06 julio, 2016

TURBINO MARCHACANTE MEDITA SOBRE UNA TAZA

Este manuscrito se encontró en una taberna del viejo barrio de Gurmán, en la anciana ciudad de Lobner. Dicen las malas lenguas que el poetastro Turbino Marchacante era un borracho perdido, dado a las malas mujeres y la mala filosofía. Quede ahí este manuscrito con manchas de vinazo como testigo de las alucinaciones que llegó a sufrir este desdichado del arte, o de las malas artes.

La taza, la taza... Nunca puedo ver la taza que está a mí lado en su plenitud o completitud. Siempre me queda algo por ver. Veo la taza de un modo parcial. Incompleto. La taza ha sido mi objeto de contemplación por un momento. La taza que ahora veo ha envejecido algo desde el momento anterior a mi contemplación y yo mismo soy también algo más viejo. Nada permanece quieto. Todo cambia.
Vivimos en el cambio. El devenir. Somos flujo. Es todo un flujo que nunca para. Soy consciente de ello, pero tal consciencia no hace parar el devenir, ni me hace posible ver la taza en su completitud. La misma consciencia cambia y fluye y jamás llega a estar asentada en una permanencia o quietud.
Si acepto las cosas tal como las estoy representando entonces no hay nada, absolutamente nada en lo que agarrarse como verdad permanente donde mi alma pueda descansar. Mi vida sería un flujo entre flujos de energía. Un devenir puro y absoluto. ¿Cómo? ¿Has dicho un devenir puro y absoluto? Entonces he ahí la verdad permanente: la vida es puro devenir. Absoluto devenir. Todo cambia es verdad eterna e inmutable. Si llegamos a esa verdad es porque entonces somos capaces de contrastar lo mutante con lo no mutante. Los flujos del devenir se pueden contrastar con la idea fija, perfecta y absoluta de lo permanente. Entonces no somos seres puramente inmanentes ya que de serlo jamás podríamos hacer tal comparación; tal rebelión contra la pura fluidez de la vida. Seríamos seres inconscientes en nuestra inmanencia, sin jamás poderla trascender. Pero no es así.

Hay una consciencia de vivir prisioneros del cambio, del flujo; de la impermanencia, del envejecer y morir que jamás se podría dar si fuéramos realmente pura inmanencia. Trascendemos nuestra condición material y vislumbramos posibilidades, potencialidades que aspiran a valores comunes trascendentes. Hay rebelión contra una existencia que se ha de agotar y explicar en sí misma. Sabemos que todo fluye y cambia inexorablemente, pero también sabemos oponer a esa inexorabilidad una idea contra-natura de permanencia, de trascendencia, de transgresión a la materia impermanente; a la historia, a la vida misma. La taza y el observador de la taza podrían-ya estar unidos en una contemplación/completitud eterna, misteriosa, más allá de los flujos: en un cosmos de extrañas e inimaginables transparencias. La rebelión del espíritu. ¡Aggghh!

10 comentarios:

  1. TURBINO MACHACANTE HABÍA ESCRITO ANTERIORMENTE COSAS COMO ESTA

    Quien cree en Dios tiene por necesidad pasión o afecto de Dios. Es como cuando alguien siente pasión o afecto por una persona. Una enamorada siente pasión por su hombre o un enamorado por su mujer. Ese hombre o esa mujer representan un apego especial o en algunos casos un arrebato que absorbe a la persona y la transforma durante el tiempo que dura tal situación de desplazamiento, de resonancia, de ensoñación, de estado excepcional en relación con una persona que queremos y apreciamos.
    Lo mismo tiene que pasar con Dios. Dios como palabra, como idea, como concepto ha de suscitar pasión, afecto, apego, enamoramiento, resonancia. La diferencia aquí es que a Dios no le vemos, no le tratamos cara a cara; no tiene un cuerpo que suscite afectos, deseo. No habla de forma objetiva, de modo que podamos absorber sus palabras como las palabras reales y palpables de cualquier humano. Se dice que Cristo es Dios visible, pero, de nuevo, Cristo es un ente también invisible, sin tan siquiera ningún retrato objetivo de él. Tenemos las palabras del evangelio, pero, ¿es posible reanimar y revivir con las palabras una figura que nos acabe suscitando gran pasión y apego y un diálogo de dos personas vivientes que suscita emoción y un apego tan fuerte por ser además divino y sobrenatural? Hay gente que así dice sentirlo. Con lo cual ya tenemos creyentes en Cristo que han descubierto esa pasión y entrega incondicional que es la fe y toda la búsqueda inacabable a que esa pasión/afecto inextinguible les lleva. En el catolicismo es la liturgia o la escenificación de los sacramentos lo que produce ese efecto en los creyentes. O las leyendas de los santos. En el Islam es también la palabra revelada.
    El creyente verdadero sigue una pasión, una entrega; un arrebato, un enamoramiento que llena su vida o le da un significado que le moviliza y le motiva. Claro que tal enamoramiento puede pasar por sus fases frías o calientes; interviene también el olvido, las contrariedades de la vida, el fracaso; el mal y sus efectos; la falta de una visión real y objetiva de Dios que fuerza a una sustentación psicológica no siempre convincente y hace que el creyente se vea a sí mismo como sujeto y objeto de tal experimentación psicológica.
    Las iglesias cristianas están llenas de creyentes fríos, templados, calientes o ausentes.

