos: comida típica mexican y tejana.
joto: maricón
mugrero: basura
coger: joder
alovera: planta con propiedades curativas y cosméticas que se cultiva en el Valle del Río Grande.
bolillo: gringo, blanco anglosajón. Dícese por el color de los bollos llamados bolillos que se dejaban poco cocidos y por lo tanto quedaban blancuzcos.
Saturday night: un tipo de pistola de bolsillo muy vendida en USA.
pocho: mexicano emigrado muy reciente de México. Uso despectivo por parte de los chicanos o mexicanos de Texas a sus compadres del otro lado del río.

EL PUEBLECITO DE BENAVIDES

Cruzaba el desierto por la noche bajo la luz de la luna. Oía el aullido de los coyotes y trataba de espantar las víboras de cascabel con mis botas camperas de piel de toro. El cielo me llamaba con los guiños de las estrellas. El aire era suavecito pero ya empezaba a notar la brisa fresca de la madrugada. La luna era hermosa. Sí señor. Qué gran astro. Es noble como las mismas rocas del desierto. Allí merito que ya se veía el pueblo de Benavides. Pero era extraño que solo lo iluminara una bombilla. Bueno, no vivía muncha gente en Benavides. La verdad era que solo quedaban las familias de los Garza y de los Zaldívar; ah, sí y la otra, la de los pochitos de Cigales que habían cruzado el Río Bravo hace 25 años. ¡Hay que la chingada cómo corre el tiempo! Aun me acuerdo cuando los de Cigales tenían sus chamaquitos muy chicos y jugaban por el zacate delante de su ranchito. Y ahora quién sabe dónde están. Y ansí fui llegando al pueblo y Leocadio que es el perro guardián de Jacinto Zaldívar me comenzó a ladrar con fuerza. Era raro. Leocadio nunca ladraba salvo que hubiese forasteros en la cercanía. Pero me seguía poniendo nervioso que solo hubiese una bombilla prendida alumbrando como un cerillo. Llamé con fuerza a la puerta de los Garza, pero ya nadie me contestaba. Luego fui corriendo hacia los Zaldívar y llamé con la desesperación de un desalmado. Pero nadie respondía. Y entonces ya mero que fui también corriendo al ranchito de los pochitos de Cigales todo asustado, todo sudoroso y allí tampoco respondía nadie.
Leocadio seguía seguía ladrando, pero ¡hay que la chingada! Aquel perro no era Leocadio, pos era un perrazo vagabundo venido de quién sabe dónde. Tenía hambre el chingo de él. No, no, usted estése quitecito mi amor. No le dé por atacarme. ¡Ayy mamacita, qué soledad! Qué le había ocurrido a mi pueblecito de Benavides del condado de Falfurrias. Tan sólo habían sido tres días y tres noches las que me había ausentado. Hay el tequila. ¡Hay qué carajo con el tequila! Le había dado demasiado al trago en aquellos días. Hay que chingada. Cuánta sangre había tenido que correr para arreglar las cuentas. Cuánta sangre había tenido que correr para que mi amo Cipriano Graza comprendiera que yo no le engañaba y que las reses habían desaparecido de verdad con la tormenta y el tornado cerca del Cañón de Ojo Caliente. ¡Hay qué mugrero de vida! Cuánta sangre tuvo que correr para que Jacinto Zaldívar comprendiera que yo no lo engañaba con su mujer. Hay qué chingo de vida. ¿Por qué se entrometió su hijo Bernardo y las hermanitas y por qué tuve que usar mi revolver además de mi machete? ¿Y por qué los de Cigales querían llamar al sheriff Malcolm de Kensville y así me obligaron a darles muerte? ¡Hay Dios mío, Jesús Dios, virgencita de Guadalupe! Benavides, mi pueblecito, se había quedado tan triste bajo la luna y hasta Leocadio se pudría tirado en la cuneta cerca de la troca de Jacinto. ¡Ándele perrazo asesino cómase lo que quiera y que los buitres hagan el resto¡ Yo ahorita ando solitario por el desierto viviendo como los coyotes. El sheriff Malcolm nunca me encontrará. ¡Hay que la chingada! Hay Jesús mi Dios que sé que me estás escuchando y que sabes entenderme.

SALTER CITY

Volvía a Salter City después de mucho tiempo vagando por las praderas del oeste y trabajando como vaquero. Cuando llegó al pueblo unos muchachotes comenzaron a insultarle llamándole vaquero de mierda. Curt era pequeño de estatura y delgaducho, pero su carne era dura como la de un cabrón salvaje. Los chavalotes lo veían debilucho y volvían a insultarle para divertirse. Él los miró detenidamente sin dejar de trotar y dejó caer un salivazo. Los muchachotes le volvieron a tirar piedras, pero Curt siguió su camino sin hacer caso. Al llegar a la Main Street vio que había demasiada gente ociosa holgazaneando por el pueblo. Unos jugaban al pocker en la misma calle recostados sobre las paredes de madera de las casas. Otros piropeaban a las mujeres no importaba si eran casadas o solteras. Aún otros se dedicaban a pelearse por dinero a la vista de todos. Curt se dio cuenta que Salter City estaba podrido. Aquel pueblo no era el que había dejado tiempo atrás. Entonces la gente trabajaba duro y había mucha honestidad entre todos. Los muchachotes iban a la escuela del Reverendo Murphy y los ya mayorzotes ayudaban en los ranchos o los almacenes. No había tiempo para holgazanear. ¿Qué había pasado?
Timothy Delton se lo contó.
Había habido elecciones para alcalde y las había ganado el tramposo de Henry “Twister Finger” Adams. Una vez ya en el cargo Twisted Finger nombró a Renter Dawer como sheriff del condado. Renter era un indecente pendejo que ya había matado, robado y violado más de la cuenta. Pero Renter era la mano derecha de Twisted Finger, su puto matón y lameculos. Pronto la corrupción y la maldad fue carcomiendo Salter City de tal modo que ya nadie sabía qué estaba bien y qué estaba mal. Hasta los muchachotes insultaban y perdían el respeto a los más ancianos. Los adulterios y la vida licenciosa hacían del pueblo una puñetera cloaca. Todo el mundo desconfiaba de todo el mundo y Curt se dio cuenta de que aquello estaba perdido.
No intentó nada. Ni siquiera entró en el saloon a beber su merecido trago. Simplemente escupió de nuevo y se fue cabalgando en busca de otro pueblo.

LUPITA MEDIZABAL

Monté en mi caballo y seguí la orilla del río Colorado. Pasé por Lockhart y luego ya mero agarré la orilla del Guadalupe y pronto ya me encontraba no muy lejos de Gonzales. Hacía muncho calor y el agua del río estaba como verde claro. Muy apetitoso para darme un chapuzón. Me quité toda la ropa y me quedé como cuando mi mamacita me trajo al mundo. Qué fresquita estaba el agua. Mi caballo estaba tranquilito allá atado al mesquital pues. Que pendejo. Pero al ratito como que siento una serpiente copperhead nadando con prisa. ¡Qué de la chingada! Sé que no hacen nada si no las provocas, pero ya como que salí del agua. ¡Hay mi cuate! Si picar me pica no duro ni tres minutos pos me hincharía como una vaca muerta y paff, allá mero que me voy con mi Diosito. Así que me puse a comer mis fajitas con carne de buey. No tenía prisa. Tan solo quería ver a la Lupita que vivía más allá del Rancho de Wilner, a un par de millas de Gonzales. Hay la Lupita y su mamacita que siempre que llego me ofrecen chile jalapeño con tamales y yo les digo que los tamales me hacen daño. Yo solo quiero a mi Lupita, pero su mamá nunca nos deja solos. ¡Qué pendeja! “Cásate conmigo”, dice ella, mi Lupita. Pos no. Yo no quiero atarme a la pendeja de su mamasota. Yo quiero ser libre y andar con mi caballo chulapo por todo Texas y la frontera. Solo el desierto y yo. Y, a veces; solo a veces, la Lupita;conmigo calentita sin tamales y jalapeños que me descomponen. ¡Hay que de la chingada!

LA CIUDAD PERDIDA

Solo por el desierto. Las montañas a lo lejos. Piso la arena con la seguridad de que mis provisiones aguantarán hasta llegar a la ciudad perdida. En el desierto las reglas de juego están siempre claras: o sobrevives o mueres. Todo está a plena luz y no hay traición alguna. Sabes que la noche es fría como la cuchilla de un sable mortal y el día se convierte en el mismo infierno. No hay más circunscripción que la que te permita la vista, la imaginación o la locura. Pero ya diviso mi ciudad.
Hacía mucho tiempo que he comenzado el camino. Los camellos están cansados. Mi rostro se seca y mi piel se cuartea, pero a lo lejos ya diviso la silueta de la ciudad perdida. Si logro llegar los sacerdotes del templo me abrirán la puerta oeste. Las torres contrastan con los cercanos picachos de Akatón. Hace muchos años que oí hablar de la leyenda de la ciudad perdida. Fue en un bar de un callejón del centro de Houston cuando llevaba más güisquis de la cuenta. Estaba borracho como una cuba y entonces un negro viejo con la mitad de los dientes podridos y la otra mitad ausentes me escupió la historia. Cuando desperté entre los cubos de basura juré que iría a esa ciudad y la encontraría. Estaba hastiado de mi vida y sentía la necesidad urgente de confrontar la naturaleza con su fuerza brutal. Descubrí la ruta a la ciudad perdida en la trastienda de un armenio medio loco que me hizo pagar la mitad de mi pensión. Pero allí estaba todo lo que quería. No tardé mucho en comenzar mi peregrinaje.

25 febrero, 2010

SACADO DEL DIARIO DE COLMAN SMITH

El ermitaño de la vieja misión española me dijo que los mejores amigos se hacen cuando uno está de paso. Luego me dio a beber un trago de tequila. Me dijo entonces que Dios era también ermitaño y que estaba cansado y agotado. Hacía mucho que ya se había retirado del asunto ese de llamar a los hombres a hacer el bien, mandar escribir rollos de cuentos y profecías para que Israel se comportase de una vez y por todas. También había dicho que estaba muy agotado de aquellos berrinches y venganzas bíblicas. Había perdido la paciencia con los hombres. Luego se fue. Se fue de este planeta a un sitio muy lejano allá por las estrellas.
Cuando volvió lo primero que vio fue que toda aquella pesadilla del pasado se había convertido en muchas religiones con muchos millones de creyentes. “Allá ellos y que les den por el culo”, dijo el ermitaño que le había dicho Dios. Seguidamente se limpio las gotas de tequila que rodaban por la barba con la mano.
Algo olía a mierda.
“Dios y yo solemos pasear todas las tardes por los alrededores de esta ruinosa misión. Somos un par de viejos cansados del mundo y sus ruidos.” Dijo con voz cansada. Luego hizo una ligera pausa para seguir.
“Los mejores amigos se hacen cuando se está de paso,” me volvió a repetir.
Al rato Bronco y yo nos pusimos de nuevo a cabalgar.

MI AMIGO LUIS

Luis y yo solemos tener conversaciones tranquilas al lado de un café. Somos dos personas bastante diferentes, pero con puntos de contacto que nos unen y que han hecho posible una amistad duradera y creativa. Un punto de contacto ha sido nuestra experiencia común en la capilla evangélica de Gijón. Fue durante nuestros años jóvenes. Éramos de los primeros que después del culto nos atrevíamos a ir a El Jardín o a El Parque del Piles a intentar bailar con las chavalas. Y, digo intentar, porque de aquella las reglas de juego en estos sitios eran un tanto raras. Te ponías a sacar a bailar y podías recibir calabazas sin parar. Otro día podías bailar sin parar. Pero al grano, después de los cultos nos escapábamos a otras actividades que nuestra pietista comunidad consideraba “del mundo”. Íbamos al club cultural “Les Madreñes” y participábamos, no solo de sus variadas actividades culturales (las más dedicadas a lo político-social con enfoque de izquierdas); sino también de las excursiones de montaña, guateques, salidas en grupo a tomar vinos, etcétera. Al mismo tiempo y en paralelo también salíamos con un grupo de gente relacionada con las JOC (Juventudes Obreras Católicas) que más tarde serían los militantes de varios partidos de izquierda que salieron a la luz con la muerte de Franco y la Transición. Era extraño que dos chavales protestantes después de salir de su culto fueran rápidamente a pasar el resto del domingo con la juventud católica, pero aquella juventud de católica sólo tenía el nombre y algún cura progre en pantalón de vaqueros, pero su mayor interés era la lucha política contra Franco y el capitalismo. Y Luis y yo allí estábamos también después de nuestro culto evangélico con ganas de vivir y vivir a tope.

