29 agosto, 2026

EL HOMBRE QUE LEÍA A HEGEL AL REVÉS

 Este hombre vivía con una mujer taciturna. Los dos habitaban una cabaña fuera de la ciudad. Vivían de su jubilación de maestros de escuela. Él había desarrollado una manera de ver la vida muy peculiar.

Cuando llegué aquel día a la cabaña, su silenciosa mujer nos preparó un café sabroso. Entonces el hombre me explicó su filosofía.

Antes de exponerosla de un modo breve he de decir que en aquella cabaña sentí la mayor paz que jamás había experimentado. Hacía mucho tiempo que no escuchaba a un hombre hablar de estas cosas. Paso a exponerlas.


Decía el hombre con la aprobación de la absorta mujer, que en realidad la dialéctica de Hegel era una desarrollo hacía el mal absoluto. Todo lo que se va purificando y sublimando no es la razón camino de la libertad, sino todo lo contrario: es la razón avanzando hacia el mal, la dominación, el cinismo, el mismo reino de Satanás que ya comienza con la conciencia humana. Nuestro hombre decía que a Hegel había que leerlo al revés: no era ese cuento de una irracionalidad alienada hacia una claridad racional y divina, o sea, el Espíritu Absoluto. No. Todo lo contrario, se trataba del proceso diabólico que odia la inocencia indiferente, juguetona y anárquica a la cual percibe como "las oscuras regiones donde nada se revela como fijado, definitivo, y cierto"; un proyecto que busca la dominación sádica, perfectamente purificada y racionalizada con el objetivo de instaurar el reino de la Muerte en Vida. Ese es el Reino de Satán: el mal Absoluto, y Hegel lo explicó mejor que nadie. Solo tenemos que darle el sentido real a su filosofía.

Cuando nuestro hombre se dio cuenta del horror de la existencia, según la lectura de Hegel invertida, los dos se fueron a vivir alejados de la ciudad. No había escapatoria salvo desvincularse por completo de toda la mentira civilizatoria. Pero eso era imposible. Entonces comenzaron su vida contemplativa. Su vida en pura contemplación subvirtiendo el lenguaje de tal forma que expresara la mayor inocencia posible, la mayor libertad de expresión de las cosas, los animales, la vida en general. Y así trataban de vivir desde entonces.

A veces volvía a visitarlos. Y volvía a sentir una paz inaudita. El hombre también pintaba cuadros de ciudades en permanente oscuridad, de mundos conquistados por el el Demiurgo o Príncipe del Mal, como solía nombrarlo en otras ocasiones. Mantenían en invierno el fuego del fogón radiando calor. El calor de una ternura e inocencia primigenia, profundamente oculta bajo las rocas y el subsuelo. Bajo los suelos de océanos ocultos a la vista humana.

Repetí estas visitas por bastante tiempo, hasta que un día vi que la cabaña estaba vacía y ellos habían desaparecido sin dar señales de su nuevo paradero o de su existir. Sentí una pena profunda que se convirtió en una nostalgia insaciable.

¿ES EL RELATIVISMO MORAL LA SOLUCIÓN O LA DISOLUCIÓN DE OCCIDENTE?

Normalmente asumimos la responsabilidad de nuestros actos. Y si asumimos responsabilidad es porque nuestra voluntad origina sus actos en nuestro ser real irreducible e incondicional. Somos responsables porque en última instancia nuestros actos se anclan en nuestra esencia, y nuestra esencia origina de forma absolutamente libre. El acto "surge de la nada", de un origen fuera de toda posibilidad de condicionante o mediación que lo subordine a otra cosa, a una exterioridad con poder de influenciar. De no ser así, no podemos hablar de responsabilidad individual.

