Aceptar tal cosa nos llevaría a aceptar la existencia del espíritu en nosotros o de un alma única e incondicionada desde donde podamos ser absolutamente responsables y objetivos. Aun si hubiera interferencias, estas siempre se tendrían que rendir a la suprema claridad de lo que es en sí absolutamente transparente y objetivo consigo mismo y con la realidad. Seríamos absolutamente libres y en esa libertad el mal, la ignorancia, la mentira, etc.; jamás tendría posibilidad de imponerse o distorsionar o deformar. Ante lo absolutamente transparente toda duda se disipa al instante. Pero ¿podríamos llamar a eso libertad? Bueno, todo depende cómo queramos definir el concepto de libertad. En este caso sería la libertad pura que disfruta de total transparencia hacía sí misma y hacia el mundo. Estamos hablando de soberanía absoluta sobre toda realidad. Pero entonces ese yo-esencia e incondicionado acabaría siendo una nada absoluta. No habría posibilidad de existencia alguna. Se autodisolvería en sí mismo, en su mismedad o absoluta transparencia.
No hay posibilidad de que la conciencia humana llegue a un conocimiento objetivo absoluto. Y si eso no es
posible, todo conocimiento es
siempre provisional y en función de algún condicionamiento, interferencia,
prejuicio, emoción, interés afectivo; necesidad existencial, etc. Pero eso nos
llevaría a un absoluto relativismo. En realidad la realidad sería siempre pura
conveniencia por mucha razón y lógica que se utilizara como herramienta. No
habría manera nunca de establecer una pureza y transparencia absolutamente objetiva.
No habría manera de establecer criterios de verdad que no fuesen siempre
criterios de conveniencia por mucha trascendencia o justificación lógica que se
les diera. Una inyección de penicilina me cura esta enfermedad en este momento concreto,
pero jamás puedo estar seguro de que la penicilina me va a curar en el futuro. La
relación enfermedad-penicilina no es una relación absoluta y eterna. Todo es provisional e impermanente y en relación con un espacio-tiempo concreto (Hume).
El yo es un ente cambiante, impermanente, perecedero. Y ….¡atención!:
el yo desde el momento que es mortal ya está atravesado por la nada absoluta; quizás sustentado en esa nada
absoluta de transparencia absoluta que curiosamente lo contiene y lo abarca. Eso
quiere decir que toda la realidad aparente, que todos los fenómenos del mundo
están ya contenidos y constituidos en esa nada absoluta. ¿Qué deducimos de todo
esto, ladies and gentlemen? ¿Qué broma es esta?







