08 abril, 2018

LA ERA DEL ESPÍRITU. AMÉN.

Corriendo por el campo a través y allí bajo el sol están los niños jugando. Juegos entre rocas. Entre árboles. Un riachuelo circula cerca. El sol deslumbra con un color verdoso. Un sol verde. Un sol que circula al revés. De oeste a este.  Un mundo al revés. Una mente que circula al revés. Los niños tienen ojos grises y se suben a los árboles como monos. Como antiguos simios. Mis manos son fuertes. Mis ojos ven en la lejanía con precisión. Es la hora de la caza.

Recorremos la ciudad. Sólo recorremos la ciudad andando. Llevamos mochilas. Ella habla. Dice algo que no comprendo. La avenida no se acaba nunca. Llevamos tres días caminando esta avenida que no se acaba nunca. Yo digo algo, pero ella no entiende lo que digo. A veces circulan vehículos a gran velocidad. Tal es la velocidad que no llegamos a distinguirlos. Tan solo vehículos que pasan a gran velocidad. Hay gente sentada en los alféizares de las ventanas de los edificios. Sus piernas cuelgan en el aire. Son edificios muy altos algunos.

Para los Larghamoides la religión dependía de un dios real que se les aparecía en sus templos y les hablaba y les daba consejos y normas. Ellos no dependían de la invisibilidad de las ideas o los deseos. Su religión no era ideal o psicológica, era una religión real, material, visible. Su dios aparecía en el templo, se le podía ver, tocar, se le podía oír. Y les hablaba cosas. Y ellos respondían con canciones, con cánticos, con rituales, con entrega de sacrificios. Un dios real. Todos habíamos ansiado un dios real como aquel.

En mi territorio la gente volvió a creer en los espíritus. Después de siglos de puro y rancio ateísmo, la gente volvía a creer en los espíritus de los muertos,  Y no solo de los muertos. Espíritus de otras dimensiones y de otros planetas y de otros tiempos y espacios. Y espíritus de piedras, de fuentes y de ríos y de montañas. Se retornaba al animismo más crudo como un alivio. Era una experiencia increíble verse rodeado de espíritus por todas partes. Donde antes no había nada, ahora había espíritus por todas partes. Nos dirigíamos a ellos y ellos respondían con golpecitos, con ruidos, con deslumbramientos, con coscorrones, con bofetones, con tocamientos eróticos, con travesuras. Era la era del espíritu. Amén.

(También pueden visitar Los Relatos de Nesalem)

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16 marzo, 2018

LA VIEJA MANSIÓN

Unos creían que había sido un ruido pronunciado como de madera crujiendo. Otros decían que habían visto una figura como de alimaña rasgando muebles viejos. Otros decían que alguien estaba cortando las vigas de madera. Era una vieja mansión vacía, sin habitar desde hacía ya 50 años. Helmer siempre la había conocido en aquel estado desde que habitaba este barrio, pero nunca jamás había oído nada y ni siquiera le prestaba atención.  El caserón destacaba un perfil a la luz de la luna como de un ser con vida propia. Una vieja carcasa dormida. La gente insistía que algo estaba pasando por las noches en la decrépita mansión. Ruidos. Crujidos. Una sierra o serrucho trabajando. Algunos también decían que
habían visto luces mortecinas moviéndose de un lado para otro a través de las ventanas.
Aquella noche Helmer se asomó a la ventana y contempló la mansión. Nada oía y nada veía. Pero en algún momento creyó ver un reflejo distorsionado sobre el cristal de una de las grandes ventanas de la fachada principal.  El reflejo parecía definirse más como una silueta o figura no precisamente humana. Tampoco era un animal alzado de patas sobre el sucio cristal.  Aquello parecía ser algo, pero él no tenía referencia alguna para compararlo. Y en ese instante por primera vez oía los ruidos que otra gente decía haber oído. Crujidos. Fuertes crujidos de madera. Sentió miedo. La figura de la ventana  parecía ser consciente a juzgar por aquella mirada que se estrellaba contra la suya.
Sonó el timbre de casa. Una llamada intempestiva. Fue a abrir la puerta, pero en ese momento se daba cuenta que algo le fallaba. La respiración se le entrecortaba. Su mente se diluía en algo insensible.  Su cuerpo se transformaba en un frío profundo. La puerta entonces se abrió y el mundo volvía ser la tonalidad oscura y vaporosa de pesada libertad.

26 enero, 2018

UNIVERSO MAQUÍNICO

Una máquina funciona cuando la hacen funcionar. No se hace preguntas. No piensa. No tiene por un lado una mente pensante y por otro un cuerpo material interactuando con el mundo real. La máquina es actuante. Actúa tal como fue programada. Diseñada. No tiene conciencia de lo que hace. No sufre cuando se estropea o se desgasta. No hay pasiones o sentimientos que la hagan estar deprimida o alegre. Simplemente hace, funciona. No importa la simplicidad o complejidad de sus tareas o
funciones, ella simplemente funciona. Un mecanismo o estructura sin alma. Una composición analítica con input y output. Dale input y tendrás output. No tiene que elegir más que aquello para lo cual ha sido programada.