Por lo contrario, todo lo que hagamos como "individuos" ya es siempre condicionado por algo que nos influye, que nos distorsiona, que nos media y nos desvía: la sociedad, la familia, las amistades, la cultura, mi debilidad o congénita, o mis emociones, o mis pasiones. Factores externos que en última instancia deciden por mí, en la práctica tienen la última palabra. No hablemos ya del inconsciente que nos determina y nos sobredetermina sobremanera según el psicoanálisis o la psicología. Para Freud la consciencia racional era la que podría reinterpretar tal inconsciente en términos controlables, a disposición del yo. El yo y la razón en Freud forman lo consciente, pero lo consciente no se abstrae a la biología, al mundo cultural. La razón en sí es un problema filosófico insoluble. ¿Es la razón algo que surge del yo como producto biológico, evolutivo, etc., o es una propiedad ontológica del ser (Hegel)? Pero si es propiedad del ser ¿cómo llegamos a saberlo sino es por el yo o conciencia nunca externa al ser, y por lo tanto a la razón? Nunca encontraríamos el sí mismo transparente incondicionado que nos hiciese libres y responsables de un modo absoluto. Tan solo la idea de Dios como ente real en sí mismo y creador de sus criaturas daría soporte a tal responsabilidad y libertad. Un ser individual libre porque sí. Porque Dios es.

Y de nuevo, si no es así, entonces no existe responsabilidad alguna moral individual salvo como pura ficción para poder dar cuenta de la sociedad sin que esta se desmorone en un caos de anarquía o capricho moral o amoral.


Habría sujetos responsables por decreto y ley jurídica que establece un nombre propio con documentación que lo acredita, con una historia biográfica que deja huellas y testimonios, pero sin que ninguna realidad responsable sea capaz de decir de un modo absoluto: esto que he hecho ha sido así sin que nadie ni nada me haya condicionado, me haya forzado a ello. He sido yo por propia voluntad y libertad quién en última instancia tenía la última absoluta y definitiva palabra para hacerlo.

Los tiempos actuales son aquellos en que en la civilización occidental ha tomado el caminos de la absoluta relativización de la moral y los actos en sí, para refugiarse en mayor o menor grado en condicionantes, en justificaciones, atenuantes, mediaciones culturales, históricas, científicas, etc. para desvincularse definitivamente del yo, de la voluntad, de la responsabilidad y así flotar en un mundo de inmanencia que no nos exige más que lograr nuestra mayor alegría y placer sin ninguna realidad ontológica con la que arreglar cuentas. En una palabra: sin Dios.

Pero esta realización exige un pago: la rendición ante aquel que sí cree y admite la realidad última en un Dios que juzga y exige obediencia al precio de castigos o tormentos terribles por un lado, y por otros paraísos de virginales placeres.

25 agosto, 2026

LOS FILÓSOFOS LUTERANOS DEL SEMINARIO DE TÚBINGEN: DE LA DISCONTINUIDAD A LA CONTINUIDAD (HEGEL, SCHELLING, HÓLDERLIN)


Siempre me llamó la atención que el origen del idealismo alemán fuese un fenómeno que se produjera entre pensadores de raíz y experiencia luterana, sobre todo del seminarios de Tübingen (Hegel, Schelling, Hölderlin). Siendo la experiencia luterana la de una discontinuidad entre el humano y Dios debido a la separación cuasi-ontológica del pecado, y de ahí la necesidad de algo que viene de fuera del hombre: la gracia como único medio de salvarse; es difícil de comprender cómo de tal discontinuidad optan nuestros idealistas por abrazarse a una obsesión de continuidad y de síntesis que abrace a Dios con la misma realidad dislocada.


