04 febrero, 2017

NOS TOCA HABLAR DE LA REALIDAD POLÍTICA

El bien y el mal, lo bueno y lo malo, no es tan fácil de distinguir a veces. Una persona me decía que iba a votar a tal partido de izquierdas porque en España cada vez hay más ricos y más desigualdad, y; entonces ese partido de izquierdas que en su programa no deja de decir eso pues parece ser el partido de la igualdad y la justicia. O sea, el partido de la superioridad moral por excelencia y los demás no llegan ni por el forro a su bondad política y voluntad de justicia social. La retórica hace milagros. Y
digo retórica porque cuando nos ponemos
a analizar el asunto de la desigualdad y la injusticia, no es cuestión de derechas e izquierdas, sino de muchos factores que inciden en que las cosas no alcancen esa idealidad social y económica a la que todos aspiramos. En primer lugar los parámetros a los que aspiramos en cuanto a que la justicia e igualdad lleguen a ser realidades, implican un funcionamiento de la economía óptimo, es decir: que nuestras empresas sean competitivas en los mercados y luego el beneficio se reparta de un modo que podamos ofrecer óptimos servicios sociales que cubran muchas cosas básicas: educación, salud, etc. Para ello necesitamos también de un Estado, una burocracia y una clase política entregada moralmente al bien común, por encima de intereses partidistas, de ideologías, de lobbies, de lucros personales, etc. Por mencionar dos ejemplos. No hablemos ya de factores culturales, de posicionamientos éticos o amorales o de relativismo moral a conveniencia, de prejuicios, de ignorancia, de nivel de formación o desinformación; en fin, de modalidades infinitas de ser persona.
En el primer caso, el de las empresas competitivas en el mercado globalizado, nos encontramos ya con un problema sustancioso: ahora se compite con países de mano de obra barata, con capital
financiero muy superior al nuestro. Adaptarse a esas condiciones y buscar el nicho apropiado para encajar requiere esfuerzo, organización, salarios y beneficios ajustados a la realidad. No es tan fácil. Lo más fácil es condenar al capitalismo moralmente y soñar con el paraíso, pero eso no cambia sustancialmente la realidad por desgracia. Y, como hacen en general ya todos los partidos en España, vender retórica buenista e idealista (demagogia) sin soluciones viables a cambio, tampoco es solución. No hablemos ya de una política pública de Estado de bien común imparcial, objetivo y moralmente impecable. En definitiva: con retórica buenista y demagógica no se solucionan los problemas de una realidad complicada y compleja. Al mismo tiempo jamás hemos de dejar de soñar con el bien.

19 enero, 2017

JESÚS VIVE EN LA CONCIENCIA DE MUCHOS

Cristo no escribió nada. Si Cristo no escribió nada u ordenó a nadie que escribiera nada, eso quiere decir que no tenía intención de registrar sus enseñanzas para el futuro, ya que el futuro no se habría de extender más de "esta generación", pues el fin estaba cerca, casi inmediato. Todo lo que sabemos de él lo sabemos por escritos de otros que escribieron 40 o 50 u 80 años más tarde, cuando el fin de
los tiempos se iba difiriendo hacia un futuro indefinido. Son otros los que tienen intención de hacer registro de la vida y enseñanzas de Jesús con proyección hacia ese futuro que no acaba; y, lo que es peor, no da señales de acabar. Ante las innumerables interpretaciones y sectas que se van formando en torno a la figura de Jesús, se hace entonces necesario, sobre todo entre las iglesias más fuertes de origen paulino, una puesta en común de documentos sobre la vida y enseñanzas del nazareno que ya empiezan a producirse y a circular bajo diversos prismas y puntos de vista. Hay que formar un canon que diferencie la verdad de la mentira, la fantasía de la realidad, etc. Poco a poco se va configurando el Nuevo Testamento actual de 27 libros, pero formalmente no se reconoce como canon hasta bien entrado el siglo IV. Y en esos 27 libros ya entran las epístolas de Pablo, los cuatro evangelios y otras epístolas pseudopaulinas o de atribución a Pedro, Santiago y Juan, más el apocalipsis. No olvidemos también que el primer cristianismo (con la excepción de los judeo-cristianos), se tiene que diferenciar también de la sinagoga judía con la cual comparte grados de proximidad y estatus jurídico parecido.
Más allá de los escritos producidos por las iglesias cristianas no sabemos nada sobre Jesús.
Pero en la imaginación de muchos cristianos actuales Jesús es real, vive, les habla y les da esperanza de vida eterna. La figura que se desprende de las Escrituras sigue revitalizando las conciencias de mucha gente. El cristianismo sigue siendo muy plural en sus formas y doctrinas, pero la conciencia de Jesús como ser sobrenatural o Dios hecho hombre, aunque en fuerte crisis en los países avanzados, persiste.  

