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18 junio, 2016

LA IGLESIA DESNUDA

La verdad de aquella iglesia era su edificio, su construcción de piedra. No era su simbolismo,
ni tampoco las evocaciones que se interferían en el mismo momento de observarla y contemplarla. Ni tampoco su arte o sus figuras, o sus relieves. No. La verdad de la iglesia era su esencia material como edificio. Su misma presencia como objeto de piedra con una determinada forma. Después de tantos años observando aquella iglesia y tratando de buscar su secreto y su mensaje espiritual y sus simbolismos; al final, de repente, como si de una iluminación se tratase, me di cuenta que el secreto estaba en su pura materialidad; la organización y estructura de su materialidad como un objeto de construcción, como un ente de construcción; como un signo desnudo de significado alguno. Un signo desnudo. Un signo puro. Piedra. Extensión. Espacio. Aperturas. Puerta de entrada.

Abro la puerta y entro. Un espacio desnudo de significado. Es ahí donde ha de comenzar la contemplación: en su materialidad desnuda, neutra. La iglesia ahora se convierte en símbolo de multitud de significados que cada piedra, cada esquina, cada, ventana ojival, cada columna van ampliando de forma libre y espontánea: refugio, protección, orientación, descanso, punto de encuentro de lo sagrado y lo profano, lo común, el amor; de lo corpóreo e incorpóreo, de lo sensible y lo invisible, lo material y lo inmaterial. Significados que se van desplegando hacia el infinito; que se van explicando a sí mismo en forma de sensaciones libres. Toda la iglesia, todo el edificio era pura manifestación divina en su misma materialidad; en su forma. Nunca había sabido realmente mirar la iglesia. Nunca me había fijado realmente en el edificio en sí. Siempre me había aproximado al edificio vistiéndolo y recubriéndolo de evocaciones, recuerdos, revelaciones, soluciones, proyecciones, ilusiones; quizás una señal definitiva sobre la Divinidad.  Pero nunca el edificio en sí como piedra, como materialidad desnuda, como forma y estructura neutra; como una aproximación a un absoluto desprovisto de significados impuestos, externos....

03 enero, 2015

LAS ESENCIAS IDEOLÓGICAS NO DESAPARECEN: EL FENÓMENO PODEMOS Y COMENTARIOS ADICIONALES SOBRE EL TERRORISMO ISLÁMICO

Una cosa que me sorprende del fenómeno Podemos es la masiva cobertura y publicitación que recibe de la mayoría de la prensa española; prensa que normalmente elude, censura o se autocensura o tergiversa, todo aquello que no le interesa o que no interesa a los poderes fácticos del momento. Podemos goza de mucha publicidad y
atención por parte de los medios por alguna razón que no es precisamente el amor al pueblo o a la verdad, o al progreso del país. Tiene que haber otras razones.
Si miramos al programa político de dicha formación veremos que vuelven a repetirse ideas que están ya muy afianzadas y establecidas en el solar español: ambivalencia moral respecto al dinero o la "usura"; rechazo al liberalismo, animadversión hacia el mercado libre y rechazo así mismo de la valoración individual a través de la competitividad y el saber hacer o emprender. Y, por supuesto: son siempre valores positivos: el comunalismo o colectivismo; la integración de los individuos a lealtades políticas e ideológicas trascendentes e incuestionables que normalmente está representadas en un solo partido, la intervención en la actividad económica con el objeto de sacar tajada para los míos o mantener un clientelismo político que perpetúe a los de siempre en el poder. Todo ello conlleva así mismo la imposición de unos valores sociales y culturales políticamente correctos que son la expresión moral y los puros prejuicios de estas ideologías partidistas o corporativistas, elevadas a través de la educación y la propaganda a valores incuestionables. La LOGSE fue la mejor herramienta para crear una generación de españoles inclinados al colectivismo y la dependencia del Estado.
Y, ¿por qué en España somos dados a estas tentaciones populistas-totalizantes?
Pues porque en España el liberalismo como práctica política de división de poder civil y poder político jamás se dio ni se aceptó como propio de nuestro país. Poder civil significa la siempre posibilidad de cuestionar cualquier ideología, cualquier dogma,
cualquier intento de imponer o administrar o regular el libre pensamiento de cualquier ciudadano. Lo cual es consustancial con la libre actividad económica que se ha de atener a unas leyes de libre competitividad sin más interferencias políticas que las necesarias para mantener los derechos humanos básicos y la dignidad humana en su máxima expresión de libertad.
Todo esto ha sido anatema en un país donde un catolicismo milenario nos inculcó hasta las cachas que el dinero es malo--menos cuando lo administraba la Iglesia a favor de sus intereses en consonancia con las clases semi-feudales que gobernaban el país y se les instaba a "hacer caridad"--; que la libertad de pensamiento era un peligro que desencadenaba la disgregación social y sólo la Iglesia mantenía una coherencia social y nacional sólida y bajo el beneplácito divino (trascendencia). Que la sociedad civil como tal ha de explicarse siempre en función de esa trascendencia que la integra como necesidad ineludible para formar una sociedad "orgánica". En la práctica esto quiere decir que la sociedad civil ha de estar siempre tutelada y controlada o bien por la religión en siglos atrás, o si no por los partidos políticos que se arrogan la exclusiva titularidad y representación del Pueblo como colectivo omnipotente.

