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25 septiembre, 2016

CONVERSACIONES PENDIENTES

Me queda la sensación de tener conversaciones pendientes con mucha gente. Conversaciones que nos hubieran llevado a algún territorio común de empatía. Aunque fuese una empatía breve, una resonancia de segundos; una chispa de fusión de afectos.
Sentarse a tomar un café con ganas, verdaderas ganas de hablar; aunque sea con las miradas y en silencio; aunque sea con los gestos del rostro, de las manos, del cuerpo. Es imposible conversar cuando estamos en guerra. Cuando estamos en permanente vigilancia contra la intrusión no deseada; cuando los golpes de la vida nos han llevado a la permanente desconfianza; cuando hemos notado simulación, superficialidad oportuna; desviación del interés aparente hacia territorios yermos que no nos interesan y nos aburren, pero que al otro le satisfacen de una manera que nos sorprende. Imposible conversar cuando las ideas son fijas e invariables. Cuando la creencia o la fe política, o religiosa, es determinante y el enemigo es enemigo absoluto y no hay términos medios o senderos que se pierden en el bosque de la indeterminación y del misterio y donde los dos podamos ser trasladados a un nuevo territorio sin más referencias que la oscuridad y la claridad de las estrellas. Tengo la sensación de que muchas conversaciones que he mantenido a lo largo de mi vida han quedado sin terminar, sin tan siquiera comenzar por un mismo camino; sin que las palabras hayan tenido esa resonancia que nos invita al riesgo de ir avanzando a territorios de miedos comunes, de fantasías comunes, de caos común, de laberintos desconcertantes; de ansiedades bailando en la cuerda floja; de vistas hacia esos paisajes inesperados de lo absolutamente nuevo. En ocasiones me he visto tomando el camino equivocado de la conversación por no herir sensibilidades, por no desagradar, por ir con la corriente del otro o de los otros; pero luego me daba cuenta de mi insinceridad, de mi falsedad, de mi
desfiguración y mutilación cuando ya no había remedio ni pasos atrás. Tengo muchas, muchísimas conversaciones pendientes que jamás se llevarán a su término. De las que siempre me queda la sensación de: "podría haber dicho ésto en lugar de aquello que fue una absoluta estupidez"; o "pude haber respondido ésto que era lo que realmente sentía y no simular lo que no sentía." Oiga usted. ¿Y por qué no pensar que esas conversaciones fueron las que tuvieron que ser y si nunca llegaron a su término era precisamente porque nunca hubo tal término final? Así es la vida: entrecortada, discontinua, decepcionante, ambivamente, disonante, y equívoca en sumo grado. Amén.

12 diciembre, 2013

A LA BÚSQUEDA DE TERRITORIOS COMUNES (I)

La única manera de comunicarnos y de compartir es cuando hay territorios comunes afectivos. Dos personas se sienten a gusto cuando hay afectividades comunes. Dos personas se sienten mal cuando no comparten espacios comunes afectivos. Cuando los territorios de
uno son externos a la forma de vivir la vida en el otro, esas personas no pueden compartir afectividades. Fuera de los territorios comunes afectivos estarían los territorios comunes necesarios u obligatorios. Toda relación se establecerá en función de formalismos, de diplomacias, de normas, de acuerdos a niveles prácticos; de conversación superficial; cuando no de abierta rivalidad, oposición, explotación, resistencia, violencia, de coacciones; y todo lo que ello conlleva.

Esta es la dinámica de la vida.

¿Qué territorios comunes afectivos existen? Exploremos ideas.

Un universo común: Esta idea es demasiado abstracta para generar territorios comunes de afectividad. Nadie se sacrifica, disfruta, o comparte nada en función de la idea de vivir en un mismo universo. Es como una nube muy alta, que está ahí, pero que no suscita interés alguno.

Un mundo común: También resulta demasiado abstracta, a pesar de los intentos ecologistas de dar vida a la Tierra; de ponerle nombre: Gaya. O de hacernos ver las interrelaciones comunes que tenemos con el planeta y pues si algo se descompone, las consecuencias negativas serán para todos. De todas maneras es una idea que ya establece ciertos vínculos entre ciertas personas, pero no de un modo afectivo lo suficientemente fuerte como para “amar a la Tierra y por ella lucho y muero o Gaya me da energía y paz en mi vida diaria.”

Una humanidad o raza común: Esta es la idea de muchos cosmopolitas que anteponen el mundo y el Hombre como un territorio común a toda la Humanidad y así llegar a ser hermanos, etc., ya que como hombres compartimos los mismos atributos, las mismas miserias y
alegrías, etc. Los derechos humanos surgen de esta idea común y han llegado a ser el referente de las constituciones democráticas y la bandera de muchas ideologías. Sin embargo, la Humanidad como ideal sigue siendo una idea demasiado abstracta. No obtenemos sentido pensando en La Humanidad; o amando a la Humanidad. Demasiado lejano y abstracto.

Una raza común: Esta idea sirvió y sirve en determinados momentos históricos para ciertas personas. Es la idea básica del racismo. La raza blanca es superior, es más inteligente, es más humana, etc. Se dio sobre todo como idea impulsora y motivadora del colonialismo; también como idea aglutinadora y marcador de separación en sociedades de pluralidad racial. Sigue siendo para ciertas minorías una idea central donde organizar territorios afectivos comunes en oposición a otros que se consideran inferiores, degenerados, etc. No obstante nadie se levanta de la cama diciendo: hoy me siento mejor blanco o mejor negro que ayer y voy a ser más feliz. (Véase también Ideología)

Un idioma común: Creo que de una manera parcial. Esta idea de idioma común sirve parcialmente y momentáneamente para aglutinar a gente, sobre todo en contextos de inmigración. El nacionalismo sería un paso más en esa dirección. Tampoco nadie diría a un amigo: hoy estoy contento porque me siento hablando español, etc. De otra manera el idioma nos viene dado como territorio común necesario.

Un estado común: Puede o no puede aglutinar a los ciudadanos que habitan su territorio. Si el Estado logra
generar una ideología nacionalista aglutinadora y común entonces sí; pero si el territorio bajo su jurisdicción no logra crear esa vinculación en todo su territorio, la idea de Estado puede devenir abstracta para muchos: Una identificación light, práctica, de conveniencia; pero no afectiva. De otra manera el Estado también nos viene dado como territorio común necesario.

Una nación común: Esta idea sí es y ha sido fuerte a la hora de aglutinar a las masas en torno a un territorio común afectivo basado en la nación. Puede incluir un idioma, una religión o varias. Por una nación o una Patria se ha luchado, muchos han muerto; las clases sociales se han unido en torno a un enemigo común, etc.. Hay, para muchos, afectividad mística con la Patria o la Nación, la bandera, el himno, etc.. Es, en ocasiones, como un territorio sagrado. No obstante es muy raro oir decir: hoy siento que la Patria/Nación me hace más fuerte o trabajador. Parece, sin embargo, debilitarse esta idea en Europa, no obstante resurge con fuerza en las minorías nacionales de ciertos estados. (Véase así mismo el apartado Ideología)

(Continua abajo)

EL DÍA QUE LAS AI MATERIALIZARON LAS EMOCIONES Y LAS PASIONES

 Comenzaron a producirse las materializaciones de las emociones y las pasiones. Aquel programa de IA lograba que se desatasen los infiernos ...