06 julio, 2016

TURBINO MARCHACANTE MEDITA SOBRE UNA TAZA

Este manuscrito se encontró en una taberna del viejo barrio de Gurmán, en la anciana ciudad de Lobner. Dicen las malas lenguas que el poetastro Turbino Marchacante era un borracho perdido, dado a las malas mujeres y la mala filosofía. Quede ahí este manuscrito con manchas de vinazo como testigo de las alucinaciones que llegó a sufrir este desdichado del arte, o de las malas artes.

La taza, la taza... Nunca puedo ver la taza que está a mí lado en su plenitud o completitud. Siempre me queda algo por ver. Veo la taza de un modo parcial. Incompleto. La taza ha sido mi objeto de contemplación por un momento. La taza que ahora veo ha envejecido algo desde el momento anterior a mi contemplación y yo mismo soy también algo más viejo. Nada permanece quieto. Todo cambia.
Vivimos en el cambio. El devenir. Somos flujo. Es todo un flujo que nunca para. Soy consciente de ello, pero tal consciencia no hace parar el devenir, ni me hace posible ver la taza en su completitud. La misma consciencia cambia y fluye y jamás llega a estar asentada en una permanencia o quietud.
Si acepto las cosas tal como las estoy representando entonces no hay nada, absolutamente nada en lo que agarrarse como verdad permanente donde mi alma pueda descansar. Mi vida sería un flujo entre flujos de energía. Un devenir puro y absoluto. ¿Cómo? ¿Has dicho un devenir puro y absoluto? Entonces he ahí la verdad permanente: la vida es puro devenir. Absoluto devenir. Todo cambia es verdad eterna e inmutable. Si llegamos a esa verdad es porque entonces somos capaces de contrastar lo mutante con lo no mutante. Los flujos del devenir se pueden contrastar con la idea fija, perfecta y absoluta de lo permanente. Entonces no somos seres puramente inmanentes ya que de serlo jamás podríamos hacer tal comparación; tal rebelión contra la pura fluidez de la vida. Seríamos seres inconscientes en nuestra inmanencia, sin jamás poderla trascender. Pero no es así.

Hay una consciencia de vivir prisioneros del cambio, del flujo; de la impermanencia, del envejecer y morir que jamás se podría dar si fuéramos realmente pura inmanencia. Trascendemos nuestra condición material y vislumbramos posibilidades, potencialidades que aspiran a valores comunes trascendentes. Hay rebelión contra una existencia que se ha de agotar y explicar en sí misma. Sabemos que todo fluye y cambia inexorablemente, pero también sabemos oponer a esa inexorabilidad una idea contra-natura de permanencia, de trascendencia, de transgresión a la materia impermanente; a la historia, a la vida misma. La taza y el observador de la taza podrían-ya estar unidos en una contemplación/completitud eterna, misteriosa, más allá de los flujos: en un cosmos de extrañas e inimaginables transparencias. La rebelión del espíritu. ¡Aggghh!

18 junio, 2016

LA IGLESIA DESNUDA

La verdad de aquella iglesia era su edificio, su construcción de piedra. No era su simbolismo,
ni tampoco las evocaciones que se interferían en el mismo momento de observarla y contemplarla. Ni tampoco su arte o sus figuras, o sus relieves. No. La verdad de la iglesia era su esencia material como edificio. Su misma presencia como objeto de piedra con una determinada forma. Después de tantos años observando aquella iglesia y tratando de buscar su secreto y su mensaje espiritual y sus simbolismos; al final, de repente, como si de una iluminación se tratase, me di cuenta que el secreto estaba en su pura materialidad; la organización y estructura de su materialidad como un objeto de construcción, como un ente de construcción; como un signo desnudo de significado alguno. Un signo desnudo. Un signo puro. Piedra. Extensión. Espacio. Aperturas. Puerta de entrada.

