17 diciembre, 2013

LAS DOS NAVIDADES

Ahora viene Navidad y hay que escribir algo sobre este acontecimiento. Hace poco vi la película de Tim Burton titulada "Pesadilla en Navidad" y era sobre unos seres esperpénticos y esqueléticos que vivían en el mundo del Halloween y que descubren el mundo paralelo de la Navidad. Pero lo que me sorprende de la película es que el mundo paralelo de la Navidad es un mundo "pagano" nórdico gobernado por Santa Claus y Santa no representa nada relacionado con el cristianismo. De hecho toda la película transcurre sin ninguna referencia al cristianismo. Navidad es una fiesta de tipo legendario-gnóstico. Una fiesta de nostalgias invernales de niños e inocencias que esperan sus regalos-ilusiones refugiados de un invierno mítico metidos en casas calientes. Nada que ver con el relato cristiano. El mundo de Tim Burton es un mundo de criaturas compuestas de piezas extrañas y mecánicas oníricas....

 Hay dos navidades: una es la de nacimiento y Jesús que nace en Belén y otra es la navidad nórdica de Santa Claus que viene del mundo de los hielos donde hay un algo nostálgico que proviene de esas noches gélidas, pero que esas noches gélidas cósmicas no son hostiles precisamente sino que albergan ilusiones, nostalgias, imaginaciones de un mundo que fue posible en la infancia y que sigue siendo una posibilidad imaginativa. Es también la Navidad del árbol. Es curioso que la Navidad reclame su origen precristiano en forma de mito gnóstico-"pagano".La Navidad sería así un mito universal que abarca y trasciende el cristianismo. Incluso el Niño Jesús de la Navidad se transforma en una inocencia mística de tonos gnósticos. 

Pero los mitos nostálgicos son extrañas sensaciones que viven y perviven en nuestras almas y que despiertan en ocasiones para recordarnos que este mundo pétreo de realidades duras y cinismos crueles y sufrimientos inútiles y miserias mil; pues es sólo un mundo provisional. Allá en el fondo de los paisajes remotos de nuestra imaginación e ilusiones hay otra realidad esperándonos con los brazos abiertos. Con el hogar encendido con leños y nuestros abuelos contándonos cuentos; y nuestros padres que son padres de verdad; padres biológicos entregados a su familia de verdad; pues esos padres y abuelos y familias están ahí al calor del fuego ya casi listos para sentarse en la gran mesa y cenar. Persiste el mito de la nostalgia. Incrustado en nuestra alma y el alma incrustado en misterios que se pierden en un inconsciente remoto.

Feliz Navidad.
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NAVIDAD INOLVIDABLE

16 diciembre, 2013

CUENTOS RAROS PARA UNA ÉPOCA RARA

Jukana Contaplamos decía que había tantos dioses como religiones y que para salvarse lo que había que hacer era ser fiel y obediente a la religión que te había tocado nacer. Si eras musulmana pues tenías que
seguir siendo musulmana toda tu vida. Si eras cristiana católica de nacimiento pues tenías que obedecer a tu religón de todas todas. Si eras de la makumba pues también. Si eras cienciológica pues también. No había térmnos medios, ni clarioscuros. Todos aquellos que se convertían a otra religión serían condenados irremisiblemente por traidores. No cabe duda que Jukana Contaplamos era muy dura e inflexible en sus convicciones. Los que no creían en nada acabarían siendo condenados viviendo como gusanos carroñeros por toda una eternidad. Cuando veía a Jukana por la calle me daba miedo. Ella era de una extraña secta que hacían cosas raras.

Nekaplona de Ripartones decía que los países hispanos no tenían futuro alguno porque estaban racialmente mezclados con sangre negra, mora e india. Repetía en ocasiones que la degeneración genética de los países hispanos nos hacía gente proclive a la corrupción, a los autoritarismos redentoristas, a la mala leche y a dar voces en los bares y sidrerías. Además nuestros genes no nos permitían ser razonables ni ecuánimes. Yo le pregunté si eso estaba científicamente demostrado y ella me dijo que había una conspiración de gente muy poderosa que prohibía este tipo de investigación, pero que algunos científicos sabían que era así. Muchos de estos científicos eran asesinados o desaparecían o cosas parecidas. Todo ello era posible porque esa gente
poderosa que formaban contubernio querían hacernos a todos esclavos degenerando las razas a base de mestizaje. Yo cuando veía a Nekaplona por la calle me hacía temblar las piernas. Le tenía terror. Era una mulata de ojos de fuego y con cuerpo de serpiente lasciva.