Para este pensamiento no existe la posibilidad de que no hay trascendencia alguna que pueda regular ninguna sociedad civil, pues tal trascendencia ha quedado definitivamente cuestionada por la libertad de interpretación del protestantismo, del pensamiento crítico y los descubrimientos de la ciencia.
Es así, entonces, que el "relativismo" cultural y social en la sociedad no es más que la expresión de libertad individual y de opciones de vida que provee la sociedad liberal y democrática occidental; única en el mundo en llegar a tales presupuestos y sus consecuencias. Todo aquel que crea o asuma una trascendencia o dogma lo hará como opción particular y como libre asociación civil. Todo intento de imponer una ideología de trascendencia totalitaria o totalizante a la sociedad civil implica un retroceso o regresión a formas dictatoriales de comprender y gobernar el mundo. Digamos que sería un "cierre" al progreso o posibilidad de apertura a un devenir racional y libre de nuestras sociedades.
Yo creo que es esa la tentación en España. Ante una crisis que falsamente se atribuye al liberalismo (curiosamente, nunca las finanzas del mundo estuvieron más controladas por los estados a favor del clientelismo político), la gente recurre a los arquetipos y modos de pensamiento profundos, que en nuestro caso son los inculcados por siglos de catolicismo. Podemos, en este caso, ofrece al pueblo español la misma medicina que lleva en sus venas, la misma esencia de antiliberalismo o humanismo antiliberal que puede abarcar tanto a derechas como a izquierdas, sobre todo si una parte importante de la población pensante y activa depende del Estado como medio de vida.

08 abril, 2014

OIGA, OIGA, ¿DÓNDE ESTÁN LAS VERDADES INMUTABLES?

En el protestantismo hay una corriente que ve las Escrituras como una fuente de revelación accesible tanto a la razón como al sentimiento. De ello
se desprende que podemos llegar a saber lo necesario o lo que Dios ha dispuesto para nuestra salvación y vida correcta a través de una hermenéutica acertada que todos los creyentes pueden llegar a perfilar; bien por ellos mismos (con la ayuda del Espíritu Santo), o bien a través de creyentes bien formados: teólogos, pastores, maestros, etc. (también guiados por el Espíritu Santo, se supone). En una palabra: es posible la definición de verdades fundamentales que emanan de la Biblia y que por lo tanto son autoevidentes y verdades esenciales incuestionables; en oposición, claro está, a cualquier otra interpretación arriesgada o contingente. En el primer caso, el sujeto-creyente puede adecuarse a su objeto-revelación, o viceversa, el sujeto-revelación puede adecuarse a su objeto-creyente; si no de una manera unívoca, si aproximativa. De ahí que en mucho protestantismo haya recurso a una autoridad externa incuestionable que ha de regular la fe de los creyentes a través de las autoridades eclesiásticas o denominacionales mejor reconocidas por su clara enseñanza y doctrina. O, a veces por la interpretación profética reconocida de algún líder reformador o restaurador o “reavivador” de alguna iglesia ya establecida o fundador de una nueva.
Pero si ponemos en duda la hipotética inspiración del Espíritu Santo de quienes se lo arrogan o se lo arrogan, entonces las verdades autoevidentes y esenciales incuestionables se quedan en interpretaciones reglamentadas y sancionadas por instituciones eclesiásticas, organizaciones establecidas o consensos doctrinales acatados en base a criterios teológicos relativos a situaciones históricas concretas de las iglesias. Lo esencial y autoevidente queda inexorablemente relativizado e historizado y, de ser así, entonces la autoridad externa incuestionable sustentada por el Espíritu Santo, queda así mismo en entredicho y relegada a una interpretación más que ha de competir con otras que le discuten su carisma, poder y privilegio. El texto bíblico queda abierto a nuevas investigaciones y estudios críticos, además de la aproximación devocional o teológica o las dos cosas a la vez en franco diálogo crítico entre la fe y la razón.
Es algo parecido a cuando hablamos de ley natural o divina a la hora de regular sociedades. Las leyes naturales o divinas no ejercen su soberanía más que a través de interpretaciones humanas, lo que nos hace ya pensar que en dichas interpretaciones concretas en tiempo y espacio es donde reside su verdad de hecho (leyes
positivas). No en su condición de abstracción o idealización. Curiosamente, las leyes naturales o divinas en su supuesta eternidad o esencialidad, tienden siempre a traducirse en función de intereses humanos concretos. Las leyes naturales quedan entonces desplazadas a un orden simbólico o metafórico ya que su concreción sólo es posible como leyes positivas; o sea, derivadas de la voluntad humana y aplicadas a una sociedad mutable y contingente. No hay vuelta atrás a un orden externo unívoco e incuestionable. En realidad nunca lo hubo. Es por ello que la apertura hacia Dios es ahora más infinita que nunca; como también la apertura de la Historia a nuevos horizontes inesperados.
 