A los 24 años yo me fui a los EEUU y perdí el contacto con Luis por unos años. Fueron los años de la Transición que él vivió y yo no. Un día que Robbie y yo estábamos de vacaciones por casualidad nos vimos en la calle. Luis y Sali ya tenían dos hijos que todavía llevaban de la mano y hablamos largo y tendido sobre la evolución político-social del país amén de otras cosas. Volvimos a perder el contacto salvo algún correo que otro, y; cuando vine definitivamente a España, Luis y yo volvimos a tener contacto y a compartir largas conversaciones sobre la vida en general. Yo venía a España un tanto despistado. Durante mis años en América España era una realidad virtual que reconstruía en parte con mi nostalgia y por otra parte con El País que llegaba a la biblioteca de la Universidad de Texas unos días atrasado. También la correspondencia con mi familia que trataba de ponerme al día con algún recorte o revista, pero quien vive fuera de una realidad siempre se hace una visión distorsionada de ella. Si a eso añado que mis últimos años de universidad fueron años de mucha lectura y análisis críticos post-marxistas, post-estructuralistas y de-construccionistas; pues yo volvía a España muy teórico e ilusionado creyendo que en España la tradición de izquierdas estaría enriquecida con muchos más aportes teóricos de los que me podía imaginar. Además desde América, un progre siempre se hace la ilusión de que Europa es más culta, más crítica, más humana. Así que cuando llegué aterrizaba en una realidad que no tenía ni zorra idea de cómo se movía. Eso sí, yo veía que se movía mal en términos de eficacia, de trabajo; incluso la gente me parecía excesivamente ruda en el trato, como si estuviesen siempre enfadados o crispados por algo. Y aquí fue cuando intervino Luis y me puso al día.

Luis llevaba años como asesor de empresas y ya tenía su propio despacho de consulting en una zona céntrica de Gijón. Ser asesor de empresas en España es algo muy, pero que muy diferente, a haber sido universitario progre en la Universidad de Texas; y, viviendo unos años más como profesor de español en escuelas secundarias de USA. Luis tenía la radiografía completa sobre el funcionamiento de la realidad asturiana y española a niveles del día a día y, sobretodo; de cómo funcionaban las relaciones de poder a nivel local y de experiencia personal profesional. Yo, por otra parte, vivía el mundo de una manera bastante más idealista y teórica. No es que no viese la realidad, que sí la sabía bregar; pero de forma distorsionada. Un teórico progre como yo recién aterrizado en España no podía hacerse a la idea de que la izquierda, como discurso y retórica de lo bueno y lo majo y el futuro de un mundo mejor y todo eso, era también el pretexto para ir consolidando un poder político y sindical, que a la larga en Asturias, haría posible el estancamiento económico y la creación de pesebres corruptos; a base de subvenciones. El barniz de izquierdas no cambiaba para nada muchos hábitos de amiguismo, de tráfico de influencias, de picaresca cutre; de egoísmo crudo; de ansia de enriquecerse. La retórica ideológica sí tenía efectos que analizaré más tarde, pero las relaciones de poder cotidiano había que seguir entendiéndolas en clave celtibérica. Luis fue la persona que me ayudó a ver el tejido y los entresijos de cómo funcionaban todos: los de la izquierdona y los de la derechona. El ser humano, como decía nuestro pastor de la iglesia evangélica citando las Escrituras, era esencialmente egoísta. Y, en este espectro de más o menos egoísmo; los barnices ideológicos sirven de poco. Quien es menos egoísta lo será al margen de su barniz ideológico. Quien lo es; y, hasta el grado de la perversión, lo será incluso pavoneándose de ser el progre más progre de todos los progres o el católico más católico, etcétera.

Tengo que reconocer que al principio Luis me incomodaba mucho. Creía que exageraba. Después de hablar con él entraba en ligera depresión. No era posible que las cosas funcionasen de esa manera. Más tarde y, a base de experiencia propia, fui comprobando que la realidad por el descrita iba coincidiendo más y más con lo que yo veía. Las conversaciones con Luis iban siendo necesarias. Luis lograba desestabilizarme y colocarme en la tesitura de cambiar de registro significante para poder entender las cosas de una manera más radicalmente realista. Creo que lo ha logrado aunque seguimos siendo diferentes en cada vez menos cosas. Quizás nuestro bagaje protestante tenga mucho que ver con ello. El pesimismo protestante respecto a la condición humana puede llegar a ser visceralmente iconoclasta, o lo que es lo mismo: absolutamente realista con la vida.

Vital de Andrés

24 febrero, 2010

FÚTBOL E IGUALDAD (Enviado a La Nueva España de Gijón. No publicado)

Las gradas están a rebosar en los estadios de fútbol. La gente paga lo que sea para ver grandes partidos. Las televisiones se disputan las retrasmisiones de los partidos de la primera división. Un porcentaje muy alto de población sigue el fútbol, habla de fútbol, lee de fútbol; es fiel seguidor de uno o dos equipos de fútbol concretos. El fútbol es el rey del deporte, mueve a las masas, mueve sus pasiones y sirve de catarsis ante el aburrimiento de muchas vidas cotidianas. Pero ¿cómo es posible que un deporte tan competitivo, tan selectivo con sus jugadores, tan volcado a la disciplina y el esfuerzo y la organización y la gestión del dinero ―traducida en buenas inversiones con miras a una rentabilidad acertada que concluya en el éxito,― pueda triunfar con las masas y el pueblo sin distinción de clases sociales o poder económico? ¿Cómo puede este éxito basado en la victoria sobre el contrario, incluso humillarle si llega el caso, apasionar a las multitudes sin distinción social? ¿No va contra nuestro espíritu biempensante y solidario tanta competitividad, basada en un porcentaje muy alto, en el dinero, el poder y el éxito? ¿No deberían las autoridades europeas intervenir rápidamente contra el fútbol y cortarle las alas a este arrogante y omnipotente deporte con leyes solidarias e igualitarias para que así todos y todas puedan participar en tales eventos en igualdad de oportunidades y reparto equitativo? ¿Cómo es eso de que siempre sean los grandes equipos de grandes centros de poder o grandes ciudades, los que, por el injusto hecho de tener más dinero, puedan contratar a los mejores del mundo y ganar competiciones y ligas? ¿Cómo se puede permitir que siempre sean machos los que formen los equipos con menosprecio evidente, cuando no abierta discriminación a las mujeres? ¿Por qué no equipos mixtos con igual cupo de mujeres y hombres? ¿Por qué no igualar a todos los equipos de tal forma que un equipo modesto pueda tener el mismo cupo de jugadores buenos y malos a la altura del Barcelona o el Chelsea? ¿Cómo es posible que nuestros políticos del buen rollito igualitario, y hasta nuestro presidente tan guay, se muestren partidarios de equipos tan sexistas, tan competitivos, tan sedientos de éxito localista y sectario, tan nacionalistas en su proyección internacional?

¿Qué tiene el fútbol que aun yendo tan radicalmente a contrapelo de las ideologías políticamente y educativamente correctas, logra movilizar millones de personas con tan gran éxito? Es evidente que a nuestra ministra de Igualdad le queda mucho trabajo por hacer. Le deseo suerte.

Vital de Andrés

THE WOLF

Una niña iba con su mamá y su papá jugando por un parque. La niña se creía una cazadora de lobos. Llevaba un palo que era la escopeta de caza y la madre la seguía. El padre iba delante por el camino. “I’m going to kill the wolf”, decía la niña en inglés. “Voy a matar el lobo” y el lobo no aparecía por ningún sitio, pero los tres seguían el camino. Y el camino se iba internando por un bosque, y entonces el padre dijo: “Ahí hay un wolf”. Y la niña empezó a disparar y la madre también quería disparar y el padre veía a la niña y sentía un cariño muy fuerte por ella.
Pasaron muchos años ya de todo eso y el padre se pregunta por qué esas imágenes vuelven con fuerza y qué es ese sentimiento de nostalgia profunda que no tiene explicación racional alguna. Es lo que es.

CUCU

Cucu era un chiquillo travieso que hacía las cosas al revés. Cucu era un chaval atrevido que inventaba cosas muy peculiares para pasárselo bien. Un día inventó un helicóptero de madera con una hélice hecha con tres palos de remo. El día que lo acabó invitó a los chiquillos del pueblo a verlo arrancarse y volar. Casi cien chiquillos rodearon el artefacto y vieron a Cucu entrar en el aparato con un casco de moto. Luego salió e invitó su amiga Xana a montar a su lado. Xana era todavía más traviesa que él y más imaginativa también, pero algo más realista. “Cucu, ¿a dónde quieres ir con eso?” “Tu ven conmigo y ya verás a dónde vamos a llegar,” dijo Cucu con decisión. Xana entonces accedió a montar y vio con sorpresa que dentro había una llave de contacto con relojes raros incluidos. “Ten, pon el otro casco, dijo Cucu ” y Xana se puso el otro casco mientras Cucu trataba de arrancar el aparato. Cientos de personas de todas las edades se iban congregando alrededor del helicóptero de madera. ¿Sería verdad? ¿Qué era aquello? ¿Qué tontería había hecho Cucu esta vez?
Dicen que la realidad es brutal y que por mucha fantasía que se eche a la vida lo que no tiene que volar no vuela e importan poco los deseos de los niños o de los magos. Cucu arrancó el helicóptero y un chorro de humo blanco empezó a salir por un tubo de escape hecho con una manguera de riego. El primer paso estaba dado. Ahora había que volar. Pronto los palos de remo empezaron a girar y girar y más girar y el helicóptero empezó a dar señales de ascender. Sí, aquello ascendía y la gente se quedaba boquiabierta. No podía ser. Qué diablos de invento era aquel. ¡Parad eso que se van a matar! Pero ya era tarde. El helicóptero pintado de verde ya ascendía con gana por encima del muro de la playa y ahora se dirigía en dirección a las montañas. La muchedumbre quedaba en silencio viendo lo increíble haciéndose realidad. Cucu sabía que su invento era posible. Xana también lo sabía. Lo que no era posible en la realidad lo habría de ser en los mundos mágicos del ensueño infantil.

