Nadie ha logrado soldar la grieta que ya siempre nos separa de nosotros mismos y de los demás. Te puedes imaginar cualquier tipo de soldadura o cemento o pegamento que teóricamente te podría soldar a ti mismo contigo mismo y con la realidad; pero la vida misma se encarga de mostrarte en todo momento que eso es siempre una pura ilusión. Siempre estamos en desencaje, en desarmonía; fuera del quicio o fuera de quicio. En algún momento parece como si la eternidad del instante entrase por alguna rendija y nos soldase en un todo inmanente de plenitud, pero el tiempo nos desgarra sin compasión desde nuestros propios tejidos y vísceras. Todo ilusorio.
El calvinismo más atrevido nos muestra a Dios como absoluta libertad creadora y por tanto todo lo que acontece acontece para disfrute y placer en su ilimitada y omnipotente soberanía. Todo está bajo el gobierno de su Providencia. Nada se escapa a su poder, pues de escaparse algo a su poder y mirada entonces Dios dejaría de ser omnipotente y otra realidad o poder estaría ya desafiándole, limitándole, circunscribiéndole. Cosa imposible en un Dios todopoderoso. No puede haber dualismo con un Dios absolutamente soberano. Y, todo aparente dualismo, sería su propio juego de contrarios, de opuestos, de mal y bien incomprensible para el hombre: criatura de mirada e inteligencia limitada. Lo cual quiere decir que Dios coincide plenamente con la realidad creada, pero como voluntad creadora, no como naturaleza naturalizante al igual que Spinoza.
De ser así, este atrevido calvinismo nos llevaría a la inevitabilidad de ser parte de Dios queramos o no queramos, pues tanto si queremos como si no queremos, todo sería la voluntad soberana de Dios y toda vida humana cumpliría su función divina para bien o para mal. Predestinación.
Seguridad absoluta de que en la vida de cada uno nada falta y ya todo está en su sitio.
Ya hemos encontrado la soldadura adecuada para cerrar el hiato existencial y así, de ser conscientes de ello por mero milagro de fe, encajar en el quicio para girar o funcionar sin tropiezos o vacíos vertiginosos. Simplemente, nuestra voluntad coincidiría con la Voluntad de Dios sin jamás llegar a conocer su misterio como Dios en sí mismo o Deus abscónditus.
¿Hay alguien por ahí que viva esa plenitud de la fe; esa certeza absoluta y sin fisuras?
10 noviembre, 2017
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