Efectivamente, la realidad es incompleta, es indefinida, es cambiante, es discontinua; pero Dios ha creado esa misma realidad y Dios es perfecto, Espíritu Absoluto, nada puede sustentarse fuera de Él. Por tanto ha de haber un final feliz en todo este drama. La especulación idealista de estos filósofos comienza a ser especulación porque hay un espejo en donde se ha de reflejar el Sujeto creador. Ese es el sentido de su creación: encarnarse en el mundo, alienarse en sí mismo en su misma creación para, a través de ella, reconciliarse consigo mismo a través de la experiencia humana englobada en la razón (razón filosófica). Hay un telos optimista en todo esto, pues al final hay tal reconciliación a través de la dialéctica natural y de la historia. Una dura reconciliación que sin embargo da sentido a nuestra existencia imperfecta. Una imperfección provisional, pero inherente e inmanente a la misma realidad que va realizando su continuidad hacia el Absoluto.

Es todo muy paradójico. Lutero mismo era todo paradoja. La misma tragedia de la separación entre Dios y el hombre y la creación genera la ansiedad de la reconciliación a través de una secularización significativa. Este había sido uno de los escollos del luteranismo: ¿qué hacemos con la sociedad civil? ¿La entregamos al Estado? ¿Qué es el Estado?, etc.

 Yo sigo pensando que la discontinuidad es la tragedia de la condición humana, y lo mismo que Kierkegaard pienso que no hay posibilidad de síntesis alguna en esta existencia. Existe el salto de la fe, la aceptación de la gracia como algo externo, fuera de la naturaleza y la metafísica, y vivir simplemente por fe y en la fe.

 

Kant también era luterano, de él hablaremos en otro momento

BRUNO LATOUR Y LOS SOFISTAS: LA DEMAGOGIA Y LA MENTIRA PARECE QUE NOS SALVAN DE COSAS PEORES

Bruno Latour era un filósofo y sociólogo interesante por sus críticas antiesencialistas y su caja negra que explicaba el funcionamiento de los mecanismos de la ciencia a la hora de obtener conocimiento y resultados. Bruno Latour (1947-2022, Beaune, Borgoña) tenía una visión donde todo eran puras relaciones, disposiciones en planos de inmanencia y redes. En cualquier experimento científico intervienen los instrumentos, la disposición del terreno o laboratorio, los esquemas que priorizan un enfoque y no otro, los intereses concretos de quiénes financian la investigación. A la naturaleza se la hace hablar de muchas formas y no de otras, etc.

Todo esto se podría ampliar más, pero dejo al lector que lo haga él por su cuenta. Todo esto es muy discutible, pero resulta muy interesante, y son interesantísimas sus observaciones con ciertos instrumentos tecnológicos y las relaciones humanas que conllevan.


Lo que me resultó un tanto desagradable de leer en alguno de sus ensayos fue la defensa que hacía de los sofistas griegos. Bruno Latour era además un especialista de la cultura y filosofía griegas, y valoraba más el pragmatismo de los sofistas que la filosofía racionalista platónica o aristotélica. Un filósofo, decía él, no sabe gobernar el mundo, mejor: no puede gobernar el mundo desde sus parámetros de pensamiento. El sofista es el maestro de la oratoria, de la persuasión, del engaño, de la demagogia; cosas moralmente condenables y rechazables por la ética racional o la moral piadosa, pero son ellos quienes realmente conocen cómo funcionan las cosas humanas, y la política es el arte de moverse en los vertederos y sumideros de las masas.

Saber mover a las masas con engaños y sofismas no tiene por qué ser malo, decía Latour, si de esa manera se las encauza y se evita que destruyan la república guiadas por sus deseos ciegos o anárquicos--los estados siempre se fundaron en la profunda desconfianza de la naturaleza humana, y hoy día sigue siendo lo mismo--. Entonces la política se beneficiaba enormemente de los sofistas que se dedicaban a ella con placer y tino. El arte de la manipulación y la mentira por loor a la estabilidad y duración de los gobiernos. Latour creía que un filósofo o un creyente ideólogo solo te podían llevar a la dictadura totalitaria tipo la República de Platón. Los políticos, tan denostados ellos, pues son muy necesarios hoy como ayer y antes de ayer. Son ellos los que impiden la destructividad de las masas cuando pierden el horizonte o la brida que les da sentido. Las artes oratorias del sofista, su retórica persuasiva bien estudiada en sus efectos, son los que nos salvan de que los filósofos, ideólogos, los puros de la moral, nos sometan en sus panópticos: esos infiernos tan transparentes y racionales.

