Veo una película en el canal francés TV5. El tema es de manual de lo políticamente correcto. Una trama de una relación homosexual entre un joven musulmán y otro francés. El padre del francés es empresario y tiene prejuicios contra los musulmanes. El muchacho musulmán está empleado en la
empresa del padre del chaval francés. Un día llegan el padre y la madre a casa y descubren a los dos amantes en pelotas en una habitación. El padre entonces busca cualquier buen pretexto para echar al chaval musulmán de su empresa. La cosa se complica y sale a relucir el prejuicio del padre a los musulmanes como parte fundamental de la película y ya no sólo por la homosexualidad. Los gestos del padre se hacen cada vez más perversos y malvados mientras que la madre es comprensiva y compasiva y echa en cara al padre su racismo contra los extranjeros y musulmanes. Bueno. Quizás la peli hubiese dado un cambio y acabase en otra cosa diferente a lo que yo estaba viendo y juzgando. No le di ocasión. Me resultaba una película-tópico; del tipo caza subvenciones socialdemocráticas. Un patético rollazo. Sólo válida para practicar mi maltrecho francés.
Oigo en tertulias de radios y teles progres y no tan progres cosas que pretenden ser rompedoras contra los prejuicios existentes, la moral conservadora, el machismo, los sentimientos "anticuados", el racismo, la xenofobia, etc. Me sorprendo de que no se den cuenta de lo tópicos que han llegado a ser estas críticas por puro desgaste. Lo repetitivas y aburridas que ya resultan ante una realidad que ya se ha desplazado hacia otras coordenadas y por lo tanto han pasado a ser puro anacronismo. En realidad--y en la realidad-- ya está todo "roto" y volver al papel de rompedor revolucionario, ahora revestido de hipertolerante socialdemócrata, resulta aburrido. Ser feminista radical ya no se puede entender como discurso liberador a la vieja usanza. Quizás esté significando otra cosa. Ser afectivamente pro-gay y proclamarlo como
estandarte de biempensante democrático se ha quedado obsoleto. Puro gesto ya anticuado. Ser anticatólico al mismo tiempo que comprensivo con el islam es el colmo de la esquizofrenia. Y en eso se queda. Criticar todo sentimiento religioso en nombre de la ciencia resulta ya un pose de anacronismo agotado hasta la médula. O al revés. En realidad ya está todo roto y no hace falta exhibir bulldozers o rompehielos, porque simplemente ya no queda nada por romper. Hasta el racismo y su opuesto: el antirracismo se han globalizado de forma sorprendente. Ya no se trata del blanco contra el negro exclusivamente, sino también del negro contra el blanco, o el negro x contra el otro negro y; o también el oriental chino contra el oriental japonés o coreano y viceversa. El racismo y el antirracismo ya no son exclusiva del hombre blanco, se ha diseminado por todas las culturas y pueblos y a todos atañe.
Lo que está ocurriendo ahora, en nuestro presente, son las recomposiciones de los fragmentos, de los trozos, de los residuos de una civilización que ha logrado triturar con éxito toda posibilidad metafísica; todo axioma moral o ético; toda verdad en sí. Pero lo que ha hecho la civilización occidental es el veneno que ya corrosiona al Islam y a todas las culturas. Nadie puede vivir aislado en su rincón de la selva o del desierto. Ahora es la época de las recomposiciones. Y estas son las nuevas mutaciones. Resistentes a toda crítica ya que el ácido de la razón ya no tiene poder sobre ellas. Profundamente cínicas en relación a cualquier intento por dominarlas o apropiárselas en nombre de cualquier gran significante. En realidad importan poco las razones y las críticas; tan sólo importa el mero existir como a cada cual se lo pida el cuerpo. Ya no hay que dar razón de nada una vez que la misma razón se ha cuestionado a sí misma hace tiempo como otro producto histórico occidental. Las recomposiciones se presentan como autoevidentes y autosuficientes; se sustentan en el mismo límite de todo lo existente. Es inútil pretender romper o sermonear con humanismo socialdemocrático. Estamos ante otra cosa. Ante algo que vive en primer lugar su propia inmanencia con la mayor creatividad o destructividad posibles.