31 diciembre, 2016

ES LA ERA DE LAS RECOMPOSICIONES

Veo una película en el canal francés TV5. El tema es de manual de lo políticamente correcto. Una trama de una relación homosexual entre un joven musulmán y otro francés. El padre del francés es empresario y tiene prejuicios contra los musulmanes. El muchacho musulmán está empleado en la
empresa del padre del chaval francés. Un día llegan el padre y la madre a casa y descubren a los dos amantes en pelotas en una habitación. El padre entonces busca cualquier buen pretexto para echar al chaval musulmán de su empresa. La cosa se complica y sale a relucir el prejuicio del padre a los musulmanes como parte fundamental de la película y ya no sólo por la homosexualidad. Los gestos del padre se hacen cada vez más perversos y malvados mientras que la madre es comprensiva y compasiva y echa en cara al padre su racismo contra los extranjeros y musulmanes. Bueno. Quizás la peli hubiese dado un cambio y acabase en otra cosa diferente a lo que yo estaba viendo y juzgando. No le di ocasión. Me resultaba una película-tópico; del tipo caza subvenciones socialdemocráticas. Un patético rollazo. Sólo válida para practicar mi maltrecho francés.

Oigo en tertulias de radios y teles progres y no tan progres cosas que pretenden ser rompedoras contra los prejuicios existentes, la moral conservadora, el machismo, los sentimientos "anticuados", el racismo, la xenofobia, etc. Me sorprendo de que no se den cuenta de lo tópicos que han llegado a ser estas críticas por puro desgaste. Lo repetitivas y aburridas que ya resultan ante una realidad que ya se ha desplazado hacia otras coordenadas y por lo tanto han pasado a ser puro anacronismo. En realidad--y en la realidad-- ya está todo "roto" y volver al papel de rompedor revolucionario, ahora revestido de hipertolerante socialdemócrata, resulta aburrido. Ser feminista radical ya no se puede entender como discurso liberador a la vieja usanza. Quizás esté significando otra cosa. Ser afectivamente pro-gay y proclamarlo como
estandarte de biempensante democrático se ha quedado obsoleto. Puro gesto ya anticuado. Ser anticatólico al mismo tiempo que comprensivo con el islam es el colmo de la esquizofrenia. Y en eso se queda. Criticar todo sentimiento religioso en nombre de la ciencia resulta ya un pose de anacronismo agotado hasta la médula. O al revés. En realidad ya está todo roto y no hace falta exhibir bulldozers o rompehielos, porque simplemente ya no queda nada por romper. Hasta el racismo y su opuesto: el antirracismo se  han globalizado de forma sorprendente. Ya no se trata del blanco contra el negro exclusivamente, sino también del negro contra el blanco, o el negro x contra el otro negro y; o también el oriental chino contra el oriental japonés o coreano y viceversa. El racismo y el antirracismo ya no son exclusiva del hombre blanco, se ha diseminado por todas las culturas y pueblos y a todos atañe.
Lo que está ocurriendo ahora, en nuestro presente, son las recomposiciones de los fragmentos, de los trozos, de los residuos de una civilización que ha logrado triturar con éxito toda posibilidad metafísica; todo axioma moral o ético; toda verdad en sí. Pero lo que ha hecho la civilización occidental es el veneno que ya corrosiona al Islam y a todas las culturas. Nadie puede vivir aislado en su rincón de la selva o del desierto. Ahora es la época de las recomposiciones. Y estas son las nuevas mutaciones. Resistentes a toda crítica ya que el ácido de la razón ya no tiene poder sobre ellas. Profundamente cínicas en relación a cualquier intento por dominarlas o apropiárselas en nombre de cualquier gran significante. En realidad importan poco las razones y las críticas; tan sólo importa el mero existir como a cada cual se lo pida el cuerpo. Ya no hay que dar razón de nada una vez que la misma razón se ha cuestionado a sí misma hace tiempo como otro producto histórico occidental. Las recomposiciones se presentan como autoevidentes y autosuficientes; se sustentan en el mismo límite de todo lo existente. Es inútil pretender romper o sermonear con humanismo socialdemocrático. Estamos ante otra cosa. Ante algo que vive en primer lugar su propia inmanencia con la mayor creatividad o destructividad posibles.   

