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13 octubre, 2016

OIGA, ¿ES USTED EL MISMO O ES OTRO?

Últimamente llevo viendo gente que hacía mucho tiempo que no veía. Gente que me para en la calle o en el autobús o en el centro comercial y me pregunta: ¿Tú no serás Nesalem? "Sí, sí, el mismo que ves, pero algo más viejo," respondo yo. Y entonces tratamos de recordar
juntos aquellos años o aquellos momentos o aquellas aventuras o aquellos meses del servicio militar y nos enfrascamos en relatos que se reactivan y cobran nueva vida. Luego cada uno sigue su camino y posiblemente ya no nos veamos más, o quizás otra vez más, pero cada vez más mayores, más mermados, más cerca ya de un final cada vez más posible. 
¿Final? Tengo el profundo presentimiento de que la vida de un ser humano no acaba con la muerte física. Creo que esta vida en la Tierra tiene un sentido que a nosotros se nos escapa. Toda nuestra existencia y la existencia del universo es un misterio abrumador que para mí esconde significados profundos y dimensiones infinitas, aun sabiendo que nada de esto se puede demostrar, ni tampoco sustentar con razonamientos convincentes.

Hay veces que paseando en solitario por los alrededores de la ciudad o por playas muy extensas o por caminos de montaña que cruzan antiguas aldeas o caserones o iglesias abandonadas, el poder de la imaginación me empuja a un temor reverencial hacia la infinitud de todo lo que me rodea y el tiempo se para en un presente eterno por unos momentos. En esos momentos creo que D-ós es una realidad que no se puede reducir a ningún enunciado, a ninguna teología, a ningún juicio lógico. Es una profunda intuición, no es una demostración que aspire a convencer a nadie. Quien lo percibe lo percibe, quien no pues no. Se trata de afectos profundos no de teorías o constructos mentales. Es un algo poderoso que afecta a todo el cuerpo. Cuerpo. El cuerpo en toda su plenitud. ¿Ilusión? Bienvenida y duradera sea esta ilusión. Sin ella la vida para mi y para muchos como yo perdería su sabor enigmático, misterioso, mítico, romántico. El trasfondo de
ese aburrimiento consustancial con la rutina, el trasfondo de esa conflictividad ineludible entre las personas: esos equívocos, esos inexorables deslizamientos de significado que tantas veces nos fuerza a vivir solos con nosotros mismos y aun así parece que nunca llegaremos al fondo de nada. El trasfondo que trasciende miedos y ansiedades, y nos devuelve o restablece una confianza en la vida que jamás nos puede abandonar.

X: ¿Oiga?
N: Sí.
X: ¿Es usted Nesalem?
N: Sí, ¿por qué lo pregunta?
X: ¿Se acuerda usted de X cuando vivía en Y?
N: Sí, ahora que me lo dice usted es.....claro...usted es X que vivía en Y, pero usted ... no sé qué decirle... ya casi se me borró de la mente...dígame ¿qué recuerda de mí? ¿Cómo era yo?.../...  

03 junio, 2016

EL TREN NEGRO

Bajábamos al metro en Londres. Al llegar al andén había gente bañándose en las cajas de las vías, pues estaban inundadas. El agua debía de estar caliente pues la gente se bañaba con gran placer. Se quitaban la ropa y quedaban en bañador y se lanzaban al agua disfrutando el chapuzón. Nos pareció raro que estuviese ocurriendo aquello. Nos quedamos pensativos. Al otro lado había como una piscina separada de agua más clara donde una muchacha hermosa de pelo rubio largo se bañaba en bikini. De pronto anunciaron la llegada del tren. Rápidamente la gente fue saliendo de la caja de las vías y el agua se fue retirando hasta dejar una de las vías libres. Bueno, podríamos coger el metro después de todo. Qué cosas pasan a veces, pensamos. Pero sin embargo en la piscina del otro lado seguía  bañándose y chapoteando la muchacha. La piscina coincidía con las otras vías, pero estaban completamente ocultas por el agua. De repente anunciaron la llegada del tren negro. The Black Train will arrive in one minute. Llegaría por el otro carril, el carril donde estaba la piscina. No lo podíamos creer y la gente ya estaba a la expectativa mirando a la muchacha que seguía tan alegre. Llegó el tren y cubrió la piscina. Se paró. Era un tren pintado de negro, herméticamente cerrado, como si fuese macizo: ninguna ventana, todo él un bloque de acero compacto. Se quedó silencioso cubriendo la piscina. Su presencia nos infundió terror. Parecía un tren procedente de algún horror lejano, de algún mundo de tinieblas eternas; de alguna dimensión infernal o demoníaca. Hubo silencio. El miedo nos hizo ver o sentir algo así como si todo el tren fuese un cuerpo con vida propia. Su pesadez compacta parecía absorber lo sonidos, los pensamientos y emociones de la gente que seguía en absoluto silencio. Al cabo de un tiempo el tren negro fue saliendo de la estación. El espacio donde estaba la piscina de la hermosa chica rubia en bikini había quedado en la más absoluta oscuridad. Luego llegó un tren normal y todo parecía volver a la rutina de un metro de gran ciudad.

OCCIDENTE ES UNA CIVILIZACIÓN QUE MERECE LA PENA DEFENDER CON ORGULLO

Pongamos un ejemplo de sujeto subalterno en su máxima cota de opresión y de mínima libertad individual. Por ejemplo: una mujer afgana vivien...