14 abril, 2011

EL SÉPTIMO SOBRE DEL REVERENDO WARREN: LA CRUZ

Abrí el séptimo sobre. Era el último y estaba cubierto de polvo casi negro. Lo saqué y cerré el baúl. Afuera hacía frío. Boston es una ciudad fría. Pero a medida que fui leyendo este séptimo sobre iba sintiendo el calor espiritual que impartía la reflexión personal del Reverendo Clarton Warren. Comencé a leer allí mismo sentado en el suelo, muy pronto el Señor Matthiew, uno de los presbíteros, me llamaría para cerrar el desván. Me había dado una hora, aunque ya habían pasado dos horas. Cuando acabé, cerré el sobre y los metí todos de nuevo en el baúl. El séptimo escrito decía … 

Solamente podemos tener seguridad absoluta de una cosa: la fe. La fe es, dice la epístola a los Hebreos (11:1): “./. la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” Y sigue (11:3): “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.” (Traducción al español de Casiodoro de Reina y posteriormente revisada por Cipriano de Valera). Así mismo el evangelio de Juan dice: “En el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios. La Palabra, pues, era divina: estaba en el principio con Dios. Por ella llegó todo ser, y sin ella nada llegó a ser. Lo que llegó a ser por ella era la Vida, y la Vida era la Luz de los hombres. Y la Luz brilla en las Tinieblas, y las Tinieblas no pudieron extinguirla.” (Traducción al inglés de Hugh J. Schonfield). La fe y la Palabra se complementan y la Palabra abarca toda la creación. Vayamos ahora a la Tanak sobre Sofía, Sabiduría, en Proverbios (8:22 en adelante): “El Señor me estableció al principio de sus tareas, al comienzo de sus obras antiquísimas. En un tiempo remotísimo fui formada, antes de comenzar la tierra . /. yo estaba junto a él, como aprendiz, yo era su encanto cotidiano.” (Traducción de J. Alonso Schökel y Julián Mateos). La fe nos es dada por gracia, ya que no es posible, desde la insondable e inestable conciencia del hombre, llegar a una certeza de lo invisible. Cuando no hay certeza de lo invisible hay incertidumbre, inseguridad; hay duda. La vida es como una fuerza ciega a la que sólo la conciencia del hombre es capaz de imponer un orden, siempre provisional, siempre susceptible a los cambios; un orden relativo. No hay certeza de nada invisible.

D-ós es D-ós de certeza, de seguridad, de significado absoluto, pero la firmeza de la fe es solo la apertura de la puerta y el principio de un camino de conocimiento y perfección que ya no depende del ser humano. La llamada de la fe implica la conexión de la insondabilidad humana con la Sabiduría divina a través de la Palabra. Pero hay algo más: según la Biblia; D-ós viene a nosotros, hacia la insondabilidad humana; vive como hombre sin abandonar su naturaleza divina; y, muere, víctima de los poderes religiosos y políticos que rigen el mundo. Las historia humana es la historia de la defensa de privilegios, de relaciones de fuerza y poder; las confrontaciones entre significados religiosos, políticos, morales, los cuales conllevan el odio, la violencia, y la posible eliminación del contrario. Pero es también la guerra con uno mismo, la visceral inseguridad y el miedo congénito a una existencia siempre inestable; la confrontación de interna de pasiones, afectividades, tensiones, dudas, desplazamientos de significado, desconfianza. Esa es la tragedia humana.¿Sólo humana?

Según la Revelación, la Biblia, D-ós mismo asume esa naturaleza humana para vivirla desde dentro y sentir el mal en su raíz y radicalidad. El mal. La Biblia habla del mal, del Diablo, del Demonio. A veces lo hace en plural. Quizás, esta personificación del mal es la mejor manera de representar la absoluta exterioridad o alteridad que amenaza de continuo al hombre. ¿Pero solo al hombre? El mal se manifiesta así mismo como personalidad maligna, con inteligencia sádica y perversa. Es también un espíritu que puede encarnarse en las personas de una manera efectiva; también actúa a través de los sistemas de poder, en muchas de las creencias humanas. La insondabilidad del hombre implica el mal como exterioridad o alteridad radical en continua amenaza y desplazamiento; en continua desestabilización social y moral; en la siempre inseguridad de las enfermedades, y de la misma naturaleza. Pero ¿no será la exterioridad radical con su malignidad y peligro algo que afecta de alguna manera a alguna dimensión de D-ós consigo mismo?