EL TALLER

He salido a caminar por la ciudad después de un día agobiador de trabajo. Me gusta caminar por la ciudad más bien de noche. He ido siguiendo la ruta que me dictaba el corazón como quien dice y he seguido calles que hacía años que no pisaba. A veces no sabes por qué haces ciertas cosas, pero las haces por necesidad. Cada uno de nosotros poseemos dimensiones inescrutables o inexplicables que salen a relucir cuando menos nos lo pensamos y entonces preguntamos si ese soy yo. Sí, ese soy yo y el otro y el otro y por eso necesitamos cierta guía en nuestras vidas, cierta objetividad que nos haga diferenciar el bien y el mal porque sino corremos peligro de perdernos. Pero siguiendo con mi recorrido de repente me di cuenta que estaba delante del taller donde había trabajado muchos años atrás y el taller estaba abandonado. Estaba oscuro y abandonado y pensé que nunca en el tiempo en que había trabajado allí podía pensar en que el taller podía llegar a ser un edificio viejo, decrépito y abandonado. Además había quedado aislado como una manzana de edificios-trasto que ya molestaba a la vista después de años de urbanización y reurbanización de la zona. Había que tirar aquel taller de mis recuerdos y de mis años trabajados en mi juventud más tierna, y de tantas horas allí alojado produciendo y pensando e imaginando cosas y repasando lo que me iba sucediendo en claves de inseguridad, de futuro muy incierto, de fantasías que animaban el espíritu y me hacían seguir teniendo mucha gana de vivir.
Recordaba a todos los que allí habían trabajado, vivos y muertos y los podía ver y palpar entre las máquinas y los bancos de trabajo y las conversaciones del momento y las ocasionales broncas del jefe o los enfrentamientos de unos y otros. Pero también me daba cuenta de lo mucho que había influido todo aquello en mi vida posterior y me venían a la mente con claridad los jefes que podía nombrar y que injustamente muchas veces criticábamos por no saber colocarnos en su sitio, pero que no dejaban de ser buena gente dentro de las circunstancias que conllevaba la vida social de un taller de hace tantos años. El crío que todavía no había madurado lo suficiente y entonces trabajaba sin ser consciente de lo que hacía, sin apenas valorar lo que ganaba porque mis padres se quedaban con la mayor parte de mi salario y así eran los tiempos, pero entonces el trabajo en el taller perdía todo estímulo ya que se convertía en una prolongación de la escuela o instituto. El abandonado taller evocaba en esos momentos los ruidos de tijeras cortando goma virgen y los silbidos de las fugas de vapor de sus prensas de tornillo, más tarde hidráulicas impulsadas por motor eléctrico; y los olores de los vapores de azufre que salían de los moldes en cocción dentro de las prensas junto con los disolventes tan volátiles como agresivos al olfato. Demasiadas evocaciones.

LA GRAN CIUDAD

Al llegar a la gran ciudad por las super-autopistas pronto divisaban los rascacielos de superficies cristalizadas y ahora en la noche iluminados como una visión que podía surgir de cualquier pesadilla porque tantos ventanales resplandecientes mirándoles desde las discretas alturas del control multinacional, hacían que el deslizamiento del coche fuese más automático, más inconsciente, o más aletargado. Tomaron la salida de la Avenida Central y siguieron hasta que el primer semáforo les indicó que ya estaban en zona urbana propia. La Avenida Central aparecía completamente vacía de personas. No había nadie paseando. Mejor sería decir que nadie se atrevía a pasear por zonas que no habían sido pensadas para caminar, sino para rodar. Rodar. Siguieron rodando hacia el centro, el downtown, y pronto vieron que la avenida se iba cerrando y apretando entre viejos edificios industriales. Las lámparas callejeras apenas iluminaban y se adivinaba un silencio impropio de una ciudad normal. Tenían que llegar al sitio acordado y les corría cierta prisa debido a la hora. La cita era a las 9 pm. Sus viejos amigos de la universidad les habían anunciado la fiesta. Mariam estaba algo desconcertada. Hacía mucho tiempo que no mantenían contacto con los antiguos compañeros de universidad y aquella invitación resultaba tan curiosa como intrigante. El siguiente semáforo estaba rojo pero no veían ningún coche. Estaban solos y no tenía explicación porque la hora no era nada anormal. Siguieron conduciendo y pronto vieron a un negro borracho dando tumbos con una botella metida en un cartucho. El borracho les hizo señas y gestos obscenos, luego se metió en un callejón oscuro y desapareció. Quedaban unos minutos para llegar a la dirección, pero parecía que el tiempo se había estancado.
Los rascacielos aparecían ahora como murallas espectrales a un lado y otro de la avenida. Estaban penetrando en el centro y la soledad era de lo más absoluto. Mariam bajo la ventanilla y el silencio era inquietante. De repente apareció un grupo de gente caminando por la acera derecha. Iban todos guardando fila y llevaban el paso lento. Ninguno de ellos se inmutó ante el paso del coche. En apariencia. Sí, en apariencia, ya que Frank se rápidamente a través del espejo retrovisor que todos ellos habían girado y ahora veían coche alejarse. De nuevo otro semáforo en rojo. Frank y Mariam empezaban a tener miedo. Sentían la presión de los rascacielos con su inquietante iluminación. Alguien tenía que estar allí trabajando o haciendo algo, no podía ser que también estuvieran vacíos. El semáforo se abrió y Frank aceleró el coche con cierto nerviosismo. No pasaba nada. La gran ciudad era diferente, se comportaba de un modo tan imprevisto como indiferente. Sus ritmos eran extraños, pero seguro que normales para quienes allí vivían. Quizás no. Quizás no. Al segundo todas las luces se apagaron de repente. ¿Qué había pasado? Toda la avenida adquirió un tono espectral y siniestro. A los cien metros pudieron ver coches parados en fila. ¿Qué había pasado? Se pusieron detrás de un coche negro que parecía estar ocupado. ¿Qué había pasado? Alguien abrió la puerta del coche negro y se dirigió a Frank y Mariam. Era un hombre mayor que portaba un gran sombrero stetson con ademanes de estar muy nervioso, sin saber que decir. Al momento por la puerta trasera salió una mujer muy delgada gesticulando como una poseída. Frank decidió salir del coche y preguntar, pero la mujer seguía gesticulando con aspavientos de ahogo. El señor entonces se acercó y le dijo: “Algo ocurre en el cruce de la Gran Avenida con la Séptima. Nadie sabe lo que es pero algo importante está sucediendo en el downtown.” Mariam entonces salió y trató de calmar a la señora, pero esta no paraba de hacer gestos y aspavientos. En medio del mundo civilizado. En el corazón del mundo más avanzado y el miedo seguía siendo la emoción más a flor de piel, pensaba Frank.
De repente, un coche patrulla de la policía apareció anunciando por altavoz que todo el mundo se mantuviera tranquilo y dentro de los coches. Era necesario mantener las luces apagadas. Advertían que todo estaba bajo control y que pronto se restablecería la normalidad. Luego fue el silencio y la oscuridad por unos minutos. Frank y Mariam sentían los principios de un paroxismo que los iba situando en tiempo irreal. El silencio se extendía por interminables minutos. Pero poco a poco algo rompía el paroxismo. Era algo así como una niebla fría y blanquecina que iba cegando la avenida. Frank se vio tentado a voltear el coche con rapidez y tornar en dirección contraria, pero una barrera policial impedía el paso a pocos metros. Estaban atrapados. La niebla fue penetrando el coche y un suave sopor fue adormeciendo sus sentidos. Todo iba sucediendo con lentitud en el corazón de la Gran Avenida de la Gran Ciudad.

LA BRUJA PEPA

He ido a ver a una bruja llamada simplemente Pepa. Tiene una cabaña en lo alto de una montaña emblemática de la región. Me ha dicho que puedo descansar tranquilamente mientras ella va a visitar los bosques para hablar con sus amistades, los duendes y duendecillos. Para ver al Gran Brujo que habita en la cueva cerca del río. Para ver a las hadas enigmáticas volando en dirección a las cabecitas de los niños que todavía creen. Pepa es muy vieja y su cabello parece un trenzado de raíces. Ha vivido siglos, demasiados. Me cuenta aquel instante en que fue consciente de sí misma y todo era bosque, animales salvajes, insectos y plantas. Su pasado quedaba oculto por nubarrones de indescriptibles pesadillas, pero a veces puede ver una luz intensa que surge de un reino preñado de inocencia. Pero me dice que descanse y que ya me contará.

ALGUIEN SE HA REB(V)ELADO

Hoy alguien se ha reb(v)elado. El mundo ha parido un extraño profeta. Ha subido la montaña y se ha presentado a Dios. Ha visto el cielo más infinito que nunca y casi se siente tentado a arrojarse al barranco bajo sus pies. Los ángeles del Señor le recogerían en la caída y sería colocado de nuevo en su montaña. Ha querido tentar a Dios pero no ha sido capaz. Quizás no exista o quizás no se debe probar a Dios de esa manera. Siente escalofríos de miedo y terror. Siente el odio profundo de quien jamás ha podido descubrir el sentido de la vida, pero una voz, dulce voz que proviene de las grandes alturas de los picos nevados; ha podido ser escuchada. La vida es lucha. La vara de medir es la Justicia. Lo que nos corresponde por justicia. No hay amor si no hay justicia. Y viceversa. Justicia es saber que vivimos lo que nos corresponde. Lo que nos pertenece. Si no hay justicia hay guerra. Hay desequilibrio y el desequilibrio produce violencia. Ley de la compensación. ¿Pero cuál es la vara de medir de la Justicia? ¿Qué es justo y qué es injusto? Ahora mismo podría ser cualquier cosa. Todo depende de la relación de poder que se establezca.

LA AUTOPISTA

Vamos por una autopista. Rodamos a una velocidad constante. Los paisajes nos resultan indiferentes. Vivimos la rutina. Inmersos en la rutina. En el ritual. Ritual sin trascendencia alguna. Más gasolina al depósito. No hay una banda de forajidos que nos obstaculice el viaje poniendo obstáculos en la autopista para luego atracarnos o asesinarnos. Tampoco nos vamos a perder por carreteras o caminos insólitos hasta llegar a las montañas innombrables. Tampoco acabaremos en ninguna aldea maldita llena de leprosos y brujas. Ningún profeta solitario nos parará para denunciar nuestro pecado y alentarnos al urgente arrepentimiento. Escépticos seguiremos nuestra autopista para llegar a la ciudad y en la ciudad seguir con nuestro ritual intrascendente. Lucha diaria con los otros que jamás nos van a comprender en nuestros términos. Las leyes y las normas y la coacción seguirán su curso para poder vivir en civilización.

CAMINOS

Hay muchos caminos y senderos que indican diferentes puertas. Hay que tener una idea de por que puerta se quiere entrar. Pablo, el fundador del cristianismo, eligió la puerta de su propia visión; de su propia creación imaginativa llamada Cristo o Jesucristo. Con furia abandonó al Jesús judío reducido a una ejecución más en la cruz y a unos seguidores condenados al olvido con el transcurso del tiempo, y creo a su Divinidad: Jesucristo. Un producto de sus visiones y obsesiones. Y luego fue capaz de forzar su verdad al mundo circundante y hasta la misma Roma se doblegó a su Cristo. Pablo rompió con el racionalismo judío y sus instituciones, para anunciar al mundo su subjetividad como verdad. Su propia subjetividad tan plena de ángeles y demonios; de cielo y tierra, de espíritu y carne; de Dios y el Príncipe de las Tinieblas. Turbulencias personales de una conciencia obsesivamente movediza. Vivió su verdad con fanatismo e ímpetu de absoluta certeza. Y también de oportunismo.

TORMENTA DE POLVO

La tormenta de polvo me hizo buscar refugio en la vieja iglesia presbiteriana del pueblo. Dejé a mi caballo atado a la baranda con la cara cubierta con mi chaqueta raída. Entré en el templo tosiendo y escupiendo como un loco sobre el pañuelo. Al principio era la penumbra, pero poco a poco fui viendo el interior del lugar. Hacía años que no pisaba la Primera Iglesia Presbiteriana y ni tan siquiera me acordaba de quien había sido el pastor cuando era muchacho. Llevaba mucho tiempo viviendo en las cabañas con los comanches cerca del Pecos, hasta que mi mujer india se murió. Fue una tarde en que ella se sintió mal y pronto dejó de existir. Me quedaba con mis hijos mestizos y media docena de antiguos guerreros con sus mujeres ya achacosas. Entonces decidí llevar a mis hijos a la ciudad de Lubbuck en Texas, al cuidado de Miss Regada, la viuda del Jefe Manuel Cirilo “White Fox”; ella era una mujer todavía fuerte que se puso muy contenta de poder tener a mis hijos por un tiempo. Luego decidí visitar mi pueblo, Red Nogal, en el condado de Baffrow, con el corazón hecho un nudo; pero la tormenta de polvo me había pillado de camino. Mi caballo, Caldo, y yo habíamos sido azotados por la arena durante muchas horas. La ceguera era casi completa y apenas sabíamos cómo guiarnos por el camino. Hasta que divisé la senda del mesquital



Esta iglesia todavía la recordaba de cuando era niño y luego más tarde un chamaquito. Ahora sí, ahora recuerdo al Reverendo Cullman y a su mujer Mary Do. Mary Do cantaba como un ángel y dirigía el coro de muchachos que acudíamos a la escuela dominical. Por aquel entonces Red Nogal tenía casi 200 vecinos y el ferrocarril paraba una vez al día. El Reverendo Cullman nos leía la vieja Biblia en el servicio de los domingos con su voz de trueno. A veces tenía miedo por lo que decía, pero mi mamá me decía que era porque no entendía pero que algún día entendería. Mi padre hacía años que se lo había llevado la riada del Río Grande en aquel día trágico en la cañada de Fort Bend y siempre me parecía verlo allí sentado allí solo en el último banco del templo. A veces parecía que me estaba guiñando un ojo y sonreía. Recuerdo que cuando salíamos del servicio el Reverendo Cullman y su mujer nos llevaban a la casa de al lado y allí bebíamos ponche y comíamos donuts. El pastor Cullman nos contaba cuentos e historias muy bonitas y luego me empezó a caer muy bien. Parecía ser un hombre bonachón.