08 diciembre, 2016

EL HOMBRE SALTARÍN

A lo lejos veíamos un hombre saltarín. No había nadie por la calle. La vida se reducía tan solo el hombre saltarín que hacía de su cuerpo una peonza. Cuando nos acercábamos a él, él se alejaba girando sobre sí mismo y haciendo un recorrido errático de alejamiento. Y así caminamos por un tiempo hasta que perdimos de vista al hombre saltarín, al hombre peonza.

La fábrica era enorme. Toda la producción parada y el silencio era abrumador. Las máquinas nos miraban como bestias relajadas. Nos quedamos mirando a una de ellas y la aislamos del resto. La contemplamos por un tiempo en su misma estructura, su misma configuración, su misma figura. Su belleza mecánica nos llevó al éxtasis. Sus circuitos perfectamente silenciosos y en reposo. Quietos. Potencialmente productivos. El silencio seguía siendo abrumador. Entonces nos pusimos a correr alocadamente por los pasillos poblados de máquinas girando hacía la izquierda y luego a la derecha y siguiendo en línea recta. Líneas rectas. Y de repente he ahí a lo lejos al trasluz de un gigante portón de salida estaba el hombre saltarín bailando y saltando como una peonza. De nuevo nos quisimos acercar a él y de nuevo se fue alejando. Salimos de la enorme fábrica y el sol nos deslumbró. Todo brillaba demasiado.

Nunca deseas que llegue la noche a una ciudad desierta. Durante el día proyectábamos fantasmas diurnos de esperanzas de luz, de claridades y sombras. De tonalidades de color. De espectros que cobraban vida propia, pero que luego desaparecían sin sentido, sin control. Había momentos en que los espectros formaban figuras de fabulosa fantasía y sus tonalidades afectivas eran buenas y nobles. Sobrecargadas de inocencia. Los árboles de los jardines y las plantas formaban parte del mundo de los espectros y de sus infinitas tonalidades de color y forma. Se fusionaban y jugaban. Pero habría de llegar la noche. Habría de oscurecer. La noche y su lóbrega oscuridad nos era insoportable. Nadie
puede desear una noche en una ciudad deshabitada y vacía. Pero cuando cruzas el umbral de la noche las pesadillas van cobrando vida como criaturas informes, caóticas, que chocan entre sí y producen toda clase de sentimientos turbios, amargos, desesperaciones, angustias límite y explosiones psicóticas.

Nada es permanente. La noche pasa y surge el amanecer y todo desaparece para dar lugar a una nueva creación en la ciudad vacía. Un nuevo día de luz. Al final de la gran avenida he ahí de nuevo al hombre saltarín bailando como una peonza y saltando y reclamando nuestra atención. Nos acercamos poco a poco y ahora el nos quiere indicar un camino. Quizás una salida fuera de la ciudad vacía.  

 

