su sentido de relegare, de unir las dos dimensiones. Para que haya religión ha de haber

relación entre las dos dimensiones. La dimensión divina o sobrenatural se manifiesta entonces a la dimensión terrenal en forma de revelación. Para que este acontecimiento de la revelación pueda ser creído y aceptado por los humanos tiene que hacerse notar de alguna manera objetiva, palpable, común a los testigos que la hayan presenciado. Puede ser una aparición, una manifestación de lo divino en forma de milagro (acontecimiento extraordinario de ruptura con la normalidad natural), en forma de mensaje oral o escrito dictado a un profeta, a ser posible con testigos que corroboren tales hechos o acontecimientos extraordinarios. La revelación en sí sería entonces el acto sacramental por excelencia: el misterio de lo sobrenatural se hace visible al ser humano a través de señales/signos sensibles o materiales que fundan una relación objetiva entre el hombre y Dios. La Revelación funda entonces la comunidad o institución de lo divino o sobrenatural en la Tierra. Su acta de fundación en el cristianismo la constituyen los hechos, vida y muerte de Jesús como Dios/Divinidad hecho hombre. Sin embargo tales hechos y vida de Jesús sólo pueden ser constatados de forma objetiva y común a través de los textos de los evangelios. Los evangelios sirven entonces de clave de toda una revelación bíblica que queda automáticamente subsumida al mensaje de Jesús como revelación que se ha venido desplegando en el tiempo a través de Israel y acabará en el futuro con hechos catastróficos y apocalípticos con final de la historia y apertura a un nuevo reino Divino (en la Tierra/Cielo). La vida de Jesús, Dios hecho hombre, tal como la cuentan los evangelios, sería entonces el sacramento fundamental del cristianismo. (Continúa en comentarios)