Abro la puerta y entro. Un espacio desnudo de significado. Es ahí donde ha de comenzar la contemplación: en su materialidad desnuda, neutra. La iglesia ahora se convierte en símbolo de multitud de significados que cada piedra, cada esquina, cada, ventana ojival, cada columna van ampliando de forma libre y espontánea: refugio, protección, orientación, descanso, punto de encuentro de lo sagrado y lo profano, lo común, el amor; de lo corpóreo e incorpóreo, de lo sensible y lo invisible, lo material y lo inmaterial. Significados que se van desplegando hacia el infinito; que se van explicando a sí mismo en forma de sensaciones libres. Toda la iglesia, todo el edificio era pura manifestación divina en su misma materialidad; en su forma. Nunca había sabido realmente mirar la iglesia. Nunca me había fijado realmente en el edificio en sí. Siempre me había aproximado al edificio vistiéndolo y recubriéndolo de evocaciones, recuerdos, revelaciones, soluciones, proyecciones, ilusiones; quizás una señal definitiva sobre la Divinidad.  Pero nunca el edificio en sí como piedra, como materialidad desnuda, como forma y estructura neutra; como una aproximación a un absoluto desprovisto de significados impuestos, externos....

03 junio, 2016

EL TREN NEGRO

Bajábamos al metro en Londres. Al llegar al andén había gente bañándose en las cajas de las vías, pues estaban inundadas. El agua debía de estar caliente pues la gente se bañaba con gran placer. Se quitaban la ropa y quedaban en bañador y se lanzaban al agua disfrutando el chapuzón. Nos pareció raro que estuviese ocurriendo aquello. Nos quedamos pensativos. Al otro lado había como una piscina separada de agua más clara donde una muchacha hermosa de pelo rubio largo se bañaba en bikini. De pronto anunciaron la llegada del tren. Rápidamente la gente fue saliendo de la caja de las vías y el agua se fue retirando hasta dejar una de las vías libres. Bueno, podríamos coger el metro después de todo. Qué cosas pasan a veces, pensamos. Pero sin embargo en la piscina del otro lado seguía  bañándose y chapoteando la muchacha. La piscina coincidía con las otras vías, pero estaban completamente ocultas por el agua. De repente anunciaron la llegada del tren negro. The Black Train will arrive in one minute. Llegaría por el otro carril, el carril donde estaba la piscina. No lo podíamos creer y la gente ya estaba a la expectativa mirando a la muchacha que seguía tan alegre. Llegó el tren y cubrió la piscina. Se paró. Era un tren pintado de negro, herméticamente cerrado, como si fuese macizo: ninguna ventana, todo él un bloque de acero compacto. Se quedó silencioso cubriendo la piscina. Su presencia nos infundió terror. Parecía un tren procedente de algún horror lejano, de algún mundo de tinieblas eternas; de alguna dimensión infernal o demoníaca. Hubo silencio. El miedo nos hizo ver o sentir algo así como si todo el tren fuese un cuerpo con vida propia. Su pesadez compacta parecía absorber lo sonidos, los pensamientos y emociones de la gente que seguía en absoluto silencio. Al cabo de un tiempo el tren negro fue saliendo de la estación. El espacio donde estaba la piscina de la hermosa chica rubia en bikini había quedado en la más absoluta oscuridad. Luego llegó un tren normal y todo parecía volver a la rutina de un metro de gran ciudad.

23 mayo, 2016

LA EXTRAÑA ÉTICA DE REMPLANO IZNARDELOP

REMPLANO IZNARDELOP DEJA UNA HORRIPILANTE REFLEXIÓN SOBRE LA MORAL ENCIMA DE SU MESITA DE NOCHE ANTES DE PARTIR PARA LA AMAZONIA. 