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  2. OTRA NOTA

    Cada momento es extraño. Lo familiar ha de resultarme extraño. La extrañeza. Mirada desde un punto lejano a todo. Todo es nuevo y extraño al mismo tiempo. Es posible que lo sumamente familiar se torne en extrañeza, en nuevo territorio. Lo familiar resulta esclavizante y absorbente. Todo requiere la mirada desde el punto infinitamente lejano de tal manera que esa familiaridad devenga extrañeza, sorpresa, curiosidad; algo insólito que está ocurriendo: simplemente ocurriendo.
    Observación. Captación de sonidos, de movimientos: este cuerpo se mueve de esta y otra manera....

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  3. MÁS ANOTACIONES DE TURBINO MACHACANTE EN POSESIÓN DEL TABERNERO DONDE PARABA DIARIAMENTE A EMBORRACHARSE

    Hay un ruido de segadora a lo lejos. Una moto pasa. Ahora un autobús. El café me anima, me estimula. Hay sensación de confusión. Un avión surca el cielo. A veces es como si un gran parásito del espíritu me fuera debilitando y quitando toda gana de vivir. Me viene la imagen de una ilusión, pero las ilusiones son fantasmas que vienen a contrarrestar a los parásitos del espíritu. Debe de haber una guerra fantasmal que ocurre en nuestra mente, en nuestra conciencia. Quizás no seamos más que piezas virtuales que sirven de escenario a una guerra que no es la nuestra. Es terrible no saber qué es lo que haces en este mundo. Se nos ha negado la explicación, las claves y nos enredamos en laberintos mentales. Es parte del experimento. Vaya usted a saber lo que hay por ahí por esas expansiones cósmicas. Vaya usted a saber lo que trasciende a esta materia visible. Puede ser horrible. Una mente alocada. Una voluntad a la Schopenhauer pero más perversa. O nada. Quizás sea una nada y todo sea una nada en un juego de diferencias. El rostro de la gente puede ser hosco. Rudo. Insulso. Aburrido. Hay desconfianza. Existir como homínido es en sí inexplicable, aburrido, insulso; algo paranoico. El homínido es un animal paranoico. Quizás por estar hecho de redes neuronales muy complejas, cualquier cosa no hace ponernos a la defensiva. Sólo hay satisfacción en la rebelión de nuestra alma individual. Nuestra alma apresada, prisionera. No hay explicación, pero si hay una sensación potente de rebelión contra este cosmos-prisión.

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  4. DOCUMENTO EN FORMA DE NOTA EN POSESIÓN DE UNA PROSTITUTA VISITADA A MENUDO POR TURBINO MACHACANTE

