02 julio, 2011

REPASANDO LA BIBLIA Y EL GRAN LIBRO DE JOB

Soy un asiduo lector de la Biblia. Es un libro que siempre está en mi mesita y le dedico tiempo cada día para leerlo con atención. He estado últimamente releyendo todos los escritos deuteronómicos: Deuteronomio, Jueces, 1ª de Samuel, 2ª de Samuel, 1ª y 2ª de Reyes. He leído también Esther, Job y ahora estoy con los salmos. Las historias deuteronómicas se mueven siempre al hilo del cumplimiento o no cumplimiento de la Ley por parte de Israel. Es evidente que el partido de Jehová, desde la revelación de los diez mandamientos dada por Moisés, hasta la expulsión de los judaítas (que no todavía judíos) a Babilonia, no tenía la capacidad de imponer su monoteísmo al pueblo de una manera eficaz y continuada. El pueblo de Israel se “extraviaba” continuamente dando culto a los dioses cananitas tipo Baal, etc. Cara a la galería pretendían adorar a Jehová, pero cara para adentro adoraban sus ídolos y sus diosecillos. El dios monoteísta, tan severo y tan exigente, debía de parecerles muy duro; mientras que los dioses y diosecillos se manejaban mejor a nivel familiar y de pueblo. Como de aquella el estado monárquico rudimentario no podía controlar a todo el mundo, pues el pueblo se salía con la suya. Pero ni aun los reyes eran capaces de seguir los dictados de Dios y sus profetas y sacerdotes; y, a pesar de los prodigios y favores que Jehová les hacía, tornaban a caer en la idolatría. Luego venía algún profeta como Elías o Eliseo, o posterior rey reformador como Ezequías o Josías; cortaban cabezas, degollaban a los idólatras y vuelta de nuevo a extraviarse y pecar. Era ese sin fin de ley, pacto y retribución. Si eras fiel a Jehová y cumplías sus leyes y estatutos como individuo y como pueblo, pues tendrías larga vida, muchos hijos e hijas, esposas, concubinas, esclavos; tierras, ganado; conquistas exitosas con degüello masivo incluido.

Una cosa es importante a tener en cuenta y que mucha gente no sabe. En la Tanak o Antiguo Testamento, no hay ninguna preocupación con el más allá. Es más, está terminantemente prohibido especular con el Sheol o lugar de los muertos. La Biblia antigua se mueve en el terreno histórico, material, lineal de nacimiento y muerte; y, en este escenario es donde se premia y castiga a Israel. Luego la cosa va evolucionando hacia un mesianismo terrestre con un rey o ungido universal que reinará en nombre de Jehová a todo el mundo. O, una ética más elaborada. Pero eso ocurrirá en la Tierra de un modo histórico, eso sí, con intervención divina que enderezaría las cosas con sus ejércitos, caudillos y profetas; todos ellos conducidos por el Mesías libertador. Se empieza también a especular, en el período pos-exílico (quizás por influencia persa), con la resurrección de los muertos. Pero es una resurrección de huesos que se ponen de pie y recuperan su carne y tendones y sangre y vuelven a vivir. No hay nada espiritual. No hay dimensión espiritual greco-platónica en esta resurrección un tanto tosca y rudimentaria. Eso vendrá luego, tanto para los judíos como para los cristianos. Jesús y los fariseos ya creían en una resurrección más elaborada. Los saduceos, sin embargo, se mantenían más pegados a su tradición Jehovita y deuteronómica.

Quizás la lectura más apasionante es la de Job. Job es un libro que hace las preguntas que una mente moderna podría hacer a Dios. Es un libro que desafía a Dios mismo. Le desafía a demostrar que lo que hace es justo, correcto y racional. Le impreca sobre su favoritismo por los ricos y los poderosos; y su desdén por los pobres y las buenas personas. Exige un juez que medie entre Dios y los hombres para que el hombre pueda abogar justicia ante la arbitraria omnipotencia divina. Quienes sois ateos o tenéis cierto prejuicio hacia la Biblia os aconsejo leer el libro de Job. Podréis también ver a los aduladores de Jehová; o sea, a los religiosos de todas las épocas que adulan e increpan a los hombres pecadores magnificando la infinita gloria de Dios; mientras Job se queda solo con su miseria, sus sufrimientos y sus preguntas tan fuertes. Buen libro. Excelente estilo literario. Es evidente que con Job la teología deuteronómica entra en crisis. La ansiedad del hombre que trata de seguir una ley divina en su perfección, rompe en serios reproches y cuestionamiento de la misma figura del Dios supuestamente justo y omnipotente.

Los salmos, sin embargo me aburren. Los salmos son aduladores de Dios, masoquistas ante Dios, egoístas en sus peticiones, salvo algunas buenas excepciones. Pero en general me aburren, a pesar de su belleza literaria en ocasiones. Son temas planos. Políticamente correctos. No estimulan el alma de forma creativa. Toda una decepción. Quizás no estoy llegando al meollo.

Y nada más.

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