31 diciembre, 2016
08 diciembre, 2016
EL HOMBRE SALTARÍN
A lo lejos veíamos un hombre saltarín. No había nadie por la calle. La vida se reducía tan solo el hombre saltarín que hacía de su cuerpo una peonza. Cuando nos acercábamos a él, él se alejaba girando sobre sí mismo y haciendo un recorrido errático de alejamiento. Y así caminamos por un tiempo hasta que perdimos de vista al hombre saltarín, al hombre peonza.
La fábrica era enorme. Toda la producción parada y el silencio era abrumador. Las máquinas nos miraban como bestias relajadas. Nos quedamos mirando a una de ellas y la aislamos del resto. La contemplamos por un tiempo en su misma estructura, su misma configuración, su misma figura. Su belleza mecánica nos llevó al éxtasis. Sus circuitos perfectamente silenciosos y en reposo. Quietos. Potencialmente productivos. El silencio seguía siendo abrumador. Entonces nos pusimos a correr alocadamente por los pasillos poblados de máquinas girando hacía la izquierda y luego a la derecha y siguiendo en línea recta. Líneas rectas. Y de repente he ahí a lo lejos al trasluz de un gigante portón de salida estaba el hombre saltarín bailando y saltando como una peonza. De nuevo nos quisimos acercar a él y de nuevo se fue alejando. Salimos de la enorme fábrica y el sol nos deslumbró. Todo brillaba demasiado.
Nunca deseas que llegue la noche a una ciudad desierta. Durante el día proyectábamos fantasmas diurnos de esperanzas de luz, de claridades y sombras. De tonalidades de color. De espectros que cobraban vida propia, pero que luego desaparecían sin sentido, sin control. Había momentos en que los espectros formaban figuras de fabulosa fantasía y sus tonalidades afectivas eran buenas y nobles. Sobrecargadas de inocencia. Los árboles de los jardines y las plantas formaban parte del mundo de los espectros y de sus infinitas tonalidades de color y forma. Se fusionaban y jugaban. Pero habría de llegar la noche. Habría de oscurecer. La noche y su lóbrega oscuridad nos era insoportable. Nadie
puede desear una noche en una ciudad deshabitada y vacía. Pero cuando cruzas el umbral de la noche las pesadillas van cobrando vida como criaturas informes, caóticas, que chocan entre sí y producen toda clase de sentimientos turbios, amargos, desesperaciones, angustias límite y explosiones psicóticas.
Nada es permanente. La noche pasa y surge el amanecer y todo desaparece para dar lugar a una nueva creación en la ciudad vacía. Un nuevo día de luz. Al final de la gran avenida he ahí de nuevo al hombre saltarín bailando como una peonza y saltando y reclamando nuestra atención. Nos acercamos poco a poco y ahora el nos quiere indicar un camino. Quizás una salida fuera de la ciudad vacía.
La fábrica era enorme. Toda la producción parada y el silencio era abrumador. Las máquinas nos miraban como bestias relajadas. Nos quedamos mirando a una de ellas y la aislamos del resto. La contemplamos por un tiempo en su misma estructura, su misma configuración, su misma figura. Su belleza mecánica nos llevó al éxtasis. Sus circuitos perfectamente silenciosos y en reposo. Quietos. Potencialmente productivos. El silencio seguía siendo abrumador. Entonces nos pusimos a correr alocadamente por los pasillos poblados de máquinas girando hacía la izquierda y luego a la derecha y siguiendo en línea recta. Líneas rectas. Y de repente he ahí a lo lejos al trasluz de un gigante portón de salida estaba el hombre saltarín bailando y saltando como una peonza. De nuevo nos quisimos acercar a él y de nuevo se fue alejando. Salimos de la enorme fábrica y el sol nos deslumbró. Todo brillaba demasiado.
Nunca deseas que llegue la noche a una ciudad desierta. Durante el día proyectábamos fantasmas diurnos de esperanzas de luz, de claridades y sombras. De tonalidades de color. De espectros que cobraban vida propia, pero que luego desaparecían sin sentido, sin control. Había momentos en que los espectros formaban figuras de fabulosa fantasía y sus tonalidades afectivas eran buenas y nobles. Sobrecargadas de inocencia. Los árboles de los jardines y las plantas formaban parte del mundo de los espectros y de sus infinitas tonalidades de color y forma. Se fusionaban y jugaban. Pero habría de llegar la noche. Habría de oscurecer. La noche y su lóbrega oscuridad nos era insoportable. Nadie
puede desear una noche en una ciudad deshabitada y vacía. Pero cuando cruzas el umbral de la noche las pesadillas van cobrando vida como criaturas informes, caóticas, que chocan entre sí y producen toda clase de sentimientos turbios, amargos, desesperaciones, angustias límite y explosiones psicóticas.