La conciencia. Una máquina que diseña otra máquina y la hace funcionar para cumplir sus propósitos. Sus fines. Sus fines de adaptación al medio ambiente después de haberse desapegado de él. Después de haber adquirido automoción. Autonomía. Movilidad. Y cuando hay desapego y autonomía basada en la movilidad, tal organismo maquínico comienza a diferenciar entre un yo y un ello. Un yo muy primario. Muy elemental, pero un yo que ya distingue. Lo mío de dentro y lo de afuera que no es mío pero que he de hacer mío en lo posible y en función de mi supervivencia como máquina.  Conciencia primaria. Rudimentaria. La complejidad aumentará a lo largo del tiempo. Millones y millones de años. Y entonces el salto a la autoconciencia. La conciencia se desapega del organismo maquínico y comienza a verse como algo autónomo respecto de su misma máquina orgánica. 
Y entonces es un yo que comienza a distinguirse del yo primario y de su mismo cuerpo y comprenderse a sí mismo como máquina expansiva que también necesita poner los pies en el medio
ambiente y adaptarse, pero cuya adaptación o adecuación de lo externo a lo interno, a lo mío, a lo propio se le escapa debido a su complejidad. La máquina de su conciencia se ha vuelto locamente expansiva y la adaptación o adecuación se convierte en una pesadilla de elecciones, de pruebas y aciertos o fracasos. Un sistema nervioso complejo está sometido a multitud de sensaciones que el nuevo yo es incapaz de someter a un equilibrio definitivo.

Y entonces crea máquinas. Máquinas sociales. Máquinas políticas. Máquinas religiosas. Máquinas artísticas. Máquinas que producen valores, significados de mayor o menor o nula adaptación. Quizás sea mejor retornar a una inconsciencia maquínica que nos libere de la pesadilla de la historia una vez y por todas.

03 enero, 2018

LA BICI, ESPAÑA, Y LA MÁQUINA DE LLENAR TUBOS

El timbre sonaba en el taller. Yo tenía que subir a la oficina, coger la cartera con las certificaciones y facturas y luego bajaba al almacén a agarrar la bici para salir cuesta abajo por la avenida respirando ya la libertad de la calle. La ciudad cobraba vida con los coches, autobuses, la gente, los guardias de tráfico.
Encima de la bici, pedaleando o simplemente dejándome deslizar cuesta abajo era capaz de cruzar y recorrer la ciudad en poco tiempo. La ciudad a mi alcance. Un flujo se deslizaba por las calles y avenidas para recaudar, distribuir y simplemente circular. El tiempo pasaba sin enterarme. Como si estuviese jugando. Tenía tan solo 14 años.

Cuando el PP decidió en la época Aznar borrar de las matrículas de coches toda identidad regional o provincial, para dejarlas en simple código estatal, lo que esta mentalidad estaba legislando era la uniformidad nacional española. El pretexto era favorecer la venta de coches ya que al no poder estos ser identificados por su origen al parecer hacía más fácil su venta. La intención profunda para cualquier conocedor de la ideología nacionalista del PP, era esa oportunidad de consolidación de la identidad española en base a una uniformidad de España que fuese coincidente con el Estado. 

La Constitución española ya contemplaba la diversidad de idiomas y nacionalidades históricas. No obstante, cuando en el artículo 2 se habla de la indisoluble unidad e indivisibilidad de la nación, se está hablando de una esencia metafísica, de una sublimación del concepto nación al reino de lo espiritual. Unidad indisoluble es un atributo de Dios, por ejemplo. Lo cual eleva a la nación española por encima de la realidad histórica, que es cambiante, conflictiva, soluble, divisible, compuesta, variable y contingente. Y si algo ha de ser indisoluble e indivisible, entonces la historia de España es y ha sido eterna. España se encarna en la historia como el Verbo se hizo carne: una incuestionable identidad sacralizada. ¿Un asunto retórico y estético? La historia sigue siendo lo que es en tiempo y espacio. No querer reconocerlo no cambia su naturaleza mudable y contingente. Es curioso que nuestros intelectuales y grandes críticos no estén hablando y reflexionando sobre estas cosas que son la misma esencia de la democracia. ¿Miedo? ¿Oportunismo? ¿Afirmación identitaria a toda costa?

