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24 agosto, 2016

SOCIEDAD CIVIL Y AMENAZAS TOTALITARIAS

En España nos falta ahora encontrar la sociedad civil como territorio común de las ideología. El laicismo que pide la sociedad civil libre de control religioso o de manifestaciones religiosas en complicidad con el poder político, debería pedir también la no interferencia de las representaciones políticas particulares en el espacio ideológicamente neutro que debería ser el escenario civil, la sociedad civil. Hay ideologías que por su naturaleza reclaman para sí todo el espacio social por considerar sus representaciones y valores como los Valores y Verdades
incuestionables. En una palabra, hay ideologías que no contemplan más verdad que la suya y que por esa razón se ven obligadas a imponerse como sea al resto de la sociedad. Ello son la Verdad y los demás somos unos alienados que solo esperamos la redención que nos ofrecen los Conocedores de esa Verdad. 
Es por eso que la democracia, para ciertos ideólogos, no es nada más que un pretexto para conseguir esa sociedad perfecta o camino de ser perfecta y que es perfecta porque sólo unos pocos tienen la claves de tal paraíso que nos espera y es obligación imperativa imponerla. Como es necesaria históricamente según el esquema de estos redentores, entonces se convierte en misión moral el acaparar todos lo espacios sociales posibles con el objeto de imponer, prohibir, sabotear--incluso violentamente--todo aquello que no encaje en su pensamiento PARTICULAR; tan particular como cualquier otro, pero elevados por ellos a UNIVERSAL. He ahí un nuevo totalitarismo. Un nuevo Catolicismo universal con sus censuras, inquisiciones, y teólogos.     

08 abril, 2014

OIGA, OIGA, ¿DÓNDE ESTÁN LAS VERDADES INMUTABLES?

En el protestantismo hay una corriente que ve las Escrituras como una fuente de revelación accesible tanto a la razón como al sentimiento. De ello
se desprende que podemos llegar a saber lo necesario o lo que Dios ha dispuesto para nuestra salvación y vida correcta a través de una hermenéutica acertada que todos los creyentes pueden llegar a perfilar; bien por ellos mismos (con la ayuda del Espíritu Santo), o bien a través de creyentes bien formados: teólogos, pastores, maestros, etc. (también guiados por el Espíritu Santo, se supone). En una palabra: es posible la definición de verdades fundamentales que emanan de la Biblia y que por lo tanto son autoevidentes y verdades esenciales incuestionables; en oposición, claro está, a cualquier otra interpretación arriesgada o contingente. En el primer caso, el sujeto-creyente puede adecuarse a su objeto-revelación, o viceversa, el sujeto-revelación puede adecuarse a su objeto-creyente; si no de una manera unívoca, si aproximativa. De ahí que en mucho protestantismo haya recurso a una autoridad externa incuestionable que ha de regular la fe de los creyentes a través de las autoridades eclesiásticas o denominacionales mejor reconocidas por su clara enseñanza y doctrina. O, a veces por la interpretación profética reconocida de algún líder reformador o restaurador o “reavivador” de alguna iglesia ya establecida o fundador de una nueva.
Pero si ponemos en duda la hipotética inspiración del Espíritu Santo de quienes se lo arrogan o se lo arrogan, entonces las verdades autoevidentes y esenciales incuestionables se quedan en interpretaciones reglamentadas y sancionadas por instituciones eclesiásticas, organizaciones establecidas o consensos doctrinales acatados en base a criterios teológicos relativos a situaciones históricas concretas de las iglesias. Lo esencial y autoevidente queda inexorablemente relativizado e historizado y, de ser así, entonces la autoridad externa incuestionable sustentada por el Espíritu Santo, queda así mismo en entredicho y relegada a una interpretación más que ha de competir con otras que le discuten su carisma, poder y privilegio. El texto bíblico queda abierto a nuevas investigaciones y estudios críticos, además de la aproximación devocional o teológica o las dos cosas a la vez en franco diálogo crítico entre la fe y la razón.
Es algo parecido a cuando hablamos de ley natural o divina a la hora de regular sociedades. Las leyes naturales o divinas no ejercen su soberanía más que a través de interpretaciones humanas, lo que nos hace ya pensar que en dichas interpretaciones concretas en tiempo y espacio es donde reside su verdad de hecho (leyes
positivas). No en su condición de abstracción o idealización. Curiosamente, las leyes naturales o divinas en su supuesta eternidad o esencialidad, tienden siempre a traducirse en función de intereses humanos concretos. Las leyes naturales quedan entonces desplazadas a un orden simbólico o metafórico ya que su concreción sólo es posible como leyes positivas; o sea, derivadas de la voluntad humana y aplicadas a una sociedad mutable y contingente. No hay vuelta atrás a un orden externo unívoco e incuestionable. En realidad nunca lo hubo. Es por ello que la apertura hacia Dios es ahora más infinita que nunca; como también la apertura de la Historia a nuevos horizontes inesperados.
 

