23 marzo, 2011

LA CLAVE CRISTIANA DE SAN PABLO

Pablo, San Pablo, es uno de esos grandes personajes de nuestra historia occidental que dejó de figurar hace ya tiempo en los libros de texto de los institutos. Y, sin embargo, su impronta espiritual sigue estando presente en nuestra cultura, a veces, en forma de dedo acusador. Pablo es el personaje más vivo y controvertido del Nuevo Testamento, pues si bien es verdad que el Jesús de los evangelios es el personaje central, al ser Dios encarnado, se mueve siempre con la ventaja del poder que le otorga su condición divina. Pablo, sin embargo, aparece más como un ser humano real, de carne y sangre caliente. Ni siquiera Hechos de los Apóstoles logra mitificarlo con convicción, ya que la complejidad de la vida del tarsiota se escurre fuera de toda previsión. Pablo es enérgico y decidido en ocasiones, pero vulnerable y hasta claudicante, en otras. Pablo, al mismo tiempo que trata de de abrir la buena nueva del Mesías (Cristo) judío crucificado y resucitado, a toda nación, sin distinción entre judíos o gentiles; es también el mismo que no logra desapegarse por completo de sus raíces judías. En ocasiones ha de doblegarse a los dictados de la Torá que él mismo quiso superar (Hechos 21:17-26). El Apóstol de los Gentiles, tan seguro de si mismo en algunos pasajes, hasta llegar al misticismo más sublime de Romanos 8:38 (mejor desarrollado en la posterior Epístola a los Efesios), es también el hombre que se desnuda ante los demás mostrando el terrible desgarre entre los anhelos del espíritu y el acuciante deseo de la carne ( Romanos 7:14-24). ¡Oh, condición humana!

Si para el judaísmo tradicional la condición humana es perfectible y mejorable a través de la práctica de la Torá, y si para la filosofía griega hay esperanza en la coincidencia del Logos con la facultad de la Razón; para Pablo el problema está en nuestra misma naturaleza: Somos seres caídos, separados de Dios por una barrera infranqueable que hace de nuestra existencia un inevitable, como insaciable desasosiego. Cuando Pablo habla de pecado lo hace refiriéndose al mito de la caída de Adán y Eva después de desobedecer a Dios en el Edén. Siguiendo la tradicional doctrina judaica, esta caida produce una desarmonía o desplazamiento de un estado de inocencia, al conocimiento y experiencia del bien y el mal en nuestras vidas diarias. Si antes vivíamos en un estado de gracia protegidos en un paraíso, ahora el mal está presente en nosotros como un continuo desafío y elección que puede condicionar nuestras vidas a peor o a mejor. El mal trae consigo la muerte, la enfermedad y todos los desajustes morales que nos hacen tan egoístas, perversos y pecadores en tantas ocasiones, aunque en otras podemos hacer el bien y mejorar nuestra condición.

Pero si en algo se desvía Pablo de la tradición del judaísmo en este asunto, es que para Pablo la caída del Edén significa la transmutación radical y absoluta de nuestra condición de inocencia y bondad a una naturaleza pecadora, no sólo en el sentido de elección moral; sino en el mismo tejido biológico, en la misma carne y sangre que nos forma. El pecado, entonces, es la misma esencia de nuestro ser de la que no podemos desprendernos por mucho que queramos. El pecado se hereda a través del mismo acto de procreación: pasa de padres a hijos sin posibilidad de cura o perfección. Cuando Pablo habla de pecado no habla sólo de un acto inmoral o transgresión, sino de la misma esencia humana que inevitablemente produce siempre el mal, aun disfrazada de bondad o idealismos. Las deducciones de Pablo son claras: si el pecado es inevitable, la Torá judía no puede ser un medio de salvación o redención. Ningún esfuerzo humano puede producir tal cosa. La incapacidad humana para seguir la Ley es manifiesta. Tanto judíos como gentiles están en un mismo plano de igualdad ante Dios, todos son pecadores y nada les puede salvar de esa condición: ni tan siquiera los judíos se pueden vanagloriar de seguir la Torá. En lenguaje moderno: Pablo dice que todos los seres humanos vivimos una común existencia minada por el más absoluto desasosiego e inconsistencia, y, por lo tanto es inútil pensar que de nosotros pueda surgir ninguna redención o salvación.  Pablo encara nuestra condición humana sin la más mínima contemplación piadosa. El mito de la caida le sirve como la clave que ha de desentrañar la raiz de las miserias de este mundo. Pero no por ello desiste de encontrar la salida, la salvación o redención. ¿Cómo?

