La política queda desvinculada de la moral natural y la religión (Maquiavelo). La política pasa a ser una actividad independiente con el único objeto de preservar el poder de la manera más eficaz y con el máximo apoyo. La política se convierte en una ingeniería que busca la mayor efectividad en su
máquina distributiva de poder. La moral para la política será a partir de ahora una moral de conveniencia, de interés propio de partido, de ideología, de representaciones concretas de la realidad.
La religión queda entonces también desvinculada de la política (Locke, Hume, Kant) y pasa a ser una actividad propiamente de lo sagrado, o de la vinculación del mundo sagrado/supernatural con el mundo real/material/natural/social/histórico. O también trata la religión de centrarse exclusivamente en ese territorio de la fe y la revelación que implican un sentido, un significado moral de la existencia en función de otro mundo superior/reino/cielo/nirvana/satori/paraíso. Las iglesias quedan independizadas del poder político y forman parte de la sociedad civil.
El sexo no sólo se desvincula de una moral religiosa/política a la cual estaba supeditado de forma inmanente y bajo parámetros metafísicos de naturaleza y/o mandamientos de Dios, para quedar independizado de su función biológica reproductora y pasar a ser una energía/libido que ha de disfrutarse para mayor placer y satisfacción de las personas. Los discursos políticos tratan de ahondar más esta separación facilitando la ruptura de los vínculos tradicionales basados en el matrimonio religioso; la disolución de la categoría de género sexual como determinante del uso de la sexualidad. Para ello se codifica a efectos jurídicos y legales toda relación sexual en base al grado de convivencia y sus efectos en cuanto a propiedad, subsidios, etc. El uso y disfrute del sexo queda dentro del marco de opciones libres de cada ciudadano y fuera de la moral tradicional religiosa o de costumbre.
La subjetividad y sus categorías de conciencia, de yo, de alma, de interioridad singular y propia, de libre albedrío/responsabilidad/soberanía, queda desvinculada de sus representaciones metafísicas, naturales, religiosas, filosóficas; para quedar supeditada al concepto vinculante de ciudadanía en referencia al Estado y las leyes del Estado. Fuera de ese marco político/social de ciudadanía la
subjetividad puede manifestarse de la forma que quiera, creer lo que quiera, pensar como quiera, vivir como quiera, etc.
Todas estas desvinculaciones, liberaciones, desterritorializaciones, etc, no se producen dentro de un mundo vacío de codificaciones o limitaciones, sino que todo en última estancia ha de depender de la vigilancia/control/regulación del Estado. Al ser el Estado una maquinaria política al servicio del poder vigente, el control estatal con fines ideológicos/partidistas por un lado; y, las libertades ciudadanas de los individuos por el otro, se moverán siempre en una dialéctica de conflicto de intereses.
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21 julio, 2016
CADA UNO EN SU CASA, PERO EL ESTADO EN LA DE TODOS
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06 julio, 2016
TURBINO MARCHACANTE MEDITA SOBRE UNA TAZA
Este manuscrito se encontró en una taberna del viejo barrio de Gurmán, en la anciana ciudad de Lobner. Dicen las malas lenguas que el poetastro Turbino Marchacante era un borracho perdido, dado a las malas mujeres y la mala filosofía. Quede ahí este manuscrito con manchas de vinazo como testigo de las alucinaciones que llegó a sufrir este desdichado del arte, o de las malas artes.
La taza, la taza... Nunca puedo ver la taza que está a mí lado en su plenitud o completitud. Siempre me queda algo por ver. Veo la taza de un modo parcial. Incompleto. La taza ha sido mi objeto de contemplación por un momento. La taza que ahora veo ha envejecido algo desde el momento anterior a mi contemplación y yo mismo soy también algo más viejo. Nada permanece quieto. Todo cambia.
Vivimos en el cambio. El devenir. Somos flujo. Es todo un flujo que nunca para. Soy consciente de ello, pero tal consciencia no hace parar el devenir, ni me hace posible ver la taza en su completitud. La misma consciencia cambia y fluye y jamás llega a estar asentada en una permanencia o quietud.