10 diciembre, 2013

REFLEXIONANDO Y CON EL MAZO DANDO SOBRE DEMOCRACIA, SOCIEDAD CIVIL Y ESTADO

Podemos imaginarnos un espectro donde en un extremo hay un estado absoluto; y en el otro un estado a
punto de extinguirse como tal. Entre uno y otro extremo están muchas gradaciones de Estado que van desde un mayor a menor control de la sociedad. En las democracias modernas la sociedad o sociedad civil es un espacio donde los ciudadanos pueden organizar su vida de un modo libre, siempre que este modo de vida se atenga a las leyes de convivencia social; las leyes del país. Entonces todos los territorios o espacios de la ética, de la moral, de la sexualidad, del arte, de la organización de sociedades culturales-deportivas en función de un interés concreto, de las creencias; de la educación, de la sanidad, de las empresas, de entidades de asesoramiento legal, etc, etc.; pues todos estos territorios civiles quedan liberados para las iniciativas privadas o individuales. Queda para el Estado la función de vigilar e imponer la ley; garantizar que los contratos entre ciudadanos se cumplan; la defensa de su territorio, la iniciativa y puesta en acción en la construcción de las vías de comunicación y otros servicios fundamentales: líneas de electricidad, energía, canalizaciones, planes de emergencia nacional, etc.

Pero toda esta distribución de poder y jurisdicción varía de una estado democrático a otro. Hay estados democráticos donde le Estado controla y regula muchas de las funciones que en teoría le correspondería a la iniciativa civil y ciudadana. O viceversa, muchas de las funciones que un estado impone en una sociedad civil X, en otro estado quedarían supeditadas a unas reglas de oferta, demanda, beneficencia, etc. En la primera el Estado se nutre de una burocracia e instituciones u organismos diversos para cubrir necesidades civiles, pero con ello quita responsabilidades, iniciativas y libertades a los ciudadanos que podrían ser protagonistas de aquello que más les beneficiaría. Al mismo tiempo el Estado, al convertirse en un organismo cada vez más separado de la sociedad, intenta perpetuarse y conquistar más y más territorios civiles y ciudadanos que ellos mismos habrán de sufragar a través de tributos e impuestos. Comienza así una orgía de leyes, de regulaciones, de intervenciones donde el ciudadano normal necesariamente se pierde. Lo opuesto sería una sociedad civil más libre de restricciones burocráticas, mucho menos regulada por leyes; más espacio para las iniciativas, para los riesgos, etc. La contrapartida de este modelo sería la desprotección que podrían sufrir aquellos ciudadanos que no logren adaptarse o no desean vivir los ritmos que marca una sociedad competitiva. De ahí la necesidad en este modelo liberal de una caridad pública sufragada por fundaciones privadas, iglesias, sociedades filantrópicas, etc.

En función de los avatares históricos o condicionamientos culturales o valores trasmitidos; unas sociedades democráticas delegan más, o a veces bastantes parcelas de su territorio civil, a un Estado que perciben como protector, como el único organismo capaz de proveer de bienes y servicios en función de más necesidades y derechos ciudadanos. Existe también la tentación de las izquierdas de crear el Estado
regulador de la economía y distribuidor de riqueza por gracia, devaluando en lo posible los méritos y basado todo ello en un concepto optimista del ser humano (y en la fidelidad política, desde luego). Por otro lado hay una derecha que aspira a que el Estado controle y regule más y más espacios de moral pública en función de principios fundamentales naturales o religiosos. Y, están también, las sociedades que tratan de relegar al Estado a la mínima expresión en todo aquello que en teoría pertenece a la sociedad civil.

La realidad es que todos los modelos de Estado, además de sus propias contradicciones tienden a favorecer un aspecto singular de la condición humana. Quienes suelen llegar al poder suelen ser gente muy capaz de desligar los sentimientos de la política; gente que han llegado a entender y disfrutar la política como un fin en sí mismo, que enmarcan el Estado en función del Estado como aparato, la democracia en función de las técnicas de obtención de votos. La gente que sobrevive en los altos poderes son, por lo general, aquellos capaces de desligar lo humano de lo inhumano —entendido como aquello que es externo al hombre y lo fuerza a obedecer—, y, como el poder es por definición inhumano; pues todo acaba más tarde o más temprano corrompiéndose de una manera u otra a favor de lo inhumano. Normalmente, quien manipula el poder de lo inhumano sin sentir remordimiento alguno, y quien además tiene el don y la capacidad de actuar como actor en el escenario del mundo, ya tiene la clave fundamental de la perpetuación en el poder

¿Qué metafísica podría explicar este nuestro mundo de forma convincente?

EL DÍA QUE LAS AI MATERIALIZARON LAS EMOCIONES Y LAS PASIONES

 Comenzaron a producirse las materializaciones de las emociones y las pasiones. Aquel programa de IA lograba que se desatasen los infiernos ...