29 septiembre, 2010

HUELGA GENERAL ¿PARA QUÉ?

La economía española corre peligro de estancarse de forma crónica, e incluso de retroceder a puestos de subdesarrollo. Mucho español no quiere entender la realidad en que vive: cree que se puede vivir en la eterna abundancia y cuidado maternal del Estado para siempre sin tener que sufrir los sacrificios o responsabilidades individuales de otros países avanzados. Queremos los beneficios del capitalismo, pero sin pagar los costes de tales beneficios. Pensamos que la Iglesia, perdón, el Estado, tiene la obligación de cuidar de nosotros hagamos lo que hagamos y siendo lo que somos. Esta mentalidad es extensible a muchos empresarios que no dejan de medrar subvenciones, concesiones, privilegios y prebendas por parte de los políticos del gobierno de turno. El que sea tonto que arree, parecer ser la mentalidad de muchos. Y en la presente crisis y coyuntura económica estas maternales como picarescas consideraciones, pueden llevarnos a una merma competitiva tan desfavorable que nos ponga la cola de Europa per secula seculorum. El mercado laboral español es demasiado rígido y esa rigidez nos impide esa movilidad y potencial que ahora mismo necesita nuestro país. La fuerte presión fiscal que genera un gasto público demagógico con nuestra idea de estado de bienestar, cuyas bases en España fueron la autarquía franquista, desmotiva a muchos empresarios y en general a la gente ambiciosa que tiene mucho que aportar y con ganas de arriesgar y competir.

Ante una crisis financiera como la actual la solución no es replegarse a los esquemas de siempre, eso va a resultar nefasto. Son muchos los interesados en seguir igual que siempre entre ellos los sindicalistas de las grandes centrales dependientes del Estado y todo su clientelismo basado en cantidad de chiringuitos que se han ido creando en torno a estas mafias. Sí, también los grandes bancos y consorcios y la mucha innecesaria burocracia que se ha ido formando a recaudo de partidos políticos. Hay, por otra parte un sector muy importante de la población, que se considera defraudado y por tanto muy resentido, y estos son los jóvenes que han cursado estudios universitarios; que se creen con el derecho de estar ya ocupando los trabajos para los que se han preparado; y, ven que pasan a ser el nuevo ejército de desempleados o mileuristas haciendo lo que cuadre con algo de suerte. Este sector de la población tiende por desgracia a enfocar su malestar contra el cruel capitalismo que los deshecha, contra el sistema en abstracto, contra los poderes del mundo que les discriminan. Muchos de ellos, sus aspiraciones eran precisamente formar parte de ese funcionariado que ahora se ve en peligro de ser disminuido.

En el contexto mundial de mercados competitivos estas consideraciones van actuar más de lastre que de vela de viento a la hora de avanzar y mejorar la situación. Ante una cruda realidad que es así queramos o no queramos y, yo soy el primero en juzgarla como cruel, pensar que las cosas podrían caer en políticos de izquierdas buenos o bonachones que nos habrán de dar lo que queremos repartiendo como buenos humanos, es una de una ingenuidad increíble. Una opción de tipo comunista ya sabemos a qué conduce. En España la cultura capitalista siempre se vio con recelo, con ojos de humanismo católico antiliberal que luego evolucionó y nutrió no solo a los movimientos fascistas, sino también a la izquierda histórica. Este recelo de nada nos va a servir ante un mundo que ya se mueve en otras coordenadas y nosotros aspiramos con huelgas generales y sus piquetes fascistas ha seguir como siempre: en el limbo de la historia.

