
Hay dos navidades: una es la de nacimiento y Jesús que nace en Belén y otra es la navidad nórdica de Santa Claus que viene del mundo de los hielos donde hay un algo nostálgico que proviene de esas noches gélidas, pero que esas noches gélidas cósmicas no son hostiles precisamente sino que albergan ilusiones, nostalgias, imaginaciones de un mundo que fue posible en la infancia y que sigue siendo una posibilidad imaginativa. Es también la Navidad del árbol. Es curioso que la Navidad reclame su origen precristiano en forma de mito gnóstico-"pagano".La Navidad sería así un mito universal que abarca y trasciende el cristianismo. Incluso el Niño Jesús de la Navidad se transforma en una inocencia mística de tonos gnósticos.
Pero los mitos nostálgicos son extrañas sensaciones que viven y perviven en nuestras almas y que despiertan en ocasiones para recordarnos que este mundo pétreo de realidades duras y cinismos crueles y sufrimientos inútiles y miserias mil; pues es sólo un mundo provisional. Allá en el fondo de los paisajes remotos de nuestra imaginación e ilusiones hay otra realidad esperándonos con los brazos abiertos. Con el hogar encendido con leños y nuestros abuelos contándonos cuentos; y nuestros padres que son padres de verdad; padres biológicos entregados a su familia de verdad; pues esos padres y abuelos y familias están ahí al calor del fuego ya casi listos para sentarse en la gran mesa y cenar. Persiste el mito de la nostalgia. Incrustado en nuestra alma y el alma incrustado en misterios que se pierden en un inconsciente remoto.
Feliz Navidad.
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