Iba caminando por el Zilker Park de Austin, Texas, cuando de repente, en uno de los jardincillos que miran al río Colorado; una mujer de pequeña estatura y ojos brillantes llenos de vida que vestía unos vaqueros sencillos y una camisa blanca de lino, hablaba a un grupo personas de todas las edades que la escuchaban con interés. Yo me paré también a escuchar y empecé a oír lo siguiente:
"Las vibraciones de los humanos se captan y condensan con la música. La música nos lleva a las
miradas del silencio. Cuando se habla de la gracia muchos cristianos entienden sólo la parte moral. Pero la gracia es un acontecimiento transformador de la realidad. Lo profano se torna en sagrado y entonces uno comprende la dimensión musical y estética del mundo y empieza a formar parte de ello. La gracia entonces dejan de ser palabras y doctrina religiosa para ser acontecimiento sagrado que abarca toda la existencia. Inmersos en la realidad de lo bueno y lo malo, de lo feo y lo agradable; de lo horroroso y lo sublime; del ruido y el silencio; de la razón y la intuición; de lo ordinario y lo inocente; moviéndonos siempre en infinidad de "entres" que se cruzan y se diseminan en muchas direcciones. La gracia se coloca en un plano diferente de otros planos: ya no domina la política con sus ideologías y sus compromisos propios; ya deja de dominar la religión con sus iglesias y sus teologías propias; ya deja de dominar lo profano con su visión instrumental de las cosas. La gracia aparentemente no cambia nada, pero lo ha cambiado todo en su trasfondo de misterio y luz."
Luego fue el silencio. En los espacios americanos siempre era posible ver o escuchar algo nuevo o extraño o fuera de la normalidad prevalente. La vieja Europa se había hecho insoportablemente convencional en sus modalidades de nihilismo cursi u ordinario. Europa aburría, sus espacios quedaban reducidos a jardines domesticados; sus expectativas de vida estaban ya hipotecadas al Estado, al Gran Estado domesticador.
Oiga, la mujer hablaba de la gracia y usted nos habla de la vieja Europa y la Nueva América. ¿Qué tiene que ver una cosa con otra?
Quizás porque la gracia refiere a espacios, a nuevos espacios sin conquistar; a nuevas sensaciones sin domesticar, a la descodificación de lo político y lo profano para sentir lo sagrado. En América los espacios siguen todavía abiertos. La geografía no se cierra de la forma que se ha ido cerrando en Europa. Esa mujer de pequeña estatura y de ojos brillantes se ha convertido en mi profetisa del momento. Y ese grupo de gente ha pasado a ser mi iglesia del momento.
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09 marzo, 2015
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