    Lo gnóstico surge cuando toda expectativa política de cambiar el mundo en función de una utopía socialista no se logra y se frustra una y otra vez. En lugar de cuestionar la utopía socialista como un constructo irrealizable históricamente por ser el humano lo que es; se cuestiona entonces el mundo con lo humano incluido como una pesadilla, como un lugar de maldad incorregible; como el producto o creación de un poder maligno cuasi omnipotente. Los fracasos de los intentos de revolución socialista, el avance del capitalismo como sistema capaz de progreso económico y social, además de mantener las libertades fundamentales de la democracia liberal integrando en ella a la izquierda socialdemócrata; todo ello fue un duro golpe a las esperanzas revolucionarias de las izquierdas radicales. Tras un difícil repliegue de enfrentamientos violentos contra el Sistema a base de lucha terrorista en los últimos de los 70 y a través de los ochenta saliendo completamente derrotados, mucha izquierda se sumió en una profunda depresión existencial. Si el Sistema lograba ser cuasi omnipotente imponiendo su realidad a nivel global y, si el socialismo real de los países comunistas se convertía en dictaduras burocráticas de castas privilegiadas que no dudaban en reprimir a sus poblaciones de un modo sistemático; entonces la esperanza se iba replegando en una fuerza subjetiva aislada de un mundo que se iba tornando hostil: quizás un cosmos que se iba cerrando bajo el gobierno del demiurgo capitalista. El capitalismo se iba convirtiendo más y más en un poder metafísico y el socialismo en un reducto subjetivo y espiritual a la espera de cualquier resurrección individual o colectiva. La postura de muchos se fue haciendo más gnóstica, más de rechazo existencial que político. La desconfianza hacia el Sistema se convertía entonces en una desconfianza hacia una fuerza opresora que se lograba disfrazar de libertad y tolerancia con el único fin de seguir oprimiendo y explotando mejor. Marcuse ya había sentado las bases de este gnosticismo en su libro "El Hombre Unidimensional". Émile Cioran condenaba la misma vida y la misma existencia como un absurdo sin sentido: ¿Por qué hay nada en lugar de algo? El gnosticismo ocupaba espacios cada vez mayores en la mente de muchos. No sólo el gnosticismo pesimista, sino también el gnosticismo místico positivo de la Nueva Era y el ecologismo. El capitalismo, la sociedad industrial-científica-tecnológica era un invento del Maligno gobernada por el demiurgo capitalista y sus siervos los banqueros, los financieros, los vampiros de toda calaña. Todo esfuerzo político o contracultural no servía más que para darle nuevas alas, nuevas fuerzas y poder de integración en sus mercados. Gnosticismo. Postura gnóstica. Repliegue gnóstico. La utopía es subjetiva y la subversión contra el sistema se habrá de hacer por medio de la cultura, la educación, el arte... la religión incluso.

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  5. APUNTES SOBRE EL GNOSTICISMO ANTIGUO DE TURBINO MACHACANTE ENCONTRADOS EN SU BUHARDILLA DEL BARRIO VIEJO DE GURMÁN EN LA CIUDAD DE LOBNER.

    El gnóstico antiguo se refugiaba en la idea de un dios incontaminado por el cosmos material. Un dios que por razones cataclísmicas habría sufrido una crisis interna de desgajamiento y separación de sí mismo para dejar paso a la materia, al cambio, la corrupción: en definitiva al mundo tal cual lo conocemos donde el mal impera y se sale con la suya a todas horas. Un mundo de horrores, engaños, violencia, catástrofes, hambrunas, enfermedades y SUFRIMIENTO, sobre todo mucho sufrimiento. Para los maniqueos eran dos dioses en lucha: el dios de la oscuridad y el dios de la luz. Dos dioses ontológicamente diferentes.
    El homínido entonces vivía parte de las dos naturalezas: la terrenal, la material en su cuerpo; pero la inmaterial: la chispa de luz manifiesta en forma de espíritu. Cuerpo y espíritu serían incompatibles y entonces de ahí el desgarro del gnóstico respecto a la existencia. Por un lado la chispa divina de la cual es parte y que le informa de una dimensión de luz, de amor, de paz, de justicia, de transparencia, de inmortalidad, de perfección; y por otra, el cuerpo sometido al cambio, a la enfermedad, al envejecimiento, a la corrupción, a la historia, a la ley, al sufrimiento.
    De ahí su ética de rechazo y desprecio de la materia, de odio al Demiurgo o dios menor responsable de esta creación que pretendía ser una copia de la perfección divina pero que quedó constituida como un aborto aborrecible. Desapego profundo del cosmos material y de sus deseos carnales; negación en sectas extremas de reproducirse negando la sexualidad y buscando la extinción de la raza humana al negarse a la reproducción.
    O por otro el desprecio e indiferencia a la carne pero esta vez en forma de prácticas de libertinaje, de agotamiento extremo del placer sexual y las bajas pasiones; de desprecio a la moral y la ley del Dios/Demiurgo, muchas veces asociado al Dios de la Biblia: del Antiguo Testamento.
    El gnosticismo antiguo fue condenado y desterrado a las catacumbas de la historia, pero nunca murió y fue resurgiendo en forma de doctrinas/filosofías heréticas. Un Demiurgo loco y asesino, represor y creador de este sistema de cosas reguladas por sus leyes morales y físicas por un lado; y por otro la absoluta libertad del Espíritu del Dios Verdadero perteneciente a otro cosmos, al Pleroma, a la luz....