Vaciar de moral. Vaciar la conciencia de moral. La gente está sedienta de hacer juicios morales. Reproches morales. Pero las cargas morales nos siguen afectando a niveles más profundos, incluso en la percepción. No es lo mismo mirar al mundo con ojos inocentes que con los ojos cargados de moralidad: de reproche y juicio moral. La moralidad nos corroe y nos pasamos la vida haciendo
críticas sobre los demás, sobre uno mismo: creemos que hay un orden superior y que nosotros somos los jueces de tal orden y de tal moral sustentada en dicho orden. Pero ¿qué es la moral? Exploremos. La moral va ligada al sentido o la intencionalidad con que enfocamos nuestra vida y generalmente ese sentido nos viene dado de maneras directas o indirectas: a través de la educación, de la religión, de las ideologías o trozos de ideología que vamos absorbiendo de un lado y otro. De alguna manera vamos estructurando una representación consciente de lo bueno y lo malo en función de parámetros que consideramos superiores o soberanos a otros valores u opciones. Pero ¿no hay una moral natural con la cual nacemos? ¿No hay un condicionamiento genético que ya nos predispone a ciertas tendencias o conducta?
Cuando nacemos ya nacemos dentro de una estructura/lugar familiar con valores definidos o asumidos. El niño ya es objeto de atención, de significado, de manipulación y, poco a poco, esa su "naturaleza" peculiar en estado inconsciente de inocencia se va estructurando de acuerdo a valores, a normas, a la percepción de lo que está bien y está mal. Otra cosa es que luego se rebele contra ellas o busque otras alternativas. Podríamos hablar de inocencia (inconsciencia). Hasta podríamos hablar de un alma del niño única y singular en él/ella. Pero, cómo se ha de marcar significado a esa singularidad corresponde a un significado social/externo: el sentido particular se encarna en el significado social. Y ese significado al recurrir a un orden superior, normal, de sentido común--comúnmente aceptado--pasamos ya al sentido moral y con ello a la moralidad, al inevitable juicio moral.
Pero el juicio moral no desaparece ante posturas radicales o subversivas de la moral; tampoco el nihilismo se escapa al ejercicio del juicio moral que condena, ya que la condena a cualquier absoluto implica ya un reproche moral radical a ese mundo que nos "impone" sus prejuicios soberanos. Los
radicalismos revolucionarios llevan una fuerte carga moral de indignación y resentimiento que habrá de imponerse a la sociedad una vez esta se someta al nuevo poder. Una conducta anarquista conlleva una "moral contramoral" que se opone a la moral que critica, etc.
¿Hay manera de vaciarse de moral y situarse en un espacio ético más allá de toda moral? ¿Hay manera de recuperar un punto de vista vacío de moral? ¿Hay manera de quedar fuera del juicio/reproche moral tanto hacia otros como hacia nosotros mismos? Si la moral nos viene dada de forma externa y actúa como elemento de orden social, personal y de sentido y significado; ¿Qué hay más allá de la moral? ¿Qué podría surgir en una conciencia que rechaza cualquier tipo de moral o contramoral en su relación con la naturaleza, con la realidad, con las personas? Es decir: alguien que deja de juzgar a los demás y a la misma percepción de las cosas bajo una carga o investidura de moral que siempre parte de una verdad, de un prejuicio y de una soberanía. ¿Qué mundo hay detrás de la moral? ¿Pura animalidad? ¿Pura inocencia/inconsciencia? ¿Una nueva sensibilidad? ¿Podemos vislumbrar esa posibilidad aunque sólo sea en pequeños resplandores?