Kotoplón Mitareñado contaba que cuando Cirilus Petravista murió lo había hecho en la cama de noche y durante un sueño. Siguió diciendo que en aquel sueño estaba bailando en una verbena gigantesca y que en un momento dado la luz se apagó......./.........y se apagó definitivamente y de forma absoluta. O sea, se murió. Nadie sabe qué ocurrió después. Le pregunté a Kotoplón que cómo sabía eso; entonces se arrimó a mi oreja y me contó algo que me hizo retroceder cien pasos y caer por unas escaleras que me produjo la muerte al instante.../...

12 diciembre, 2013

A LA BÚSQUEDA DE TERRITORIOS COMUNES (I)

La única manera de comunicarnos y de compartir es cuando hay territorios comunes afectivos. Dos personas se sienten a gusto cuando hay afectividades comunes. Dos personas se sienten mal cuando no comparten espacios comunes afectivos. Cuando los territorios de
uno son externos a la forma de vivir la vida en el otro, esas personas no pueden compartir afectividades. Fuera de los territorios comunes afectivos estarían los territorios comunes necesarios u obligatorios. Toda relación se establecerá en función de formalismos, de diplomacias, de normas, de acuerdos a niveles prácticos; de conversación superficial; cuando no de abierta rivalidad, oposición, explotación, resistencia, violencia, de coacciones; y todo lo que ello conlleva.

Esta es la dinámica de la vida.

¿Qué territorios comunes afectivos existen? Exploremos ideas.

Un universo común: Esta idea es demasiado abstracta para generar territorios comunes de afectividad. Nadie se sacrifica, disfruta, o comparte nada en función de la idea de vivir en un mismo universo. Es como una nube muy alta, que está ahí, pero que no suscita interés alguno.

Un mundo común: También resulta demasiado abstracta, a pesar de los intentos ecologistas de dar vida a la Tierra; de ponerle nombre: Gaya. O de hacernos ver las interrelaciones comunes que tenemos con el planeta y pues si algo se descompone, las consecuencias negativas serán para todos. De todas maneras es una idea que ya establece ciertos vínculos entre ciertas personas, pero no de un modo afectivo lo suficientemente fuerte como para “amar a la Tierra y por ella lucho y muero o Gaya me da energía y paz en mi vida diaria.”

Una humanidad o raza común: Esta es la idea de muchos cosmopolitas que anteponen el mundo y el Hombre como un territorio común a toda la Humanidad y así llegar a ser hermanos, etc., ya que como hombres compartimos los mismos atributos, las mismas miserias y
alegrías, etc. Los derechos humanos surgen de esta idea común y han llegado a ser el referente de las constituciones democráticas y la bandera de muchas ideologías. Sin embargo, la Humanidad como ideal sigue siendo una idea demasiado abstracta. No obtenemos sentido pensando en La Humanidad; o amando a la Humanidad. Demasiado lejano y abstracto.

Una raza común: Esta idea sirvió y sirve en determinados momentos históricos para ciertas personas. Es la idea básica del racismo. La raza blanca es superior, es más inteligente, es más humana, etc. Se dio sobre todo como idea impulsora y motivadora del colonialismo; también como idea aglutinadora y marcador de separación en sociedades de pluralidad racial. Sigue siendo para ciertas minorías una idea central donde organizar territorios afectivos comunes en oposición a otros que se consideran inferiores, degenerados, etc. No obstante nadie se levanta de la cama diciendo: hoy me siento mejor blanco o mejor negro que ayer y voy a ser más feliz. (Véase también Ideología)

Un idioma común: Creo que de una manera parcial. Esta idea de idioma común sirve parcialmente y momentáneamente para aglutinar a gente, sobre todo en contextos de inmigración. El nacionalismo sería un paso más en esa dirección. Tampoco nadie diría a un amigo: hoy estoy contento porque me siento hablando español, etc. De otra manera el idioma nos viene dado como territorio común necesario.