DESEQUILIBRIO DE LA VOLUNTAD Y EL JUEGO DE LOS ESPEJOS

Cuando la imaginación toma control de la persona sin los contrapesos de la razón, estamos ante un desequilibrio de la voluntad. Lo mismo cuando la razón toma control de la persona sin los contrapesos de la imaginación. En el primer caso la persona se deja llevar por las poderosas fuerzas de los arquetipos, de los mitos, de los delirios, de las abstracciones y la voluntad no es capaz de encontrar el punto de apoyo desde donde compensar las exigencias y presiones externas que sin defensa de la razón pueden abrumarle. La energía imaginativa sin control de la razón crea fantasías en lugar de conocimiento objetivo y puede descarriarse con facilidad. Surgen las contrariedades inesperadas que frustran sin compasión las esperanzas poco o nada fundadas. La realidad entonces comienza a teñirse de hostilidad y oscuridad al mismo tiempo que la mente se refugia más y más en sus propios paraísos; en sus propias utopías. Hay un repliegue hacia el mundo subjetivo y mayor necesidad de pasear solo y de recrear el mundo a nuestra imagen y semejanza. No quisiéramos enfrentarnos a esa realidad cotidiana de rutinas ásperas, inexorables y frías. Hay una peligrosa escisión o dicotomía entre la realidad y la imaginación particular. Las fricciones pueden ser terribles y han de generar un malestar existencial crónico.

Cuando la razón toma poder de la persona y desprecia la imaginación o la relega al desván del olvido, la razón entonces corre peligro de convertirse en una razón manipuladora o instrumental. Pero esa misma obsesión por ver las cosas desde el lado lógico y calculador es paradójicamente producto de una pasión irreconocible por disecar, por eliminar, por vaciar, por limitar o reducir la compleja realidad a algo manejable, manipulable, controlable; y en consecuencia poder excluir, poder ignorar, o incluso despreciar lo que no encaje en nuestros esquemas. La voluntad que se mueve en estos parámetros de unilateralidad lógica y racional es incapaz de detectar la irracional pasión que le mueve; y, es por ello, que ha de padecer de este desequilibrio de varias maneras. Su imaginación reprimida, desvalorizada o relegada al rincón de lo inservible, produce un empobrecimiento de la vida, negándonos la posibilidad del libre juego de las afectividades, de cierta liberalidad con las emociones; incluso se nos puede negar el disfrute o el libre juego del arte y los diferentes modos o aspectos en que se puede interpretar esa realidad reducida ahora a un neutro discurso racional. Las personas que compulsivamente se rigen por la razón en detrimento de la imaginación pueden ser muy vulnerables a cualquier desbordamiento emocional o afectivo que no saben encajar o encauzar ya que la función imaginativa ha quedado descuidada, abandonada, inmadura. Simplemente no saben cómo enfrentarse a sus propias emociones, afectividades, fobias, y miedos y eso les puede producir serios desajustes y desequilibrios de la voluntad.

Normalmente las personas navegamos entre diversos puntos del espectro entre razón e imaginación. Todo depende de las circunstancias y factores de muchos tipos: genéticos, culturales, ambiente familiar, etc. Una voluntad que haya encontrado un justo punto de equilibrio es algo raro, aunque no imposible. Por lo general y en ocasiones, observamos en la gente que nos rodea y en nosotros mismos, si somos perspicaces, como algunas personas han desarrollado ciertas facultades mentales en detrimento de otras; o, como otros son refractarias a ciertos temas o sensibilidades que pueden ser el centro de interés propio de éste o aquel. Estos desajustes no tendrían importancia si no fuere por el efecto espejo que se produce en las conciencias al intercambiar intereses, enfoques o simplemente conversación, ya que si cada uno de nosotros somos un espejo para los demás el reflejo que podemos producir inconscientemente en el otro puede generar malestar, incomodidad e incluso resentimiento y odio. Así de delicada y cruelmente paradójica es nuestra existencia. Por suerte grandes amistades surgen cuando los reflejos abren campos de coincidencias y nexos comunes de valoración de la vida.

28 septiembre, 2010

VOLUNTAD, ELECCIÓN Y CARÁCTER

¿Por qué escogemos eso y no lo otro? ¿Por qué escogemos aquello y no esto? ¿Por qué hemos escogido lo equivocado y no lo correcto? ¿Por qué hemos escogido con precipitación y no con calma? ¿Por qué escogemos con criterios morales o principios de conciencia y no con criterios de oportunismo o de ventaja? ¿Por qué tenemos este amigo y no ese otro? ¿Por qué nos hemos casado con esta persona y no con aquella otra? ¿Por qué escojo aquello que no supone esfuerzo alguno en lugar de lo contrario? ¿Por qué escojo ser liberal en lugar de comunista? ¿Por qué católico en lugar de protestante o ateo? Etcétera, etcétera. ¿Qué es la voluntad? ¿Qué es responsabilidad?