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  6. EL ÚLTIMO MANUSCRITO DE TURBINO MACHACANTE ENCONTRADO ANTES DE DESAPARECER DE SU PENSIÓN CUTRE LLENA DE CHINCHES. NADIE SABE ADÓNDE SE HA IDO, PERO LAS MALAS LENGUAS LO SITUAN EN ALGÚN LUGAR DEL PLANETA VIVIENDO EN SU BURBUJA DE PURA INOCENCIA

    El gnóstico absoluto. Piensa el gnóstico absoluto que en primer lugar él no ha elegido venir a este mundo. Existe en este mundo por razones ajenas a él. El instante de su nacimiento es el instante de una absoluta injusticia. Es un instante fascista: quieras o no quieras tú tienes que vivir esta vida por narices. Serás inocente para poder así vapulearte esa inocencia y hacerte un adulto lleno de contradicciones, de negaciones, de traiciones; de ilusiones, de más mentiras que verdades; de constantes impotencias y frustraciones ante fuerzas que te dominan, pero que al mismo tiempo has de pretender que eres responsable de todo y que no puedes fallar porque los fallos se pagan caros. Si los demás logran racionalizar su existencia con compensaciones de un tipo y de otro, el gnóstico absoluto no tiene tales compensaciones, ni tan siquiera la compensación del dios bueno de luz o de la chispa divina en uno. Nada. El gnóstico absoluto cree que esas siguen siendo compensaciones en forma de reflejos para poder seguir viviendo con cierto sentido: O sea: trampas y señuelos del cosmos para que sigas viviendo, reproduciéndote, trabajando, envejeciendo y sufriendo: sobre todo siempre sufriendo de una manera u otra bajo el terror y el miedo a las posibles enfermedades, los posibles fracasos. La muerte. El infierno de las relaciones con otras personas; el fracaso de esas relaciones siempre equívocas, confusas, perversas porque jamás puede la interioridad de uno ser puesta en su cruda evidencia objetiva de ser un títere cósmico de carne y hueso.
    Entonces, este gnóstico es capaz de repudiar de forma absoluta su existencia y abandonarse a su ser-títere cósmico, a su nada, a negar una y otra vez las ilusiones que vayan surgiendo,las muletas espirituales, las trampas de la mente, las representaciones siempre fraudulentas y vanas. Su razón de vivir sería el ser ácido sulfúrico de la existencia, del cosmos; negar a la vida todo su engaño, denunciar sus falsas pretensiones: su pura negación pasa a ser su verdad absoluta. Su mensaje para sí mismo y para los demás sería: Hagas lo que hagas da lo mismo: nada tiene sentido y todo lo que hagas y eres ya es una nada en sí y para sí. ¿Cómo se puede vivir con este descubrimiento?
    Se vive sin desear, sin codiciar, sin envidiar, sin ambicionar poder alguno, sin sentir necesidad de enfadarse o de apasionarse: una fuerza de absoluta negación conlleva curiosamente una apertura a una existencia donde todo queda puesto entre paréntesis al modo de Husserl en su pura objetividad bajo un trasfondo de inocencia común a toda la raza humana o la vida misma. He ahí todo esto aparece dentro del mayor de los misterios. Me han arrojado a un mundo sin sentido y el sinsentido produce miedo y el miedo produce confusión y la confusión produce perversión, crueldad y violencia. Produce falsedad en forma de ilusiones. Este descubrimiento es mi iluminación. He aquí que soy un iluminado de la nada en el mundo de lo perecedero.

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  7. ARCHIVO INFORMÁTICO ENVIADO A ELVIA LONGAVIL POR TURBINO MACHACANTE DESDE DESTINO DESCONOCIDO. HAN PASADO DOS AÑOS DESPUÉS DE SU DESAPARICIÓN.