Nada es permanente. La noche pasa y surge el amanecer y todo desaparece para dar lugar a una nueva creación en la ciudad vacía. Un nuevo día de luz. Al final de la gran avenida he ahí de nuevo al hombre saltarín bailando como una peonza y saltando y reclamando nuestra atención. Nos acercamos poco a poco y ahora el nos quiere indicar un camino. Quizás una salida fuera de la ciudad vacía.
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24 noviembre, 2016
BORRÓN Y CUENTA NUEVA
Quise escribir algo sobre una mujer psicóloga que tenía una teoría sobre las emociones un tanto heterodoxa, pero no extrañas. De todos es sabido que hay culturas o pueblos
inmersos en un universo de espíritus y almas en pena y dioses y diosecillos y toda una plétora de criaturas que viven en un mundo invisible; pero que se dejan conocer a veces dando señales para bien y para mal. Entonces muchos estados de ánimo o emocionales obedecían a la influencia de estos seres externos a nosotros, con su voluntad propia o sometidos a una jerarquía; y nos podían hacer la vida imposible en ocasiones o poseernos y dominarnos a capricho, etc. Incluso en los evangelios se ve cómo mucha gente física o anímicamente enferma, en realidad están poseídos por diablos que les hacen la vida imposible y causan sufrimientos a todos. También dentro del cristianismo los demonios tientan y desvían a la gente a hacer el mal y desobedecer a Dios. En una palabra, ciertos males físicos y anímicos se deben a causas externas a nosotros, a seres objetivos que viven en otras esferas del universo o entre la misma naturaleza; aunque entren en nosotros por infringir normas morales o tabúes o rituales que les abren la puerta.
inmersos en un universo de espíritus y almas en pena y dioses y diosecillos y toda una plétora de criaturas que viven en un mundo invisible; pero que se dejan conocer a veces dando señales para bien y para mal. Entonces muchos estados de ánimo o emocionales obedecían a la influencia de estos seres externos a nosotros, con su voluntad propia o sometidos a una jerarquía; y nos podían hacer la vida imposible en ocasiones o poseernos y dominarnos a capricho, etc. Incluso en los evangelios se ve cómo mucha gente física o anímicamente enferma, en realidad están poseídos por diablos que les hacen la vida imposible y causan sufrimientos a todos. También dentro del cristianismo los demonios tientan y desvían a la gente a hacer el mal y desobedecer a Dios. En una palabra, ciertos males físicos y anímicos se deben a causas externas a nosotros, a seres objetivos que viven en otras esferas del universo o entre la misma naturaleza; aunque entren en nosotros por infringir normas morales o tabúes o rituales que les abren la puerta.
Bueno, pues esta psicóloga recurría a esta misma idea y basaba toda su terapia en captar la naturaleza de estos seres del ultramundo y desprenderlos o dasactivarlos de nuestro escenario psíquico y así liberarnos de esas emociones o apegos afectivos que nos pueden perjudicar o nos hacen daño sin más en forma de esclavitud anímica. Cómo era su terapia no lo sabíamos. Para ello habría que haber ido a una de sus sesiones, cosa que no llegamos a hacer. Una idea un tanto irracional, un tanto subjetiva para nosotros que vivimos en un mundo completamente impregnado con la ciencia, y la ciencia no puede probar la existencia de estos seres; y no es que no lo haya intentado.
El caso es que había escrito una historia sobre esta señora con un final extraño, donde el narrador sufre de un fuerte apego emocional en forma de enamoramiento de esta misma psicóloga que lo está tratando. Y si la psicóloga está actuando de tal forma en el cuerpo de nuestro narrador, pues eso indica que habríamos de poner en cuestión la misma identidad de la señora: quizás ella misma fuese uno de estos entes funcionando como profesional de los líos mentales. Bueno, la cosa iba por ahí, pero no funcionaba. Lo leía un par de veces y no acababa de funcionar. Y cuando algo no funciona, vale más hacer borrón y cuenta nueva.