Si escojo algo es porque ese algo responde a una necesidad mía. Si escojo eso otro es porque ese otro me resulta más placentero, o refuerza mi orgullo, o satisface una necesidad creativa. Las elecciones van en función de nuestras necesidades, de nuestros caprichos, de nuestros placeres inmediatos, de nuestros humores, de nuestros planes reflexionados; de nuestra mala leche, odios o amores; de proyectos con objetivos claros o por lo contrario fruto de ilusiones, de desequilibrios o delirios. También de inevitables presiones, de amenazas, de encerronas; de vida o muerte. En resumen y sea por lo que sea, elijo siempre aquello que creo va resultar más ventajoso o necesario para mí, aunque luego no sea así el resultado de mi elección. Y el agente de mi elección es la voluntad.

Mis elecciones siempre tienen como referente mi personalidad, mi ser, mi conciencia, mi mente. Mi voluntad responde o se sitúa en ese punto de mayor conformidad conmigo mismo, de mínimo sufrimiento, de máximo reconocimiento favorable, de tranquilidad mental, de equilibrio. Otra cosa es que se consiga a través de la elección x o y. Pero la voluntad busca siempre el máximo equilibrio del yo, la máxima estabilidad posible ante las fuerzas externas de dentro y de fuera que nos perturban y tambalean. Eso es la voluntad: ese punto entre la seguridad o aparente seguridad del yo y las fuerzas o energías externas que lo desestabilizan o descompensan. Cuando esas fuerzas externas nos desestabilizan de forma seria sobrevienen los miedos, los temores, el repliegue, la agresividad, la conducta irracional. Pero todos sabemos que el carácter varía de una persona a otra. Hay personas que afrontan ciertas dificultades con más firmeza que otras. Hay personas que no son capaces de afrontar dificultades concretas y se desmoronan o pierden la seguridad en sí mismos con facilidad. Es lo que llamamos el punto débil de alguien. Es donde la persona pasa a ser vulnerable y objeto de burlas o ataques que lo pueden destruir. Pero esa fortaleza de carácter puede variar en la misma persona donde podría ser más fuerte en ciertos aspectos que en otros que sus rivales o personas con las que trata. Todo depende del contexto.

Lo que nos interesa ahora es la fuerza de carácter para la mayoría de las situaciones y con diferentes tipos de personas. Una persona puede adquirir un equilibrio sólido, una fuerza de voluntad o integridad que lo haga sentirse seguro de sí mismo en las mayores circunstancias de su vida. Habríamos de ver entonces cómo se conjuga la facultad de la razón y la imaginación en esa persona. De dónde mana la energía que le permite sostener una lógica de dominio de sí mismo bien sea para mal o para bien, para destrucción o para creación; para adquirir mayor dominio sobre los demás o para trabajar por una mayor libertad común. La fuente imaginativa de un nazi mana del arquetipo racial ario, de la sangre, de la raza. El manantial imaginativo de un cuáquero; surgen de la luz divina que se refleja en el interior de cada persona. La energía imaginativa puede surgir de fuentes, de arquetipos, de mitos, de figuras positivas inclinadas al amor al prójimo, al respeto de la dignidad de las personas. Pero puede también surgir de mitos destructivos, de arquetipos malignos que prometen resarcirse de las amarguras, resentimientos y odios que atormentan a una persona o colectividad. En este caso la imaginación y la razón estarán conjugadas hacia una causa maligna, destructiva, de dominio y explotación. Pero en otros la imaginación y la razón se conjugan hacia objetivos creativos, productivos, liberadores. Existe la voluntad en función del bien y la voluntad en función del mal. La mayoría de las veces la misma voluntad fluctúa entre los polos de un espectro dependiendo de las circunstancias y de las fluctuaciones del equilibrio del yo. Pero hay personas que logran forjar un carácter marcadamente a uno u otro lado del espectro. Unos trabajan para el odio y otros para el amor. No importa dónde estén, donde trabajan o en qué causa militen. Un hombre de iglesia puede ser perfectamente maligno en nombre de Cristo. Una mujer atea puede obrar con una voluntad de amor al prójimo y beber de fuentes imaginativas creativas. Razón e imaginación están sincronizadas en función del bien, de principios universales coherentes en función de la libertad. Las multiples elecciones de una persona en la vida se inclinan en muchos sentidos depensiendo de las circunstancias, pero en toda elección hay un factor dominante que nos impulsa a ser lo que somos y nuestras elecciones nos delatan.

