atención por parte de los medios por alguna razón que no es precisamente el amor al pueblo o a la verdad, o al progreso del país. Tiene que haber otras razones.
Si miramos al programa político de dicha formación veremos que vuelven a repetirse ideas que están ya muy afianzadas y establecidas en el solar español: ambivalencia moral respecto al dinero o la "usura"; rechazo al liberalismo, animadversión hacia el mercado libre y rechazo así mismo de la valoración individual a través de la competitividad y el saber hacer o emprender. Y, por supuesto: son siempre valores positivos: el comunalismo o colectivismo; la integración de los individuos a lealtades políticas e ideológicas trascendentes e incuestionables que normalmente está representadas en un solo partido, la intervención en la actividad económica con el objeto de sacar tajada para los míos o mantener un clientelismo político que perpetúe a los de siempre en el poder. Todo ello conlleva así mismo la imposición de unos valores sociales y culturales políticamente correctos que son la expresión moral y los puros prejuicios de estas ideologías partidistas o corporativistas, elevadas a través de la educación y la propaganda a valores incuestionables. La LOGSE fue la mejor herramienta para crear una generación de españoles inclinados al colectivismo y la dependencia del Estado.
Y, ¿por qué en España somos dados a estas tentaciones populistas-totalizantes?
Pues porque en España el liberalismo como práctica política de división de poder civil y poder político jamás se dio ni se aceptó como propio de nuestro país. Poder civil significa la siempre posibilidad de cuestionar cualquier ideología, cualquier dogma,
cualquier intento de imponer o administrar o regular el libre pensamiento de cualquier ciudadano. Lo cual es consustancial con la libre actividad económica que se ha de atener a unas leyes de libre competitividad sin más interferencias políticas que las necesarias para mantener los derechos humanos básicos y la dignidad humana en su máxima expresión de libertad.
Todo esto ha sido anatema en un país donde un catolicismo milenario nos inculcó hasta las cachas que el dinero es malo--menos cuando lo administraba la Iglesia a favor de sus intereses en consonancia con las clases semi-feudales que gobernaban el país y se les instaba a "hacer caridad"--; que la libertad de pensamiento era un peligro que desencadenaba la disgregación social y sólo la Iglesia mantenía una coherencia social y nacional sólida y bajo el beneplácito divino (trascendencia). Que la sociedad civil como tal ha de explicarse siempre en función de esa trascendencia que la integra como necesidad ineludible para formar una sociedad "orgánica". En la práctica esto quiere decir que la sociedad civil ha de estar siempre tutelada y controlada o bien por la religión en siglos atrás, o si no por los partidos políticos que se arrogan la exclusiva titularidad y representación del Pueblo como colectivo omnipotente.

Para este pensamiento no existe la posibilidad de que no hay trascendencia alguna que pueda regular ninguna sociedad civil, pues tal trascendencia ha quedado definitivamente cuestionada por la libertad de interpretación del protestantismo, del pensamiento crítico y los descubrimientos de la ciencia.
Es así, entonces, que el "relativismo" cultural y social en la sociedad no es más que la expresión de libertad individual y de opciones de vida que provee la sociedad liberal y democrática occidental; única en el mundo en llegar a tales presupuestos y sus consecuencias. Todo aquel que crea o asuma una trascendencia o dogma lo hará como opción particular y como libre asociación civil. Todo intento de imponer una ideología de trascendencia totalitaria o totalizante a la sociedad civil implica un retroceso o regresión a formas dictatoriales de comprender y gobernar el mundo. Digamos que sería un "cierre" al progreso o posibilidad de apertura a un devenir racional y libre de nuestras sociedades.
Yo creo que es esa la tentación en España. Ante una crisis que falsamente se atribuye al liberalismo (curiosamente, nunca las finanzas del mundo estuvieron más controladas por los estados a favor del clientelismo político), la gente recurre a los arquetipos y modos de pensamiento profundos, que en nuestro caso son los inculcados por siglos de catolicismo. Podemos, en este caso, ofrece al pueblo español la misma medicina que lleva en sus venas, la misma esencia de antiliberalismo o humanismo antiliberal que puede abarcar tanto a derechas como a izquierdas, sobre todo si una parte importante de la población pensante y activa depende del Estado como medio de vida.