    El gnóstico había expuesto sus razones. El gnóstico no se había dado cuenta de la naturaleza maquínica del cosmos, porque si se hubiera dado cuenta de la naturaleza maquínica del cosmos, entonces no hubiera comenzado haciendo juicios morales de bien y de mal. Las máquinas funcionan o no funcionan. Si no funcionan bien entonces habrá que mirar donde están estropeadas, que es lo que no funciona, lo que se atasca, lo que no circula o fluye. La razón por la que hayamos nacido o no nacido es un hecho que no podemos someter a juicio alguna: es un hecho inevitable y dentro de una lógica divina que se nos escapa por ahora. Simplemente existimos, somos, funcionamos: somos máquinas biológicas movilizadas a través de energías corporales. Permítanme la palabra máquina por el momento y no se sientan ofendidos por la connotación deshumanizada que posee la palabrita. Es una manera de ilustrar lo que somos. A veces nos vamos por los cerros de Úbeda tratando de explicar lo obvio. Prefiero usar palabras más precisas. Luego ya tendremos ocasión de hablar de nuestra grandeza y genio humano. De nuestro espíritu. De Dios. De lo sublime. Pero empecemos por lo sencillo.
    Máquinas. Venimos al mundo como máquinas biológicas ensambladas a una máquina-familiar-social. Enchufados a un sistema de códigos/significados que es la manera cómo nos representamos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea. Lo hacemos desde niños dentro de nuestras posibilidades. No desdeñemos el psicoanálisis en estas cuestiones. Si la neurociencia estudia las redes neuronales desde la infancia y descubre sus complejidades; el psicoanálisis aporta una interesante física de circuitos energéticos del cuerpo y sus representaciones simbólicas/significantes. Son dos métodos complementarios. O deberían de serlo.
    Esas máquinas humanoides que somos nosotros así en bruto, nos vamos adaptando a un mundo que nos opone sus propias complejidades, intereses, lógica. Hay caminos que no se han de tomar, hay otros que nos resultan quizás más difíciles, pero son los caminos que nos han de abrir hacia un mayor desarrollo creativo, intelectual, de buena salud, etc. Desde un principio puede haber serias dificultades en cuanto a formas de encauzar la energía/afecto/líbido: conflictos, ambivalencias, dilemas. A veces se toman caminos equivocados o equívocos en función de las personas/ensamblajes que nos rodean. Puede haber falta de afectividad, de amor; el mundo se hace hostil, sentimos entonces miedo: miedo como reacción, repliegue. Y el miedo es una situación de alerta con posible respuesta violenta o agresiva: el cuerpo se auto-protege. Y todo ello va quedando grabado o marcado en nuestras neuronas: nuestras primeras experiencias son fundamentales por eso: porque nos condicionan las experiencias por venir. Malas conexiones, malos ensamblajes, dificultades, atascos, sufrimiento: miedo. Buenas conexiones, buenos circuitos, buenos ensamblajes: buenas representaciones: creatividad, ganas de vivir, más alegría/goce. Las malas conexiones: destructividad, agresión, sufrimiento, repliegue hacia el interior, miedo, desconfianza. Importante todo ello. No hemos hablado de moral, no estamos moralizando. Simplemente hablamos de una física y química del humano. No se echen las manos a la cabeza los espiritualoides. Pierden el tiempo con sus monsergas por ahora.