OTRA VEZ CON LA RAZÓN E IMAGINACIÓN

A los humanos se nos ha dado el conocimiento que emana de los sentidos. Somos en primer lugar seres de carne y hueso, de materia. Confiamos en aquello que vemos, que palpamos, que se cumple de forma visible. Desconfiamos de todo aquello que no vemos, que no palpamos, que no cumple de forma visible. Sabemos que un león es un animal peligroso. Sabemos que una máquina tiene una lógica y una estructura que puede fallar o funcionar. Sabemos que una persona cumple porque es honesta y coherente en su conducta; y, sabemos que otra no lo es: es voluble, es informal, etc. Todo ello es comprobable. Es por ello que la gente medianamente inteligente (hay gente que no lo es o no lo somos), valora la razón como una herramienta del cerebro de valor incalculable. La razón nos ayuda a desvelar engaños, fraudes, mentiras. La razón busca la mayor transparencia, lo justo de las cosas y las personas, la objetividad posible.

La razón nos puede también ayudar con los miedos, aprensiones, inseguridades y desequilibrios afectivos producidos por los avatares de la vida y por la misma condición humana sometida a contingencias diversas. Si tengo una enfermedad es bueno saber que hay un remedio, que el médico comprende la enfermedad; que en definitiva la enfermedad se puede hacer objetiva, objeto visible para otros que la comprenden, controlan o son conscientes de la imposibilidad de curarla. Si un problema de relación de pareja llega a ser irresoluble por las incompatibilidades de las dos personas, la razón puede abrir vías de solución. Si nos abruma un problema de dificultad económica, desempleo, explotación por parte de una persona o empresa, o somos víctimas de mala fe y crueldad por parte de alguien, la razón puede ayudar hasta cierto punto. Más allá de ese punto hace falta valor, valentía, coraje.

Efectivamente, en todo esto de los miedos, inseguridades, etc. hay un límite en que la razón nos puede mostrar la solución, la puerta de salida; pero luego hay algo que nos falta: el valor. Los miedos profundos nos paralizan, nos hacen esclavos de situaciones humillantes u opresivas y muchos humanos prefieren mantener esa situación de esclavitud a tener que enfrentarse a situaciones nuevas que, piensan, les pueden llevar a la soledad absoluta, a la indigencia económica, a la locura y cosas por el estilo. Si el valor, la valentía, el coraje, es la solución a esos dilemas del miedo: ¿cómo se consigue el valor? ¿De dónde surge? ¿Por qué unas personas tienen más valor que otras y logran imponerse y salir de situaciones opresivas? Aquí la razón nos sirve de poco. Podemos razonar lo que queramos, pero en punto muerto. Entramos en el mundo de las emociones, de los afectos, de las energías o fuerzas irracionales que pueblan también la mente. Estas son fuerzas o energías impalpables, invisibles, irracionales, inmateriales, subjetivas, etc. Se comportan como fuerzas externas a nosotros que nos presionan, nos controlan, nos desplazan, nos desencajan, nos desequilibran; nos merman, nos restan confianza en nosotros mismos y nos hacen sufrir, vivir sin energía suficiente y por lo tanto la proclividad a las depresiones, a los bajones, a la pérdida de estima, etc.