Si acepto las cosas tal como las estoy representando entonces no hay nada, absolutamente nada en lo que agarrarse como verdad permanente donde mi alma pueda descansar. Mi vida sería un flujo entre flujos de energía. Un devenir puro y absoluto. ¿Cómo? ¿Has dicho un devenir puro y absoluto? Entonces he ahí la verdad permanente: la vida es puro devenir. Absoluto devenir. Todo cambia es verdad eterna e inmutable. Si llegamos a esa verdad es porque entonces somos capaces de contrastar lo mutante con lo no mutante. Los flujos del devenir se pueden contrastar con la idea fija, perfecta y absoluta de lo permanente. Entonces no somos seres puramente inmanentes ya que de serlo jamás podríamos hacer tal comparación; tal rebelión contra la pura fluidez de la vida. Seríamos seres inconscientes en nuestra inmanencia, sin jamás poderla trascender. Pero no es así.
Hay una consciencia de vivir prisioneros del cambio, del flujo; de la impermanencia, del envejecer y morir que jamás se podría dar si fuéramos realmente pura inmanencia. Trascendemos nuestra condición material y vislumbramos posibilidades, potencialidades que aspiran a valores comunes trascendentes. Hay rebelión contra una existencia que se ha de agotar y explicar en sí misma. Sabemos que todo fluye y cambia inexorablemente, pero también sabemos oponer a esa inexorabilidad una idea contra-natura de permanencia, de trascendencia, de transgresión a la materia impermanente; a la historia, a la vida misma. La taza y el observador de la taza podrían-ya estar unidos en una contemplación/completitud eterna, misteriosa, más allá de los flujos: en un cosmos de extrañas e inimaginables transparencias. La rebelión del espíritu. ¡Aggghh!
La taza, la taza... Nunca puedo ver la taza que está a mí lado en su plenitud o completitud. Siempre me queda algo por ver. Veo la taza de un modo parcial. Incompleto. La taza ha sido mi objeto de contemplación por un momento. La taza que ahora veo ha envejecido algo desde el momento anterior a mi contemplación y yo mismo soy también algo más viejo. Nada permanece quieto. Todo cambia.
Vivimos en el cambio. El devenir. Somos flujo. Es todo un flujo que nunca para. Soy consciente de ello, pero tal consciencia no hace parar el devenir, ni me hace posible ver la taza en su completitud. La misma consciencia cambia y fluye y jamás llega a estar asentada en una permanencia o quietud.
Si acepto las cosas tal como las estoy representando entonces no hay nada, absolutamente nada en lo que agarrarse como verdad permanente donde mi alma pueda descansar. Mi vida sería un flujo entre flujos de energía. Un devenir puro y absoluto. ¿Cómo? ¿Has dicho un devenir puro y absoluto? Entonces he ahí la verdad permanente: la vida es puro devenir. Absoluto devenir. Todo cambia es verdad eterna e inmutable. Si llegamos a esa verdad es porque entonces somos capaces de contrastar lo mutante con lo no mutante. Los flujos del devenir se pueden contrastar con la idea fija, perfecta y absoluta de lo permanente. Entonces no somos seres puramente inmanentes ya que de serlo jamás podríamos hacer tal comparación; tal rebelión contra la pura fluidez de la vida. Seríamos seres inconscientes en nuestra inmanencia, sin jamás poderla trascender. Pero no es así.
Hay una consciencia de vivir prisioneros del cambio, del flujo; de la impermanencia, del envejecer y morir que jamás se podría dar si fuéramos realmente pura inmanencia. Trascendemos nuestra condición material y vislumbramos posibilidades, potencialidades que aspiran a valores comunes trascendentes. Hay rebelión contra una existencia que se ha de agotar y explicar en sí misma. Sabemos que todo fluye y cambia inexorablemente, pero también sabemos oponer a esa inexorabilidad una idea contra-natura de permanencia, de trascendencia, de transgresión a la materia impermanente; a la historia, a la vida misma. La taza y el observador de la taza podrían-ya estar unidos en una contemplación/completitud eterna, misteriosa, más allá de los flujos: en un cosmos de extrañas e inimaginables transparencias. La rebelión del espíritu. ¡Aggghh!
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13 febrero, 2016
SACRAMENTUM: NO APTO PARA TODOS LOS PÚBLICOS
El momento sacramental es el desprendimiento de cualquier significante conceptual, cualquier trascendencia reguladora, cualquier imperativo moral discursivo, cualquier mirada de dominio; del yo mando, del yo tengo la razón, del yo soy quien sabe. El momento sacramental es el momento en sí como mundo propio que se explora a sí mismo en sus pliegues y repliegues; sus afectos y sensaciones; sus objetos en un orden maquínico de canalización de intensidades
dispersas en cada una de sus piezas y cada pieza es centro en relación con las demás y cada partícula es centro respecto a todas las demás y cada flujo de partículas circula en un plano de absoluta igualdad en ese momento.