Poco a poco fui viendo que la iglesia estaba toda cubierta de polvo. Los bancos estaban muy apolillados y en el atril había como un cuaderno todo roto. No veía la vieja Biblia del reverendo Cullman por ningún sitio, pero dos gatos perezosos parecían querer arrimarse a mí. Luego pude ver el techo casi derruido, quizás a punto ya de caer. Esperé el tiempo necesario hasta que la tormenta amainó y entonces salí de la iglesia. Me monté en mi caballo y me dirigí al pueblo.



Apenas había una casa levantada, la pequeña estación de ferrocarril estaba abandonada y ni siquiera había raíles. Red Nogal era otro pueblo de desierto y los pueblos de desierto crecen y viven rápido para luego morir en un abrir y cerrar de ojos. Me senté sobre una piedra y me quedé mirando hacía las montañas peladas de Caballo Sierra Range. Al poco rato me Caldo y yo nos dimos cuenta que ya era hora de irse a cualquier sitio.



(Contado por Cisco Morton en el Saloon de Mary Carlton de Las Cruces)



(Transcrito por Monty Luckas)

REFLEXIONANDO

En el cristianismo el mundo, la vida material, biológica, histórica; es una vida de tránsito, de paso. Al creer en una trascendencia espiritual invisible que tiene más valor que lo material visible, el cristiano ha de poner su interés en lo espiritual invisible. El mundo material en si es cambio, devenir. Nada en el mundo material nos permite sostener un refugio fijo, una seguridad permanente. La muerte nos borra y deja tras de si un silencio absoluto. Y todo sigue su devenir ciego e infinito.

El cristianismo nos habla del refugio. Hay refugio. Nos rebelamos contra un mundo material que nos niega el refugio, el descanso, la seguridad. El cristianismo es una rebelión contra el mundo material, contra la historia, contra la biología. Una negación contra natura. La mente humana tiene el poder de abrir un espacio en el mismo devenir y desde ese espacio trasciende la materia, pretende situarse fuera de la materia. Tiene poder para imaginárselo. La imaginación es capaz de rebelarse, de negar, de crear alternativas. La imaginación trasciende la materia. Aun siendo ella materia puede negarse a sí misma y trascenderse. Hay espacio puro, absoluto, trascendente: hay refugio. Hay valores absolutos que nos pueden guiar en el mar del devenir. Pero lo absoluto ha de encarnarse, ha de escenificarse en la materia, en la historia. Ha de hacerse valer en medio de su negación. Ha de someter el devenir ciego a un significado espiritual. El mundo no tiene poder total sobre nosotros. La esperanza produce amor, pero el amor no es sentimentalismo. El amor es una fuerza espiritual que al igual que una luz va iluminando el tránsito por el mundo.

Amar al enemigo no quiere decir renunciar a Dios. Amar al enemigo es hacerle ver que hay cosas que no puede llegar nunca a imponernos. Amar al enemigo es saber decirle no cuando él anhela el sí en nosotros. Amar al enemigo es ser valiente. Es oponer lo que está bien a lo que está mal. Poner la otra mejilla no es decir sí, sino reforzar su error, su mal y así afirmar nuestra capacidad infinita de resistencia y comprensión al mismo tiempo. Amar al enemigo no es un acto de masoquismo sin sentido, es un acto de valor, de confrontación, de convicción de que lo que hacemos tiene sentido y es bueno para todos. El cristianismo no es fanatismo. El fanático es la mente insegura que anhela seguridad reduciendo la realidad a puro objeto totalmente circunscrito y definido. Blanco y negro. El cristiano sabe que la realidad material es compleja, llena de matices. Hay que saber escuchar, hay que saber dialogar en lo posible; pero también sabe que hay un límite en que hay que decir no. Ni fanático, ni pusilánime. El amor es una luz que alumbra en muchas direcciones, no en una sola. Encarnar valores espirituales no significa cortar la realidad material a trozos con una espada. Es transformar la realidad por dentro sabiendo que estamos de paso y que las cosas empiezan a estar subordinadas a un plan superior.

EKONOMÍA

Exploración de la economía. Laguna en la economía que se está cubriendo. Julio Verne abría paisajes y aventuras con el relieve geográfico. Lo leía de pequeño y siempre lo llevo conmigo en mi imaginación. Este es el país de los marxistas, del comunismo, de la izquierda, de la contracultura, de la música de The Beatles; del romanticismo; y, la amenaza a estos paisajes de exploración, a estos países de montañas, bosques y desiertos, con algún volcán por el medio o terremoto, era el capitalismo feroz con sus ricos, sus burgueses fríos, calculadores y de doble moral, sus patronos sin alma, sus especuladores piratas, su cultura competitiva y belicista.

Pero antes ya había explorado y seguía, a veces mirando, los paisajes del Éxodo, las conquistas de Josué, la vida de Saul, David y Salomón; los sueños y pesadillas de los grandes profetas. Israel como geografía y mapa espiritual que luego se mezclaba con la representación neotestamentaria protestante de un Jesús enigmático, un Pablo bipolar, un Apocalipsis tremebundo pero esperanzador. Paisajes y paisajes que mi imaginación sigue explorando como los tres que van en el globo de Julio Verne o Miguel Strogoff cruzando la Liberia del Zar entre gitanos y tartaros musulmanes que amenazan su vida pero que sigue y sigue…

Pero también la ciencia con sus maravillosos descubrimientos, el mundo de la materia y su estructura, la vida y sus seres animados, su configuración cada vez más compleja; la geología con sus estratos y sus contorsiones de terreno, la palenteología y sus fósiles y la familia Ardrey, padre e hijo, con sus descubrimientos en Aldubai. Y más tarde la astronomía y cosmología con los viajes fantásticos a un cosmos posible de la mano de Dr Edmonds y Dr Wheeler; este último premio Nobel más tarde. Las visitas al observatorio de las afueras de Austin hasta altas horas de la noche con música clásica y buen vino de California. La evolución de Darwin y la genética de Mendel etc…

Pero luego siguieron los viajes por la literatura, la crítica literaria del New Criticism, de del postmodernismo, de la deconstrucción; y la filosofía. Mucha lectura de filosofía, el encanto de viajar por los paisajes de la filosofía, la exploración más intensa y arriesgada pero la que más placer de espíritu me sigue dando. Es el viaje solitario con alguna voz del pasado que siempre me acompaña como de vieja sabiduría que ya lo ha visto todo y sigue en un viaje mucho más fantástico en tiempos futuros o pasados que se unen en algo sorprendente pero inimaginable.

Y ahora estoy pegándole al huerto de la economía y sus intríngulis y tengo que leer y explorara y ver las cosas bajo diferentes ángulos y no conformarse con las interpretaciones de unos o los otros, sino que el viajero soy yo y entonces Adam Smith y el mercado como posible objetividad y hay que explorar esos paisajes como en otra ocasión lo hice con otros. Pero sigo viajando. Julio Verne sigue impulsándome a seguir viajando con la imaginación

Vital-ek
(hoy voy al culto mormón que tengo al lado de casa. Vamos a ver cómo viaja Joseph Smith por ese terrible y aburrido libro)

MAPA

La personalidad de uno nunca escapa a las fuerzas inconscientes. Hay que considerar normal esta posibilidad que siempre está latente. El yo o la conciencia desde donde actúa el yo jamás va a ser soberano absoluto de todo nuestro ser. Los individuos no somos indivisibles sino divisibles o variopintos. La conciencia navega sobre un mar y cuando este mar se mueva la conciencia se moja, se hunde, se levanta, y en todo ello recibe los efectos buenos y malos o la mezcla de ambos. La conciencia queda expuesta a los vaivenes, a los flujos y reflujos del inconsciente. Y el inconsciente son multitud de fuerzas, de sensaciones y de representaciones inhibidas. El inconsciente alberga el cielo y el infierno, lo masculino y lo femenino, la tormenta y el sosiego; la infancia y la inocencia, la lujuria y la templanza, pero también la furia y la violencia. La conciencia navega a través del mar usando la razón y buscando los puntales firmes donde agarrarse con seguridad, pero la seguridad no está en la conciencia desgajada del inconsciente, de la misma manera que uno no puede sujetar el avión tirando del asiento para arriba. La seguridad está en la aceptación del inconciente y la puesta en orden a través del lenguaje, de la imaginación, del arte. La razón no lo abarca todo, el lenguaje descriptivo no lo es todo, ni tampoco el lenguaje dialéctico de la argumentación. Necesitamos recuperar y recrear el lenguaje mitopoético, poner a funcionar los símbolos que nos ayuden a entender las sombras y luces de nuestro océano. Necesitamos encender la luz de la imaginación con todos sus tropos, sus metáforas y metonimias: su posibilidad de resucitar la realidad prosaica bajo nuevas ópticas y sensaciones.

La Biblia habría que leerla como un libro-revelación de verdades universales, pero habría que leerla no como un libro sometido al escrutinio del análisis histórico moderno, o a la objetividad científica; o la literalidad ortodoxa o fundamentalista, sino más bien como un texto mitopoético que nos habla del incosciente-Espíritu, que nos señala el camino a seguir a través de los territorios tan vivos como inexplorados de esa geografía inconsciente que también somos nosotros: Caida, Éxodo, Salvación, Apocalipsis, Resurrección, Eternidad o Infinitud.

Vital-ek

TEORÍA FEMINISTA: IDEOLOGÍA O CONOCIMIENTO (Enviado a La Nueva España de Gijón. No publicado)

Leo con cierta curiosidad una noticia en la prensa que habla de la incorporación de la teoría feminista a los libros de texto de filosofía. Con ello, según la información, se pretende reconstruir la historia de la filosofía focalizando “las polémicas decisivas para las mujeres” y las aportaciones de las filósofas. El interés de esta noticia estriba en que si hasta ahora la filosofía se creía un campo de pensamiento especulativo o explicativo del mundo en que vivimos basado en ideas o conceptos trabajados con el debido rigor que exige dicha disciplina, ahora vemos, según ciertos críticos, que también la filosofía está condicionada a la ideología o prejuicio del filósofo (o filósofa); y que esa ideología o prejuicio del que se parte para filosofar hay que “deconstruirlo” o sea, politizarlo, y así desenmascarar lo mucho de “opresivo” que tienen las disciplinas del saber para dejar campo libre a otras visiones que provienen de aquellos sujetos discriminados, oprimidos, marginados, etc. Es decir: el supuesto rigor racional o lógico o las premisas de las que se parte a la hora de filosofar ya están siempre contaminadas de ideología, de política, de relaciones de fuerza; y eso hay que ponerlo en evidencia. En este caso el feminismo, como teoría, viene a nuestra ayuda para hacernos ver la contaminación machista de mucha filosofía.