Hemos hablado de razón, pero nos hemos olvidado de otra facultad del cerebro o mente: la imaginación. No hay que oponer imaginación y razón: son facultades complementarias que se conjugan y actúan como punto y contrapunto. La imaginación puede elevar las sensaciones, los recuerdos y el conocimiento a representaciones, vistas, horizontes, paisajes, cuadros o universos, donde la mente encuentra manantiales de energía, fuentes de significados profundos, arquetipos sólidos que actúan como refugios o referentes poderosos. La imaginación en consonancia, en reverberación, en conjunción con la razón es una fuente poderosa de valor, de coraje, de libertad. La imaginación sin esa consonancia, sin esa sintonía con la razón; deriva en neurosis, en delirios, locuras, violencia incontrolada, etc. Y viceversa, la razón sin la consonancia con la imaginación deriva en frialdad, en insensibilidad, en pobreza afectiva que puede derivar en desequilibrios psíquicos, ya que la imaginación por mucho que se quiera relegar al olvido no deja de reclamar reclama su parte en el funcionamiento de la mente.

25 septiembre, 2010

NO A LA HUELGA GENERAL DE LOS SINDICATOS REACCIONARIOS

No iría a la huelga aunque me golpearan como casi hizo un piquete de corte lúmpen conmigo en la última huelga de funcionarios. Yo creo en una economía de mercado siempre y cuando haya leyes que regulen los derechos fundamentales en cuanto a número de horas de trabajo diario, cobertura sanitaria razonable, jubilaciones dignas, vacaciones, seguridad, leyes contra la discriminación, libertad sindical, etc. En cuanto a algunas coberturas también estoy de acuerdo en que no todo ha de ser gestionado por el Estado y que puede haber fórmulas razonables de planes de jubilación, sanidad con copago, enseñanza menos monopolizada por el Estado: permitir otras iniciativas pedagógicas privadas sin tener que pagar dos veces por la educación de los hijos. En lugar de construir viviendas sociales a mamplén, pues subvencionar los salarios bajos para que puedan vivir en una vivienda normal sin ser un gueto; parados que a cambio de cobrar paro puedan hacer trabajos de servicio público. Lo que se trata es de dejar que el mercado se mueva de forma eficaz y competitiva sin atropellar derechos básicos; es decir: evitar que las interferencias y regulaciones de mercado lleguen a ser un lastre o el agua que se quita al río para hacer funcionar mi molino propio sin esfuerzo. Y aquí entra también ese empresario o banquero que medra por subvenciones y mercados blindados basados en la corruptela y en el chantaje..

En este esquema liberal de mercado los sindicatos habrían de ser sindicatos libres de verdad; es decir, financiados por las cotizaciones de sus afiliados o asociados. Serían sindicatos de todo color o sin color: meras asociaciones con fines de defensa profesional cuando la ley ha sido transgredida. No tendrían sentido las grandessindicales que hemos heredado del pasado con todos sus privilegios, apoyo del Estado, ideologías políticas tendenciosas, burocracia exagerada, control y poder de gestión de dinero público para favorecer políticas concretas a favor de sus afiliados, liberados cobrando el sueldo íntegro a cambio de lealtad y obediencia, etc. Todo esto lastra nuestra economía de una forma parasitaria; es como la sanguijuela o el chupasangres, instalado cómodamente sobre los lomos del Estado.

Yo no puedo estar a favor de estas grandes mafias. No puedo seguir el juego a esta gente siguiéndoles las huelgas que a ellos les interesa para mantener su estatus. Que vayan a la mierda con sus demagogias de pobres y ricos y de defensores de los desfavorecidos por todos los rincones. Su discurso político hace mucho tiempo que ha dejado de ser creíble para mí y para muchos. No a la huelga y sí a unos sindicatos libres de verdad.

23 septiembre, 2010

LA INDEMOSTRABLE FE DE LOS CREYENTES

La confianza da pie a la fe. Yo tengo fe en alguien cuando esa persona cumple, y sé que cumple, por sus actuaciones. Son las actuaciones las que nos hacen ver de modo material, palpable y objetivo que podemos depositar confianza en alguien. Por eso hay que desconfiar de las palabras o de los sentimientos de una persona. Hasta que esa persona no demuestre con sus hechos y actuaciones que es depositaria de confianza, no se puede creer en las intenciones, en las palabras hermosas, en las teorías, en los bellos sentimientos.

