12 noviembre, 2012

HE AQUÍ EL MÍSTICO SOSIEGO AL QUE ASPIRAMOS


La estructura sincrónica de la realidad actual es siempre la abstracción de un instante. Una congelación del tiempo. En ese momento podemos observar toda la realidad como contenida en un infinito plano de inmanencia. He ahí el presente absoluto. Solo nuestra conciencia puede crear ese momento. Solo desde nuestra conciencia se podría observar y escrudiñar ese plano de infinita inmanencia. Se produciría entonces la absoluta transparencia entre realidad y conciencia. La absoluta identidad. La absoluta fusión de pensamiento y realidad.

Pero eso solo ocurre en un plano imaginativo ya que la estructura diacrónica del tiempo ya está siempre instalada en un presente que ya siempre es pasado; y, en el mismo instante, la diacronía nos está abriendo a un infinito devenir. Tenemos el arma de la imaginación y la vamos a usar.

Podemos congelar el tiempo haciendo abstracción de las dos dimensiones: diacronía y sincronía: todo congelado en un instante absoluto. He ahí el tiempo-espacio convertido en un infinito plano de inmanencia. Ya todo está ahí: todo en un presente absoluto. He ahí “los pasados” y “los futuros” en un mismo territorio inmanente. Todo presente y transparente a nuestra conciencia. Nada ha muerto. Todo está ahí. Todo instante acontecido desde un hipotético principio hasta un hipotético final está ahí. Pero las hipótesis de principio y final desaparecen para ser un infinito de instantes congelados. Una eterna quietud; un universo “inmovilizado” en una eternidad.

¡¡¡Aggghhhh!!!

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