El momento sacramental es la gracia produciendo realidad a cada instante; nueva realidad, nueva creación, nuevos afectos de diversos colores, de diversas tonalidades: oscuras, absorbentes; pero también claridad y apertura y en las oscuridades nunca cesa la seguridad de una pertenencia absoluta a eso que va más allá de los sentidos, del cerebro, del sistema nervioso: D-ós. Has dejado de conceptualizar a D-ós, vives la experiencia de D-ós: es eso. Los discursos se transforman en pura realidad material y lo material es eso que los sentidos pueden captar y las intuiciones internas producir en formas incorpóreas o incorporales.
Los cristianos se han olvidado de la sacramentalidad. Han reducido la sacramentalidad a una cosificación manipulable y mágica. Pero la sacramentalidad es la gracia en su plena manifestación bajo la forma material, la forma afectiva, sensorial e incorporal.

dispersas en cada una de sus piezas y cada pieza es centro en relación con las demás y cada partícula es centro respecto a todas las demás y cada flujo de partículas circula en un plano de absoluta igualdad en ese momento.
El momento sacramental es la gracia produciendo realidad a cada instante; nueva realidad, nueva creación, nuevos afectos de diversos colores, de diversas tonalidades: oscuras, absorbentes; pero también claridad y apertura y en las oscuridades nunca cesa la seguridad de una pertenencia absoluta a eso que va más allá de los sentidos, del cerebro, del sistema nervioso: D-ós. Has dejado de conceptualizar a D-ós, vives la experiencia de D-ós: es eso. Los discursos se transforman en pura realidad material y lo material es eso que los sentidos pueden captar y las intuiciones internas producir en formas incorpóreas o incorporales.
Los cristianos se han olvidado de la sacramentalidad. Han reducido la sacramentalidad a una cosificación manipulable y mágica. Pero la sacramentalidad es la gracia en su plena manifestación bajo la forma material, la forma afectiva, sensorial e incorporal.
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28 diciembre, 2015
QUIZÁS SEA HORA DE TOMARSE UNA CERVECITA
Si has estado toda tu vida dentro de una prisión sin haber jamás percibido la existencia de un afuera de esa prisión, entonces no podrías jamás saber si esa vida que has llevado era la vida de un
prisionero y no la de una persona diferente con otras posibilidades de vida. No habría posibilidad de un punto de vista desde el cual percibir ambas realidades y por lo tanto de efectuar un juicio cuantitativo o cualitativo de las dos. Todo tu mundo habría quedado inscrito en la realidad de tu prisión. Todas las variables de espacios y tiempos y sus consiguientes estados de ánimo pertenecerían a tal mundo-prisión. No habría posibilidad de Trascendencia de tal mundo. Todo sería inmanente a tal prisión y comprensible en función del mismo.
¿Podríamos extrapolar nuestra ficción a nuestro mundo/universo/cosmos? Toda filosofía o doctrina inmanentista o monista nos reduciría a tal prisión cósmica y por mucha trascendencia que reclamáramos como metafísicos idealistas o personas de religión, para ellos siempre estarían circunscritas a las multitudes formas de pensar y de construir pensamiento; y todo ello jamás podría probar provenir de otra esfera que no sea la de nuestro cosmos. Reducible, siempre, en última instancia a paradigmas de percepción o experiencia humana. Jamás, entonces, dirían nuestros inmanentistas/monistas, podremos percibir un afuera de este universo y todo "afuera" que reclamemos como posibilidad es ya en sí un concepto reducible a nuestra experiencia terrenal. Dentro/afuera. ¿Afuera? ¿De qué? No hay tal afuera. Todo demasiado humano. Anhelos demasiado humanos. Ilusiones demasiado humanas.
¿Universo-prisión? Nadie lo puede saber. La pregunta no tiene sentido. Los dioses son humanos. Las fantasías también. Los mitos. Los delirios místicos. El numen y las hierofanías y los estados de
gracia. Todo. Cualquier trascendencia--valores éticos/morales incluidos-- ha de ser comprendidos dentro de la inmanencia y los medios reales de liberación han de apelar a la política como acción y reactivación de lo hasta entonces natural o divino. La política como la única opción válida de trascendencia en función de categorías sociales, económicas, científicas...
¿Es así? He aquí nuestro universo actual, nuestro mundo, nuestra vida.
