22 octubre, 2010

ISAAC BASHEVIS SINGER

He aquí algunos extractos de AMOR Y EXILIO de este premio Noblel 1978 de literatura.

Apoyé la cabeza en la almohada y permanecí acostado, sumido en un mudo desconcierto. Yo le había prometido a mi padre que en Varsovia me comportaría como se esperaba que lo hiciese un judío. Durante mi viaje a la ciudad, incluso encontré relación entre el judaísmo y mi filosofía de la protesta. El judío personificaba la protesta contra las injusticias de la naturaleza y hasta del propio Creador. La naturaleza quería la muerte, y los judíos optaban por la vida; la naturaleza empujaba al libertinaje, y el judío pedía contención; la naturaleza incitaba a la guerra, y el judío, en concreto el judío de la diáspora (el que poseía una mayor formación), buscaba la paz. Los Diez Mandamientos eran por sí mismos una protesta contra las leyes de la naturaleza. El judío había asumido la misión de conquistar a la naturaleza, de embridarla de tal modo que se pusiera al servicio de los Diez Mandamientos. A causa de su enfrentamiento con la naturaleza, esta había despreciado al judío y se había vengado de él. No obstante, la victoria estaba de parte del judío y este no cejaría en su empeño, aunque para ello hubiera de luchar contra Dios. Según el Talmud, incluso una voz procedente del cielo debería desobedecerse si no estuviera del lado de la justicia. Cuando tenía conciencia de que algo era justo, el judío osaba oponerse al mismísimo Todopoderoso …

Estos habían sido mis pensamientos cuando aquellos gamberros del tren ordenaron a los judíos que cantasen Ven, mi amada. La determinación que estos pusieron de manifiesto no pertenecía a este mundo. Esa clase de fuerza sólo anida dentro del judío que observa la Torá, no en el de nuestros días, que sirve la naturaleza como lo hace el gentil y es servil con ella, en la que deposita todas sus esperanzas. …

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Estaba hendido, desgarrado, una especie de cuerpo con muchas almas, cada una de las cuales tiraba en un sentido diferente. Vivía como un libertino y, sin embargo, no cesaba de rezar a Dios, suplicando su misericordia; transgredía todas las leyes del Shulján Aruj al tiempo que leía los libros de la Cábala y la literatura jasídica: había detectado los puntos débiles de los filósofos de fama y de los grandes autores y, no obstante, escribía algo que resultaba ingenuo, torpe, propio de un aficionado. En un momento dado mi potencia era increíble, y de pronto me volvía impotente. Alguna clase de enemigo interior anidaba en mí, o tal vez un dibbuk que hacía lo imposible para fastidiarme y jugaba conmigo al gato y el ratón. Bastaba que leyera acerca de una fobia o una neurosis para que la contrajese. las desgracias que los psiquiatras y neurólogos describían en sus obras me asaltaban, una tras otra, y a menudo todas a la vez. padecía de tuberculosis, tenía cáncer de intestino, un tumor cerebral, y además me estaba volviendo ciego, sordo, paralítico, loco. Era víctima de pesadillas y obsesiones. En mi cerebro algún maniaco pronunciaba palabras desquiciadas que yo era incapaz de silenciar../.. Traté de encontrar en los libros alguna solución a mi aturdimiento (y a todos los enigmas. No dejaba de rebuscar en librerías y bibliotecas, pero casi todos los libros me decepcionaban../.. Los filósofos hacían afirmaciones cuya veracidad no tenían modo de justificar.

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Por muy débil que uno fuese siempre encontraba alguien más débil en quien clavar los colmillos y las garras.

1 comentario:

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