Cuando llegaba de hacer mis recados en bici entonces me esperaba la máquina de llenar tubos. Era una máquina que consistía en una bandeja redonda con unos encajes de acero para meter los tubos vacíos que a medida que la bandeja giraba sincronizaba así mismo con el chorro que iba llenando los tubos de betún. Luego una serie de tenazas iban doblando y cerrando los tubos hasta expulsarlos por una tolva ya llenos y listos para meter en cajas. En aquellos años la automatización todavía no era completa y entonces había un operario que tenía que colocar los tubos a mano y siguiendo los inexorables movimientos ya sincronizados de la máquina durante horas. Aquello me resultaba agotador y desesperante, máxime cuando la máquina al echar el chorro de betún producía un ruido de martillazo seco que se incrustaba en el mismo cerebro volviéndote loco. 

02 diciembre, 2017

¿QUÉ ES LA NAVIDAD?

¿Qué es la Navidad? 

Una familia cenando en una casa de aldea y afuera está nevando y la familia canta villancicos y comen turrón. Los niños están muy contentos y luego saldrán a jugar con la nieve. Saldrán también el padre y el abuelo a ver la nieve.

Hay una fiesta en un salón de un club social del barrio y en un momento dado un grupo de niños comienzan a cantar villancicos con su gorro navideño y su profesora que los dirige. Luego todos los asistentes se ponen también a cantar al unísono y se ponen a picar los dulces, turrón y peladillas que hay en una mesa grande. También hay champán y bebidas refrescantes y chocolate con galletas y bizcocho. Y todos parecen contentos y hablan con regocijo y alegría.

Cuando uno va caminando por la calle con frío y a punto de nevar y se pone a mirar un escaparate iluminado con motivos navideños y se frota las manos y de repente ve en el reflejo la figura de la persona que más quiere y que hacía mucho que no la veía y ahora de repente está ahí, pero cuando deja de ver el reflejo y da la vuelta no es ella, sino otra persona que también sonríe y lleva un niño de la mano que está contento y madre e hijo le saludan y él de alguna manera está contento de ver a gente contenta.

Navidad es la tristeza de una tarde invernal en el momento en que está oscureciendo. El encanto mágico de esa tarde invernal, gris, quizás a punto de nevar. El mundo podría ser otra cosa y no lo es. Pero en ese momento el mundo muestra la cara oculta de la inocencia. La lejanía y cercanía de la inocencia. 

10 noviembre, 2017

UN ATREVIDO CALVINISMO ANDA SUELTO POR AHÍ

Nadie ha logrado soldar la grieta que ya siempre nos separa de nosotros mismos y de los demás. Te puedes imaginar cualquier tipo de soldadura o cemento o pegamento que teóricamente te podría soldar a ti mismo contigo mismo y con la realidad; pero la vida misma se encarga de mostrarte en todo momento que eso es siempre una pura ilusión. Siempre estamos en desencaje, en desarmonía; fuera del quicio o fuera de quicio. En algún momento parece como si la eternidad del instante entrase por alguna rendija y nos soldase en un todo inmanente de plenitud, pero el tiempo nos desgarra sin compasión desde nuestros propios tejidos y vísceras. Todo ilusorio.
El calvinismo más atrevido nos muestra a Dios como absoluta libertad creadora y por tanto todo lo que acontece acontece para disfrute y placer en su ilimitada y omnipotente soberanía. Todo está bajo el gobierno de su Providencia. Nada se escapa a su poder, pues de escaparse algo a su poder y mirada entonces Dios dejaría de ser omnipotente y otra realidad o poder estaría ya desafiándole, limitándole, circunscribiéndole. Cosa imposible en un Dios todopoderoso. No puede haber dualismo con un Dios absolutamente soberano. Y, todo aparente dualismo, sería su propio juego de contrarios, de opuestos, de mal y bien incomprensible para el hombre: criatura de mirada e inteligencia limitada. Lo cual quiere decir que Dios coincide plenamente con la realidad creada, pero como voluntad creadora, no como naturaleza naturalizante al igual que Spinoza.
De ser así, este atrevido calvinismo nos llevaría a la inevitabilidad de ser parte de Dios queramos o no queramos, pues tanto si queremos como si no queremos, todo sería la voluntad soberana de Dios y toda vida humana cumpliría su función divina para bien o para mal. Predestinación. 
Seguridad absoluta de que en la vida de cada uno nada falta y ya todo está en su sitio.
Ya hemos encontrado la soldadura adecuada para cerrar el hiato existencial y así, de ser conscientes de ello por mero milagro de fe, encajar en el quicio para girar o funcionar sin tropiezos o vacíos vertiginosos. Simplemente, nuestra voluntad coincidiría con la Voluntad de Dios sin jamás llegar a conocer su misterio como Dios en sí mismo o Deus abscónditus.
¿Hay alguien por ahí que viva esa plenitud de la fe; esa certeza absoluta y sin fisuras?