Uno pensaba que la filosofía era buena o mala dependiendo del rigor o campo de visión que el filósofo lograba descubrir y desarrollar al margen de raza condición social o género. Entendíamos que había una naturaleza humana común a todos los mortales que aspiraba a un mayor conocimiento de nuestra posición en el universo y de las leyes o normas morales por las que nos podríamos regir para mayor dicha de todos. Bien es verdad que el campo del conocimiento estaba restringido a ciertas individualidades que lograban sobresalir en las universidades católicas medievales, o más tarde, en las universidades burguesas del primer mundo. Bien es verdad que la mayoría eran hombres blancos de origen europeo, y que ya desde sus inicios la filosofía se cultivaba entre la aristocracia masculina griega. Pero se entendía que los logros de la mente humana se hacían comunes a todos los mortales. Aun si muchos consideraban a la mujer, o a las razas o naciones esclavizadas incapaces de llegar a pensar con altura; ello no evitaba que las disciplinas del saber se fueran desarrollando y perfeccionando a lo largo de la historia. El progreso de la filosofía y las disciplinas del conocimiento que de ella derivan no se las comprendía como condicionadas por clase social, género o raza; sino que eran un avance de la raza humana como tal. Incluso el pensamiento clásico de la izquierda europea así lo entendía. La visión de conjunto era de progreso humano basado en un pensar tan creativo como riguroso. Los países no-occidentales así lo entienden también adaptándose a nuestro “progreso” occidental sin rubor.

Por suerte lo sigue siendo en nuestras sociedades democráticas ya que a pesar de algunos conocimientos más o menos privilegiados en función de intereses económicos o militares que gozan de más medios y cerebros; la ciencia, la filosofía, las diferentes disciplinas englobadas como humanidades, el arte, etcétera, siguen estando configuradas en un contexto académico que les permite crecer sin ser nunca absorbidas por los sectarismos de cualquier poderoso gurú o ideología a la moda. Hoy día en que las mujeres se están integrando de forma abrumadora en la universidad la igualdad en cualquier campo del saber se está consiguiendo de forma práctica. Esa igualdad de hecho es necesaria y todos aquellos obstáculos que lo impidan han de ser erradicados con leyes justas e igualitarias. Siendo así, la filosofía como disciplina y campo de reflexión, nos pertenece a todos al margen de género, raza o clase social. La filosofía será buena o mala no porque esté reflexionada por hombres, mujeres, nigerianos o chinos; sino porque es buena filosofía que trasciende o intenta trascender prejuicios ideológicos de toda índole. La filosofía, como la ciencia o cualquier otra disciplina, será buena o acertada al margen de la persona que la piensa o la ejercita. Es un error empezar a privilegiar conocimientos fuera de las leyes internas que rigen cualquier disciplina: un filósofo o filósofa será malo o buena al margen de su condición racial o de género. Otra cosa es que por ser mujer o chino no pueda matricularse en una universidad o escribir filosofía, pero la filosofía será buena o mala sin tener en cuenta estos factores. Una teoría feminista de la filosofía será buena o mala si logra incorporar calidad académica o abrir nuevos campos de reflexión e investigación dentro de la filosofía existente, no por el hecho de ser mujer o pertenecer a un colectivo feminista hace tal filosofía más progresista o igualitaria que otras. Uno puede ser filosóficamente feminista o tercermundista y hacer pésima filosofía o escribir cualquier bodrio panfletario como lo puede hacer cualquier ideólogo de cualquier causa.

Es por ello que habría que hacerse algunas preguntas en torno a la incorporación de la teoría feminista en los libros de texto como manual a los alumnos de bachillerato. Si existen mujeres que han contribuido de manera especial y rigurosa a la filosofía lo más acertado sería incorporarlas sin más al temario o currículo de tal asignatura sin dar más explicaciones: dicha filosofía se defenderá a sí misma en base a su calidad y poder de reflexión. La igualdad se demuestra en la puesta en común de conocimientos sin condicionamientos particulares de sexo, raza o nacionalidad. Esto está ocurriendo en la ciencia todos los días y nadie habla de conocimientos de la mujer o investigaciones de raza oriental en los libros de texto. Otra cosa sería la historia de la marginación académica de la mujer o del nigeriano en la filosofía a través de los siglos, como libro de historia o sociología complementaria de alguna manera a la asignatura de filosofía, pero sin más pretensión que mostrar esta milenaria injusticia a los alumnos de bachillerato. Filósofas como Simone de Beauvoir Ayn Rand, Ana Arend, Gayatri Spivak, Amelia Varcárcel,o las contribuciones a la epistemología de la china Pan Chu del siglo 1 de nuestra era u otras han llegado a ser reconocidas por su calidad filosófica, más que por ser mujeres. Otra cosa sería hacer ideología, o sea, arrogarse el derecho de tener las claves de interpretación del mundo, al margen de la capacidad que uno tenga de poder demostrar su calidad, rigor y apertura de campos en el saber o la especulación crítica. Y lo peor de todo, arrogarse el derecho a imponer como favor político cualquier ideología particular por el hecho de proclamarse a sí mismo como buena.

Vital de Andrés.

PREGUNTAS SOBRE EL ESPÍRITU Y LA MATERIA

PREGUNTAS SOBRE EL ESPÍRITU Y LA MATERIA

¿Qué es la religión? ¿Contacto con el Más Allá? ¿Acaso existe un Más Allá? ¿Es demostrable ese Más Allá? ¿Producto de nuestra imaginación? ¿Pero qué es la imaginación? ¿Por qué la imaginación? ¿Cómo es posible que no estemos satisfechos con nuestro mundo material? ¿Cómo es posible la rebelión contra la materia proyectando mundos no materiales, o pretendiendo trascenderla con osadía, con rabia, con afirmación? ¿Otra expresión de la materia? ¿Otro capricho del cerebro que no es más que materia? ¿Encerrados en la materia? ¿Desesperadamente encerrados en la materia? ¿Imposibilidad de salir de la materia? ¿Es la materia energía y flujo y misterio esperando ser comprendido? ¿Comprendido desde la misma materia? ¿Cómo es posible comprender la materia desde la misma materia sin trascenderla? ¿Es la razón esa trascendencia? ¿Absurdo?

¿Qué es la religión? ¿Un intento de dar sentido al mundo desde otra realidad que nos trasciende? ¿Hay una realidad que nos trasciende? ¿Dónde está? ¿Cómo es? ¿Quién habla desde allí? ¿Es una realidad mejor o peor que la nuestra? ¿Un espejismo? ¿Un engaño? ¿Un autoengaño? ¿Un artificio de la mente? ¿Una proyección mental que reclama independencia y exterioridad? ¿Seguimos en la materia bajo sus muchas formas y modalidades? ¿Inmanencia absoluta? ¿No exit? ¿No estamos completando otra circularidad argumental?

¿Cómo podría una realidad trascendente o un Más Allá comunicarse con un mundo material? ¿Cuál es el nexo? ¿No es nuestra rebelión contra la materia el indicio de que hay un nexo? ¿No estamos siempre y de alguna manera anhelando la ruptura contra las limitaciones y contingencias de esta vida? ¿No vivimos siempre a contrapelo de lo que tenemos que vivir? ¿Cómo puede un animal material ansiar lo que jamás podría descubrir ni trascender? ¿No debe un animal material limitarse a su materialidad sin intentar jamás contrastarla con lo que es imposible concebir? ¿Cómo es posible que incluso pueda hacerse la pregunta sobre la posibilidad de lo que jamás podría concebir?
¿No es esta la puerta de entrada al Reino del Espíritu? ¿Y si el Espíritu entonces la materia ha de contratarse con esa otra dimensión? ¿Y si nos contrastamos de manera consciente e inconsciente con esa otra realidad, con el Espíritu, quiere entonces decir que hay sentido? ¿SENTIDO? ¿Valores objetivos en relación con la contingencia material? ¿Cómo? ¿Quién decide que esos valores supuestamente espirituales sean objetivos sin comprobación racional o empírica? ¿La experiencia? ¿El sentir que hay algo que es correcto y merece la pena centrase en ello? ¿Pero qué sentir? ¿El cristiano? ¿El judío? ¿El budista? ¿El musulmán? Y si cristiano ¿el sentir católico o protestante o las cientos de sectas e iglesias? ¿No es el mundo espiritual un supermercado de sospechosas modalidades de fe? ¿Demasiado humano?

¿Es el hombre ese nexo entre materia y Espíritu y entonces de ahí su confusión? ¿Cómo puede el Espíritu representarse en un cerebro material? ¿Cómo puede el Espíritu representarse a través del lenguaje, de la materialidad del lenguaje? ¿Es este el motivo de la confusión humana? ¿Es este el motivo de su peculiar locura? ¿La imposibilidad de comunicar algo central en la vida de cada uno de manera objetiva?

¿La imposibilidad de ser? ¿Existir pero no ser?

¿Sólo las personas tienen sentido en su propia conciencia? ¿Es en el reducto individual donde anida el sentido espiritual? ¿Es en la interioridad donde está la razón de ser nunca comunicable en su objetividad en su esencia? ¿Es la relación Espíritu-Individuo donde está el nexo? ¿Y las colectividades? ¿Y por qué unos llegan a descubrir su sentido espiritual y otros no? ¿Por qué unos son ateos y otros cualquier otra religión o filosofía o mezcla heterogénea de muchas cosas? ¿Es una cuestión de relación espiritual que sólo se libra en el plano de la subjetividad o la conciencia individual? ¿No son las colectividades, iglesias organizadas o sectas o ideologías las puertas de la verdad espiritual?

Así pienso. Es en el plano de la conciencia individual donde tiene lugar la lucha entre espíritu y materia. La conciencia individual es el nexo. Todo lo que suceda ahí es algo entre Dios y la persona. Nadie puede juzgar en ese terreno. Cada persona encuentra su camino más tarde o más temprano y ese camino se decide de forma desconocida páraotras personas. No es posible la comunicación objetiva sobre la vida espiritual o el conflicto materia-espíritu. Sólo el cristianismo y en especial cierto protestantismo hacen énfasis en esta revelación individual. De ahí su peculiaridad tan diferente del Islam, por ejemplo o del comunismo o de tanta iglesia con aspiraciones de control político social o individual. Esta postura lleva al máximo respeto individual al mismo tiempo que rechaza cualquier impostura beata o idealista.

ARQUETIPO

Ahora es una planta. Un árbol. Un arroyo. Una piedra o roca. Algo despierta en mí. Una especie de infancia. Una frescura infantil. Quizás un mundo paralelo que existe ahí fuera de los condicionamientos del quehacer diario. Un mundo paralelo objetivo. Fuera de mí, pero que mi espíritu capta como un concepto puro, como una realidad incontaminada. Y ahí otras vidas acuden, otros escenarios se producen. Una vida paralela que no es nuestro mundo. ¡Qué raro! ¡Qué extraño!

El mundo del concepto. El mundo de una idea eterna que se ha encarnado, pero que sigue ahí como un arquetipo.

De las crónicas de Muley Fernak el explorador.

Para llegar a Reimerakle no hay otra entrada que atravesando las rocas de cuarzo de la montaña de Gtrewq. Y una vez que las atraviesas no creas que Reimerakle merece la pena. Allí hay ángeles, pero también demonios. Al cabo de una hora desearás irte por donde viniste.

Cuando veo que un poblado empieza a ser mi hogar decido irme al día siguiente. Mi relación con los hombres es la de un viajero siempre de paso.


Asombrosa la isla de Gheutyros. La gente ríe y canta en sus praderas y playas de permanente belleza primaveral. Los frutos se recogen con la mano durante todo el año. Las mujeres son hermosas y complacientes. Pero sé que en las montañas de Logerthy los hertopwk se preparan para invadir la isla

(De las crónicas de Muley Fernak el explorador.)

Biblioteca Real

He visitado la biblioteca real del Reino de Klotream. He caminado por las profundas galerías bajo la montaña donde se alza el palacio. El enano que me guía me ha indicado donde están los libros malditos. He tenido tiempo para leer lo que nadie ha debido escribir nunca y menos leer. Llevo 15 días sufriendo náuseas.