07 mayo, 2016

DE LO OBVIO NO SALE NADA FANTÁSTICO NI ESPANTOSO

A.- La igualdad en abstracto. Todos iguales. La sociedad igualitaria de los seres iguales e igualados. La igualdad total o parcial. Quiero que todo el mundo sea igual a mí.
B.- ¿Cómo? Oiga, la igualdad es para que todos sean como quieran ser y con todas las posibilidades para que lo sean.
A.- Sí, pero ese tío quiere ser algo que yo aborrezco e incluso intenta que
eso que yo aborrezco de él sea universal, para todo el mundo; no sólo para su territorio privado, sino para todo el mundo. Y si para ello ha de utilizar el Estado-Maza, pues lo utilizará.
B.- Oiga, es usted un pesimista.
A.- No, yo quiero también la igualdad de los seres iguales en nobleza, en inteligencia, en creatividad. No me interesa igualarme con el conformista, con el ignorante voluntario y orgulloso de ser ignorante, del violento, del cínico, del hipócrita, del traidor, del vendido, del ladrón, del explotador, del opresor.
B.- Oiga, todos somos un poco de todo: las leyes han de ser iguales para todos. Las reglas de juego iguales para todos y luego cada uno que haga de su subjetividad lo que mejor le parezca y de acuerdo a sus preferencias. Precio que hay que pagar cuando fallan todas las metafísicas y quedamos sin más referente que el día a día en un universo frío e indiferente.
A.- Entonces si eso es así yo haré de la nobleza, inteligencia y creatividad mis axiomas, porqué sí, porque yo quiero que esa sea mi Verdad indiscutible. Pura supremacía de la voluntad. Las voluntades que se enfrentan mediadas por la ley. El poder de la ley sustentada por el Estado. El poder de las voluntades colectivas. El poder gravitatorio de la Voluntad Colectiva de la igualdad en abstracto: todos iguales en un plano liso de igualdad absoluta: o sea, el poder axiomático de las voluntades más fuertes sobre el resto de la masa que se somete a esa voluntad axiomática. ¿Hemos dejado de ser animales?
¿Seguimos con el instinto animal gregario sostenido por la fuerza, el cinismo, el poder de persuasión, el engaño...? Barnices. Complementos. Suplementos. Capas de barniz. Rostros perfeccionados en la simulación y el simulacro.
¿Cuál es su axioma? ¿Es consciente de ser autor exclusivo de su axioma o es dependiente del axioma de otros? Los axiomas son verdades por qué sí, verdades autosuficientes y autoevidentes. Escoja, produzca, vaya al mercado y escoja su axioma. O mejor, vaya al sótano/ático de su casa y fabrique uno a su medida, luego vaya al escenario público a escenificarlo. Suerte. Mucha suerte. Este es un multi-universo frío e indiferente que no revela más verdades que las obvias: 2+2=4; pero de lo obvio y objetivo no sale nada fantástico ni espantoso.

21 abril, 2016

MIRA TÚ QUE ESTE MULTIVERSO ES COMPLICADO DE NARICES

Una idea podría ser vista desde infinitas perspectivas y, ella misma, sería producto de una perspectiva. Sería éste un mundo infinitamente resbaladizo donde cualquier parámetro sería siempre-ya provisional y uno podría acabar en un infinito desplazamiento y rebelión contra el orden
establecido; por ser eso: un orden establecido por quienes te lo pueden establecer por la fuerza. Vía la persuasión o vía la violencia pura y dura o la combinación de las dos de un modo civilizado y democrático.
La fuerza de la gravedad podría ser una fuerza neutral y constante en el universo, mientras fuere el "universo" de la ciencia; pero dejaría de ser tal cosa si nos diéramos cuenta de que no puede haber "uni-verso" como conjunto, ni unidad, por no haber un punto fijo trascendental desde donde poder contemplar tal universo. La fuerza de la gravedad es una fuerza provisional que podría transmutarse en el efecto o el fenómeno de nuevos factores a medida que vamos abriendo la conciencia a nuevas explicaciones. Un "universo" abierto: un multiverso. Mientras, la fuerza de la gravedad puede, al mismo tiempo, ser interpretada/interpelada/interrogada de mil maneras: una fuerza inmanente a unas metas u objetivos dentro de cualquier metafísica religiosa o filosófica o ideológica o mística. O simplemente eso: la fuerza de la gravedad que explica la física hasta el momento dentro de un mundo natural que nos viene dado.
¿Qué ética se puede producir en un multiverso infinitamente resbaladizo? ¿Qué moral es la adecuada cuando todo es provisional y relativo a la conveniencia del momento? ¿Una ética de paso/siempre provisional con sus morales complementarias o de repuesto por si alguna falla tener otra a mano como decía Groucho Marx? ¿Dónde se sitúa un ego que ahora, más que nunca, sí que no está seguro de nada, salvo de lo que más le convenga en el momento? Esa es la conciencia del tiempo histórico que nos toca vivir. Nos apegamos a los derechos humanos con fanatismo y beatería, pero sabiendo ya de antemano que tales derechos corresponden a una ética aristotélica-cristiana-humanista ya desplazada y que sólo es cuestión de que su legitimidad quede cuestionada por nuevas éticas ambiguas/
fantásticas/experimentales a la Peter Singer u otros que ya nos hablan de una ética cósmica años luz del individualismo burgués, etc. Una ética sin individuos, sin almas. Quizás estemos ya sobrando/estorbando ante las exigencias más racionales de una bioética cosmo-comunitaria. Todo va a mucha más velocidad de lo que creíamos. Paul Virilio nos habla de esto.
¿En qué realidad vivimos? Pregunta escolástica: ¿Unívoca dentro de una absoluta inmanencia? ¿Equívoca, en relación a una realidad trascendental que sólo nos muestra sus apariencias/sombras? ¿O análoga en relación a un Dios trascendental que comparte con la humanidad relaciones de semejanza? Nuestra era intenta eliminar las dos últimas preguntas, pero vivir la primera nos sitúa en la más inquietante de las incógnitas.

