24 febrero, 2010

ARQUETIPO

Ahora es una planta. Un árbol. Un arroyo. Una piedra o roca. Algo despierta en mí. Una especie de infancia. Una frescura infantil. Quizás un mundo paralelo que existe ahí fuera de los condicionamientos del quehacer diario. Un mundo paralelo objetivo. Fuera de mí, pero que mi espíritu capta como un concepto puro, como una realidad incontaminada. Y ahí otras vidas acuden, otros escenarios se producen. Una vida paralela que no es nuestro mundo. ¡Qué raro! ¡Qué extraño!

El mundo del concepto. El mundo de una idea eterna que se ha encarnado, pero que sigue ahí como un arquetipo.

De las crónicas de Muley Fernak el explorador.

Para llegar a Reimerakle no hay otra entrada que atravesando las rocas de cuarzo de la montaña de Gtrewq. Y una vez que las atraviesas no creas que Reimerakle merece la pena. Allí hay ángeles, pero también demonios. Al cabo de una hora desearás irte por donde viniste.

Cuando veo que un poblado empieza a ser mi hogar decido irme al día siguiente. Mi relación con los hombres es la de un viajero siempre de paso.


Asombrosa la isla de Gheutyros. La gente ríe y canta en sus praderas y playas de permanente belleza primaveral. Los frutos se recogen con la mano durante todo el año. Las mujeres son hermosas y complacientes. Pero sé que en las montañas de Logerthy los hertopwk se preparan para invadir la isla

(De las crónicas de Muley Fernak el explorador.)

Biblioteca Real

He visitado la biblioteca real del Reino de Klotream. He caminado por las profundas galerías bajo la montaña donde se alza el palacio. El enano que me guía me ha indicado donde están los libros malditos. He tenido tiempo para leer lo que nadie ha debido escribir nunca y menos leer. Llevo 15 días sufriendo náuseas.

Estuve con los nómadas de las estepas de Pytrsd y con ellos comprendí que mi exploración se extendería hasta el infinito. Sabía que ya nunca pararía, que ya nunca llegaría, que siempre habría algo nuevo que ver para luego seguir. Estos nómadas viven buscando a su dios perdido por la infinitud de sus estepas.

Cuando viajaba por el desierto de Zertyowp con la caravana de los Mkiorsd vi a lo lejos a un hombre que caminaba por las dunas.”¿Quién es ese hombre?”, pregunté a Sidmorp, el jefe de la caravana. “No es un hombre”, me respondió,.“es un espejismo deambulante que desconoce su origen. Si te acercas a él desaparece, pero siempre lo verás caminando por estas dunas desde lejos.” Todos echaron una carcajada mientras yo seguía tratando de dar sentido a aquel hombre perdido.

CENTRO COMERCIAL

Me perdí en el centro comercial y entré en pánico. El pánico te hace sentir la angustia en sus extremos. Te conviertes en un ser absolutamente vulnerable y no hay Dios que te haga volver a tus sentidos. Así que corrí como un desesperado ahogándome en mi respiración agitada. ¿A dónde ir? No tenía a dónde ir. Mi infancia había desaparecido y mi juventud había sido una quimera. Mi vida adulta había sido una grandiosa cortina de humo poco a poco diluida en una nada transparente que dejaba ver el aburrimiento permanente de las cosas. Sólo quedaba la vida presente en toda su crueldad y abandono. Estás sólo. Absolutamente sólo y morirás sólo. Seguí corriendo y corriendo. Cruzaba las hileras de ropa, las hileras de comida, de fruta, de cacharros ferreteros, de electrodomésticos y frené en seco cuando llegué a los libros. Libros. ¡¡Horror!!! Ni tan siquiera los libros eran mi refugio. Ya no eran mi refugio. Ya no me servían de ilusión siempre retrasada. Y entonces el pánico me llevó a un paroxismo infernal. Era puro odio, puro mal, puro demonio. Me convertía en un ser humano cabrón, maligno, un asesino de masas extremadamente peligroso; un chulo fascista capaz de crear el Estado Monstruo Absoluto o un estalinista frío con las manos ahogadas en sangre burguesa sin sentimiento alguno de nada: frío, vacío, cruel sin sentimiento alguno de crueldad. Me sentí como un reptil ponzoñoso y comencé a deslizarme por los pasillos ante el horror y consternación del centro comercial. Necesitaba un espejo, necesitaba un espejo, necesitaba verme reflejado en algo o en alguien … y entonces vi que un niño gordinflón me tiraba de las orejas y me empezaba a dar patadas. “Mamá, mamá, mira que bicho más feo!!” gritaba el infante sin dejar de darme patadas en mi pellejo.