Esto viene a cuento con el asunto de la fe. La fe cristiana protestante, que es la que mejor conozco, (aunque también puede ser extensible en cierto modo a toda religión e ideología de libro) se basa en la confianza en Dios. ¿Pero cómo se puede tener confianza en un ser que no es visible ni palpable, que no vemos como persona física actuante en nuestra vida diaria? Dios, en este caso, es más una idea, un concepto que actúa en la mente o subjetividad de la persona. La persona que cree en Dios lo que nos está diciendo es que la idea de Dios rige en su subjetividad, en su alma. No está hablando de algo palpable que todos podamos ver y observar, está hablando de una idea o concepto. El cristiano protestante tiene fe en una idea o concepto que rige su vida. El contenido o predicado de esa idea o concepto se encuentra en la Biblia. Es en el texto escrito de la Biblia, en su narrativa, en su desarrollo teológico, como puede comprender a Dios; dar contenido a su idea o concepto de Dios.

Pero las narraciones y contenidos de la Biblia no siempre son hechos que se puedan demostrar empíricamente. En una palabra, la Biblia no ofrece un contenido objetivo demostrable para todo el mundo. La historia del Edén no es demostrable empíricamente a través de datos u otras narrativas paralelas desde las cuales se pueda evidenciar un hecho acaecido. Es por eso que la fe cristiana protestante se basa en una confianza subjetiva, indemostrable. Se basa en una representación mental o imaginativa sobre unos hechos o narrativas indemostrables de forma objetiva. Sin embargo el creyente protestante si es fundamentalista dará a estas narrativas un valor objetivo y real: es Revelación y la Revelación es real y verdadera por definición. ¿Por qué la Revelación es real y verdadera en ausencia de pruebas empíricas irrefutables que lo demuestren? El creyente podría responder: porque dan sentido a la vida, porque es la mejor explicación existente sobre la condición humana. Porque ofrece la solución al drama de la existencia a través de una fe y una moral positiva. O, porque hace posible la paz y regeneración de muchas personas que depositan fe en ella. También, porque la Biblia forma una comunidad de creyentes, una Iglesia. El protestante liberal estaría de acuerdo que el Edén, por ejemplo, es una narrativa mítica que explica un conflicto psicológico o espiritual profundo que sí es real. Pero seguimos en el plano de la subjetividad. Todo ello es producto de la confianza puesta en un conocimiento subjetivo, no comprobable ni transparente para todo el mundo.

Pero volvamos a la pregunta inicial. ¿Cómo es posible tener confianza en algo que no vemos, en un concepto o idea basada en los contenidos de un libro en su mayor parte empíricamente indemostrable? ¿Cómo podemos tener confianza en Dios? La respuesta entra ineludiblemente dentro del terreno de la fenomenología psíquica. Puedo confiar y creer en Dios por lo que siento, por que mi percepción interna me lo asegura, porque mi voluntad actúa con coherencia y equilibrio, porque gracias a Dios mi vida tiene sentido y además encuentro no solo consuelo, sino también firmeza y valentía ante las desgracias e injusticias de la vida, etcétera. La idea de Dios es capaz de regular mi mente, mi psique; y por tanto es real y efectiva. También hace posible la comunidad de la iglesia en su dimensión solidaria y afectiva. Además la narrativa bíblica tiene una coherencia y racionalidad interna que se puede desplegar en forma de plan divino. Y todo ello produce efectos, actuaciones individuales y sociales reales y palpables. En consecuencia, la confianza, la fe del creyente protestante ha de sufrir necesariamente las consecuencias de una fe sostenida sobre un esfuerzo tanto interpretativo como imaginativo. El texto-revelación es inevitablemente deslizante y sufre con frecuencia desplazamientos de significado, arriesgadas y atrevidas interpretaciones; inesperadas intuiciones o inspiraciones que a veces producen cismas y nuevas iglesias siempre más “puras”, más “cerca” de la verdad divina. A veces la confianza en Dios no siempre es tan segura y surgen las dudas y la pérdida de sentido ante algo que no siempre está presente en nuestra mente y por lo tanto se desdibuja, se borra, se diluye, se desplaza sin control.