¿Cuál es la fuerza opuesta al mal? ¿Cuál es el antídoto contra el mal? El amor. Pero el amor no es una simple palabra abstracta que se puede sentir a voluntad. Tampoco es fácil de vislumbrar su correcta aplicación. Es un profundo sentimiento que surge de la seguridad y de la certeza que produce la fe y que requiere de la Sabiduría y de la Palabra (Espíritu Santo) para llevarlo a la práctica con acierto. Jesús trata de enseñar ese camino de amor al mismo tiempo que confronta con firmeza los poderes religiosos y políticos del momento que a veces asocia a las fuerzas espirituales del mal. Jesús va directamente a los demonios que ocupan los cuerpos de los enfermos y los expulsa. Pero, según la Revelación, todo ello le va conduciendo a la muerte en la cruz. Es, sin embargo, una muerte con un significado mucho más profundo y que ha de sellar definitivamente la relación de D-ós con el hombre. La muerte en la cruz sella un nuevo pacto entre la insondabilidad divina de D-ós y la naturaleza insondable humana. En el centro donde se unen los palos de la cruz está el sello de la fe. La verticalidad divina y la horizontalidad humana se unen en la fe. El hombre recibe certeza y Revelación; y, D-ós recibe y aprueba la experiencia humana, por medio de la fe, como válida dentro de su ser insondable. Quizás así puede redimirse también la misma escisión y fisura surgido en el mismo cielo con la rebelión del mal: el nacimiento de una exterioridad en D-ós mismo que dio motivo y necesidad de la creación y la creación de la criatura humana. Insondable misterio. Volvamos a la Tanak en Génesis 1:3: "En el principio creó Dios los cielos y la tierra, y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tienieblas estaban sobre la faz del abismo, y el espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz, y fue la luz." (Traducción Reina-Valera 1960).  La creación comienza con la Palabra y sigue con la palabra.

Es hora de meditar y reflexionar. Sola fide.

6 comentarios:

  1. Como veo que no se establece tertulia, me he decidido a hacer un pequeño comentario.

    Para decir, Sr. Nesalem, que he leído con gusto los sobres con las sinceras reflexiones del Reverendo Warren. Aunque ya sabe Ud. cual es mi posición al respecto. Por ejemplo, ahora estoy releyendo, con sumo gusto, ciertas páginas de "El espejismo de Dios", de Richard Dawkins. Por citar sólo uno entre muchos de igual nivel de calidad. Lo encuentro más gustoso y sugerente que, por ejemplo, la Biblia (dicho sea con todos los respetos); qué quiere que le diga; y de él emana una sabiduría profunda que es como la sal de la vida.

    Reciba, Sr. Nesalem, un cordial saludo. Y gracias por rescatar y ofrecer a los lectores actuales las polvorientas reflexiones del Reverendo Warren.

    Runand

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  2. No sé por qué la gente es muy reacia a escribir comentarios. Hay bastante gente que lee este blog con cierta rutina y son gente variada, pero seguir un diálogo o entrar en una controversia civilizada cuesta mucho. O bien la gente se lo toma muy en serio, o como un desafío personal o como si se lo jugara todo en ello. Es algo muy extraño. Los hay que me dicen por e-mail que nunca discuten por Internet por norma. Otros que eso de participar en un blog es algo que no les va. Otros que participan una vez pero se acabó plim, plom y no sé sabe por qué después de haber dejado algo interesante que luego queda en inconcluso. Otros por estar muy ocupados.

    Yo creo que hay una cosa: hay miedo a dialogar, a polemizar, a intercambiar opiniones, etc.. Lo que debería ser un placer, para muchos debe de ser un auténtico calvario. Debemos ser gente muy rara a los que nos gusta polemizar. O quizás hay otros foros mucho más interesantes que este.