He de decir que Latour me dejó perplejo con estos ensayos. No bromeaba. Era un pragmatismo sin concesiones; y lo curioso de él es que era católico practicante, un fuerte defensor del ecosistema y otras causas buenas, pero esa defensa del demagogo, del sofista tombolero, del trilero político; confieso que me dejó algo depre por unas horas.

¿Será así como él dice, y seremos los que queremos claridad, transparencia, cumplimiento de las promesas y la ley; etc., los que nos equivocamos por pininos, por no querer comprender cómo es una masa humana o masas humanas (Viene bien leer a Elías Canetti en su famoso libro "Masa y Poder")? o ¿seguimos creyendo que los individuos somos buenos y dispuestos a razonar con lógica y pruebas y evidencias antes de lanzarse a obedecer a cualquier caudillo o jefe cantamañanas? El cinismo subyacente de Latour podría ser lo que no queremos decir abiertamente: la gente vota sus intereses, pero sus intereses pueden ser ya espejismos creados con anterioridad, o reflejos inconscientes cuando actuamos como masa; o impulsos de emociones, venganzas, resentimientos; porque la verdad está allí dónde quién la representa sabe ilusionar al modo de un ilusionista o un mago de feria y esa verdad ha de funcionar como símbolo motor de la perpetuación del poder interesado.

Aun así mucho mejor la democracia, según Bruno Latour, con sus imperfecciones sofistas que no el totalitarismo cruel de los filósofos y sus lacayos: los ideólogos de partido, obedientes y cumplidores con el jefe. No le sobra razón.

Es confuso. Uno no acaba de avenirse con la condición humana de la que forma parte. Uno no acaba de ver el progreso de esa forma optimista con lo quieren ver algunos. Demasiado sufrimiento en este mundo, demasiadas decepciones (dentro de alguna alegría o satisfacción, también lo hay que decir), demasiadas monstruosidades apoyadas por aquellos que podrían ser más inteligentes o precavidos y no lo son. Lo peor: no encontrar explicación posible al comportamiento humano, tanto individual como colectivo.

22 agosto, 2026

¿QUO VADIS OCCIDENTE?


En otras épocas en Europa no se concebía a ninguna persona que fuese atea. Se creía que la fe era inexcusable, incuestionable, algo que obedecía a la naturaleza del humano. El mundo era algo creado por Dios para sus fines. Por tanto, Dios nos proveía de normas morales a través de su Iglesia, con las que vivir sin necesidad de cuestionarlas. La razón quedaba puesta al servicio de la teología por medio de la escolástica. Se sufría y moría, pero había resurrección y vida eterna para los buenos o elegidos, y un castigo también eterno en el infierno para los malos y los perversos. Dios era juez supremo y lo veía todo.

La Iglesia católica inventó el purgatorio como mecanismo de equilibrio entre el absoluto terrible sufrimiento del infierno y el cielo. Pagando bulas y ofreciendo misas y otras penitencias, era posible sacar a algunas almas del purgatorio y salvarlas. Oportunamente, las arcas del Vaticano se iban llenando. Esta era una cosmovisión aceptada por todo el mundo de un modo inmanente y convencional. Salvo muy raras excepciones. Luego vinieron las herejías, la Reforma, el librepensamiento y comenzaron las fisuras que agrietaron la Iglesia Católica y luego la misma fe cristiana. El resto del mundo seguía otros caminos muy ajenos a este despliegue singular de Occidente con su expansión económica y colonialista.