Tener confianza en Dios, tener fe en un ente metafísico, no es lo mismo que tener fe en una persona a la que vemos actuar, con la que nos podemos relacionar de forma real y palpable. Demostrar con pruebas palpables y objetivas la existencia de Dios a quienes no participan de esa confianza en el Ser Supremo, puede ser una tarea imposible. La fe, la confianza en Dios, pertenece al misterioso y profundo plano del alma humana. Ocurre y surge sin más explicación que una necesidad imperativa e irresistible.

NESALEM

22 septiembre, 2010

PROTESTANTISMO CALVINISTA Y SOCIEDAD DEMOCRÁTICA



Imposible comprender la democracia occidental sin tener en consideración esta reflexión teológica.

La Biblia habla de Ley y Justicia de Dios. La Biblia habla de caída, desobediencia de la Ley, desajuste, extravío y pérdida del hombre. La Biblia también habla de compensación y retribución: quien infringe la Ley ha de pagar compensación para tornar al equilibrio. Pero la Biblia va desarrollando un desequilibrio absoluto del hombre ante la Ley de Dios: el hombre es incapaz de cumplir la Ley en su totalidad. La caída le incapacita. Su condición humana le impide cumplir con la Ley divina. Su existencia es puro desajuste, extravío, desobediencia, tendencia al mal. El hombre está perdido ante Dios. La Ley le condena irremisiblemente. La Justicia de Dios le condena.

Pero la Biblia habla de un mesías o enviado que se ofrece a la Justicia divina como compensación y retribución por el pecado (separación, extravío) del hombre. Ese enviado es Jesucristo (Cristo). Cristo es Dios mismo en la persona del Hijo. Dios se hace hombre y sufre como hombre. Cumple la Ley que el hombre no podía cumplir y luego muere en la Cruz como compensación y pago del extravío humano. Torna el equilibrio. La Justicia divina se restablece. Los hombres están salvos a pesar de su condición pecadora. El rescate ha sido pagado, la deuda saldada.