10 diciembre, 2013

REFLEXIONANDO Y CON EL MAZO DANDO SOBRE DEMOCRACIA, SOCIEDAD CIVIL Y ESTADO

Podemos imaginarnos un espectro donde en un extremo hay un estado absoluto; y en el otro un estado a
punto de extinguirse como tal. Entre uno y otro extremo están muchas gradaciones de Estado que van desde un mayor a menor control de la sociedad. En las democracias modernas la sociedad o sociedad civil es un espacio donde los ciudadanos pueden organizar su vida de un modo libre, siempre que este modo de vida se atenga a las leyes de convivencia social; las leyes del país. Entonces todos los territorios o espacios de la ética, de la moral, de la sexualidad, del arte, de la organización de sociedades culturales-deportivas en función de un interés concreto, de las creencias; de la educación, de la sanidad, de las empresas, de entidades de asesoramiento legal, etc, etc.; pues todos estos territorios civiles quedan liberados para las iniciativas privadas o individuales. Queda para el Estado la función de vigilar e imponer la ley; garantizar que los contratos entre ciudadanos se cumplan; la defensa de su territorio, la iniciativa y puesta en acción en la construcción de las vías de comunicación y otros servicios fundamentales: líneas de electricidad, energía, canalizaciones, planes de emergencia nacional, etc.

Pero toda esta distribución de poder y jurisdicción varía de una estado democrático a otro. Hay estados democráticos donde le Estado controla y regula muchas de las funciones que en teoría le correspondería a la iniciativa civil y ciudadana. O viceversa, muchas de las funciones que un estado impone en una sociedad civil X, en otro estado quedarían supeditadas a unas reglas de oferta, demanda, beneficencia, etc. En la primera el Estado se nutre de una burocracia e instituciones u organismos diversos para cubrir necesidades civiles, pero con ello quita responsabilidades, iniciativas y libertades a los ciudadanos que podrían ser protagonistas de aquello que más les beneficiaría. Al mismo tiempo el Estado, al convertirse en un organismo cada vez más separado de la sociedad, intenta perpetuarse y conquistar más y más territorios civiles y ciudadanos que ellos mismos habrán de sufragar a través de tributos e impuestos. Comienza así una orgía de leyes, de regulaciones, de intervenciones donde el ciudadano normal necesariamente se pierde. Lo opuesto sería una sociedad civil más libre de restricciones burocráticas, mucho menos regulada por leyes; más espacio para las iniciativas, para los riesgos, etc. La contrapartida de este modelo sería la desprotección que podrían sufrir aquellos ciudadanos que no logren adaptarse o no desean vivir los ritmos que marca una sociedad competitiva. De ahí la necesidad en este modelo liberal de una caridad pública sufragada por fundaciones privadas, iglesias, sociedades filantrópicas, etc.

En función de los avatares históricos o condicionamientos culturales o valores trasmitidos; unas sociedades democráticas delegan más, o a veces bastantes parcelas de su territorio civil, a un Estado que perciben como protector, como el único organismo capaz de proveer de bienes y servicios en función de más necesidades y derechos ciudadanos. Existe también la tentación de las izquierdas de crear el Estado
regulador de la economía y distribuidor de riqueza por gracia, devaluando en lo posible los méritos y basado todo ello en un concepto optimista del ser humano (y en la fidelidad política, desde luego). Por otro lado hay una derecha que aspira a que el Estado controle y regule más y más espacios de moral pública en función de principios fundamentales naturales o religiosos. Y, están también, las sociedades que tratan de relegar al Estado a la mínima expresión en todo aquello que en teoría pertenece a la sociedad civil.

La realidad es que todos los modelos de Estado, además de sus propias contradicciones tienden a favorecer un aspecto singular de la condición humana. Quienes suelen llegar al poder suelen ser gente muy capaz de desligar los sentimientos de la política; gente que han llegado a entender y disfrutar la política como un fin en sí mismo, que enmarcan el Estado en función del Estado como aparato, la democracia en función de las técnicas de obtención de votos. La gente que sobrevive en los altos poderes son, por lo general, aquellos capaces de desligar lo humano de lo inhumano —entendido como aquello que es externo al hombre y lo fuerza a obedecer—, y, como el poder es por definición inhumano; pues todo acaba más tarde o más temprano corrompiéndose de una manera u otra a favor de lo inhumano. Normalmente, quien manipula el poder de lo inhumano sin sentir remordimiento alguno, y quien además tiene el don y la capacidad de actuar como actor en el escenario del mundo, ya tiene la clave fundamental de la perpetuación en el poder

¿Qué metafísica podría explicar este nuestro mundo de forma convincente?

EL DÍA QUE LAS AI MATERIALIZARON LAS EMOCIONES Y LAS PASIONES

 Comenzaron a producirse las materializaciones de las emociones y las pasiones. Aquel programa de IA lograba que se desatasen los infiernos ...