13 febrero, 2016

SACRAMENTUM: NO APTO PARA TODOS LOS PÚBLICOS

El momento sacramental es el desprendimiento de cualquier significante conceptual, cualquier trascendencia reguladora, cualquier imperativo moral discursivo, cualquier mirada de dominio; del yo mando, del yo tengo la razón, del yo soy quien sabe. El momento sacramental es el momento en sí como mundo propio que se explora a sí mismo en sus pliegues y repliegues; sus afectos y sensaciones; sus objetos en un orden maquínico de canalización de intensidades
dispersas en cada una de sus piezas y cada pieza es centro en relación con las demás y cada partícula es centro respecto a todas las demás y cada flujo de partículas circula en un plano de absoluta igualdad en ese momento.

El momento sacramental es la gracia produciendo realidad a cada instante; nueva realidad, nueva creación, nuevos afectos de diversos colores, de diversas tonalidades: oscuras, absorbentes; pero también claridad y apertura y en las oscuridades nunca cesa la seguridad de una pertenencia absoluta a eso que va más allá de los sentidos, del cerebro, del sistema nervioso: D-ós. Has dejado de conceptualizar a D-ós, vives la experiencia de D-ós: es eso. Los discursos se transforman en pura realidad material y lo material es eso que los sentidos pueden captar y las intuiciones internas producir en formas incorpóreas o incorporales.
Los cristianos se han olvidado de la sacramentalidad. Han reducido la sacramentalidad a una cosificación manipulable y mágica. Pero la sacramentalidad es la gracia en su plena manifestación bajo la forma material, la forma afectiva, sensorial e incorporal.

29 enero, 2016

LO MATERIAL Y LO INCORPORAL

El sentir es material. Las emociones son materiales aunque todo ello es incorporal. Es material todo aquello que logra existir. Lo que no existe no se concibe de ninguna manera, es pura nada inexistente. Cualquier pasión, cualquier emoción, cualquier sueño tiene su propia realidad como sueño encuadrado en su propia estructura y en su momento y en sus efectos. Los efectos de un sueño son
palpables por los sentidos, por el cerebro, por la mente y se traduce en sensaciones o sentidos de tristeza, alegría, angustia, miedo, etc.. Cualquier fantasía, cualquier delirio, cualquier visión tiene sentido y materialidad y por ello sus efectos. Y sus efectos pueden ser visibles para los demás, materializarse a los sentidos de los demás, hacerse común. Algunas ideas sólo pueden existir en la mente de alguien, aunque puede, ese alguien, tratar de explicarlas, de comunicarlas sin éxito o de un modo parcial; siempre dejando algo, siempre inalcanzable. Todo el mundo vive parte de su subjetividad de un modo inalcanzable, de un modo extraviado; de un modo alocado, laberíntico. No todo lo incorporal logra materializarse como elemento comunicable y entonces pedimos, suplicamos por el arte, por la literatura, por una buena película, por una buena conversación, por un acto de amor; mezclarnos con una sinfonía y perdernos en un paisaje. O, por otro lado, los terrores de la vida ante la muerte, el sufrimiento, la tortura, la crueldad más despiadada machacando la inocencia ... las virulencias y violencias de la naturaleza.
Esas ideas, esos sentimientos o pasiones que no pueden ser objetivables o expresables, comunicables
de alguna manera; a veces encuentran un punto común de significación bajo leyes propias de la incorporeidad; de la espiritualidad; leyes incorporales o espirituales que regulan los sentimientos, las pasiones, los sueños, las reminiscencias.
Quien tiene la suerte de encontrar ese punto o puntos de significación incorporal y ser guiado a las promesas espirituales de una materialidad existente e infinita y eterna, entonces ha encontrado a D-os: esos símbolos de consistencia, de sacramentalidad que fijan y regulan y dan seguridad y certeza. Hay rostros visibles dentro de la invisibilidad incorporal: cuerpos que viven en plena libertada dentro de su incorporalidad.

13 enero, 2016

PERO, EN REALIDAD, ¿QUIÉNES SOMOS?