Un estado común: Puede o no puede aglutinar a los ciudadanos que habitan su territorio. Si el Estado logra
generar una ideología nacionalista aglutinadora y común entonces sí; pero si el territorio bajo su jurisdicción no logra crear esa vinculación en todo su territorio, la idea de Estado puede devenir abstracta para muchos: Una identificación light, práctica, de conveniencia; pero no afectiva. De otra manera el Estado también nos viene dado como territorio común necesario.

Una nación común: Esta idea sí es y ha sido fuerte a la hora de aglutinar a las masas en torno a un territorio común afectivo basado en la nación. Puede incluir un idioma, una religión o varias. Por una nación o una Patria se ha luchado, muchos han muerto; las clases sociales se han unido en torno a un enemigo común, etc.. Hay, para muchos, afectividad mística con la Patria o la Nación, la bandera, el himno, etc.. Es, en ocasiones, como un territorio sagrado. No obstante es muy raro oir decir: hoy siento que la Patria/Nación me hace más fuerte o trabajador. Parece, sin embargo, debilitarse esta idea en Europa, no obstante resurge con fuerza en las minorías nacionales de ciertos estados. (Véase así mismo el apartado Ideología)

(Continua abajo)

A LA BÚSQUEDA DE TERRITORIOS COMUNES (II)

(continuación)
Clase Social Común.- Quizás sea el mayor fracaso como territorio aglutinador de masas. Funcionó por un tiempo y
logró crear una mística proletaria y una metafísica maniquea con el burgués como enemigo. También parecía fundamentar una solidaridad común en ciertos contextos y puntuales reivindicaciones. Pero, considerando también la cortina de humo ideológica de los países comunistas, fracasó este intento identitario. Muy superado por el nacionalismo. Queda vivo como concepto sociológico y políticamente oportunista en ocasiones.Véase también ideología.

Cultura Común.- Bien es verdad que hay ocasionales identificaciones entorno a una comida típica de una región o nación; también se siente uno a bailar en corro entrañable, o vestir traje regional en determinadas fiestas; compartir costumbres, tradiciones; pero son territorios afectivos superficiales a la hora de crear identidad.

Intereses o aficiones comunes.- Aquí podríamos agrupar muchos territorios basados en profesiones comunes; deportes comunes, gusto por el arte, la ciencia, etc., etc. La identidad de profesar un oficio puede ser importante: el orgullo personal que sienten los buenos mecánicos, médicos, ingenieros, albañiles, etc., puede influir en su vida cotidiana como autoestima. Los territorios comunes afectivos en trono a una profesión o afición
pueden llegar a crear robustas identidades afectivas. El fútbol es otro ejemplo. La identificación con un equipo va coloreada con una mística, una ejemplarización de valores que puede desencadenar afectividades fuertes dentro de los equipos o contra otros equipos; incluida la violencia.

Religión Común.- Entramos en lo que podríamos llamar “territorios sagrados”. La religión es uno, junto con el nacionalismo, de los vínculos afectivos y efectivos más fuertes que sigue afectando a muchos millones de personas en el mundo. Al ser Dios (o Una Trascendencia), el concepto unificador de la religión; es decir, los territorios que configuran las religiones poseen un aura de “sacralidad” o de lo “sagrado” que hace posible una territorialidad afectiva trascendente. Además las religiones son así mismo productoras de marcadores éticos, morales y culturales, con fuerte impacto en la vida cotidiana de muchas personas. Pero la peculiaridad de estos territorios (también el nacionalismo, aunque más fuerte en la religión) es la territorialidad común afectiva dentro de ellas, al mismo tiempo que se cierran en mayor o menor grado con respecto a otros territorios, creando de este modo territorios estancos entre sí. Los intentos de crear territorios comunes entre las diversas religiones han tenido éxito en raras ocasiones y entre religiones muy afines: Consejo Mundial de las Iglesias, etc. Otra peculiaridad de ciertas religiones es la coacción social o acaparación del espacio civil y político que a veces imponen.Funcionan, en este caso, como territorios comunes necesarios en muchos países.