Estuve con los nómadas de las estepas de Pytrsd y con ellos comprendí que mi exploración se extendería hasta el infinito. Sabía que ya nunca pararía, que ya nunca llegaría, que siempre habría algo nuevo que ver para luego seguir. Estos nómadas viven buscando a su dios perdido por la infinitud de sus estepas.

Cuando viajaba por el desierto de Zertyowp con la caravana de los Mkiorsd vi a lo lejos a un hombre que caminaba por las dunas.”¿Quién es ese hombre?”, pregunté a Sidmorp, el jefe de la caravana. “No es un hombre”, me respondió,.“es un espejismo deambulante que desconoce su origen. Si te acercas a él desaparece, pero siempre lo verás caminando por estas dunas desde lejos.” Todos echaron una carcajada mientras yo seguía tratando de dar sentido a aquel hombre perdido.

CENTRO COMERCIAL

Me perdí en el centro comercial y entré en pánico. El pánico te hace sentir la angustia en sus extremos. Te conviertes en un ser absolutamente vulnerable y no hay Dios que te haga volver a tus sentidos. Así que corrí como un desesperado ahogándome en mi respiración agitada. ¿A dónde ir? No tenía a dónde ir. Mi infancia había desaparecido y mi juventud había sido una quimera. Mi vida adulta había sido una grandiosa cortina de humo poco a poco diluida en una nada transparente que dejaba ver el aburrimiento permanente de las cosas. Sólo quedaba la vida presente en toda su crueldad y abandono. Estás sólo. Absolutamente sólo y morirás sólo. Seguí corriendo y corriendo. Cruzaba las hileras de ropa, las hileras de comida, de fruta, de cacharros ferreteros, de electrodomésticos y frené en seco cuando llegué a los libros. Libros. ¡¡Horror!!! Ni tan siquiera los libros eran mi refugio. Ya no eran mi refugio. Ya no me servían de ilusión siempre retrasada. Y entonces el pánico me llevó a un paroxismo infernal. Era puro odio, puro mal, puro demonio. Me convertía en un ser humano cabrón, maligno, un asesino de masas extremadamente peligroso; un chulo fascista capaz de crear el Estado Monstruo Absoluto o un estalinista frío con las manos ahogadas en sangre burguesa sin sentimiento alguno de nada: frío, vacío, cruel sin sentimiento alguno de crueldad. Me sentí como un reptil ponzoñoso y comencé a deslizarme por los pasillos ante el horror y consternación del centro comercial. Necesitaba un espejo, necesitaba un espejo, necesitaba verme reflejado en algo o en alguien … y entonces vi que un niño gordinflón me tiraba de las orejas y me empezaba a dar patadas. “Mamá, mamá, mira que bicho más feo!!” gritaba el infante sin dejar de darme patadas en mi pellejo.

(de la vida de Wyttalsky Deandronskiorty)

Odio Apache

Venía de muy lejos. Su mula estaba reseca de sed. Él apenas lograba respirar de agotamiento. En el centro del pueblo estaba el pozo, pero cuando ya mero estaban cerquita del pozo un disparo los dejó quietos. La mula ya conocía las detonaciones mortales y no rechistó. Él ya sabía que entre la vida y la muerte podía haber nada más que un instante. Siguieron quietos y un segundo disparo silbó cerca de sus oídos.
― ¿Qué de la chingada quiere usted? ― dijo él con voz indecisa pero dispuesto a acabar con el misterio.
No hubo respuesta.
Otro disparo se hundió cerca de sus raídas botas. El sol aplastaba sin piedad y el pozo de agua fresca estaba tan solo a unos pocos metros.
― ¿Cuánta lana quiere usted por un traguito mi cuate? ― gritó esta vez.
De repente, delante de él y su mula; apareció una mujer de rasgos indios, posiblemente apache jicarilla, con un rifle de repetición. La india se le quedó mirando con sus ojos negros, vivos y profundos. El rifle apuntaba a su cara.
― Ay, pues, que la chingada, ¿eres tú? ¿Mi chaparrita? No te has olvidado de tu hombre, ya veo. ― La sed lo corroía y no estaba seguro si podría sostenerse en pie un minuto más. La mula echaba espumarajos de rabiosa sed.
La india entonces se acercó a él y con la culata del rifle le dio un golpe seco con todas sus fuerzas en la entrepierna. Él sintió un dolor tan vivo que no tuvo más remedio que desmayarse. La mula seguía quieta.
Y seguidamente la india se fue. Los rayos del sol eran mortales y él estaba allí espatarrado.
La mula decidió, entonces, ir al pozo para que algún niño del pueblo le diera de ver.

Hay odios que nunca se olvidan y esperan los años que sean necesarios.

NIEVE EN CANON BULL DESERT

Es espectacular cuando nieva en el desierto. Ocurre dos veces cada cien años, pero ocurre. Mark Olsen lograba llegar a Larita Ranch aquel día en que la nieve cubría la desolación de Canon Bull Desert. Su mula estaba casi congelada y casi seguro que la habría de matarla en cualquier momento. En Larita Ranch la gente bebía café y hablaba del futuro de la zona cuando el ferrocarril cruzase el desierto y las praderas del estado. Mark Olsen pidió un güisqui en la cantina y escupió con desagrado en la cubeta. Tenía barba de varios días y olía a demonios. Bebió el güisqui de un trago y de repente descubrió su imagen en el espejo colgado de la pared interior del mostrador. “¡Joder! Cada vez soy más viejo y más pendejo. Es hora de retirarme y buscar una mujer.” Fue en ese momento cuando oyó que alguien le llamaba. Dio la vuelta y vio la figura de Sam Gordon con el pelo cubierto de nieve y con su revólver apuntándole: “¡Hijo de Satanás!” dijo para sí Mark Olsen, “has cruzado el puñetero desierto bajo la nieve para matarme. Llevo media vida huyendo de ti y al final tendremos que enfrentarnos en Larita Ranch.” Nada más de acabar de pensar en ello se dio cuenta que deliraba. Sintió terribles escalofríos que lo lanzaron a pedir más güisqui. Tenía fiebre muy alta. La angustia que sentía era mortal: frío, el frío que le había calado hasta los huesos lo consumía sin piedad.

Despertó en una mullida cama débil y todavía febril. Por la ventana se podía ver un paisaje de hermosura blanca brillando bajo el sol. Bella Martínez seguía poniéndole paños fríos en la frente, pero el corazón de Mark ya sentía calor y fuerzas para seguir viviendo. Bella Martínez no se había olvidado de él y de los pocos momentos en que supo amarla. “Tienes que quedarte por unos días. No puedes irte de nuevo con esta nevada y este frío tan horrible.” Dijo Bella. Mark asintió y su cara pelada sonrió. Sabía que esta vez habría de quedarse para siempre.

(Las crónicas de Mark Murphy a través del Oeste, recopiladas por Vital-ek)

NUESTRAS HERMANAS MULETAS

Era evidente que ya estaba acostumbrado a mis muletas. Ya no podía pasar sin ellas. Mi cuerpo se había hecho a las muletas y ellas me lo agradecían. Las muletas ayudan a apoyarse y funcionar cuando los meniscos están triturados, pero hay que seguir unas pautas de vida diferentes; hay que aprender a vivir en cámara lenta, despacio, muy despacio y paso a paso. Nada de prisas porque entonces todo se complica y las cosas te caen y tropiezas y te desequilibras o te das un trastazo y te agotas pronto haciendo esfuerzos brutales e innecesarios. Las muletas son tus ángeles de la guarda, tus hermanas en el infortunio, tus guías espirituales. Físicamente, por suerte, no siempre necesitamos muletas, pero mentalmente sí. Todos, sin excepción, necesitamos muletas mentales. Todos necesitamos un apoyo externo que nos ayude a comprender la vida y darle algún valor. Hay muletas religiosas, filosóficas, e ideológicas. Y todo el mundo las usamos advertida o inadvertidamente. No hay nadie, absolutamente nadie que no tenga un par de muletas mentales listas para cuando venga el vendaval o la crisis, porque en caso de que esas muletas falten entonces la desesperación puede ser trágica. Siempre que necesitamos cierta seguridad en nosotros mismos recurrimos a nuestras hermanas muletas y las valoramos con amor. ¡Gracias muletas! Una vez más me habéis sostenido.

Hoy me levanto de nuevo con mis muletas físicas para aprender a vivir de otra manera más lenta, más tranquila, más humilde. La calle me espera con mis muletas tan chulas.

LA HERMANDAD DE LOS MULETEROS

El otro día alguien me enviaba un mensaje al móvil diciendo que la Hermandad de Los Muleteros me convocaba a una reunión. Yo quedé un poco estupefacto. Qué narices era esa hermandad o lo que fuere, seguro que era una broma de alguien. Pero el mensaje no venía de ningún amigo de confianza gracioso. Entonces devolví el mensaje preguntando “¿Dónde y cuándo?”. Y hete aquí que a los pocos segundos recibía la respuesta: “A las 10 de la mañana estate enfrente de tu portal, te recogeremos”. Al día siguiente a las 10 de la mañana allí estaba con mis muletas chulas y lustrosas y con sus dispositivos engrasados para cualquier emergencia. Y a las 10 en punto un microbús negro con los cristales ahumados aparcaba enfrente del portal. Una puerta se abrió automáticamente y alguien me invitó a entrar con un saludo amistoso: “Adelante compañero”. Yo entonces , no sin cierta desconfianza, me metí en el bus. Y una vez dentro todo eran personas sonriendo y hablando y tomando un café. Adosadas a las paredes del autobús había portamuletas de varios tipos y tamaños. “Bienvenido a la Hermandad, toma asiento y se te servirá un café. Nuestro viaje durará una media hora”. Me senté y pedí un café a una señora que se desplazaba en unas extrañas muletas de marfil. Me sirvió con suavidad y pronto estábamos ya de camino a la sede oficial de la Hermandad de los Muleteros, según me dijo el compañero que tenía al lado, al cual le faltaban las piernas.

Cuando llegamos las puertas automáticas fueron desplegando rampas y por ellas fuimos bajando todos, una vez puestas las muletas. Las había de madera, de metales brillantes, otras incluso estaban hechas de fibra de titanio, otras estaban sumamente mecanizadas e informatizadas. Otras eran muy altas y tenían como una especie de asiento en su parte superior para sentarse la persona y desde allí manejarlas con unos brazos elásticos, casi biológicos. Otras por lo contrario eran pequeñas, muy diminutas, pero luego desarrollaban tentáculos capaces de agarrase a cualquier superficie y caminar por los sitios más abruptos. Una chica llevaba unas muletas que parecían normales, pero luego si te fijabas bien parecían de mercurio. Las tocabas y el dedo se te hundía. Otro las llevaba al estilo John Silvers en plan pirata. Otros llevaban muletas heavy metal un tanto electrizantes. Otros eran tipo libélula y cuando les tocaban un botón se levantaban como libélulas y se juntaban con las muletas-mariposonas. En fin, aquello era el reino de las muletas y enfrente estaba la mansión o sede de la Hermandad de los Muleteros que consistía en una especie de palacete de dos plantas situado en lo alto de una colina desde se divisaba la ciudad.

Nos invitaron a pasar y era curioso ver las dolencias tan extrañas que padecían los muleteros. Unos eran cojos de nacimiento y sus pies parecían membranas deformadas, otros no tenían piernas pero de vez en cuando sacaban unas raíces-tentáculo de sus muñones para afianzarse a las muletas. Otros tenían piernas descomunales que sobrepasaban sus cabezas y creaban un desajuste con el resto del cuerpo que no les permitía andar con normalidad y por lo tanto necesitaban muletas de línea ondulada hechas de algo así como de mica o cuarzo. Y aun otros tenían las piernas adosadas lateralmente en el cuerpo y con ayuda de unas muletas electromecánicas de mucha complejidad se podían mover con cierta efectividad. Yo era de los pocos menisquíticos que habían reclutado y me conformaba con mis chulas muletas, sencillas pero precisas.

