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24 junio, 2023

PODER Y LENGUAJE FIGURATIVO

El pan y el vino para el católico es la carne y la sangre de Cristo. El Cristo material y real. El pan y el vino, una vez consagrados, dejan de ser pan y vino como sustancia sin dejar de perder sus cualidades como tales, y pasan a ser accidentes de la sustancia real que es la carne y sangre de Cristo. Cuando el católico comulga lo que hace es "comer" la carne de Cristo. El sacerdote bebe el vino de forma vicaria, creo.

¿Cómo se sustenta esta "verdad" a través de la historia? Obviamente, si esta doctrina hubiese surgido en cualquier secta oriental sin poder real para imponerse tanto directa como indirectamente, pues hoy día figuraría en los anales de la historia de las religiones o los mitos, como algo anecdóticamente interesante como creencia. Pero, ¿qué pasa cuándo esta "verdad" es la verdad de una secta que ha derivado en poder eclesiástico ligado a un poder político estatal e imperial? Pues lo que pasa es que la transustantación se convierte en sacramento central del culto católico, y que a su vez tal sacramentalidad va a ser central para justificar, aglutinar, organizar, formar una Iglesia universal. Y, así mismo el Estado, recibe también su confirmación como reino terrenal de Cristo/Dios. Aquí entramos ya en cosa muy seria. La metáfora "realista" y hasta materialista de la carne y la sangre, pasa a ser dogma incuestionable que ha de representar poderes muy reales que ante la negación o la crítica hacia tal dogma no dudarán en usar la espada y borrar del mapa al atrevido discrepante.



Ok. Es el momento de explorar algunos aspectos de la función de los lenguajes figurados, que sin garantizar ninguna realidad material o sensible comprobada; sin embargo, se hipostatizan como verdades eternas, invisibles, incuestionables; y, acaban por ser símbolos de poder. ¿Qué es el poder?
Pues algo tan invisible como lo es la carne y la sangre de Cristo bajo el pan y el vino. No se ve, no hay lugar para él, diríamos que en realidad no existe. Pero lo que sí existen son los medios para hacerle valer: la espada, la ley, los tribunales, etc, etc. Esos son materiales, reales. Y la sangre que podría correr también ha sido y es real todavía en muchos casos. El poder existe porque hay cuerpos orgánicos, homínidos, que se han aliado para mantener un dominio y supremacía. Sus metáforas o símbolos, en este caso, aunque pretendan ser Reales (Platón) en realidad son ficciones hipostatizadas que materializan una representación abstracta, imaginativa, una narrativa mítica, religiosa, ideológica que da cohesistencia a los reinos e imperios y así darles legitimidad con el amén siempre provisional de las masas, o los pueblos que dominan.
Habremos de explorar más la función del lenguaje metafórico, simbólico, figurativo; en todas sus dimensiones. También las liberadoras.      

29 abril, 2023

EL REVERENDO Y SU FONOLOGÍA DIVINA

El Reverendo llegó al pueblo con su viejo Chevy. Se dirigió a la Primera Iglesia Bautista y allí le esperaba el presbítero. Ocupó el primer piso de la casa adyacente al templo y no salió de ella en toda la tarde. El clima de aquel pueblo era seco y la población había pasado de dos mil quinientas personas a quinientas en el plazo de un par de decenas de años. Habían desviado el ferrocarril que se dirigía hacia el oeste y algunos comercios importantes habían cerrado sus puertas al perder la clientela más sustanciosa ligada al ferrocarril. El pueblo había perdido vida y sus quinientos habitantes iban alcanzando una edad venerable. Había algunas excepciones de matrimonios jóvenes con


su 
prole y algunos muchachos ligados a estas familias. Ahora era un pueblo principalmente agrícola y con algo de ganadería. El Reverendo, que era un hombre práctico, había estado reflexionando toda la tarde sobre su nueva función en un pueblo como este. Hombre de unos cuarenta años, divorciado de su primera mujer, y ahora convertido en un ser solitario con vocación de cristiano muy agarrado a las letras impresas de la Palabra y ejerciendo sobre ellas una hermenéutica de rigor literalista, pero al mismo tiempo sabiendo separarase de los significados antiguos para darles una actualidad coherente con los tiempos. Él tenía clara su vocación con la iglesia y procuraría que su nueva membresía lo comprendiera también. Aun era pronto para saber cómo responderían estos creyentes en concreto a su presencia.

Llegó el domingo por la mañana. El presbítero ya había colocado las flores y los himnarios en sus sitio. El cartel anunciador de los versículos e himnos del culto ya estaba actualizado tal como le había sido notificado por el Reverendo en horas tempranas. En media hora comenzaría el servicio de la Santa Cena y la predicación. Estaba un tanto nervioso. Colocó lo mejor que pudo su alzacuello, se subió al estrado. Desde el púlpito contempló el templo todavía vacío. A su izquierda había un viejo órgano con las partituras ya dispuestas. El organista era un abogado ya retirado llamado Herman, según le había anunciado el presbítero. Solía llegar cinco minutos antes de comenzar el culto, y era de esperar que llegara sobrio y bien aseado. Metido en sus meditaciones, el Reverendo fue viendo cómo la gente se iba sentando en aquellos austeros bancos de madera. Y a las once exactamente comenzaba el servicio religioso. 

Leyó los primeros versículos de forma grave, enfatizando la pronunciación, dando a las
palabras una fuerza que producían una realidad visual y sonora casi absorbente y definitiva.

La Biblia para el Reverendo era la Palabra encarnada en su materialidad sonora y las letras impresas actuaban como ese camino pedregoso que uno a veces ha de seguir para llegar al monte o al río más cercano. Los feligreses quedaban desconcertados, pues era evidente que el nuevo Reverendo sentía pasión, más que de lo invisible y espiritual del mensaje, lo que él evidenciaba era la realidad de las palabras en sí; de las oraciones bien conectadas, del orden fonético y sintáctico con que quedaba estructurada la Biblia. 

Esa realidad divina de la Palabra cobraba vida en boca del pastor. Se encarnaba en pura materia de sonido y pronunciación. Siempre como alófono de una fonología divina inalcanzable. Así habría de ser la vida de los creyentes con su orden y estructura de vida, de cuerpo y alma, de sonido particular, pero siempre alófonos de la Palabra real y material del Dios que ama también la materia: La materia mortal hecha de sangre y vida se transmutaba en la inmortatidad de la Voluntad Divina. Inquietante mensaje el de el Reverendo y extraña era la conexión que hacía su nueva feligresía con aquella novedosa forma de anunciar el evangelio. Un evangelio arraigado en la tierra y la cruda vida de un pueblo degradado a ir a menos, pero las esperanzas no estaban perdidas. El Reverendo les daba esa perturbadora fuerza de la Palabra que no dejaba indiferente a nadie. 

Una vez acabada la lectura y el sermón, el abogado retirado--hoy aseado y cuerdo, apretaba con gana y brío las notas del himno 42 seguido de las voces al unísono de la mermada congregación compuesta de gente ya mayor, unos pocos niños de escuela dominical, y el resto quizás ya más ancianos que matrimonios jóvenes con futuro prometedor.   

EL HOMBRE QUE LEÍA A HEGEL AL REVÉS

 Este hombre vivía con una mujer taciturna. Los dos habitaban una cabaña fuera de la ciudad. Vivían de su jubilación de maestros de escuela....