La Epístola a los Romanos no tiene desperdicio. Si el ser humano es incapaz de salvación alguna, sólo una intervención divina en nuestra historia podría ser capaz de sacarnos de pecado, del mal. Sólo por gracia divina podríamos ser redimidos y salvados. Es una gracia de Dios que escapa a toda comprensión y conocimiento: Él mismo, Dios, se encarna en la historia, se hace hombre; carga con todas flaquezas y miserias de la carne, se enfrenta a todas las injusticias, al mal, a las enfermedades y al final vence a la misma muerte en el acto de crucifixión y posterior resurrección. Pero algo más: Jesús, el Cristo, cumple la Torá en su perfecto significado que no es más que el amor. No las formas y rituales, sino el espíritu de la Ley. El  mito de la caída  queda suplantado por el mito de la redención y resurrección del segundo Adán: Cristo. El viejo pacto queda superado por el nuevo. La salvación del ser humano queda condicionada a una elección gratuita y por gracia por parte de Dios. Se salvan aquellos que son llamados. De ahí que surja el concepto de predestinación en esta epístola y en otras posteriores. Es un problema insoluble en el Nuevo Testamento. Será más tarde San Agustín y luego la reforma protestante quienes vuelván a la raiz paulina del cristianismo con todas las consecuencias posteriores en nuestra civilización europea-occidental. La salvación de Pablo, sin embargo, no es una salvación política, ni un cambio de estructuras sociales: es una salvación que acontece en el espíritu del creyente, algo así como un nuevo nacimiento que nos arrebata, a pesar de lo que inevitablemente somos. Si la inmanencia del pecado es absoluta en nuestra naturaleza, sólo queda la gracia divina como esperanza. Sin la certeza de una gracia trascendente, la naturaleza paulina no tendría más sentido que el fracaso y la muerte.  He ahí la clave cristiana de Pablo.

9 comentarios:

  1. Muestra Ud., Sr. Nesalem, una erudición más que impresionante en estos temas cristológicos y paulinos. Temas alejados, preciso es reconocerlo, de las inquietudes y saberes del hombre moderno. Pero no por ello menos lícitos para debatir, profundizar e investigar.

    Aunque debo decirle que, en mi, suscitan interés escaso. Todo discurso que gira alrededor de los dioses y sus propiedades no puedo por menos de considerarlo una forma de literatura, un entretenimiento literario con palabras jugosas. Y como tal lo leo. En el mismo plano que si habláramos de la profundidad i riqueza de los misterios de Hermes, o de Isis, o el profundo significado del culto a Baal. Y lo mismo, en mi opinión, pude decirse de la filosofia: una forma de literatura que en muchos casos puede leerse con agrado.

    Ya sabe Ud., Sr. Nesalem, que soy un ateo empedernido. Y que no veo en las religiones nada positivo, nada que no pueda lograrse por otros medios más honrados. Veo en ellas, en cambio, mucho de negativo, pues nada como las religiones explota el sometimiento humano a dogmas. Considero negativo educar el hombre en religiones en vez de educarlo en las ciencias y el pensamiento libre. Quizá sea un tópico del ateismo, pero creo que es totalmente cierto que las gentes profundamente religiosas son las que han incitado y cometido los mayores crímenes contra la humanidad. Y entre las gentes que se declaraban sometidas a una religión (concretamente católico) se puede incluir al mismo Hitler, por supuesto. Pruebas hay de ello.

    Y creo que las religiones han de morir, y que morirán, no por un debate filosófico profundo que demuestre su falsedad (falsedad que ya está más que clara para toda persona que se interese por el tema), sino por desuetud, por obsolescencia, por pérdida progresiva de interés entre una humanidad cada día más culta y menos ingenua, menos dispuesta a dejarse embaucar con cosas sobrenaturales. No hay más que ver cómo estaba la situación hace nada más que un siglo y cómo está ahora. Hace un siglo la religión estaba presente en todos los ámbitos de la vida, era una cosa muy seria, muy severa, muy constrictiva, objecto de preocupación y de problemas de conciencia para mucha gente, culta e inculta. En cambio hoy, la mayoría de la gente no le hace caso. Pasa de religiones. No me negará Ud., je je, que esto es un progreso innegable.