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05 noviembre, 2016
LA BIBLIA Y LA HISTORIA
UNO
Nadie puede
captar el pasado en toda su complejidad, en su multidimensionalidad. Recuperar
el pasado es una labor que se complica a medida que nos alejamos en el tiempo. Las
huellas del pasado lejano son las ruinas, los objetos que han quedado, los
documentos de la época; los monumentos con inscripciones; las tradiciones
orales, etc. Pero aun las huellas de ese pasado lejano hay que clasificarlas
en gradación de muy fiables a poco fiables. Hay que estar seguros de la época
de los objetos, de su facilidad para ser interpretados, contrastados y
encajados dentro de un contexto histórico. Cuando nos adentramos en la lectura
de la Biblia (Tanaj) nos metemos en una densa textualidad narrativa que
pretende abarcar milenios: desde la misma creación del mundo hasta la época del
segundo templo. Aun hace siglo y medio era posible aceptar la versión oficial
de un canon de Escritura sagrada revelado/inspirado por Dios y suficiente para
llevarnos hacia nuestra salvación y orientación moral. A pesar de las
dificultades y aparentes contradicciones o discontinuidades dentro del mismo
texto; sin embargo la falta de entendimiento del hombre se compensaba con la
sabiduría infinita de Dios. Lo que hoy no entendíamos lo entenderíamos cuando
estuviéremos en presencia del Señor. Doctores tiene la Iglesia, diría un
católico.Una consecuencia de la Reforma fue la de emancipar o liberar la Biblia de su institucionalización y monopolio interpretativo por parte de una jerarquía eclesiástica que impedía hasta su misma lectura por parte de los creyentes. Esta independencia y libre circulación de la Escritura hizo posible también; y, a medida que pasaba el tiempo, el sometimiento de los textos sagrados al análisis crítico de la razón y la
ciencia. No sólo se afinaron los estudios y cotejamientos filológicos o lingüísticos, sino que también se recurrió a la arqueología, a los métodos cada vez más sofisticados de la crítica histórica, de las disciplinas de la antropología; la datación de objetos, etc. Aun sin cuestionar la lectura desde la fe que incluso algunos de estos investigadores seguían profesando, no había porqué renunciar a la razón. La Biblia, en cuanto documento que reclamaba verdad histórica en aquellos acontecimientos fundacionales del pueblo de Israel, por medio de los pactos/alianzas o convenios y promesas entre Dios y Abraham, más tarde Noé, luego Moisés y por último David; --y, después por el cristianismo--, debía de mostrar su realidad histórica con mayor razón y motivo, siendo verdad Divina.
(CONTINÚA)
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13 octubre, 2016
OIGA, ¿ES USTED EL MISMO O ES OTRO?
Últimamente llevo viendo gente que hacía mucho tiempo que no veía. Gente que me para en la calle o en el autobús o en el centro comercial y me pregunta: ¿Tú no serás Nesalem? "Sí, sí, el mismo que ves, pero algo más viejo," respondo yo. Y entonces tratamos de recordar
juntos aquellos años o aquellos momentos o aquellas aventuras o aquellos meses del servicio militar y nos enfrascamos en relatos que se reactivan y cobran nueva vida. Luego cada uno sigue su camino y posiblemente ya no nos veamos más, o quizás otra vez más, pero cada vez más mayores, más mermados, más cerca ya de un final cada vez más posible.
¿Final? Tengo el profundo presentimiento de que la vida de un ser humano no acaba con la muerte física. Creo que esta vida en la Tierra tiene un sentido que a nosotros se nos escapa. Toda nuestra existencia y la existencia del universo es un misterio abrumador que para mí esconde significados profundos y dimensiones infinitas, aun sabiendo que nada de esto se puede demostrar, ni tampoco sustentar con razonamientos convincentes.