Me senté a tomar un café en una cafetería de aquel pueblo. Cuando me puse a beber el primer sorbo alguien se había sentado en frente de mí. "Hola, soy yo", me dijo. Era una mujer de rostro fresco y radiante. Afuera llovía y hacía frío. Empezaba a oscurecer. No sabía qué responderle. En realidad no suelen ocurrir estas cosas. Recorrí la mirada por todo el café medio vacío y la mujer seguía allí
mirándome fijamente. Vi que le saltaban las lágrimas y de repente me cogía las manos entrelazándolas con las mías. Ella sonreía, pero era una sonrisa extraña. El café se oscurecía y afuera la lluvia se convertía en tormenta torrencial. Me di cuenta que las manos de la mujer estaban frías, demasiado frías. Un hombre de gruesa barba y de estatura media se acercó bruscamente e hizo levantarse a la mujer. Sentí miedo. El hombre cogió a la mujer por el brazo y se la llevó casi a empellones. Abrió la puerta y los dos se perdieron en la noche fría y tormentosa.
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Miré el periódico y las noticias me resultaban aburridas. Las fotos ilustraban algo que no lograban centrar mi atención. La televisión intentaba captar audiencias con algún programa trivial. Acabé mi Coca Cola, enrollé el periódico y salí del recinto de la cafetería del centro comercial. Al no ver más utilidad a aquel rollo de papel impreso lo tiré en la primer papelera que encontré. Había poca gente. Alguien me llamó desde lejos y me di cuenta que era Clamodio Rismartano. En realidad Clamodio era la última persona a la que aspiraba ver en ese momento, pero la vida es así. Era un hombre pequeño de estatura y muy delgado. Tenía cara de roedor y hablaba muy despacio. Me dijo que se alegraba de verme y me preguntó que qué opinaba de las últimas elecciones. Yo repasé las últimas elecciones que había hecho en los dos últimos días de mi vida y me parecían de lo más común e insustancial. Pero mi respuesta fue breve. "He perdido el interés por la política. No creo que la política vaya a salvar el mundo amigo Clamodio", Pero él pareció no oírme y al punto me respondió algo con efusivo entusiasmo sobre la Gran Ilusión que se
había creado en el país con el avance del Partido X. "Las cosas ahora sí que van a cambiar", me dijo. Yo le pregunté que cómo estaba su padre, pues sabía que había estado en el hospital recientemente. Me respondió que bien. Entonces miró el móvil y me dijo que tenía que dejarme pues su mujer lo estaba esperando en una tienda según el último wasap. "A ver si tomamos un café uno de estos días", me insinuó al tiempo que se alejaba disimulando prisa. Miré el reloj y eran todavía las 6 de la tarde. Me dirigí entonces a la librería a ver los últimos títulos.
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Habíamos logrado atravesar el bosque chamuscado. Luego subimos la colina. Desde la cota más alta se veía el valle frondoso de Urmal. No nos quedaban muchos víveres y era imperativo encontrar una aldea cuanto antes. Los niños estaban cansados. Pronto descendería la temperatura y el hambre comenzaría a aguzar. Mi mujer, Albi, se cubrió con el abrigo que le había regalado las últimas navidades. Todo había ocurrido muy deprisa. Por suerte habíamos huido a tiempo, pero el futuro era muy incierto. 
       

28 diciembre, 2015

QUIZÁS SEA HORA DE TOMARSE UNA CERVECITA

Si has estado toda tu vida dentro de una prisión sin haber jamás percibido la existencia de un afuera de esa prisión, entonces no podrías jamás saber si esa vida que has llevado era la vida de un
prisionero y no la de una persona diferente con otras posibilidades de vida. No habría posibilidad de un punto de vista desde el cual percibir ambas realidades y por lo tanto de efectuar un juicio cuantitativo o cualitativo de las dos. Todo tu mundo habría quedado inscrito en la realidad de tu prisión. Todas las variables de espacios y tiempos y sus consiguientes estados de ánimo pertenecerían a tal mundo-prisión. No habría posibilidad de Trascendencia de tal mundo. Todo sería inmanente a tal prisión y comprensible en función del mismo.
¿Podríamos extrapolar nuestra ficción a nuestro mundo/universo/cosmos? Toda filosofía o doctrina inmanentista o monista nos reduciría a tal prisión cósmica y por mucha trascendencia que reclamáramos como metafísicos idealistas o personas de religión, para ellos siempre estarían circunscritas a las multitudes formas de pensar y de construir pensamiento; y todo ello jamás podría probar provenir de otra esfera que no sea la de nuestro cosmos. Reducible, siempre, en última instancia a paradigmas de percepción o experiencia humana. Jamás, entonces, dirían nuestros inmanentistas/monistas, podremos percibir un afuera de este universo y todo "afuera" que reclamemos como posibilidad es ya en sí un concepto reducible a nuestra experiencia terrenal. Dentro/afuera. ¿Afuera? ¿De qué? No hay tal afuera. Todo demasiado humano. Anhelos demasiado humanos. Ilusiones demasiado humanas.
¿Universo-prisión? Nadie lo puede saber. La pregunta no tiene sentido. Los dioses son humanos. Las fantasías también. Los mitos. Los delirios místicos. El numen y las hierofanías  y los estados de
gracia. Todo. Cualquier trascendencia--valores éticos/morales incluidos-- ha de ser comprendidos dentro de la inmanencia y los medios reales de liberación han de apelar a la política como acción y reactivación de lo hasta entonces natural o divino. La política como la única opción válida de trascendencia en función de categorías sociales, económicas, científicas...
¿Es así? He aquí nuestro universo actual, nuestro mundo, nuestra vida.   
Algo se rebela dentro de mí. Hay un algo tan infinitamente profundo que se rebela dentro de mí y me llama a realidades de pura intuición, de posibilidad de poner entre paréntesis toda inmanencia y saltar a los vacíos insondables. ¿De qué? ¿Desde dónde mira usted, caballero? Oiga, ¿no cree que ya es hora de tomarse una cervecita? La verdad mete usted un poco de miedo.