Algo se rebela dentro de mí. Hay un algo tan infinitamente profundo que se rebela dentro de mí y me llama a realidades de pura intuición, de posibilidad de poner entre paréntesis toda inmanencia y saltar a los vacíos insondables. ¿De qué? ¿Desde dónde mira usted, caballero? Oiga, ¿no cree que ya es hora de tomarse una cervecita? La verdad mete usted un poco de miedo.
prisionero y no la de una persona diferente con otras posibilidades de vida. No habría posibilidad de un punto de vista desde el cual percibir ambas realidades y por lo tanto de efectuar un juicio cuantitativo o cualitativo de las dos. Todo tu mundo habría quedado inscrito en la realidad de tu prisión. Todas las variables de espacios y tiempos y sus consiguientes estados de ánimo pertenecerían a tal mundo-prisión. No habría posibilidad de Trascendencia de tal mundo. Todo sería inmanente a tal prisión y comprensible en función del mismo.
¿Podríamos extrapolar nuestra ficción a nuestro mundo/universo/cosmos? Toda filosofía o doctrina inmanentista o monista nos reduciría a tal prisión cósmica y por mucha trascendencia que reclamáramos como metafísicos idealistas o personas de religión, para ellos siempre estarían circunscritas a las multitudes formas de pensar y de construir pensamiento; y todo ello jamás podría probar provenir de otra esfera que no sea la de nuestro cosmos. Reducible, siempre, en última instancia a paradigmas de percepción o experiencia humana. Jamás, entonces, dirían nuestros inmanentistas/monistas, podremos percibir un afuera de este universo y todo "afuera" que reclamemos como posibilidad es ya en sí un concepto reducible a nuestra experiencia terrenal. Dentro/afuera. ¿Afuera? ¿De qué? No hay tal afuera. Todo demasiado humano. Anhelos demasiado humanos. Ilusiones demasiado humanas.
¿Universo-prisión? Nadie lo puede saber. La pregunta no tiene sentido. Los dioses son humanos. Las fantasías también. Los mitos. Los delirios místicos. El numen y las hierofanías y los estados de
gracia. Todo. Cualquier trascendencia--valores éticos/morales incluidos-- ha de ser comprendidos dentro de la inmanencia y los medios reales de liberación han de apelar a la política como acción y reactivación de lo hasta entonces natural o divino. La política como la única opción válida de trascendencia en función de categorías sociales, económicas, científicas...
¿Es así? He aquí nuestro universo actual, nuestro mundo, nuestra vida.
Algo se rebela dentro de mí. Hay un algo tan infinitamente profundo que se rebela dentro de mí y me llama a realidades de pura intuición, de posibilidad de poner entre paréntesis toda inmanencia y saltar a los vacíos insondables. ¿De qué? ¿Desde dónde mira usted, caballero? Oiga, ¿no cree que ya es hora de tomarse una cervecita? La verdad mete usted un poco de miedo.
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04 enero, 2014
MIDENA Y GENSANO DIALOGAN SOBRA LA NADA O ALGO (I)
Midena Nigrostal y
Gensano Burtalero eran amigos desde hacia mucho tiempo. Hoy, al ver
cerrado el Cafe Pimpone, pues comenzaron a pasear. Casi siempre hablaban
de esos temas que sólo se pueden hablar con alguna gente; muy poca
gente, y en ello se enfrescaban mientras paseaban.
Gensano Burtalero.- ¿Qué te pasa Midena?
Midena Nigrostal.- Pienso que el universo no es más que un inmenso torbellino donde algunos humanos vivimos con la idea de que a pesar de todo todo ello ha de tener una clave trascendente; quizás todo ello ha de remitir a un modelo perfecto del que somos parte pero que por alguna razón algo ha ido mal y nos vemos instalados en ese torbellino tratando de encontrar sentido.
Gensano Burtalero.- Jobar, te has levantado con ánimos turbulentos amiga Midena. No es verdad que todos los humanos vivimos con la idea de que este universo ha de tener una clave trascendente; yo más bien diría que la mayoría de los humanos hoy día vivimos ya sin pensar en esas cosas. La mayoría aceptamos que la existencia es así, sin trascendencia alguna; o si ha de haber alguna, no nos han sido dadas las claves y por lo tanto pues vivimos según nos pida el cuerpo. A unos el cuerpo les pide ser razonables y equilibrados y a otros les pide ser irresponsables pero astutos; a otros les pide entregarse a los placeres sin tope; otros al trabajo; otros son medio santos y viven en su inopia particular o colectiva; otros viven la vida entregados a una causa; otros son oportunistas y tramposos; otros hipocritones; otros inocentes e inmaduros, otros eternos resentidos; otros psicopáticamente fríos y calculadores. Hay muchas modalidades de estar en el mundo y pocas de ellas son buenas de verdad por desgracia.
