Vamos siguiendo una sensación o una intuición. Podríamos
ignorarla. Pero la intuición o sensación es persistente y nos hace movilizar
energías hacia ese horizonte. Es un horizonte que despierta anhelos, ensueños,
visiones. Toda una trascendencia de lo hasta ahora vivido. Quizás la sensación-intuición
de aventurarse al descubrimiento de un nuevo territorio. Un nuevo territorio
que sin embargo está aquí mismo entre las escenas y escenarios más prosaicos, más
ordinarios de la vida diaria y rutinaria. Las piezas que se mueven y combinan y
forman la máquina diaria y rutinaria. Piezas que se ensamblan y forman la Máquina.
Pero cuando hemos descubierto el funcionamiento de la Máquina rutinaria y
prosaica que se mueve con precisión endemoniada; de repente vemos el horizonte
de otra posibilidad que trasciende la Máquina. Hay otro
territorio formado por otra máquina que engloba a la Máquina y hasta quizás la
haga posible. Hemos descubierto el nuevo territorio y ya percibimos e intuimos
la máquina que lo habita y lo produce al mismo tiempo.
Pasamos el horizonte y ahora todo es nuevo. Los mecanismos
son nuevos. Las piezas ensambladas son nuevas. Comienza el descubrimiento. Pero
aun percibimos la Máquina con sus rutinas, sus ritmos ordinarios y corrientes. No
dejamos de percibirla, pero ya en otro plano, pasando a otro territorio con
otra máquina y sus piezas ensambladas con precisión mecánica. Nada puede estar
fuera de su sitio. Absolutamente nada.