Pronto nos pasaron al salón de actos y describir la formación de filas y asientos y butacas o lo que se quiera llamar llevaría mucho tiempo pues todo era extraño y rompía las normas de la simetría para configurar otro orden proporcional. Un orden que respondía a una sociedad de personas en simbiosis con sus respectivas muletas. Pronto una voz nos dio la bienvenida:

“Hermanos y simpatizantes de nuestra hermandad muletero. Hoy de nuevo nos reunimos para darnos ánimo, para hablar de nuestras experiencias en ese mundo de psicótica normalidad. Para descubrir los secretos de las nuevas técnicas e innovaciones aplicadas a nuestras muletas, para iniciarnos en el misterio de la simbiosis entre la tecnología ortopédica y los tejidos biológicos. Hoy de nuevo oiremos a nuestros líderes y consejeros e ingenieros, para que nos muestren las maravillas de nuestro mundo, de nuestra sociedad, de nuestra Hermandad!!!”

“¡¡¡¡Sí, sí, sí!!!!” gritaron todos levantando sus muletas o haciendo ruido con ellas.

“Pero antes leamos unos párrafos de nuestro Santo Manual” y entonces el presentador de muletas de oro, se puso a leer unos pasajes como si fueran sacados de un libro esotérico a algo así. Aquello me estaba dejando perplejo. Jamás había pensado que mis muletas me llevarían a tan sorprendentes aventuras. Yo era tan sólo una persona con un menisco rancaneante después de una operación, pero muchas de estas personas eran ya casi muletas vivientes a juzgar por sus indescriptibles dolencias o condición. Pronto se comenzó a proyectar una gran muleta sobre una pantalla plana y dicho artefacto pronto cobraba vida y respondía a todo tipo de estímulo y poseer algún día unas muletas así sería como entregar tu alma a poderes tecnológicos tan extraños como inverosímiles. De ella salían apéndices o tentáculos que se adosaban al terreno, y luego había como un cerebro rector o regulador de todo aquello y más bien parecía un ente viviente con conciencia propia.

Todos empezaron a dar hurras y hurras y hurras por que aquel modelo de muleta sería algo más que movilidad, sería también PODER, y la Hermandad de los Muleteros poseía aquel poder. Yo me entusiasmé y comencé a dar también hurras y hurras y pensé en lo grande y poderoso que podríamos llegar a ser la Hermandad de los Muleteros y los misterios que podríamos develar y revelar al mundo y…… En ese momento parecía que me dormía, que empezaba a ser víctima de una sueño, de una alucinación quizás y la visión comenzó a nublárseme y perdí el conocimiento sin más.

Cuando desperté aparecí sentado en el banco del parque de mi barrio con una nota adosada a mis muletas chulas.

“Ya has visto suficiente compañero-simpatizante. Por hoy has visto suficiente y tu entusiasmo ha sido revelador. Pronto te llamaremos para emprender misiones más altas donde tus chulas muletas serán imprescindibles”.

Firmado: La Hermandad de los Muleteros.”

Asombrado por todo aquello y ya casí haciéndose de noche me dirigí a casa en velocidad cero y culebreando las piernas con mi menisco atrofiado.

Vital-ek

EL VUELO DE MIS MULETAS

Aquella mañana cuando amanecí el sol me indicaba donde estaba mi horizonte en forma de línea de cordillera de montañas. Descendí penosamente de la cama y me afiancé a mis muletas. Estas se ajustaron a mi cuerpo de modo natural. Ellas y yo ya éramos una sola cosa. Hoy iba a ser un día especial. Habríamos de visitar los rincones más escondidos del municipio. Nuestro mundo sería el municipio. Coloqué el dispositivo X-34-HG en mis muletas y pronto noté que se elevaban solas. Luego fue apretar el botón del propulsor y salir flotando por la ventana sin sentir para nada el dolor de mi menisco derecho que ahora se acolchaba con mis mecanismos amortiguantes. El barrio quedaba debajo como si de una vista de Google earth se tratara. Mis muletas volaban con gracia y soltura y el ruido de las hélices me relajaba. Me dirigía hacia las montañas cercanas dispuesto a explorarlas con tranquilidad. De repente un helicóptero de la policía urbana me instaba con un megáfono a enseñarles la viñeta municipal o permiso de volar. O en su caso el recibo de haber pagado tales impuestos. Daba la casualidad que llevaba conmigo el maletín de emergencia para estos casos con todos los recibos de impuestos al día y la clave informática para que pudieran comprobarlo en caso de posible error. Una vez comprobado el asunto me dejaron seguir volando sin importarles en qué estaba volando. Mis muletas eran tan chulas como respetables. Seguí volando apaciblemente por unos minutos, pero al momento una bandada de pajarracos negros como si fueran cuervos endiablados comenzó a provocarme picoteándome la cabeza y los pies. Por suerte mis muletas iban provistas de un spray asfixiante para casos inesperados y logré que se fueran o al menos se desviaron fuera de mi ruta para luego bajar en tromba hacia un prado con un par de vacas y un burro. ¡¡¡Malditos pajarracos!!!

Por fin fui acercándome a las montañas. Las veía más de cerca. Poco a poco los árboles iban aumentando de tamaño y ya me iba haciendo consciente de la altura a la que estaba viajando. Me entró algo así como de vértigo y quise vomitar. Cómo se me ocurría volar así de esa manera con tan poca seguridad. Entonces di al botón del paracaídas y fui disminuyendo la velocidad a medida que iba descendiendo. Pronto pisaba suelo firme y estaba solo. Puse velocidad cero y deje que mis piernas culebreasen y que los meniscos se quejaran un poco. Seguidamente puse mi vista en clave X-Lo y comencé a dejarme llevar por los detalles y sus encaprichadas dimensiones. Seguía la piedra y luego el palo, más tarde la hoja seca y entonces la hormiga me miraba con cara de pasmo. Miré hacia un lado y vi que algo se movía como si fuese un animalillo inteligente. Efectivamente, algo se movía entre los matorrales y lo hacía de manera deliberada, como guiado por una voluntad juguetona. Por fin asomó la cara y nos quedamos mirando con asombro. “Me dejaz dar voltas con muleta de ti. Tus muleta sonna muy chula”. Jobar! Tenía la cabeza en forma de melón y los ojos de ardilla bonachona. “Jo, tío, qué raro eres” le dije yo con asombro. “Todo depende cómo lo mires”, me respondió al tiempo que salía al descubierto y se me acercaba a ver las muletas. Le atraían las muletas. Seguro que nunca había visto unas muletas más chulas que aquellas. “¿Quieres dar una vuelta con mis muletas?” le dije. “Te dejo”. La criatura entonces se agarró a las muletas. Yo se las solté y entonces empezó a caminar culebreando su cuerpo pequeño que se balanceaba sin control. Sin darse cuenta apretó el botón del Jetta-Zepa y las muletas comenzaron a coger una velocidad demencial imposible de frenar. La criatura se perdió de vista y volví a quedar solo ante el bosque. Dejé que el tiempo pasara observando el paso de una pareja de jabalíes. Más tarde me quedé absorto mirando hacia la nada. Fue un momento en que no había nada. Desperté súbitamente y cogí el mando a distancia de mis muletas. Era hora de volver a casa. Di al botón de retorno y al cabo de unos segundos apareció la criatura de cabeza de melón montado en mis muletas y poco a poco fue descendiendo. Estaba completamente mareado y nada más tomar tierra se escondió en sus mundos misteriosos todo atolondrado y culebreando como una oruga.

Me adapté a las muletas y pronto estaba volando en dirección a casa. Al llegar cerca del cielo del barrio de nuevo el helicóptero de la policía urbana me preguntó por los recibos de mis impuestos y aranceles. Pero ahora ya se habían percatado que mis muletas no estaban homologadas para volar y habría de pagar un canon especial allí mismo en el aire dando mis claves informáticas. Caso contrario tendría que declarar ante la comisión de transportes y hacer una solicitud para obtener permiso. Les di la clave y aterricé en casa. Era la hora de comer.

Vital-ek

EL ATAQUE MUDAYÍN Y MIS MULETAS

Volví a salir de casa con mis muletas brillantes y lustrosas después de una limpieza tan exhaustiva como meticulosa. Mis muletas eran el orgullo del barrio. Tiré para el parque bajo el sonido del tic tac tic tac tic tac tic tac muletero y mis piernas bailoteando. Mi menisco derecho estaba hecho polvo y entonces se me ocurrió colocar unos reguladores hidráulicos en las muletas para mantener mis meniscos en perfecto balance. Una pequeña pantalla de ordenador adaptada a mi reloj me permitía controlar la presión en caso de desajuste. En caso de dolor las muletas automáticamente se elevaban y me dejaban la pierna en ligero y justo contacto con el suelo. Seguidamente una especie de mano artificial salía por un orificio del tubo de la muleta y comenzaba a darme masajes por la rodilla y la pantorrilla. Todo estaba previsto.

Una vez en el parque los chiquillos se arremolinaban alrededor mío pidiéndome que les dejara montar en mis muletas. “Vaya muletas más chulas que tiene este señor” decían. “Mola un güevo dar una vuelta en ellas”, repetían. Pero aquella mañana empezaron a sonar las sirenas de alarma del parque. Algo gordo estaba sucediendo para que sonasen las sirenas. De repente vi que empezábamos a ser atacados por los mudayines del barrio mahometano, pues al parecer la tregua entre ellos y nosotros se había extinguido después de varios meses de paz controlada y vigilada. Llevaban palos y piedras, pero algunos también llevaban su kalashnikov y bastantes piezas de mortero. Unos gritaban Salam Aalikum, que quiere decir “Paz para vosotros” y otros se limitaban a tocar trompetas para asustarnos. Yo entonces apreté el botón del propulsión de mis muletas y al segundo mi dispositivo de hélices se hicieron al vuelo rasante. Comencé a dar vueltas por el parque a la estrepitosa velocidad de un trueno medio loco. Cada vez que alcanzaba la cabeza de un mahometano le retorcía las narices y luego, antes de que reaccionase, me relanzaba a otra zona del parque a salvar a algún niño con su madre que huían espantados. Mi velocidad era lo suficientemente demencial para que los mudayines empezaran a tener miedo. Los morteros empezaron a disparar sus pepinos con dirección asistida, pero mis muletas llevaban un dispositivo de cambio de temperatura que despistaba los cohetes y los hacía volver a su destino. ¡¡Pummm! ¡¡Pammm!! y hacían unos cráteres de varios metros de diámetro. Rattatatatatata!!! hacían los kalashnikov en mi dirección. Pero mi velocidad ahora estaba programada para ser lo más errática posible y entonces las balas acababan en cualquier sitio menos en mi.

Pronto vi que los mahometanos se iban retirando sin lograr sus objetivos de amedrentarnos para que cerráramos los bares donde se sirve vino y o que prohibiéramos la venta de jamón y las chuletas de cerdo en el Alimerka del barrio. Tampoco cederíamos en dividir las piscinas municipales en zona de mujeres y hombres. Ni menos que nuestras hijas pusieran pañuelo o dejasen de bailar en las discotecas. Se iban retirando con miedo cuando de repente vi que llegaban las brigadas dialogantes de la Alianza de Civilizaciones con sus chicos y chicas majas y tolerantes y con sus banderas blancas me hicieron señas para que parase y apagase los dispositivos de mis muletas. “¡¡Mecagon-la!!” me dije para mí. “Otra vez estos mequetrefes con sus monsergas de cuentos de hadas”. Me dijeron que me acercara y que esperase. Pronto montaron allí su tienda de campaña con una bandera de la paz y la imagen de Barth Simpson. Los mudayines mahometanos ya se iban acercando a la tienda con sonrisas de oreja a oreja. En la mesa de campaña había hamburguesas de pavo y ganso y coca cola que pronto fueron desapareciendo ante la comprensión y deseos de amistad de las brigadas de la paz. “Sr. Tal-ek, es la segunda vez que le vemos provocar a sus vecinos con esas muletas tan militaristas. Usted no sabe respetar la diferencia y se ensaña contra ellos cuando tratan de manifestarse pacíficamente. Ahora mismo hemos de negociar la paz, hemos de poner nuestras diferencias en perspectiva y saber ceder como ciudadanos democráticos”. “Sí, sí”, dijeron los mudayines masticando las hamburguesas y poniendo cara de ovejas mansas. Yo iba a decirles a las brigadas que tan sólo estaba defendiendo el parque de unas agresiones brutales a manos de gente intolerante, pero eso solo me sirvió para recibir una amonestación en forma de sermón humanista de libro. Si seguía justificando mis fobias racistas podría acabar sin mi jubilación anticipada. Ante tal amenaza, pedí perdón a mis compañeros o hermanos mahometanos por mi desgraciada actuación y poniendo mis muletas en velocidad cero me fui de allí culebreando mis piernas con mis meniscos atascados. Pronto el parque era un campo de juego mudayín
segregado para hombres.

