23 febrero, 2013

CONTINUANDO CON EL ASUNTO DE LA FE

Vamos a imaginarnos una “fe” sólida basada en realidades palpables que demuestren sin lugar a dudas la existencia de Dios y su plan para el hombre. En primer lugar toda la humanidad tendría que ser informada y advertida sin lugar a dudas de ningún tipo sobre el poder de Dios, sobre su voluntad y sobre las consecuencias de desobedecer su voluntad. Toda la humanidad recibiría este mensaje en templos, en estadios de fútbol, en auditorios, en el campo al modo del Sermón de la Montaña, etc. O bien, a través de una revelación dramáticamente subjetiva a cierta edad que fuese coincidente en todo ser viviente. Sería algo así como: “Mirad, yo soy Dios y como prueba de que soy Dios voy a hacer estas cosas (se producen milagros sorprendentes que dejan a todos atónitos). Bien, ahora os voy a dejar claro cual es mi voluntad con vosotros los humanos (habla de su plan de redención o sus normas o su revelación clara y palpable, que no quede lugar a dudas). Luego haría estas preguntas y advertencias: ¿Os queda claro? ¿Hay alguna duda? Bueno, pues ya sabéis a qué ateneros. Quien se muestre reacio o desobediente pertinaz, tendrá su merecido castigo y quien lleve a cabo mi plan de salvación pues se salvará.” Y esa sería una “fe” racional, palpable, comprobable, contrastada. Una fe universal, para todos; sin posibilidad de disensiones, ni sectas, ni nuevos dioses o revelaciones. Pero no es así en nuestros tiempos. Más bien todo lo contrario.

Los "creyentes del libro" tenemos ese libro-revelación en la Biblia. Pero la Biblia no es un libro transparente a un solo y único significado. La Biblia por su composición a lo largo de siglos y las diferentes personas o colectivos que la escribieron, seleccionaron, agruparon; etc., resulta altamente compleja a la hora de interpretarla. Si fue difícil interpretarla correctamente en épocas pretéritas, más lo es en el presente. Situarse en las épocas en que se escribió y deducir sus diferentes niveles de significado, es una tarea harto difícil que jamás nos lleva a ninguna transparencia objetiva. Véanse sino las diferentes religiones y sectas que manan de ella. Si aplicamos un método racional-científico nos llevaremos sorpresas a nivel histórico-arqueológico. Hay contradicciones entre las historias que relata y los descubrimientos o documentaciones que las desmientes. Hay en ella misma diferentes escuelas teológicas en pugna, etc. Resumiendo podemos decir que la fe que nos exige la Biblia es una fe imposible de adquirir por medio de la razón y el sentido común; ha de ser una fe irracional, una fe que apela ante todo a necesidades existenciales profundas en los creyentes. En siglos pasados fue una fe impuesta bajo la amenaza del poder. Fe y poder iban de la mano. Por suerte hoy día somos libres de creer o no creer. Recae en nuestra libre elección.

Quienes recurrimos a la fe hoy día lo hacemos no por motivaciones racionales o científicas; ni mucho menos por que Dios se nos haya manifestado de la forma mencionada arriba. Lo hacemos por necesidades existenciales profundas en nosotros. De alguna manera “sintonizamos” con los mensajes bíblicos; hay algo en esas historias y en esos mensajes que nos atraen y nos atrapan. Hay algo en esos textos que no nos dejan en paz. De alguna manera podemos decir que ya estamos siendo atrapados por la fe. Hay una estructura profunda de significado en la Biblia que nos atrae, nos crea ansiedad, nos invita a aceptarla como clave de nuestra condición humana. Podemos entender las contradicciones de algunas historias o mensajes, su significado mítico en otras ocasiones; sus diferentes maneras de entender el mensaje teológico; pero ese substrato profundo nos sigue atrapando, poseyendo de alguna manera hasta que llega a constituirse en un acto de fe que nos libera. ¿Pero cómo? ¿Soy yo quien decide tener fe o es el texto bíblico con sus revelaciones quien me empuja a tener fe? En mi opinión son las dos cosas: de mí surge una necesidad profunda de creer y de la Biblia surge una revelación que responde a esa necesidad existencial de búsqueda de la fe. Si no se da esta simbiosis jamás se puede producir la fe. ¿Se puede mantener esta simbiosis indefinidamente? ¿De quién depende que se mantenga o desaparezca o pase por olvidos, crisis y altibajos? No hay respuesta a tales dilemas. No hay respuestas tampoco en la Biblia a tales dilemas. La fe ¿se sustenta en mis ilusiones subjetivas?, ¿se sustenta en base a un acto de autosugestión individual y reforzada por lo colectivo? ¿Es fruto de un poder divino o gracia divina que nos posee y nos atrapa y nos hace vivir con pleno sentido la trascendencia que rodea toda nuestra vida, todo este universo? Quien haya sido atrapado en este dilema ha de acabar resolviéndolo de alguna manera. Es todo muy paradójico e inquietante.

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