Midena Nigrostal.- Bueno, en realidad tienes razón de que somos una minoría hoy día los que pensamos que ha de haber unas claves para todo este aparente sin sentido. Yo sigo perteneciendo a esa minoría. Tienes razón que la gente hoy día ya prescinde de modelos trascendentes o metafísicos para vivir, aunque todavía persisten las ideológicas de hacer un mundo mejor según una ética de derechos humanos. Aun así, ya todo en la actualidad se rige por el paradigma de que estamos solos en el universo y nos las hemos de arreglar como sea para vivir y construir un mundo. También las religiones y las creencias se tienen que batir a la defensiva blindando la fe como sea y al precio que sea, pero sin ser capaces ya de dar razones absolutas e indiscutibles que garanticen la verdad para todos. Es decir: las religiones también se han relativizado y se adaptan como pueden para sobrevivir como tales. En realidad este ya es un mundo que acepta una cruda inmanencia dentro de un universo cerrado sobre sí mismo, sin posibilidad de escapatoria a otras dimensiones espirituales, externas, trascendentes.
Gensano Burtalero.- Efectivamente, amiga Midena, ese es el paradigma dominante. La ciencia y la filosofía se mueven ya en ese paradigma como beber un vaso de agua. Todos los conocimientos o prácticas humanas se mueven en esa dimensión inmanente o monista; pues aun las psicologías más profundas lo achacan todo a la mente, a fenómenos de la mente humana en última instancia. Religiones como el cristianismo o el Islam u otras viven en territorios que en realidad ya no les pertenecen. Es decir, están circunscritas y subordinadas a vivir sin poder dar una respuesta absolutamente válida a la pregunta sobre la fe o la revelación. Yo esto lo veo bien. Es vivir la cruda verdad de saber que no hay Verdad. Y si hay una Verdad es una verdad que no hemos tenido que inventar y aceptar como un axioma: derechos humanos, conocimiento científico, dogma religioso, ideología X o Z, etc.
(continuará)
Gensano Burtalero.- ¿Qué te pasa Midena?
Midena Nigrostal.- Pienso que el universo no es más que un inmenso torbellino donde algunos humanos vivimos con la idea de que a pesar de todo todo ello ha de tener una clave trascendente; quizás todo ello ha de remitir a un modelo perfecto del que somos parte pero que por alguna razón algo ha ido mal y nos vemos instalados en ese torbellino tratando de encontrar sentido.
Gensano Burtalero.- Jobar, te has levantado con ánimos turbulentos amiga Midena. No es verdad que todos los humanos vivimos con la idea de que este universo ha de tener una clave trascendente; yo más bien diría que la mayoría de los humanos hoy día vivimos ya sin pensar en esas cosas. La mayoría aceptamos que la existencia es así, sin trascendencia alguna; o si ha de haber alguna, no nos han sido dadas las claves y por lo tanto pues vivimos según nos pida el cuerpo. A unos el cuerpo les pide ser razonables y equilibrados y a otros les pide ser irresponsables pero astutos; a otros les pide entregarse a los placeres sin tope; otros al trabajo; otros son medio santos y viven en su inopia particular o colectiva; otros viven la vida entregados a una causa; otros son oportunistas y tramposos; otros hipocritones; otros inocentes e inmaduros, otros eternos resentidos; otros psicopáticamente fríos y calculadores. Hay muchas modalidades de estar en el mundo y pocas de ellas son buenas de verdad por desgracia.
Midena Nigrostal.- Bueno, en realidad tienes razón de que somos una minoría hoy día los que pensamos que ha de haber unas claves para todo este aparente sin sentido. Yo sigo perteneciendo a esa minoría. Tienes razón que la gente hoy día ya prescinde de modelos trascendentes o metafísicos para vivir, aunque todavía persisten las ideológicas de hacer un mundo mejor según una ética de derechos humanos. Aun así, ya todo en la actualidad se rige por el paradigma de que estamos solos en el universo y nos las hemos de arreglar como sea para vivir y construir un mundo. También las religiones y las creencias se tienen que batir a la defensiva blindando la fe como sea y al precio que sea, pero sin ser capaces ya de dar razones absolutas e indiscutibles que garanticen la verdad para todos. Es decir: las religiones también se han relativizado y se adaptan como pueden para sobrevivir como tales. En realidad este ya es un mundo que acepta una cruda inmanencia dentro de un universo cerrado sobre sí mismo, sin posibilidad de escapatoria a otras dimensiones espirituales, externas, trascendentes.