Hay veces que paseando en solitario por los alrededores de la ciudad o por playas muy extensas o por caminos de montaña que cruzan antiguas aldeas o caserones o iglesias abandonadas, el poder de la imaginación me empuja a un temor reverencial hacia la infinitud de todo lo que me rodea y el tiempo se para en un presente eterno por unos momentos. En esos momentos creo que D-ós es una realidad que no se puede reducir a ningún enunciado, a ninguna teología, a ningún juicio lógico. Es una profunda intuición, no es una demostración que aspire a convencer a nadie. Quien lo percibe lo percibe, quien no pues no. Se trata de afectos profundos no de teorías o constructos mentales. Es un algo poderoso que afecta a todo el cuerpo. Cuerpo. El cuerpo en toda su plenitud. ¿Ilusión? Bienvenida y duradera sea esta ilusión. Sin ella la vida para mi y para muchos como yo perdería su sabor enigmático, misterioso, mítico, romántico. El trasfondo de
ese aburrimiento consustancial con la rutina, el trasfondo de esa conflictividad ineludible entre las personas: esos equívocos, esos inexorables deslizamientos de significado que tantas veces nos fuerza a vivir solos con nosotros mismos y aun así parece que nunca llegaremos al fondo de nada. El trasfondo que trasciende miedos y ansiedades, y nos devuelve o restablece una confianza en la vida que jamás nos puede abandonar.
X: ¿Oiga?
N: Sí.
X: ¿Es usted Nesalem?
N: Sí, ¿por qué lo pregunta?
X: ¿Se acuerda usted de X cuando vivía en Y?
N: Sí, ahora que me lo dice usted es.....claro...usted es X que vivía en Y, pero usted ... no sé qué decirle... ya casi se me borró de la mente...dígame ¿qué recuerda de mí? ¿Cómo era yo?.../...
juntos aquellos años o aquellos momentos o aquellas aventuras o aquellos meses del servicio militar y nos enfrascamos en relatos que se reactivan y cobran nueva vida. Luego cada uno sigue su camino y posiblemente ya no nos veamos más, o quizás otra vez más, pero cada vez más mayores, más mermados, más cerca ya de un final cada vez más posible.
¿Final? Tengo el profundo presentimiento de que la vida de un ser humano no acaba con la muerte física. Creo que esta vida en la Tierra tiene un sentido que a nosotros se nos escapa. Toda nuestra existencia y la existencia del universo es un misterio abrumador que para mí esconde significados profundos y dimensiones infinitas, aun sabiendo que nada de esto se puede demostrar, ni tampoco sustentar con razonamientos convincentes.
Hay veces que paseando en solitario por los alrededores de la ciudad o por playas muy extensas o por caminos de montaña que cruzan antiguas aldeas o caserones o iglesias abandonadas, el poder de la imaginación me empuja a un temor reverencial hacia la infinitud de todo lo que me rodea y el tiempo se para en un presente eterno por unos momentos. En esos momentos creo que D-ós es una realidad que no se puede reducir a ningún enunciado, a ninguna teología, a ningún juicio lógico. Es una profunda intuición, no es una demostración que aspire a convencer a nadie. Quien lo percibe lo percibe, quien no pues no. Se trata de afectos profundos no de teorías o constructos mentales. Es un algo poderoso que afecta a todo el cuerpo. Cuerpo. El cuerpo en toda su plenitud. ¿Ilusión? Bienvenida y duradera sea esta ilusión. Sin ella la vida para mi y para muchos como yo perdería su sabor enigmático, misterioso, mítico, romántico. El trasfondo de
ese aburrimiento consustancial con la rutina, el trasfondo de esa conflictividad ineludible entre las personas: esos equívocos, esos inexorables deslizamientos de significado que tantas veces nos fuerza a vivir solos con nosotros mismos y aun así parece que nunca llegaremos al fondo de nada. El trasfondo que trasciende miedos y ansiedades, y nos devuelve o restablece una confianza en la vida que jamás nos puede abandonar.
X: ¿Oiga?
N: Sí.
X: ¿Es usted Nesalem?
N: Sí, ¿por qué lo pregunta?
X: ¿Se acuerda usted de X cuando vivía en Y?
N: Sí, ahora que me lo dice usted es.....claro...usted es X que vivía en Y, pero usted ... no sé qué decirle... ya casi se me borró de la mente...dígame ¿qué recuerda de mí? ¿Cómo era yo?.../...