Todo lo que ha ido surgiendo después del Renacimiento, la Reforma, la Ilustración, el cientifismo, las filosofías de tipo hegeliano o fenomenológico; el posmodernismo, el neomarxismo, el nacionalismo de estado y los nacionalismos sin estado; todo esto nos lleva, entre otras cosas, a que los derechos humanos se pueden multiplicar hasta el infinito si queremos. Cualquier aspecto de la vida podría revelarse como un espacio oprimido que exige redención en forma de derecho positivo. En Occidente todo está abierto a cualquier relato caprichoso o creativo (todo depende de cómo se mire). El idealismo no tiene fronteras, no hay más consenso ético que los derechos humanos, pero tales derechos son abstracciones racionales sin simbología que despierte almas y corazones para entregarse a su defensa. Nadie sabe hoy día qué es ser "ser humano", puede como dijo Foucault, que este invento de individuo humano haya desaparecido, como han desparecido los grandes relatos.

La producción/consumo es más potente que nunca pero entra en contínua contradicción con quienes sufren la confusión del "no sabemos lo que queremos", y se perciben como fracasados o marginales del trabajo o el no-trabajo (Zero-Work). La tecnología nos absorbe en su lógica de espacios virtuales y entramos en ellos servidos (y muchas veces impotentes y desesperados) bajo las voces mecánicas y maquínicas de inteligencias artificiales. El islam nos ve como infieles cristianos confusos necesitados de su teocracia. Una izquierda que tampoco sabe lo que quiere, nos abre a un idealismo suicida basado en la igualdad abstracta del buenismo que considera a todo anticapitalista o antiamericano-sionista aliado natural de un futuro de corro de la patata mundial. Creen poder hacer del islam su aliado una vez aceptado como variedad cultural que ha de ser respetada y protegida. No me imagino a la teocracia de Irán bailando un corro de la patata progre. Ni tampoco a Hamás meneándose en un Gay Pride Day.

La derecha fuerte sigue apostando por el nacionalismo de estado como aglutinador y unificador de voluntades, pero es difícil hoy día saber exactamente que se quiere decir con ser español, o ser griego o ser americano. La mística nacionalista pasada también ha entrado en crisis. Pocos jóvenes hoy día en Europa y Occidente estarían dispuestos a tirar un tiro en nombre de ninguna patria. Las identidades, tanto débiles como fuertes, son muy difusas. Hay núcleos duros de la derecha fuerte que estarían dispuestos a inmolarse por la Patria. Hay núcleos duros de la izquierda que también se inmolarían en la lucha de clases. Hay fundamentalismos cristianos también endurecidos. Feminismos y ecologismos con muy mala leche. Pero todo ello está muy difuso y muy mezclado con una mayoría indiferente, o una masa conformista que opone mucha inercia. Las voces duras meten más ruido, pero no logran ser motor de nada más que de más confusión. Este es un mundo peculiar, parece ser que nadie sabe lo que quiere.

¿Pero es así con China, con el Islam, con Putin, con Corea, India, etc? ¿Tampoco ellos saben lo que quieren?


¿Qué resulta ser Occidente en un estado de planetarización sin clara identidad de lo que persigue?

¿No será un poco tarde ya para invitar a la iglesia católica a que retome la guía moral de las democracias? Además la iglesia católica tiene su agencia propia de idealismo ingenuo y confuso que nos despista. ¿Y la ciencia? ¿Y el evangelicalismo protestante? ¿Y la cultura? ¿Qué cultura? ¿Qué es cultura? ¿Europa? ¿Qué es Europa y adónde va?

¿Queda todavía la posibilidad de una fe independiente de toda religión, toda ideología u organización? ¿Una fe profundamente subjetiva y librepensadora fuera del alcance de intereses concretos?

21 agosto, 2026

DESPUÉS DE TODO LA FE ES LA SOLUCIÓN

 Si no hay ninguna razón final que justifique nuestra labor en este mundo, entonces nada tiene sentido real. Tan bueno es uno como otro. Si algo lo consideramos bueno, lo es porque convenimos en qué así sea, no porque haya una razón final que lo justifique como necesario.