Vital-ek

LAS MULETAS (I)

Me levanté cogí mis muletas y bajé al portal. Allí estaban dos delincuentes tratando de robar en mi buzón. A uno le pequé tal muletazo que salió corriendo con un chichón de tres centímetros y medio. El otro se me puso farruco y me quería pegar un puñetazo en la nariz. Puse la otra muleta en forma de lanza y el susodicho notó la presión del taco de goma como si de un proyectil se tratara. Salió restallando fósforo del portal. Entonces me pregunté ¿qué coño estaban intentando robar? Abrí el buzón y vi que dentro había un pergamino dirigido a mí. Lo abrí y leí: “Hay una sorpresa para ti en el bar de la esquina. Vete aunque tengas que poner un motor hidráulico en esas muletas tan chulas que llevas”. Firmado: Uno. Ajusté entonces mis muletas y fui balanceándome en línea recta hacia el bar de la esquina. Pero al llegar a mitad de camino unos gamberretes del barrio se fueron acercando a mí con porras y bates de béisbol. “Danos esas muletas tan chulas o te machacaremos a golpes sin piedad”. Yo entonces me puse contra la pared a la defensiva. Mis rodillas menisquíticas parecían pivotes de hierro oxidado. Cuando el primer mozalbete intentó romperme la cabeza fue tal el muletazo que le cayó en la entrepierna que rompió a llorar desconsolado rodando cuesta abajo por la acera. El siguiente se abalanzó a mí como si fuera Tarzán directo a mis averiados meniscos. De haberse producido el golpe certero todavía estaría sintiendo los fogonazos atroces de dolor multiplicándose como estrellas y galaxias sin fin. Pero no fue así, mi otra muleta rápidamente entró en acción y la empuñadura entró por la boca del menor protegido por la Ley rompiendo dientes a diestro y siniestro. “Ze lo voy a dezi a mi mami pa que el juezz te meta en chirolaa”, me dijo al tiempo que huía. Los otros dos que quedaban me amenazaron con palabras de grueso calibre y amenazas tártaras de cortarme el cuello y robarme las muletas otro día.

Por fin llegué al bar de la esquina con el pergamino en la mano. En el bar todos estaban viendo el coñazo televisivo de una tal Belén Esteban. Tenía que apartar la gente para que me dejara pasar porque todo el mundo seguía el espectáculo de esa Belén y nadie me prestaba atención. Entonces con mis muletas empecé a dar golpes sobre el mostrador con rabia y alevosía, pero como nadie me seguía haciendo caso decidí barrer el mostrador con la muleta derecha haciendo caer todos los vinos y cañas al suelo. El estrépito entonces logró despertar al personal del hechizo de la Belén esa. “Oiga, oiga, qué hace con esa muleta” yo entonces abrí el pergamino y pregunté: “¿Quién quiere darme la sorpresa?” pregunté.

Entonces un señor bajito con bigote y un traje que le quedaba muy grande, me dijo: “Señor, no se irrite tanto. Todos estamos aquí a recibir la sorpresa y todos estamos esperando tal sorpresa. Siéntese y tómese un vino o una caña y espere. Algún día llegará la sorpresa”. Todos se pusieron a reír y siguieron mirando el programa de la coñazo Belén Esteban. La tentación me entró de hacer con mis muletas un par de hélices y causar el mayor estrago posible en el bar de la esquina, pero me contuve, pedí una caña con cacahuetes y me puse a ver también el coñazo de la Belén Esteban con resignación africana.

Vital-ek

¿QUIÉN TIENE LA VERDAD? REFLEXIÓN EN TORNO A LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN (Rechazado por La Nueva España de Gijón)

Cuando se rompe una conferencia de cualquier político, sea Zapatero, Aznar o quién sea; el mensaje que se está dando por parte de quienes rompen la conferencia es que ellos poseen la verdad y esa verdad hay que imponerla aunque sea por la fuerza. Quiere decir también que quienes asisten a tales actos o conferencias, se les considera, por parte de estos grupos; tontos ignorantes que no saben a quién escuchan y entonces hay que educarles por la vía del vandalismo pedagógico. Ellos, los del grupo, sí saben lo que es verdad y políticamente correcto. Los que han escogido asistir a esa conferencia o no saben o sí saben; de una manera u otra, no merecen respeto alguno por parte de quienes poseen la verdad. Este tipo de comportamiento es tan arbitrario como autoritario, pero curiosamente pretende pasar como democrático, como majo, como “algo comprensible”, etcétera. No importa la ideología del grupo ni quién es el conferenciante, este tipo de conducta es profundamente antidemocrático. La única justificación que tendría este tipo de conducta sería si los mencionados grupos no tuvieran los mismos derechos de libertad de expresión que los demás o si sobre ellos pesa una discriminación jurídica injusta. Ahí es donde habría que demostrar la valentía y con toda la razón del mundo. Si romper actos culturales o políticos empieza a ser algo majo y aceptable en nombre de una verdad ideológica superior que el resto de los ciudadanos supuestamente desconocemos, entonces todo vale: los mismos que han reventado la última conferencia podrían sufrir la acción de otros grupos de ideología contraria y tendrían que callar. Todo vale. ¿Quién es quién para decidir si el otro grupo vociferante no tiene también la verdad? ¿Quién es quién para pararme si yo decido vociferar ante cualquier acto cultural o conferencia? ¿Es que no se dan cuenta los demás de que la verdad es la que yo grito y tengo el derecho a proclamarla como sea? Absurdo. Entraríamos en una dinámica destructiva y antisocial injustificable.

El meollo del asunto es este: ¿quién decide lo que es verdad en una democracia? Si yo decido asistir a un acto cultural del signo que sea, y; siempre que esté dentro de un orden democrático, es decisión mía; es mi libertad de elección. Si la conferencia no es de mi gusto no voy y punto. Con no asistir es suficiente. Sí alguien que ha decidido entrar en el acto empieza a gritar y a sabotear la conferencia porque está disconforme con lo que dice el ponente, lo que está demostrando es su total falta de respeto al acto y debe de ser expulsado. Aducir que uno tiene la verdad y que esa verdad es tan verdad que se ha de gritar como sea; sería muy difícil de demostrar cuando se trata de mera opinión, corrección política o fanatismo ideológico, por muy majo que se haga pasar esa opinión. Otra cosa es cuando hay una clara discriminación jurídica que esté perjudicando la libertad de expresión o derechos del grupo o persona asistente. En este caso sería hasta justificable la protesta. La verdad de las cosas hoy día es cada vez más compleja, sobre todo en política. Que yo sepa nadie, en nuestras sociedades posmodernas, tiene la verdad absoluta; y, pretenderlo no dejaría de ser un ejercicio intelectual y crítico de mucho calado, altamente recomendable por otra parte. Quizás exista esa verdad, pero hay que trabajarla con plena libertad y luego convencer.

Vital de Andrés

El tren

Era la hora de irnos. La ciudad estaba desolada. No había nadie por las calles. Sabíamos que había una invasión de horrores invisibles. La gente empezaba a pensar en las cosas invisibles. Pero ya era tarde. Dios existiría o no existiría, pero lo cierto era que los demonios si existían y nos estaban aterrorizando. Se nos aparecían en forma de horrorosas alucinaciones que no hacían beber alcohol y tomar más drogas para paliar el miedo al más allá. Había que irse.

Yo cogí mi microbús y fui buscando a mis amigos barrio por barrio. Había que salir de la ciudad y luego llegar al encuentro con las fuerzas del bien.

Cogí a Mertán, a Butrewq, a Melsera, a la Familia Optresd, a la familia Bghtfdr; y a Njklhc y Mkorasa.

Salimos de la ciudad como rayos. Allá quedaba la televisión con sus programas de mierda, el fútbol carroñero, la política corrupta con sus politicastros odiosos; los institutos con su mala educación putrefacta; la sexualidad descojonada en forma de un plasma orgásmico inclasificable. Ahí estaban los millones de cretinos mentales haciendo daño y maldades perniciosas, ahí quedaban TODOS…

Y nosotros nos íbamos en nuestro microbús muy temprano, para luego coger el tren misteriosos a través de montañas y tundras solitarias al encuentro del Bien.

II


El tren nos llevaba a través de desiertos. No paraba casi nunca. Teníamos sed, pero tanta era la gana de abandonar el mundo y las ciudades y sus poblaciones que aguantamos hasta llegar al oasis Tgdfht. Allí bebimos y todos estábamos contentos. Teníamos otros mundos que explorar y nos prometimos que seríamos siempre nómadas y exploradores. Nunca sedentarios. Seríamos una tribu siempre en movimiento. Siempre con nuestro tren llevándonos a sitios nuevos, parajes nuevos, mundos nuevos, cosmos nuevos, universos nuevos, religiones nuevas, personas nuevas, animales nuevos y diferentes. Luego galaxias y profundidades estelares. Nada nos pararía. Éramos al fin libres. No teníamos que ver la Tele, ni escuchar Cadena Ser o la COPE, ni ver a la Belén esa de marras en ese programa del marica de turno, ni oír a Zapatero, ni ver a Rajoy, ni saber nada de la Comunidad Europea…..

Libres en nuestro tren viajando por nuevas dimensiones, viendo y viviendo los enigmas de la vida…

Libres viajando en el tren…

III

Cuando llegamos al planeta Nkjhgdoytu el tren paró en medio de un valle verde innombrable. Bajamos y nos pusimos a comer manzanas que crecían por todas partes. Luego bebimos agua clara de los manantiales frescos. A lo lejos veíamos un pueblo y fuimos para allá. Eran todos buena gente que nos dio de comer buen jamón de Jabatumk y chorizo de Leondert. El vino era excelente. Luego todos nos pusimos a cantar con las gentes del pueblo que no sabían lo que era una enfermedad, ni trabajar por obligación, ni llevarse mal con nadie, ni se engañaban con políticas tramposas y ellos se quedaron muy sorprendidos cuando les contamos telepáticamente de dónde veníamos.

Ah!!! ― Dijeron ellos― Eso es el Infierno del que nos hablaba el mago Bgcsdre. ¡¡Qué horror!! ¿Cómo habéis podido vivir ahí en ese planeta maldito? Bebed más vino y bailar. Y era evidente la compasión que sentían por nosotros.

Y seguimos bailando y estábamos tan contentos que caímos todos rendidos y nos dormimos.

Al día siguiente era un sol resplandeciente y un cielo azul nítido como nítidas eran las conciencias de aquella buena gente del pueblo de Kjdñopi. Cogimos de nuevo el tren y seguimos por el planeta Nkjhgdoytu. Íbamos viendo por las ventanillas animales que se reían y jugaban al corro la patata. Luego vimos miles de niños corriendo por prados y jugando sin parar. Más tarde era otro pueblo con músicos tocando mientras todo el pueblo comían juntos en grandes mesas redondas y cantaban al mismo tiempo. Joder!!! Esta gente vive bien de narices y sin políticos, ni filósofos, ni televisión, ni ordenador de los tolanos….

Y seguíamos en el tren.


Nesalem-ok