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03 junio, 2016
EL TREN NEGRO
Bajábamos al metro en Londres. Al llegar al andén había gente bañándose en las cajas de las vías, pues estaban inundadas. El agua debía de estar caliente pues la gente se bañaba con gran placer. Se quitaban la ropa y quedaban en bañador y se lanzaban al agua disfrutando el chapuzón. Nos pareció raro que estuviese ocurriendo aquello. Nos quedamos pensativos. Al otro lado había como una piscina separada de agua más clara donde una muchacha hermosa de pelo rubio largo se bañaba en bikini. De pronto anunciaron la llegada del tren. Rápidamente la gente fue saliendo de la caja de las vías y el agua se fue retirando hasta dejar una de las vías libres. Bueno, podríamos coger el metro después de todo. Qué cosas pasan a veces, pensamos. Pero sin embargo en la piscina del otro lado seguía bañándose y chapoteando la muchacha. La piscina coincidía con las otras vías, pero estaban completamente ocultas por el agua. De repente anunciaron la llegada del tren negro. The Black Train will arrive in one minute. Llegaría por el otro carril, el carril donde estaba la piscina. No lo podíamos creer y la gente ya estaba a la expectativa mirando a la muchacha que seguía tan alegre. Llegó el tren y cubrió la piscina. Se paró. Era un tren pintado de negro, herméticamente cerrado, como si fuese macizo: ninguna ventana, todo él un bloque de acero compacto. Se quedó silencioso cubriendo la piscina. Su presencia nos infundió terror. Parecía un tren procedente de algún horror lejano, de algún mundo de tinieblas eternas; de alguna dimensión infernal o demoníaca. Hubo silencio. El miedo nos hizo ver o sentir algo así como si todo el tren fuese un cuerpo con vida propia. Su pesadez compacta parecía absorber lo sonidos, los pensamientos y emociones de la gente que seguía en absoluto silencio. Al cabo de un tiempo el tren negro fue saliendo de la estación. El espacio donde estaba la piscina de la hermosa chica rubia en bikini había quedado en la más absoluta oscuridad. Luego llegó un tren normal y todo parecía volver a la rutina de un metro de gran ciudad.
28 diciembre, 2015
QUIZÁS SEA HORA DE TOMARSE UNA CERVECITA
Si has estado toda tu vida dentro de una prisión sin haber jamás percibido la existencia de un afuera de esa prisión, entonces no podrías jamás saber si esa vida que has llevado era la vida de un
prisionero y no la de una persona diferente con otras posibilidades de vida. No habría posibilidad de un punto de vista desde el cual percibir ambas realidades y por lo tanto de efectuar un juicio cuantitativo o cualitativo de las dos. Todo tu mundo habría quedado inscrito en la realidad de tu prisión. Todas las variables de espacios y tiempos y sus consiguientes estados de ánimo pertenecerían a tal mundo-prisión. No habría posibilidad de Trascendencia de tal mundo. Todo sería inmanente a tal prisión y comprensible en función del mismo.
¿Podríamos extrapolar nuestra ficción a nuestro mundo/universo/cosmos? Toda filosofía o doctrina inmanentista o monista nos reduciría a tal prisión cósmica y por mucha trascendencia que reclamáramos como metafísicos idealistas o personas de religión, para ellos siempre estarían circunscritas a las multitudes formas de pensar y de construir pensamiento; y todo ello jamás podría probar provenir de otra esfera que no sea la de nuestro cosmos. Reducible, siempre, en última instancia a paradigmas de percepción o experiencia humana. Jamás, entonces, dirían nuestros inmanentistas/monistas, podremos percibir un afuera de este universo y todo "afuera" que reclamemos como posibilidad es ya en sí un concepto reducible a nuestra experiencia terrenal. Dentro/afuera. ¿Afuera? ¿De qué? No hay tal afuera. Todo demasiado humano. Anhelos demasiado humanos. Ilusiones demasiado humanas.
¿Universo-prisión? Nadie lo puede saber. La pregunta no tiene sentido. Los dioses son humanos. Las fantasías también. Los mitos. Los delirios místicos. El numen y las hierofanías y los estados de
gracia. Todo. Cualquier trascendencia--valores éticos/morales incluidos-- ha de ser comprendidos dentro de la inmanencia y los medios reales de liberación han de apelar a la política como acción y reactivación de lo hasta entonces natural o divino. La política como la única opción válida de trascendencia en función de categorías sociales, económicas, científicas...
¿Es así? He aquí nuestro universo actual, nuestro mundo, nuestra vida.
Algo se rebela dentro de mí. Hay un algo tan infinitamente profundo que se rebela dentro de mí y me llama a realidades de pura intuición, de posibilidad de poner entre paréntesis toda inmanencia y saltar a los vacíos insondables. ¿De qué? ¿Desde dónde mira usted, caballero? Oiga, ¿no cree que ya es hora de tomarse una cervecita? La verdad mete usted un poco de miedo.
prisionero y no la de una persona diferente con otras posibilidades de vida. No habría posibilidad de un punto de vista desde el cual percibir ambas realidades y por lo tanto de efectuar un juicio cuantitativo o cualitativo de las dos. Todo tu mundo habría quedado inscrito en la realidad de tu prisión. Todas las variables de espacios y tiempos y sus consiguientes estados de ánimo pertenecerían a tal mundo-prisión. No habría posibilidad de Trascendencia de tal mundo. Todo sería inmanente a tal prisión y comprensible en función del mismo.
¿Podríamos extrapolar nuestra ficción a nuestro mundo/universo/cosmos? Toda filosofía o doctrina inmanentista o monista nos reduciría a tal prisión cósmica y por mucha trascendencia que reclamáramos como metafísicos idealistas o personas de religión, para ellos siempre estarían circunscritas a las multitudes formas de pensar y de construir pensamiento; y todo ello jamás podría probar provenir de otra esfera que no sea la de nuestro cosmos. Reducible, siempre, en última instancia a paradigmas de percepción o experiencia humana. Jamás, entonces, dirían nuestros inmanentistas/monistas, podremos percibir un afuera de este universo y todo "afuera" que reclamemos como posibilidad es ya en sí un concepto reducible a nuestra experiencia terrenal. Dentro/afuera. ¿Afuera? ¿De qué? No hay tal afuera. Todo demasiado humano. Anhelos demasiado humanos. Ilusiones demasiado humanas.
¿Universo-prisión? Nadie lo puede saber. La pregunta no tiene sentido. Los dioses son humanos. Las fantasías también. Los mitos. Los delirios místicos. El numen y las hierofanías y los estados de
gracia. Todo. Cualquier trascendencia--valores éticos/morales incluidos-- ha de ser comprendidos dentro de la inmanencia y los medios reales de liberación han de apelar a la política como acción y reactivación de lo hasta entonces natural o divino. La política como la única opción válida de trascendencia en función de categorías sociales, económicas, científicas...
¿Es así? He aquí nuestro universo actual, nuestro mundo, nuestra vida.
Algo se rebela dentro de mí. Hay un algo tan infinitamente profundo que se rebela dentro de mí y me llama a realidades de pura intuición, de posibilidad de poner entre paréntesis toda inmanencia y saltar a los vacíos insondables. ¿De qué? ¿Desde dónde mira usted, caballero? Oiga, ¿no cree que ya es hora de tomarse una cervecita? La verdad mete usted un poco de miedo.
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