Gensano Burtalero.- Efectivamente, amiga Midena, ese es el paradigma dominante. La ciencia y la filosofía se mueven ya en ese paradigma como beber un vaso de agua. Todos los conocimientos o prácticas humanas se mueven en esa dimensión inmanente o monista; pues aun las psicologías más profundas lo achacan todo a la mente, a fenómenos de la mente humana en última instancia. Religiones como el cristianismo o el Islam u otras viven en territorios que en realidad ya no les pertenecen. Es decir, están circunscritas y subordinadas a vivir sin poder dar una respuesta absolutamente válida a la pregunta sobre la fe o la revelación. Yo esto lo veo bien. Es vivir la cruda verdad de saber que no hay Verdad. Y si hay una Verdad es una verdad que no hemos tenido que inventar y aceptar como un axioma: derechos humanos, conocimiento científico, dogma religioso, ideología X o Z, etc.
(continuará)
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MIDENA Y GENSANO DIALOGAN SOBRA LA NADA O ALGO (II)
(Viene de arriba)
Midena Nigrostal.- Curioso que el mundo haya llegado a esa
conclusión “nihilista” en su sentido profundo, pues si no hay más allá de lo
que nuestra mente o sentidos puedan probar o proyectar, eso quiere decir que
vivimos una apariencia que en realidad no es nada, pues una vez se apague la
luz de la vida queda en nada. El substrato o trasfondo de todo es la nada.
Curioso. Quizás haya sido necesario
llegar a este extremo
donde todo lo existente queda supeditado a la nada como
trasfondo. De la nada no se puede decir nada y el vivir en la nada como
“esencia” no deja de ser la vida un arriesgado juego de vivir como nos pida el
cuerpo hasta la muerte o la nada. Tienes razón en eso. Pero entonces sólo nos
queda ser unos hipócritas o unos redomados cínicos o las dos cosas a la vez. No
tiene sentido hacer un mundo mejor si ya todo es nada en su conclusión final.
Es mentira decir que amamos a los demás salvo a aquellos a quienes más cerca
tenemos por impulso egoísta. Simplemente no tiene sentido amar nada, pues en el
fondo es todo un impulso guiado por una ilusión, o simple química cerebral. Un
mundo así ha perdido su razón de ser. En realidad vale todo. Si somos un
espectro que surge de la nada y vuelve a la nada ¿qué sentido tiene esto?
Gensano Burtalero.- Pues el sentido de vivir bajo el mejor
pragmatismo posible, el sentido de vivir esta breve existencia lo más libres
posibles de opresión; ser lo más felices posible en el mundo realmente existente,
pues como no hay otro no nos queda más remedio que hacer de este el mejor mundo
posible en función de mi libertad y mi libertad implica la libertad de todo el
mundo. Es así de sencillo amiga Midena, no te devanes más los sesos. ¡Bienvenida
al mundo de la nada! Hasta los más aparentemente beatos saben vivir a placer
aquello que les pide el cuerpo. Se inventan dobles morales y aparentan como el
mejor hipócrita. No hay nada malo en el cinismo consecuente.
Midena Nigrostal.- Pero ¿y si en lugar de la nada hay algo?
Gensano Burtalero.- Imposible de saber amiga Midena, nos
veríamos obligados a proyectar un algo en la nada y ese algo siempre sería algo
de nuestra propia cosecha. Proyecciones, interpretaciones infinitas sobre lo
que nada sabemos en realidad.
Midena Nigrostal.- Inteligente respuesta. Pero la incógnita
está ahí: en realidad no estamos absolutamente seguros de que sea la nada lo
que nos envuelve o que haya algo. Y ahora te reboto esta interrogante con esta
respuesta: no hay razón alguna para decir que vivimos en una nada. Siguiendo tu
propio argumento, cuando hablamos de la nada en realidad hablamos de nuestra
proyección sobre lo que no conocemos y le damos un nombre: la nada. Pero
entonces queda la interrogante de si hay algo en lugar de nada y si hay algo
tendría que preocuparnos cómo ese algo se podría relacionar con nosotros.
Gensano Burtalero.- Sí, me parece una buena reflexión, pero
seguimos viviendo en una duda absoluta y para mí esa duda absoluta sería igual
que vivir en una nada…. ¡Hum! Creo que no. Tendré que reflexionar más sobre eso
que dices. Seguiremos hablando amiga Midena.
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