13 diciembre, 2015

NUESTRA ETERNA VIDA COTIDIANA Y PROFANA

Cómo componer un cuento de Navidad es difícil. Tienes que descubrir la idea. Siquiera una idea con la que comenzar, pero la mente no está siempre en clave de inspiración o descubrimiento. Muchas veces la mente está llena de chatarra: de ideas ya usadas y repetidas, de influencias que ejercen los hechos más cercanos, o las noticias de los periódicos, o la cháchara que va y viene con cosas superficiales, inesenciales. O el efecto que producen lo prosaico y cotidiano y,
desde luego, en esos territorios no parece entrar la luz del espíritu ni por casualidad. ¿O sí? ¿Y si el secreto de la vida está en esa cotidianeidad, en esa rutina, en ese desgaste y roce con las personas normales y corrientes? Desde luego la vida transcurre en su mayor parte en esa dimensión de lo aparentemente gris; de nuestro trabajo con sus dolores de cabeza y alguna que otra satisfacción, pero siempre más de lo primero que de lo segundo. Esas conversaciones donde salen a relucir los sucesos y las ideas instantáneas y esporádicas a medio expresar o a medio comprender, o sin comprender, pero que hay que hablar y mucha gente hablamos por hablar sin importar mucho cómo se habla o qué se dice y por qué se dice porque lo que importa es hablar para mostrar que estamos vivos. Ahí, en esa cotidianeidad, se escenifican el "ellos" y el "nosotros" y el "ellos" es un enemigo siempre al acecho que nos roba, nos engaña, nos hace la puñeta de alguna manera; y por otro lado el "nosotros" de la justicia, de la equidad, de las buenas intenciones a veces malinterpretadas, mal comprendidas, distorsionadas, pero siempre buenas intenciones y amor a la verdad y a la honradez. !Faltaría más! Alguien decía que el mal nunca se hacía como mal, sino como bien necesario o viceversa. Lo malo y lo bueno quedan indiferenciados en el mundo de lo prosaico: la sustancia de lo cotidiano es una mezcolanza de
cháchara que va y que viene; de gente que aparece y desaparece y dice, hace, gasta una broma, refunfuña, mira, desea, se aburre; hay humor o mal humor. Mi cuento de Navidad no logra salir a la superficie. Estoy envuelto en la dimensión de lo prosaico y no soy capaz de salir de ello, ni tampoco transformarlo o transmutarlo en algo que brille con su magia propia. Pero descubro que todo el mundo tiende hacia esa normalidad corriente y moliente; y, hasta el mismo mundo natural se mueve en esa rutina y aspira a permanecer en ella el mayor tiempo posible. Las crisis, las tragedias, los momentos excepcionales de las alegrías; las catástrofes, las guerras, los milagros y portentos a veces nos sacuden y nos producen extraños corrimientos, desplazamientos, y desfamiliarizaciones; pero son paréntesis, destellos, aperturas que duran lo necesario para seguir aspirando y anhelando el ir y venir diario y cotidiano: mecánico, rutinarios, gris, prosaico... No he logrado producir mi cuento de Navidad por ahora. 

28 noviembre, 2015

EL MERCADO DE LOS SENTIDOS

CUADERNO DE NOTAS DE RIEMES LUSTRAMONDO (Sacadas de un archivo de su ordenador del siglo XXI).

Nos toca vivir en el espectro de la vida. Existo. Simplemente existo. Aunque existencia y esencia podría ser la misma cosa y entonces la vida sería pura univocidad aun a pesar de
no comprenderla con el pensamiento y no saber jamás llegar a representarla ni con la pura razón ni con la pura imaginación. Todo espectro. Siempre un rostro que quisieras conocer a fondo en su pura verdad hasta agotarlo y entonces desapareces o te fundes en el inmenso mar cósmico. Pero aunque sabes que jamás llegarás a descubrir el rostro que ansías en su plena intensidad, en su escondido secreto, en su sancta sanctorum; sin embargo el peregrinaje sigue en muchas direcciones y en el peregrinaje está la esencia de la vida misma. Cuerpo y pensamiento. Materia y espíritu.