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  8. El gnóstico había comenzado mal. Partía de un juicio hecho ya en base a una vida de sufrimientos acumulados y de complicaciones interpretativas. Quizás atolladeros mentales, neuronales sin posibilidad de representaciones claras. Quizás abrumadoras experiencias de conflictos irresolubles. Las máquinas entonces se atascan, se confunden, se oxidan: se paralizan en el miedo, en la apatía, la depresión, las neurosis, y, en casos más extremos: la misma locura.
    Pero ello tiene explicación. Se puede analizar de forma racional qué fue lo que produjo los primeros atascos. O los posteriores. Qué faltó también a la hora de autorrepresentarse y en función de qué o quiénes empezó uno a autorrepresentarse de forma tal que iba eludiendo su propia dinámica corporal/energética, para desplazarse en función de otros intereses ajenos, externos, alienados de su propio ser: fricción, desgaste, frustración. La máquina humana es frágil y complicada. Nuestro sistema neuronal es complejo.
    Importa si uno nace en una familia desestructurada, o en un ambiente disoluto y confuso. O si nace en una familia excesivamente autoritaria o en una comuna o en una tribu de colectividad familiar más amplia. Importa si nace también en una familia permisiva, amoral, indiferente a la educación del niño, etc. Importan los espejos ejemplarizantes donde se mira el niño: su padre, su madre, sus abuelos, un tío, una tía; gente que le rodea con ciertos valores o ausencia de ellos. Personas, todas ellas, que inspiran unos principios éticos/morales equilibrados, autoritarios, represivos, racionales, artísticos, etc.
    Pero también importa el ensamblaje biológico de un cerebro que funciona bien, que se ejercita bien, que posee energía innata y perspicacia. O lo contrario. La vida es complicada. No cabe duda. Fíjense en la cantidad de factores que hay que considerar. Y quizás se nos escapen otros muchos. Pero hay que ser valiente, porque todo tiene un sentido de alguna manera u otra. El gnóstico se ha adelantado y ha tirado la toalla demasiado rápido quizás.

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  9. En todo cuerpo hay resonancias que hay que prestar atención. Son resonancias creativas, que nos hacen revivir, aumentar intensidad y potencia. Hay cosas que nos gustan y aumentan nuestra alegría de vivir. Hay cosas que podrían resonar, pero el trasfondo es turbio o nos resta energía o nos distrae demasiado o nos dispersa o nos hace dar vueltas sobre una imagen que nos aísla, que nos abstrae de la realidad situándonos en bucles o círculos que giran sobre sí mismos sin ninguna posibilidad de salir de su atracción nefasta. Hay representaciones que pueden ser el motor de otras personas, de otros cuerpos, pero que no sirven para nosotros; y, sin embargo nos sentimos atraídos por ellas por mimetismo, por sentirnos carentes; por confusión e inseguridad. Lo cual quiere decir que aun no hemos encontrado el ensamblaje propio; aun no sabemos crear nuestras propias representaciones. Hay representaciones coincidentes con las de otra persona o personas y juntos se autorrefuerzan. Se comparten territorios o parte de los territorios.
    Cuando las resonancias favorables y en función de alegría y creatividad son identificadas y vividas, entonces utilicemos la razón, los hechos, las pruebas, las representaciones que aumentan imaginación, apertura a los demás en todo aquello que sea común, compartible; jamás en aquello que pueda hacer mala mezcla, destructivo, disminución de intensidad o potencial, substracción de energías.
    Hay conexiones que jamás deberíamos establecer y que sin embargo actúan como espejismos peligrosos. Hay que utilizar la razón, los hechos concretos, ser "realista" en el sentido científico: no todo vale, no todo es una buena ética. Pues estamos hablando de ética. No hemos moralizado nada. No imponemos nada que nos venga por decreto o de fuentes ajenas a nuestras propias resonancias. La buena ética es la consonancia con nuestro propio ser.
    Y ¿el mal?

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  10. El mal es toda aquella combinación que resta, que disminuye, que sustrae, que nos debilita. Una cosa es la debilitación propia de un cuerpo que envejece o que enferma; pero otra es la debilitación a que nos vemos abocados por confusión, por espejismos, por mimetismo, por atracción de centros gravitatorios poderosos que de forma irracional nos atrapan. La vida es complicada.
    La vida es una navegación difícil. Aún teniendo el mapa correcto, no podemos desviar, hay tormentas, hay baches de mar, hay vientos fuertes, excesivo calor, frío o espejismos y fantasmas. A veces perdemos tanta energía que nos vemos desmayar y cedemos a lo que no deberíamos ceder y entonces nos resta, nos confunde.
    Quien resuena con D-ós ha de tener en cuenta que D-ós no puede ser un fantasma que dependa de nuestra imaginación. D-ós ha de sustentarse en la vida, en la materialidad de nuestros sentidos, en la razón y los hechos. No hay espíritus desencarnados de la realidad material, física, natural, energética; sino que hay espíritus en consonancia con nuestra vida concreta. Nuestras resonancias funden lo incorporal con lo corporal y van al unísono. Un espíritu desencarnado del cuerpo sigue siendo un espíritu ligado a lo concreto, pero con viviendo una ilusión vana.

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