24 noviembre, 2016

BORRÓN Y CUENTA NUEVA

Quise escribir algo sobre una mujer psicóloga que tenía una teoría sobre las emociones un tanto heterodoxa, pero no extrañas. De todos es sabido que hay culturas o pueblos
inmersos en un universo de espíritus y almas en pena y dioses y diosecillos y toda una plétora de criaturas que viven en un mundo invisible; pero que se dejan conocer a veces dando señales para bien y para mal. Entonces muchos estados de ánimo o emocionales obedecían a la influencia de estos seres externos a nosotros, con su voluntad propia o sometidos a una jerarquía; y nos podían hacer la vida imposible en ocasiones o poseernos y dominarnos a capricho, etc. Incluso en los evangelios se ve cómo mucha gente física o anímicamente enferma, en realidad están poseídos por diablos que les hacen la vida imposible y causan sufrimientos a todos. También dentro del cristianismo los demonios tientan y desvían a la gente a hacer el mal y desobedecer a Dios. En una palabra, ciertos males físicos y anímicos se deben a causas externas a nosotros, a seres objetivos que viven en otras esferas del universo o entre la misma naturaleza; aunque entren en nosotros por infringir normas morales o tabúes o rituales que les abren la puerta.
Bueno, pues esta psicóloga recurría a esta misma idea y basaba toda su terapia en captar la naturaleza de estos seres del ultramundo y desprenderlos o dasactivarlos de nuestro escenario psíquico y así liberarnos de esas emociones o apegos afectivos que nos pueden perjudicar o nos hacen daño sin más en forma de esclavitud anímica. Cómo era su terapia no lo sabíamos. Para ello habría que haber ido a una de sus sesiones, cosa que no llegamos a hacer. Una idea un tanto irracional, un tanto subjetiva para nosotros que vivimos en un mundo completamente impregnado con la ciencia, y la ciencia no puede probar la existencia de estos seres; y no es que no lo haya intentado.
El caso es que había escrito una historia sobre esta señora con un final extraño, donde el narrador sufre de un fuerte apego emocional en forma de enamoramiento de esta misma psicóloga que lo está tratando. Y si la psicóloga está actuando de tal forma en el cuerpo de nuestro narrador, pues eso indica que habríamos de poner en cuestión la misma identidad de la señora: quizás ella misma fuese uno de estos entes funcionando como profesional de los líos mentales. Bueno, la cosa iba por ahí, pero no funcionaba. Lo leía un par de veces y no acababa de funcionar. Y cuando algo no funciona, vale más hacer borrón y cuenta nueva.

05 noviembre, 2016

LA BIBLIA Y LA HISTORIA

UNO

Nadie puede captar el pasado en toda su complejidad, en su multidimensionalidad. Recuperar el pasado es una labor que se complica a medida que nos alejamos en el tiempo. Las huellas del pasado lejano son las ruinas, los objetos que han quedado, los
documentos de la época; los monumentos con inscripciones; las tradiciones orales, etc. Pero aun las huellas de ese pasado lejano hay que clasificarlas en gradación de muy fiables a poco fiables. Hay que estar seguros de la época de los objetos, de su facilidad para ser interpretados, contrastados y encajados dentro de un contexto histórico. Cuando nos adentramos en la lectura de la Biblia (Tanaj) nos metemos en una densa textualidad narrativa que pretende abarcar milenios: desde la misma creación del mundo hasta la época del segundo templo. Aun hace siglo y medio era posible aceptar la versión oficial de un canon de Escritura sagrada revelado/inspirado por Dios y suficiente para llevarnos hacia nuestra salvación y orientación moral. A pesar de las dificultades y aparentes contradicciones o discontinuidades dentro del mismo texto; sin embargo la falta de entendimiento del hombre se compensaba con la sabiduría infinita de Dios. Lo que hoy no entendíamos lo entenderíamos cuando estuviéremos en presencia del Señor. Doctores tiene la Iglesia, diría un católico.
Una consecuencia de la Reforma fue la de emancipar o liberar la Biblia de su institucionalización y monopolio interpretativo por parte de una jerarquía eclesiástica que impedía hasta su misma lectura por parte de los creyentes. Esta independencia y libre circulación de la Escritura hizo posible también; y, a medida que pasaba el tiempo, el sometimiento de los textos sagrados al análisis crítico de la razón y la
ciencia. No sólo se afinaron los estudios y cotejamientos filológicos o lingüísticos, sino que también se recurrió a la arqueología, a los métodos cada vez más sofisticados de la crítica histórica, de las disciplinas de la antropología; la datación de objetos, etc. Aun sin cuestionar la lectura desde la fe que incluso algunos de estos investigadores seguían profesando, no había porqué renunciar a la razón. La Biblia, en cuanto documento que reclamaba verdad histórica en aquellos acontecimientos fundacionales del pueblo de Israel, por medio de los pactos/alianzas o convenios y promesas entre Dios y Abraham, más tarde Noé, luego Moisés y por último David; --y, después por el cristianismo--, debía de mostrar su realidad histórica con mayor razón y motivo, siendo verdad Divina.

(CONTINÚA)