DARÍO: ¿Todos los hombres? ¿Toda la humanidad? ¿Ahora mismo toda la humanidad está salva?
JOSEFA: No, según el Nuevo Testamento, solo los que creen y hacen suya esta salvación.
DARÍO: ¿Cómo se cree?
JOSEFA: A través de la fe.
DARÍO: ¿Cómo se ejercita la fe desde una condición absoluta de pecado?
JOSEFA: Por medio del Espíritu o la Llamada. La fe es un don de Dios que concede a quien quiere.
DARÍO: ¿Quiere eso decir que sólo los que Dios quiere se salvan?
JOSEFA: Efectivamente.
DARÍO: ¿Entonces la salvación es para los elegidos y no para la humanidad entera?
JOSEFA: Así es.
DARÍO: ¿Pero no cabe la posibilidad de que el hombre posea libre albedrío y lo ejerza escogiendo tener fe o rechazándola?
JOSEFA: Si así fuera entonces el hombre tendría la posibilidad de escoger cumplir la ley o no y Cristo no tendría sentido. Con la Ley ya bastaba.
DARÍO: ¿Pero no cabe la posibilidad de que la gracia o el perdón por la muerte de Cristo ayuden de alguna manera a que el hombre haga sus propios méritos para salvarse?
JOSEFA: Pero entonces sería la gracia de Dios de nuevo la que haría posible esas buenas obras, no el hombre por sí mismo.
DARÍO: ¿Pero no cabe la posibilidad de que el hombre posea una capacidad natural de aceptar a Dios o negarlo; o sea, a nivel de voluntad?
JOSEFA: Si así fuera entonces la salvación no sería por gracia, sino por libre elección de la persona y dejaría de ser salvación por gracia para pasar a ser salvación por mérito personal; por mérito de haber elegido.
DARÍO: Entonces ¿se salva sólo quién Dios quiere?
JOSEFA: Así es.
DARÍO: ¿Y se pierde también quien Dios quiere?
JOSEFA:Sí, pero ahí hay algo interesante que habría que considerar.
DARÍO: El qué
JOSEFA: Pues es que nunca sabemos quién o quiénes se pierden o son condenados.
DARÍO: ¿Cómo?
JOSEFA: Sí, tú puedes ver un asesino o una persona que no cree en Dios, en ese momento podrías decir que está condenado y quizás tienes razón, pero nunca sabrás si esa persona en algún momento de su vida recibe la Llamada, podría incluso recibirla segundos antes de morir. Nadie puede juzgar a nadie en cuanto a su salvación espiritual. Absolutamente nadie.
DARÍO: ¿Y?
JOSEFA: Pues que aunque es verdad que Dios condena a quién quiere, nunca sabremos si esa condena se ha de llevar a cabo con fulanito o menganito y, de ahí, que para los creyentes toda persona es potencialmente salva y hemos de hablarle del evangelio como si fuera posible su conversión a través de la Palabra.
DARÍO: Sorprendente. Pero ¿cómo sabe el creyente que está salvo, que ha sido escogido para ser salvo?
JOSEFA: Por la Llamada que le revela su condición de justificado. Y si recibe tal llamada es imposible que se pierda. Su vida sufre una transformación interna que la hace vivir con plena confianza en el garante absoluto de su salvación: Dios.
DARÍO: ¿Y si mata y roba?
JOSEFA: Nunca sabemos desde fuera si esa persona ha recibido la Llamada. Puede proclamarlo a los cuatro vientos, ir a la iglesia todos los días. Nunca sabremos si esa persona es salva o no. Puede matar en un momento y mostrar un odio terrible a todo, pero aún así no podemos saber qué es lo que hay en su alma, no sabemos cuál es la relación íntima con Dios. Sus obras son horribles, pero ¿siempre? ¿Quién sabe lo que está pasando en su alma? No obstante a esa persona infringe leyes y merece castigo o cárcel.
DARÍO: Curioso.
JOSEFA: Sí, bastante.
DARÍO: Entonces esto quiere decir que el alcance de la obra de la gracia de salvación de Cristo se abstrae de un conocimiento objetivo y positivo acerca de quién es salvo y quién no.
JOSEFA: Afirmativo.
DARÍO: ¿Pero qué consecuencias puede traer esta forma de entender el cristianismo?
JOSEFA: Pues muchas y todas muy beneficiosas para la buena marcha de cualquier sociedad o comunidad.
DARÍO: Me haces pasmar.
JOSEFA: En primer lugar nadie ha de condenar a nadie en razón de sus doctrinas religiosas o espirituales o ideología o convicciones. Para cualquier persona la conciencia de su prójimo es sagrada. Merece el mayor respeto.
DARÍO: ¡Caracoles! ¿Y el asesino? ¿Y el ladrón? ¿Lo dejamos libre?
JOSEFA: ¡¡No!! Para eso está la ley civil. Los hombres necesitamos organizar una sociedad civil para poder vivir con cierta decencia y libertad. Esa sociedad civil ha de penalizar y aplicar la ley, una ley que regule todos aquellos delitos que vayan contra la dignidad humana y su libertad. Pero nada más. Lo que piensen las personas a nivel privado o en sus sociedades religiosas o civiles ha de estar protegido. La conciencia ha de ser libre: es sagrada. Que yo sea cristiano no ha de ser razón para que yo imponga mi cristianismo a nadie, ni nadie tampoco me ha de impedir practicar mi religión cristiana.
DARÍO: Creo que ya entiendo. Quizás nuestra sociedad occidental después de todo deba mucho al cristianismo protestante.
JOSEFA: Sí, así creo yo. Pero no olvides que estamos hablando de la Biblia y el Evangelio.

EL HOMBRE QUE LEÍA A HEGEL AL REVÉS

 Este hombre vivía con una mujer taciturna. Los dos habitaban una cabaña fuera de la ciudad. Vivían de su jubilación de maestros de escuela....