    Pues bien, es así, por desinterés, por pérdida de influencia, por falta de atractivo, como irá decreciendo y al final desapareciendo toda forma de religión. Con lo cual la humanidad experimentará un beneficio grande, créame Ud.

    Runand

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  2. Sr. Runand, la reflexión es en torno a la visión de Pablo del mundo, no a si la religión es buena o mala o tiene o no influencia en la sociedad. Ese sería otro debate.

    El asunto que usted presenta habría de llevarse más al terreno de la experiencia, más que el de la razón. Yo puedo tener ideas muy claras sobre muchas cosas, pero esas ideas puede que no pasen a ser parte de mi experiencia y me pueden resultar interesantes a nivel cerebral, pero sin afectarme para nada en mi experiencia de vida, de contingencias diarias, de sufrimiento, de integración de la vida a un plano de significación profunda, etc..

    Yo celebro también que la religión cristiana no tenga aquel poder oscurantista de antaño y pase a ser una opción libre e individual. La verdad me es indiferente el número de cristianos nominales que haya y la influencia que puedan tener, mientras haya gente que viva el cristianismo como una experiencia muy válida para su vida.

    Por otra parte no veo incongruencia entre razón y cristianismo. La razón tiene su campo de conocimiento y el cristianismo el suyo basado en el "milagro" irracional y fenomenológico de la fe.

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  3. ...no creo en la desaparicion de la religion...mas bien estoy observando una substitucion de la clasica por una laica promocionada por los estados a traves de su control de la educacion ( que yo llamo INDOCTRINACION). lO QUE SE LLAMA HOY DIA "CORRECTISMO POLITICO" TIENE TODAS LAS CARACTERISTICAS DE LAS RELIGIONES CLASICAS---incluso existe la excomulgacion, los herejes, lo prohibido, lo castigable, etc.---ademas tambien pretenden fomentar el antiguo "amor del projimo" con la tan cacareada SOLIDARIAD. Aunque no pretenden tener dioses, no hay escasez de DOGMA incuestionable.

    Kousinsky

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  4. Sí, Kousinski, los hay que creen en sus dogmas políticamente correctos o en sus ideas, con la misma fe que se cree en la religión; pero no creo que haya otra alternativa. La verdad absoluta nos está negada a todos los humanos sin excepción.

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  5. Sí, Sr. Nesalem. Mi comentario no era más que una forma de decirle la poca substancia que encuentro yo en los textos cristológicos. No digo que la visión que un tal señor Pablo tenía del mundo no pueda llegar a ser interesante para los creyentes.

    Y que si queremos que las religiones dejen de tener el poder que tienen sobre la pobre gente ignorante, lo mejor es no hacer caso de ellas y sus cuentos. Si comentamos las elucubraciones mentales de los "santos" como si fueran cosas muy importantes y pensamientos muy valiosos, lo único que hacemos es enaltecer la religión (la de siempre) ante la gente sencilla. Nada más.

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  6. Comentario anterior: Runand.

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  7. Es raro hoy día ese interés y esa ternura por la gente sencilla, Sr. Runand. ¿Qué gente sencilla? ¿La de Cuba, la de China, la española? ¿Quiénes son esa gente sencilla a quiénes hay que resguardar y proteger de la maligna y malévola religión? ¿Las viejecitas? ¿Las monjitas?

    Por otra parte, Pablo se atormentaba con los mismos o parecidos tormentos y dilemas con que mucha gente, no tan sencilla, se atormenta ahora.

    Así es la perra vida.

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  8. He encontrado casualmente este interesante escrito sobre la autoría real de ciertos escritos de Pablo. Vea Ud. cómo, aunque lo critique, en el fondo colaboro con la investigación paulina.

    http://richarddawkins.net/articles/608609-who-wrote-the-bible-and-why-it-matters

    Runand.

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  9. He leído casi todo de Bart D. Ehrmann. Él fue pastor bautista en una época. Lo que dice está ya admitido por mucha teología protestante. No todas las epístolas atribuidas a Pablo son de Pablo. Sabido. Lo importante, en mi opinión, es el dilema existencial de Pablo y su resolución. Es algo que me sigue intrigando.

    Gracias por el artículo.

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