03 abril, 2016

EXPERIENCIA ESPECTRAL

Siempre estamos en zona espectral. Las zonas espectrales se abren a nuevos territorios. Incluso aunque nos parezcan recuerdos de una realidad que creemos ha sido siempre realidad aún al margen de nosotros; sin embargo son nuevos territorios que ahora mismo se abren con nueva tonalidad y
trasfondo. Los buenos artistas saben mucho de las zonas espectrales y de los nuevos territorios que son capaces de percibir y sentir. Otros aspiran a ver realidad y territorios comunes. Una realidad que siempre se supone que está ahí como trasfondo y que requiere una razón y una inteligencia perspicaz para captarla y ser realista, objetivo, preciso. Sí, no cabe duda que esa realidad existe y hay que atenerse a ella: la realidad de los medios de comunicación, de los trabajos cotidianos, de las subjetividades ajustadas a los discursos de la normalidad; de las conversaciones tópicas; de las doctrinas y dogmas elaborados por las ideologías políticas o religiosas, de los conocimientos académicos y sus derivados. Son los territorios comunes necesarios para vivir civilizadamente y con "sentido común".
Pero hay mucha más experiencia y muchas más realidades que necesitan de lenguajes más específicos, más marginales, más excepcionales; más subjetivos. Quien descubre la espectralidad de la existencia va a tener que recurrir a nuevos lenguajes, o a lenguajes renovados y recreados y sin perder jamás conciencia de la realidad común donde necesariamente hemos de movernos y desplazarnos. Puertas que se abren a nuevos paisajes. Nuevos cielos y nueva tierra y nuevas almas/ángeles/demonios y abismos insondables y tonalidades infinitas y trasfondos en continuo desplazamiento.
Ojo. Es como una
revelación, como un sentimiento o afecto irreprimible. O te ocurre o no te ocurre. No pasa nada. Vivir la realidad común con acierto no deja de ser también un arte y muchos nadan en ella con/a placer. Pero podría ocurrirnos que por negar lo que somos capaces de percibir; o por considerar la experiencia espectral como un peligro de desajuste o de principio de patología psicológica; entonces la rechazáramos, la intentáramos desterrar de nuestra conciencia y con ello agudizaríamos su poder de trastocarnos, de dislocarnos. Sería diferente si contáramos con esos lenguajes apropiados que nos podrían abrir las puertas de la aventura creativa, de la experiencia espectral sin perder nuestro sentido común en ningún momento. Todo lo contrario.

EL HOMBRE QUE LEÍA A HEGEL AL REVÉS

 Este hombre vivía con una mujer taciturna. Los dos habitaban una cabaña fuera de la ciudad. Vivían de su jubilación de maestros de escuela....