Emile Cioran fue un pensador rumano que decía cosas como las que podemos leer abajo. Están sacadas del libro "DEL INCONVENIENTE DE HABER NACIDO". Taurus Humanidades. 1992.
Desde la infancia percibía ya el deslizarse de las horas, libres de toda referencia, de a mis expensas.
todo acto y de todo acontecimiento, la disjunción del tiempo de lo que no era tiempo, su existencia autónoma, su estatuto particular, su imperio, su tiranía. Recuerdo con perfecta claridad aquella tarde en que, por vez primera, frente al universo vacante, yo era una sólo una fuga de instantes rebeldes que se negaban a cumplir su función propia. El tiempo se desprendía del ser
Lo que sé a los sesenta años, ya lo sabía a los veinte. Cuarenta años de un largo, superfluo trabajo de comprobación.
Estoy, por lo general, tan seguro de que todo está desprovisto de consistencia, de fundamento, de justificación, que aquel que osara contradecirme, aunque fuera el hombre que más estimo, me parecería un charlatán o un imbécil.
A medida que los años pasan, decrece el número de seres con quienes uno puede entenderse. Cuando no haya ya nadie a quien dirigirse, seremos al fin tal y como se era antes de sucumbir en un nombre.
Cuando se sabe de manera absoluta que todo es irreal, no tiene ningún sentido fatigarse para demostrarlo.
La luz se prostituye a medida que se aleja del alba y avanza en el día, y sólo se redime---ética del crepúsculo--en el momento de desaparecer.
Hay noches que ni el más ingenioso torturador podría haber inventado. Sale uno deshecho, estupidizado, perdido. Sin recuerdos ni presentimientos, y sin saber siquiera quién se es. Y entonces es cuando el día parece inútil, y la luz perniciosa y más opresora aún que las tinieblas.
Un pulgón consciente tendría que arrostrar exactamente las mismas dificultades, el mismo género de insolubles que el hombre.
Le repugnaban las verdades objetivas, el trabajo de la argumentación, los razonamientos sostenidos. No le gustaba demostrar, no le importaba convencer a nadie. El Otro es una invención de dialéctico.
Si la muerte es tan horrible como se pretende, ¿cómo es posible que al cabo de cierto tiempo estimemos feliz a quienquiera que, amigo o enemigo, haya dejado de vivir?
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11 agosto, 2014
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