Ideologías Comunes.- Las ideologías funcionan en cierta medida como sustitutas de las religiones. Bien es verdad que los territorios ideológicos han venido cambiando o mutándose de diferentes maneras. La ideología, lo mismo que la religión, provee de un significado global y totalizante que hace posible las fuertes vinculaciones
afectivas dentro de ellas y contra ideologías rivales u opuestas. Podemos seguir el mismo esquema de la religión salvo que no tienen necesariamente a Dios como centro. Su terreno de acción es el cambio social a través de la política. Su ambición es acaparar el mayor poder civil y político posible incluso, en ocasiones, utilizando la coacción o el miedo llegado el momento. El nacionalismo es la ideología por excelencia, pero luego están todas aquellas ideologías basadas en fuertes intereses socio-económicos; de identidades minoritarias: feminismo, gays, negros, inmigrantes, nacionalismos minoritarios; ecologismos, contraculturas, grupos racistas, fascistas. Ideologías light de tipo socialdemocráta, liberal, conservadora, etc.

Seguimos explorando los territorios y a ver a dónde llegamos.

(continuará)

A LA BÚSQUEDA DE TERRITORIOS COMUNES (III)


Filosofías:- En torno a ciertas filosofías se pueden producir territorios comunes afectivos. Los existencialistas pueden relacionarse afectivamente en torno a esa forma de entender la vida; el post-estructuralismo, el marxismo, el cientifismo positivista, etc. No obstante el
conocimiento filosófico suele quedar reducido a minorías que muy pocas veces logran confluir como grupos u organizaciones. Una filosofía en ningún modo puede constituirse como territorio común necesario salvo que pase a ser asumida por una ideología con poder.

Podríamos hacer una relación de territorios comunes necesarios tanto espaciales (parques, calles, mercados, etc), como institucionales: organismos públicos, instituciones, leyes, normativas; el mismo idioma que hablamos, etc.

Podíamos también hacer una relación de de territorios comunes necesarios de conocimientos científicos, objetivos, académicos, médicos, etc. Pero lo que ahora nos interesa es la relación de los individuos con sus territorios comunes afectivos o viceversa: la relación de los territorios comunes afectivos con los individuos.

Es evidente la singularidad de cada individuo y sus potencialidades afectivas dadas por múltiples factores incapaces de ser reducidos a una sola y única composición objetiva. Esta singularidad está formada por factores biológicos, orgánicos, mentales, psicológicos, además de culturales, familiares-afectivos, existenciales; circunstancias históricas, socio-económicas, etc. A esta singularidad individual podríamos llamarla el alma o territorio de delimitación de cada individuo.

Al no existir jamás la posibilidad de reducir el territorio de delimitación o alma del individuo a parámetros de objetividad; tampoco es posible la identidad de territorios comunes afectivos de todos los individuos. Toda identidad basada en ideologías totalitarias o religiones universalistas que aspiran a una territorialidad común afectiva planetaria, están abocadas al fracaso y, en algunos casos de religiones políticas, a la continua tentación de imponerse también por la coacción y la violencia.

Es acertado establecer un axioma de convivencia democrática delimitado por el mínimo común denominador de coacción y violencia: el referente de la Carta de los Derechos Humanos (se hace necesaria también una Carta de Deberes Humanos) creo es el más apropiado a nivel internacional y sin excepcionalidad o coartada basada en creencias, ideologías o tradiciones seculares que inculquen actos de barbarie. Es quizás el único marco que hace más posible el infinito juego de territorios comunes afectivos de las almas (territorios de delimitación individual).

Sin ese riguroso marco (rigor con la ley) basado en el axioma de los Derechos Humanos corremos siempre el peligro de que ciertas e impredecibles afectividades comunes afectivas se conviertan en pretextos de barbaries totalitarias de cualquier tipo de fascismo, tanto de izquierdas, de derechas o religiosos.

