La crónica del sacerdote Pisthos Kjsfrtw encontrada por Walter Raindrow entre los pergaminos abandonados de las eras antiguas de la Gran Biblioteca Real del Reino de Tabrak; después de ser excavada por el equipo de arqueólogos del Gobierno de su Majestad Británico.
"Para que el Dios sea compartido tiene que haber un
territorio común donde muchos podamos compartirlo. Cada religión abre un
territorio donde encontrar a Dios, pero ese
territorio está abierto sólo para aquellos que pasen los ritos secretos de tal religión. Para los demás ese territorio está vedado. Así me di cuenta que ninguna religión me aceptaba salvo que pasara por sus ritos secretos para ser admitido. Yo no disponía de territorio común para compartir y adorar a Dios con otros hombres, pues yo no quería aceptar sus ritos secretos. Así que quise abrir un nuevo territorio común donde todo el mundo pudiera adorar a Dios sin necesidad de ritos secretos. Pero el único territorio común disponible en ese momento era el desierto de Kurtnomp.
territorio está abierto sólo para aquellos que pasen los ritos secretos de tal religión. Para los demás ese territorio está vedado. Así me di cuenta que ninguna religión me aceptaba salvo que pasara por sus ritos secretos para ser admitido. Yo no disponía de territorio común para compartir y adorar a Dios con otros hombres, pues yo no quería aceptar sus ritos secretos. Así que quise abrir un nuevo territorio común donde todo el mundo pudiera adorar a Dios sin necesidad de ritos secretos. Pero el único territorio común disponible en ese momento era el desierto de Kurtnomp.
"Fui al desierto y allí construí un pequeño altar al Dios de
todo el universo. Era un Dios libre para todos aquellos que quisieran adorar a
Dios con libertad, en territorio abierto y sin ritos secretos. Me puse entonces
a adorar a mi Dios Universal al lado de mi pequeño altar en medio del desierto,
pero nadie quería arriesgar su vida para venir a mi territorio abierto, pues nadie
podía salir de los otros territorios comunes de adoración a su Dios Único sin
ser excomulgados y si excomulgados excluidos, y si excluidos muertos a la
sociedad y sin nombre propio. Así que me quedé sólo adorando a mi Dios único y
Universal en el desierto de Kurtnomp, pero veía a muchos mirándome desde las
fronteras de los otros territorios comunes y con ganas de salir y venir a
adorar a mi Único Dios Universal. Pero les era imposible salir. Cada uno estaba
reducido a su Propio Territorio Común de adoración al Dios Único y Universal
bajo juramento de ritos secretos.
"De pronto llegaron las tribus salvajes de los Bhdurwt e
invadieron el desierto de Kurtnomp. Los salvajes de Bhdurwt adoraban a miles de
espíritus en forma de sapo que habitaban en todos los rincones y espacios de la
naturaleza. Cuando vieron mi triste y solitaria figura en frente del altar adorando al Dios Único y Universal
les dio pena de mí, pues además mi Dios era invisible y no entendían por qué
alguien podía adorar a un Dios Único e Invisible. Me tomaron por loco y
siguieron su camino hacia los territorios comunes de los otros Dioses Únicos e
Universales e Invisibles. Pero cuando les fue requerido el rito secreto de
entrada para pasar, ellos entonces mandaron los ritos secretos a tomar vientos y les declararon la guerra sin más. Fueron invadiendo territorio tras territorio y destruyeron todos los altares, masacrando sin piedad a casi todos los habitantes. Luego se desvanecieron tras las montañas de Ihnsdfor.
"Entonces quedé sólo con mi altar en medio del desierto de Kurtnomp dedicado a mi Dios Único Universal e Invisible. Ya no había ritos secretos, ni territorios comunes dedicados a Dioses Únicos Universales e Invisibles más que el mío. Todos los demás que habían sobrevivido las masacres comenzaron a adorar a los dioses-reptil y a los dioses-escarabajo de sus antepasados. A nadie les preocupaba mi único altar en medio del desierto. Mi Dios Único les era totalmente indiferente.