(de la vida de Wyttalsky Deandronskiorty)

Odio Apache

Venía de muy lejos. Su mula estaba reseca de sed. Él apenas lograba respirar de agotamiento. En el centro del pueblo estaba el pozo, pero cuando ya mero estaban cerquita del pozo un disparo los dejó quietos. La mula ya conocía las detonaciones mortales y no rechistó. Él ya sabía que entre la vida y la muerte podía haber nada más que un instante. Siguieron quietos y un segundo disparo silbó cerca de sus oídos.
― ¿Qué de la chingada quiere usted? ― dijo él con voz indecisa pero dispuesto a acabar con el misterio.
No hubo respuesta.
Otro disparo se hundió cerca de sus raídas botas. El sol aplastaba sin piedad y el pozo de agua fresca estaba tan solo a unos pocos metros.
― ¿Cuánta lana quiere usted por un traguito mi cuate? ― gritó esta vez.
De repente, delante de él y su mula; apareció una mujer de rasgos indios, posiblemente apache jicarilla, con un rifle de repetición. La india se le quedó mirando con sus ojos negros, vivos y profundos. El rifle apuntaba a su cara.
― Ay, pues, que la chingada, ¿eres tú? ¿Mi chaparrita? No te has olvidado de tu hombre, ya veo. ― La sed lo corroía y no estaba seguro si podría sostenerse en pie un minuto más. La mula echaba espumarajos de rabiosa sed.
La india entonces se acercó a él y con la culata del rifle le dio un golpe seco con todas sus fuerzas en la entrepierna. Él sintió un dolor tan vivo que no tuvo más remedio que desmayarse. La mula seguía quieta.
Y seguidamente la india se fue. Los rayos del sol eran mortales y él estaba allí espatarrado.
La mula decidió, entonces, ir al pozo para que algún niño del pueblo le diera de ver.

Hay odios que nunca se olvidan y esperan los años que sean necesarios.

NIEVE EN CANON BULL DESERT

Es espectacular cuando nieva en el desierto. Ocurre dos veces cada cien años, pero ocurre. Mark Olsen lograba llegar a Larita Ranch aquel día en que la nieve cubría la desolación de Canon Bull Desert. Su mula estaba casi congelada y casi seguro que la habría de matarla en cualquier momento. En Larita Ranch la gente bebía café y hablaba del futuro de la zona cuando el ferrocarril cruzase el desierto y las praderas del estado. Mark Olsen pidió un güisqui en la cantina y escupió con desagrado en la cubeta. Tenía barba de varios días y olía a demonios. Bebió el güisqui de un trago y de repente descubrió su imagen en el espejo colgado de la pared interior del mostrador. “¡Joder! Cada vez soy más viejo y más pendejo. Es hora de retirarme y buscar una mujer.” Fue en ese momento cuando oyó que alguien le llamaba. Dio la vuelta y vio la figura de Sam Gordon con el pelo cubierto de nieve y con su revólver apuntándole: “¡Hijo de Satanás!” dijo para sí Mark Olsen, “has cruzado el puñetero desierto bajo la nieve para matarme. Llevo media vida huyendo de ti y al final tendremos que enfrentarnos en Larita Ranch.” Nada más de acabar de pensar en ello se dio cuenta que deliraba. Sintió terribles escalofríos que lo lanzaron a pedir más güisqui. Tenía fiebre muy alta. La angustia que sentía era mortal: frío, el frío que le había calado hasta los huesos lo consumía sin piedad.

Despertó en una mullida cama débil y todavía febril. Por la ventana se podía ver un paisaje de hermosura blanca brillando bajo el sol. Bella Martínez seguía poniéndole paños fríos en la frente, pero el corazón de Mark ya sentía calor y fuerzas para seguir viviendo. Bella Martínez no se había olvidado de él y de los pocos momentos en que supo amarla. “Tienes que quedarte por unos días. No puedes irte de nuevo con esta nevada y este frío tan horrible.” Dijo Bella. Mark asintió y su cara pelada sonrió. Sabía que esta vez habría de quedarse para siempre.

(Las crónicas de Mark Murphy a través del Oeste, recopiladas por Vital-ek)

NUESTRAS HERMANAS MULETAS

Era evidente que ya estaba acostumbrado a mis muletas. Ya no podía pasar sin ellas. Mi cuerpo se había hecho a las muletas y ellas me lo agradecían. Las muletas ayudan a apoyarse y funcionar cuando los meniscos están triturados, pero hay que seguir unas pautas de vida diferentes; hay que aprender a vivir en cámara lenta, despacio, muy despacio y paso a paso. Nada de prisas porque entonces todo se complica y las cosas te caen y tropiezas y te desequilibras o te das un trastazo y te agotas pronto haciendo esfuerzos brutales e innecesarios. Las muletas son tus ángeles de la guarda, tus hermanas en el infortunio, tus guías espirituales. Físicamente, por suerte, no siempre necesitamos muletas, pero mentalmente sí. Todos, sin excepción, necesitamos muletas mentales. Todos necesitamos un apoyo externo que nos ayude a comprender la vida y darle algún valor. Hay muletas religiosas, filosóficas, e ideológicas. Y todo el mundo las usamos advertida o inadvertidamente. No hay nadie, absolutamente nadie que no tenga un par de muletas mentales listas para cuando venga el vendaval o la crisis, porque en caso de que esas muletas falten entonces la desesperación puede ser trágica. Siempre que necesitamos cierta seguridad en nosotros mismos recurrimos a nuestras hermanas muletas y las valoramos con amor. ¡Gracias muletas! Una vez más me habéis sostenido.

Hoy me levanto de nuevo con mis muletas físicas para aprender a vivir de otra manera más lenta, más tranquila, más humilde. La calle me espera con mis muletas tan chulas.

EL HOMBRE QUE LEÍA A HEGEL AL REVÉS

 Este hombre vivía con una mujer taciturna. Los dos habitaban una cabaña fuera de la ciudad. Vivían de su jubilación de maestros de escuela....