10 diciembre, 2013

REFLEXIONANDO Y CON EL MAZO DANDO SOBRE DEMOCRACIA, SOCIEDAD CIVIL Y ESTADO

Podemos imaginarnos un espectro donde en un extremo hay un estado absoluto; y en el otro un estado a
punto de extinguirse como tal. Entre uno y otro extremo están muchas gradaciones de Estado que van desde un mayor a menor control de la sociedad. En las democracias modernas la sociedad o sociedad civil es un espacio donde los ciudadanos pueden organizar su vida de un modo libre, siempre que este modo de vida se atenga a las leyes de convivencia social; las leyes del país. Entonces todos los territorios o espacios de la ética, de la moral, de la sexualidad, del arte, de la organización de sociedades culturales-deportivas en función de un interés concreto, de las creencias; de la educación, de la sanidad, de las empresas, de entidades de asesoramiento legal, etc, etc.; pues todos estos territorios civiles quedan liberados para las iniciativas privadas o individuales. Queda para el Estado la función de vigilar e imponer la ley; garantizar que los contratos entre ciudadanos se cumplan; la defensa de su territorio, la iniciativa y puesta en acción en la construcción de las vías de comunicación y otros servicios fundamentales: líneas de electricidad, energía, canalizaciones, planes de emergencia nacional, etc.

Pero toda esta distribución de poder y jurisdicción varía de una estado democrático a otro. Hay estados democráticos donde le Estado controla y regula muchas de las funciones que en teoría le correspondería a la iniciativa civil y ciudadana. O viceversa, muchas de las funciones que un estado impone en una sociedad civil X, en otro estado quedarían supeditadas a unas reglas de oferta, demanda, beneficencia, etc. En la primera el Estado se nutre de una burocracia e instituciones u organismos diversos para cubrir necesidades civiles, pero con ello quita responsabilidades, iniciativas y libertades a los ciudadanos que podrían ser protagonistas de aquello que más les beneficiaría. Al mismo tiempo el Estado, al convertirse en un organismo cada vez más separado de la sociedad, intenta perpetuarse y conquistar más y más territorios civiles y ciudadanos que ellos mismos habrán de sufragar a través de tributos e impuestos. Comienza así una orgía de leyes, de regulaciones, de intervenciones donde el ciudadano normal necesariamente se pierde. Lo opuesto sería una sociedad civil más libre de restricciones burocráticas, mucho menos regulada por leyes; más espacio para las iniciativas, para los riesgos, etc. La contrapartida de este modelo sería la desprotección que podrían sufrir aquellos ciudadanos que no logren adaptarse o no desean vivir los ritmos que marca una sociedad competitiva. De ahí la necesidad en este modelo liberal de una caridad pública sufragada por fundaciones privadas, iglesias, sociedades filantrópicas, etc.

En función de los avatares históricos o condicionamientos culturales o valores trasmitidos; unas sociedades democráticas delegan más, o a veces bastantes parcelas de su territorio civil, a un Estado que perciben como protector, como el único organismo capaz de proveer de bienes y servicios en función de más necesidades y derechos ciudadanos. Existe también la tentación de las izquierdas de crear el Estado
regulador de la economía y distribuidor de riqueza por gracia, devaluando en lo posible los méritos y basado todo ello en un concepto optimista del ser humano (y en la fidelidad política, desde luego). Por otro lado hay una derecha que aspira a que el Estado controle y regule más y más espacios de moral pública en función de principios fundamentales naturales o religiosos. Y, están también, las sociedades que tratan de relegar al Estado a la mínima expresión en todo aquello que en teoría pertenece a la sociedad civil.

La realidad es que todos los modelos de Estado, además de sus propias contradicciones tienden a favorecer un aspecto singular de la condición humana. Quienes suelen llegar al poder suelen ser gente muy capaz de desligar los sentimientos de la política; gente que han llegado a entender y disfrutar la política como un fin en sí mismo, que enmarcan el Estado en función del Estado como aparato, la democracia en función de las técnicas de obtención de votos. La gente que sobrevive en los altos poderes son, por lo general, aquellos capaces de desligar lo humano de lo inhumano —entendido como aquello que es externo al hombre y lo fuerza a obedecer—, y, como el poder es por definición inhumano; pues todo acaba más tarde o más temprano corrompiéndose de una manera u otra a favor de lo inhumano. Normalmente, quien manipula el poder de lo inhumano sin sentir remordimiento alguno, y quien además tiene el don y la capacidad de actuar como actor en el escenario del mundo, ya tiene la clave fundamental de la perpetuación en el poder

¿Qué metafísica podría explicar este nuestro mundo de forma convincente?