
dispersas en cada una de sus piezas y cada pieza es centro en relación con las demás y cada partícula es centro respecto a todas las demás y cada flujo de partículas circula en un plano de absoluta igualdad en ese momento.
El momento sacramental es la gracia produciendo realidad a cada instante; nueva realidad, nueva creación, nuevos afectos de diversos colores, de diversas tonalidades: oscuras, absorbentes; pero también claridad y apertura y en las oscuridades nunca cesa la seguridad de una pertenencia absoluta a eso que va más allá de los sentidos, del cerebro, del sistema nervioso: D-ós. Has dejado de conceptualizar a D-ós, vives la experiencia de D-ós: es eso. Los discursos se transforman en pura realidad material y lo material es eso que los sentidos pueden captar y las intuiciones internas producir en formas incorpóreas o incorporales.
Los cristianos se han olvidado de la sacramentalidad. Han reducido la sacramentalidad a una cosificación manipulable y mágica. Pero la sacramentalidad es la gracia en su plena manifestación bajo la forma material, la forma afectiva, sensorial e incorporal.