10 mayo, 2011

LA ESENCIA DEL JUDEO-CRISTIANISMO

La religión más pura y sencilla se resume en tres cosas:

1) Una fe absoluta en Dios que no depende de las contingencias humanas, sino de la voluntad del mismo Dios.
2) Una ética universal basada en la Torá: no asesinarás o matarás salvo en caso de imperativa autodefensa, no engañarás, no robarás, no desearás lo que tiene tu prójimo, etc.,
3) Una dedicación al trabajo en función de un mercado que actúa como una ley universal.

Esa es la esencia de la vida religiosa judeo-cristiana.

Es una fe para vivir en esta tierra con cierto éxito económico: la pobreza es un mal que surge del desequilibrio moral. En Jesucristo no hay una alabanza de la pobreza como virtud, sino como denuncia de algo que no funciona: la falta de fe y carencia de moral basada en la Torá.

Entonces:

La vida se vive con plena y absoluta confianza en un Dios que, pase lo que pase, siempre está ahí: sus señales están ahí en la obra de la naturaleza, en la materia, en las plantas, los animales, los cielos, el mar, la física nuclear, etc.

Pero la Historia es el desarrollo de las leyes del mercado en conjunción con una ética y moral desarrollada en función de la Torá universal. Ese sería el desarrollo óptimo de la Historia. Pero la Historia, en la práctica, es la confluencia de muchos factores que hacen posible; o menos posible, o imposible, el desarrollo del mercado; y, por lo tanto surge la pobreza, la opresión, la ignorancia, etc. O, por otro lado, un mercado sin ética alguna, sin reglas de juego claras, sin una moral asumida por todos; conlleva a la miseria de muchos y el poder de unos pocos.

El mercado conlleva el desarrollo de la ciencia, de las fuerzas productivas, del pensamiento, de la investigación; de una vida decentemente igualitaria, pero basada en los méritos y valores individuales.

El judeo-cristianismo es, en esencia, una religión pensada para vivir y prosperar en la tierra.

1 comentario:

  1. BREVE CRÍTICA AL PROFETISMO JUDÍO DEL ANTIGUO TESTAMENTO: La relación entre la fe y la razón expuesta parabolicamente por Cristo al ciego de nacimiento (Juan IX, 39), nos enseña la necesidad del raciocinio para hacer juicio justo de nuestras creencias, a fin de disolver las falsas certezas de la fe que nos hacen ciegos a la verdad mediante el discernimiento de los textos bíblicos. Lo cual nos exige criticar el profetismo judío o revelación para indagar “si es verdad o es mentira” que los textos bíblicos son palabra de Dios. Enmarcado la crítica en el fenómeno espiritual de la trasformación humana y, las ciencias y técnicas que nos ayudan a desarrollarnos espiritualmente. Abordado por la doctrina y la teoría de la trascendencia humana, conceptualizadas por los filósofos griegos y los místicos hindúes. Sabiduría védica instruida por Buda e ilustrada por Cristo, la cual concuerda con los planteamientos de la filosofía clásica y moderna, y las respuestas que la ciencia ha dado a los planteamientos trascendentales: (psicología, psicoterapia, logoterápia, desarrollo humano, etc.). Utilizando los principios universales del saber filosófico y espiritual como tabla rasa, a fin de deslindar y hacer objetivo lo “que es” o “no es” del mundo del espíritu. Método o criterio que nos ayuda a discernir objetivamente __la verdad o el error en los textos bíblicos analizando los diferentes aspectos y características que integran la triada preteológica: (la fenomenología, la explicación y la aplicación, del encuentro cercano escritos en los textos bíblicos). Vg: la conducta de los profetas mayores (Abraham y Moisés), no es la conducta de los místicos; la directriz del pensamiento de Abraham, es el deseo intenso de llegar a tener una descendencia numerosísima y llegar a ser un país rico como el de Ur, deseo intenso y obsesivo que es opuesto al despego de las cosas materiales que orienta a los místicos; es por ello, que la respuestas del dios de Abraham son alucinaciones contestatarias de los deseos del patriarca, y no tienen nada que ver con el mundo del espíritu. La directriz del pensamiento de Moisés, es la existencia de Israel entre la naciones a fin de llegar a ser la principal de todas, que es opuesta a la directriz de vida eterna o existencia después de la vida que orienta el pensamiento místico (Vg: la moradas celestiales, la salvación o perdición eterna a causa del bien o mal de nuestras obras en el juicio final de nuestra vida terrenal, abordadas por Cristo); el encuentro cercano descrito por Moisés en la zarza ardiente describe el fuego fatuo; el pie del rayo que pasa por el altar erigido por Moisés en el Monte Horeb, describe un fenómeno meteorológico; el pacto del Sinaí o mito fundacional de Israel como nación entre las naciones por voluntad divina a fin de santificar sus ancestros, su pueblo, su territorio, Jerusalén, el templo y la Torah; descripciones que no corresponden al encuentro cercano expresado por Cristo al experimentar la común unión: “El Padre y Yo, somos una misma cosa”, la cual coincide con la descrita por los místicos iluminados. Las leyes de la guerra dictadas por Moisés en el Deuteronomio causales del despojo, exterminio y sometimiento de las doce tribus cananeas y del actual genocidio del pueblo palestino, hacen evidente la ideología racista, criminal y genocida serial que sigue el pueblo judío desde tiempos bíblicos hasta hoy en día, conducta opuesta a la doctrina de la no violencia enseñada por Cristo __ Discernimiento que nos aporta las suficientes pruebas objetivas de juicio que nos dan la certeza que el profetismo judío o revelación bíblica, es un semillero del mal OPUESTO A LAS ENSEÑANZAS DE CRISTO, ya que en lugar de sanar y prevenir las enfermedades del alma para desarrollarnos espiritualmente, enerva a sus seguidores provocándoles: alucinaciones, estulticia, delirios, histeria y paranoia; propiciando la bibliolatría, el fanatismo, la intolerancia, el puritanismo hipócrita, el sectarismo, e impidiendo su desarrollo espiritual.

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