Tan solo hay sentido real si hay Dios que lo sustente de forma trascendente. Y, para llegar a Dios, no nos sirve la razón, sino la fe.

Conclusión: solo a través de la fe podemos llegar a Dios, y con Dios ya hay sentido universal y razón que dé cuenta del universo.

Es más: solo puede garantizarse un yo responsable, si hay Dios que garantice tal esencia.




31 mayo, 2026

OCCIDENTE ES UNA CIVILIZACIÓN QUE MERECE LA PENA DEFENDER CON ORGULLO

Pongamos un ejemplo de sujeto subalterno en su máxima cota de opresión y de mínima libertad individual. Por ejemplo: una mujer afgana viviendo en un pueblo de dicho país. Contemos las capas de opresión que sufre:

a) Por ser mujer. El machismo en una sociedad musulmana-talibán es absoluto. Hasta un hijo de ella la puede mandar callar porque el varón tiene siempre autoridad sobre la mujer.

b) Ha de llevar burka por máxima obligación.

c) No recibe educación alguna salvo las enseñanzas del Corán adaptadas a la mujer.

d) No puede participar en la vida política. Debe de relacionarse con los hombres guardando distancia y muchísima prudencia.

e) No es reconocida como persona con derechos de propiedad sobre su dinero, su vida, su expresión, su libertad de pensamiento, etc.

¿Sigo?

Muy bien, ahora un poco de reflexión:

¿Cómo es posible hacer un juicio moral y político sobre esta horrible condición de la mujer afgana?

Respuesta: Porque los derechos humanos y las libertades democráticas que han surgido en Occidente y se han hecho universales, han creado una conciencia basada en la dignidad humana como base de toda organización social y política. A partir de los derechos humanos (fruto del "malo" e "hipócrita" Occidente en base a su historia y desarrollo de valores judeo-cristianos y razón griega), pues podemos condenar estas situaciones de degradación humana con la cabeza en alto y por encima de argumentos de relativismo cultural o conveniencia ideológica o política. Los derechos humanos son universales y punto.

Aquellos que nos invitan a ponernos en lugar de la cultura afgana y sus peculiaridades porque hemos de respetar las culturas en su propia inmanencia, etc. Pues les diremos que se hacen cómplices de tales horrores y con ello muestran su doble vara de medir y su crueldad interesada siempre que, esos, sus motivos doctrinarios e ideológicos se ven puestos en entredicho. Es condenable entonces ese relativismo cultural que se hace ciego a situaciones como la mujer en Afganistán y otros muchos países que viven estas lacras.


Entonces, podemos decir con la cabeza muy alta y así podemos enseñarlo en nuestras escuelas, que la cultura Occidental tiene cosas muy buenas de las cuales nos hemos de sentir muy orgullosos. Es una cultura que gracias a su concepción del individuo con sus atributos innegociables de dignidad y respeto ha interpelado y perturbado a todas las culturas del planeta, que no pueden dejar de verse trascendidos por valores que despiertan ansia de libertad y justicia en cualquier rincón del mundo.

¿Qué historia en este mundo ha permanecido impoluta, inocente, y pura? Occidente también ha tenido su historia y su expansión, pero si hubo un lado de opresión colonial, también Europa fue la primera en abolir la esclavitud, la primera en desarrollar un orden democrático, derechos humanos, etc. Esto lo hemos de enseñar a nuestros alumnos, a nuestros hijos, al pueblo, para que se sienta orgulloso de su civilización, de sus valores judeo-cristianos, etc. Tales valores merecen una clara defensa y refuerzo identitario.


EL HOMBRE QUE LEÍA A HEGEL AL REVÉS

 Este hombre vivía con una mujer taciturna. Los dos habitaban una cabaña fuera de la ciudad. Vivían de su jubilación de maestros de escuela....