    Qué sé yo.

    Un saludo y ya le contestaré Sr. Runand.

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  3. En la viña del Señor hay especímenes de toda clase y condición: polemistas, observadores, muy habladores, muy oyentes, y naturalmente, todo lo contrario. No se puede pretender que todos seamos iguales, o tengamos el mismo tiempo o disposición.

    Un foro cumple con su misión si es visitado, leído y seguido por un número razonable de personas, aunque no todas pertenezcan al grupo de los polemistas. Los que se limitan a leer, escuchar, y por supuesto aprender, participan igualmente del mismo, y no necesariamente con menos aprovechamiento que los más participativos.

    Yo, por ejemplo soy uno de los me acuso de no tener tiempo, no estoy orgullos de ello, pero es mi realidad. Veo y leo lo que los demás dicen, y sinceramente creo que es una forma de participar igualmente válida. Así que la queja, por la poca participación activa, si bien la comprendo, no la comparto como se puede ver.

    AZOR

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  4. Azor:

    Hay una cita de Schopenhauer que conocía, pero no supe aplicar en este caso de debilidad humana:

    "Lo que uno 'vale' para los demás es el reflejo de mi existencia en los ojos del otro, algo sobre lo que ejerzo la mínima influencia. Si esperamos la felicidad por ese lado, estamos construyendo sobre arenas movedizas. Puede sucedernos además facilmente, al querer ser algo para los demás, que lleguemos a perdernos."

    Un saludo,

    Nesalem

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  5. Runand:

    Yo tengo ese libro de Hawkings y lo encuentro muy simplón. Hace una caricatura de la religión que me resulta muy superficial. Nada tengo que objetar a la ciencia y su método (aunque la epistemología de la ciencia es muy variopinta hoy día). El libro de Mark. C. Taylor que anuncio en el epígrafe de arriba es valiosísimo en el estudio de la religión cristiana y protestante y sus fuertes conotaciones en la cultura occidental, no solo religiosa; sino en muchas facetas de la vida. Es un libro de mucha erudicción, con capítulos muy minuciosos sobre la filosofía y epistemología de los grandes folósofos de Occidente. Muy concienzudo en su estudio de la evolución religiosa, los mitos y sus contextos sociales, etc.; la configuración y desplazamientos de la conciencia que configura la fe religiosa, etc.

    Es un libro que le recomiendo leer. Sumo placer de lectura. Altas cotas de satisfacción intelectual. Luego haga la comparación con Dawkins

    Un saludo,

    Nesalem

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  6. He leído, Sr. Nesalem, la introducción del libro de Mark C Taylor en Internet; me parece que, como Ud. dice, el libro promete y parece ser muy interesante. No otra cosa podría esperarse de la erudición del autor y da la adustez y severidad de ese rostro. Prometo comprarlo en la primera ocasión y sumergirme en su lectura.

    En cuanto a compararlo con el libro de Dawkins, me temo que difícilmente se podrá hacer, puesto que tratan de asuntos diferentes. Taylor habla, por lo que parece, de la sorprendente influencia histórica de la religión, de su sociología y de la influencia que ejerció y ejerce en el pensamiento occidental, en las formas de vida y en el nacimiento de la modernidad y sus ideologías. Parece un tratamiento historicista de corte filosófico y sociológoco. Por su parte Dawkins, en mi opinión, se centra en el núcleo duro de las religiones, en la crítica de sus enunciados sobre la existencia de dioses, de almas y de mundos espirituales. Va más al meollo filosófico de la cuestión religiosa. Con otras muchas consideraciones de orden sociológico, algunas bastante sorprendentes.

    Bueno, lo dicho: ya leeré a Mark Taylor y después hablaremos. Comparto con él una idea importante: desde tiempos muy remotos, siempre pensé que el nacimiento de las libertades modernas y del espíritu crítico-científico arranca, efectivamente, de la rebelión de Lutero.

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