13 diciembre, 2010

LOS MITOS DE LA DEMOCRACIA

En el epígrafe sobre Assange y el fascismo socialista un comentario de un tal Runand "epató le bourgeois" con sus observaciones sobre el pueblo burro que es incapaz de pensar con cierta lógica. Intentaremos analizar la democracia de esta manera. 

La democracia permite la conjugación de mitos, que no de la razón. Si la democracia liberal es lo menos malo que nos ha ocurrido como forma de gobierno, lo es, precisamente, porque en ella los diferentes mitos colectivos e individuales se pueden conjugar en forma de voto universal. El fascismo y el comunismo constituyen estados que imponen un único mito válido en guerra permanente contra la sociedad civil. Esta acaba disuelta en el Estado bajo el paradigma del mito de la Raza, la Sangre o la Patria; o, también la Dictadura del Proletariado camino del Paraíso Comunista. En una democracia los mitos gozan de libre circulación y expresión, pero no todos los mitos tienen cabida en el gobierno del Estado-Nación.

Considerando el mercado como una ley universal de equivalencias o intercambio de valor, los mitos políticos en democracia se dividen básicamente en dos: a) los que enfatizan el reparto de riqueza. b) los que enfatizan la producción de riqueza. Los primeros corresponden a las ideologías de izquierdas. Son los mitos de una sociedad solidaria e igualitaria basada en el reparto y el gasto público planificado por el Estado. En el segundo caso son los mitos más enfocados en el esfuerzo e inteligencia individual, una moral universal basada en la disciplina, en el ahorro e inversión, en los méritos personales para avanzar y progresar.

Es así que los mitos progresistas y socialistas se basan en la actualización del mito básico del Paraíso del Edén o los Nuevos Cielos y Nueva Tierra de la tradición milenarista cristiana donde habrá igualdad absoluta y libertad sin restricciones. Es un mito de raíz judeo-cristiana, que también corresponde con los Campos Elíseos griegos y que el marxismo hizo encarnarse en la Historia a través del comunismo. Es un mito primigenio muy poderoso por los anhelos y esperanzas que despierta en un mundo cuajado de injusticias y de sufrimientos. Los mitos de la derecha están más enfocados en la familia ideal, en los paraísos trascendentes a los que se llega por medio de una vida moral recta y la acumulación de méritos. Más prosaicos son ya las actualizaciones de estos mitos en el beneficio individual, en la propiedad privada como arquetipo de la eficiencia, etc.

Los partidos políticos son muy conscientes de cómo han de movilizar esta fuerza del mito. El mito habla a las emociones, canaliza las energías anímicas en función de representaciones idealizadas de la vida. Somete las necesidades políticas, sociales, económicas e individuales a una razón superior colectiva que representa la Nación Próspera, el Estado de Bienestar, el Socialismo, el lado correcto o incorrecto de la Historia, etc.

Es por ello que la democracia liberal o socialdemócrata constituye la prerrogativa del voto individual en función de lo que piensa o siente cada uno. Esa es hasta ahora la máxima expresión de libertad individual y participación colectiva en el destino de un Estado-Nación. No espera que el voto se base en el razonamiento acertado o en el conocimiento empírico más objetivo que puedan obtener las personas. No es mucha la gente que vota en función de una objetividad basada en un análisis concienzudo de la realidad. Poca gente dispone de ese tiempo. El voto se basa, además de intereses concretos, en la intuición, en el sentimiento, en la capacidad de persuasión de los mensajes basados en los mitos respectivos.

1 comentario:

  1. Yo a veces pienso en un sistema tecnocrático que se ocupe de nosotros, del gobierno, de las cosas que requieren expertos. Nosotros, los ciudadanos de a pie, no tenemos porque meternos en cosas que no entendemos y si las tocamos las estropeamos.

    K.

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