A veces el rostro se hace duro, opaco. Y no sabes el por qué. Puede ser el rostro de la indiferencia, pero también el del odio y el rechazo. O también ese rostro que disimula, que se hace resbalar, que tiene miedo. Hay muchos rostros que tienen miedo y desconfían. Se cierran, se repliegan y jamás te hacen llegar una señal de amistad, de visiones comunes, de territorios compartidos. Hay caminos por los que uno se ha metido que ha de volver a reandar. Son caminos falsos que no llevan a ningún sitio y hay que volver a la bifurcación y preguntarse el por qué de tal error. Pero la vida está llena de tales bifurcaciones. Algunas son fatales. No todos los rostros combinan de la misma manera y las malas mezclas producen veneno. Los caminos difíciles se pueden estrechar hasta estrangularnos si hemos escogido mal acompañante. ¿Quién ha creado este cosmos? ¿Qué es este mundo? Silencio. La ciencia explica, pero no comprende el sentido. Sinsentido. Búscate un sentido.

Se venden sentidos, Este es el mercado de los sentidos. Oiga, le vendo una religión. ¿Acaso una secta que todo lo explica interpretando un Libro? ¿Una buena filosofía? Oiga, tengo materialismos, existencialismos, idealismos, empirismos... ¿Qué desea? Están a
buen precio. ¿Prefiere la exactitud de las matemáticas o de la física o de la lógica? Aquí vendemos arte e imaginación a raudales: piérdase en la música, o en la pintura o en la literatura o en la escultura.... ¿Prefiere una utopía política? ¿Una ideología a la medida? Venga, venga, le tomaremos la medida y le pondremos el cerebro a cien. Oiga, también se venden experiencias disolutas, eróticas, místicas, malignas y pervertidas. pase y vea. Las hay de oferta. Pase y vea.

Es curioso. Siempre hay un referente que se aleja, pero cuanto más se aleja más se acerca y viceversa. Permanente nomadismo, permanente mutación en absoluta soledad. Siempre quise tomar un café con un rostro milagroso en ningún lugar posible.

14 noviembre, 2015

EL MAL QUE NOS TOCA VIVIR O EL DILEMA DEL RELATIVISMO MORAL

El mal. Lo malo. Los efectos del mal. Un estudio del mal nos habría de llevar a un denominador común de efectos en todos los casos donde el mal ejerce, funciona, se
impone, se sitúa; adopta estrategias. ¿Es relativo el mal y el bien? ¿No podemos hablar de mal y bien y sí de lo bueno y lo malo en cada caso concreto? ¿Podemos establecer criterios claros sobre lo bueno y lo malo? ¿Cuáles? Si creemos que los valores morales son siempre relativos a nuestros intereses particulares o colectivos, ya que no hay valores morales naturales ni divinos como entidades o espacios fundacionales; entonces los únicos criterios en que podemos basar nuestra conducta van a ser en función de constructos ideológicos de conveniencia, de necesaria conveniencia. No importa que los hayamos elevado a la categoría de axiomas: Moral política, moral proletaria, moral humanista, del Pueblo, individualista, atea, etc. Desde la perspectiva de la nada cuando mira al algo que ha de ser (re) absorbido por la nada, pues nada tiene valor de nada en sí mismo y en el fondo da lo mismo lo que uno haga. La muerte nos reduce a todos a una igualdad de nadería/olvido absoluto. Puedes ser un Hitler o un Gandhi o un buen hombre o un asesino. En realidad sólo ha de contar el riesgo o el sentimiento de gratificación por ayudar al prójimo sin más. Sin más. Al universo le importa un comino cualquier sentido ético. ¿Es así? Y sin embargo todo el mundo, absolutamente todo el mundo sabe que hay algo monstruoso en torturar a un niño, que hay algo inaceptable cuando se explota a un pobre hombre que ha de mantener una familia, que es insoportable matar impunemente para mantener un estatus o un dominio unilateral sobre los demás. Hay algo insostenible moralmente cuando se dispara indiscriminadamente en nombre de un dios a gente pacífica que toma un café en una cafetería. Pero bajo el punto de vista del terrorista musulmán eso es un deber divino, una obligación moral inexorable. Por Alá se puede matar y matar a gusto. Sólo tiene sentido la indignación moral si es el occidental quien mata. Pero ¿podemos hacer una equivalencia entre las dos perspectivas? ¿Podemos hacer equivalencia entre Churchill y Hitler debido a que los dos habrían de matar para defender diferentes posturas? ¿Cuál es el criterio que los diferencia?

EL HOMBRE QUE LEÍA A HEGEL AL REVÉS

 Este hombre vivía con una mujer taciturna. Los dos habitaban una cabaña fuera de la ciudad. Vivían de su jubilación de maestros de escuela....