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25 septiembre, 2016
CONVERSACIONES PENDIENTES
Me queda la sensación de tener conversaciones pendientes con mucha gente. Conversaciones que nos hubieran llevado a algún territorio común de empatía. Aunque fuese una empatía breve, una resonancia de segundos; una chispa de fusión de afectos.
Sentarse a tomar un café con ganas, verdaderas ganas de hablar; aunque sea con las miradas y en silencio; aunque sea con los gestos del rostro, de las manos, del cuerpo. Es imposible conversar cuando estamos en guerra. Cuando estamos en permanente vigilancia contra la intrusión no deseada; cuando los golpes de la vida nos han llevado a la permanente desconfianza; cuando hemos notado simulación, superficialidad oportuna; desviación del interés aparente hacia territorios yermos que no nos interesan y nos aburren, pero que al otro le satisfacen de una manera que nos sorprende. Imposible conversar cuando las ideas son fijas e invariables. Cuando la creencia o la fe política, o religiosa, es determinante y el enemigo es enemigo absoluto y no hay términos medios o senderos que se pierden en el bosque de la indeterminación y del misterio y donde los dos podamos ser trasladados a un nuevo territorio sin más referencias que la oscuridad y la claridad de las estrellas. Tengo la sensación de que muchas conversaciones que he mantenido a lo largo de mi vida han quedado sin terminar, sin tan siquiera comenzar por un mismo camino; sin que las palabras hayan tenido esa resonancia que nos invita al riesgo de ir avanzando a territorios de miedos comunes, de fantasías comunes, de caos común, de laberintos desconcertantes; de ansiedades bailando en la cuerda floja; de vistas hacia esos paisajes inesperados de lo absolutamente nuevo. En ocasiones me he visto tomando el camino equivocado de la conversación por no herir sensibilidades, por no desagradar, por ir con la corriente del otro o de los otros; pero luego me daba cuenta de mi insinceridad, de mi falsedad, de mi
desfiguración y mutilación cuando ya no había remedio ni pasos atrás. Tengo muchas, muchísimas conversaciones pendientes que jamás se llevarán a su término. De las que siempre me queda la sensación de: "podría haber dicho ésto en lugar de aquello que fue una absoluta estupidez"; o "pude haber respondido ésto que era lo que realmente sentía y no simular lo que no sentía." Oiga usted. ¿Y por qué no pensar que esas conversaciones fueron las que tuvieron que ser y si nunca llegaron a su término era precisamente porque nunca hubo tal término final? Así es la vida: entrecortada, discontinua, decepcionante, ambivamente, disonante, y equívoca en sumo grado. Amén.
Sentarse a tomar un café con ganas, verdaderas ganas de hablar; aunque sea con las miradas y en silencio; aunque sea con los gestos del rostro, de las manos, del cuerpo. Es imposible conversar cuando estamos en guerra. Cuando estamos en permanente vigilancia contra la intrusión no deseada; cuando los golpes de la vida nos han llevado a la permanente desconfianza; cuando hemos notado simulación, superficialidad oportuna; desviación del interés aparente hacia territorios yermos que no nos interesan y nos aburren, pero que al otro le satisfacen de una manera que nos sorprende. Imposible conversar cuando las ideas son fijas e invariables. Cuando la creencia o la fe política, o religiosa, es determinante y el enemigo es enemigo absoluto y no hay términos medios o senderos que se pierden en el bosque de la indeterminación y del misterio y donde los dos podamos ser trasladados a un nuevo territorio sin más referencias que la oscuridad y la claridad de las estrellas. Tengo la sensación de que muchas conversaciones que he mantenido a lo largo de mi vida han quedado sin terminar, sin tan siquiera comenzar por un mismo camino; sin que las palabras hayan tenido esa resonancia que nos invita al riesgo de ir avanzando a territorios de miedos comunes, de fantasías comunes, de caos común, de laberintos desconcertantes; de ansiedades bailando en la cuerda floja; de vistas hacia esos paisajes inesperados de lo absolutamente nuevo. En ocasiones me he visto tomando el camino equivocado de la conversación por no herir sensibilidades, por no desagradar, por ir con la corriente del otro o de los otros; pero luego me daba cuenta de mi insinceridad, de mi falsedad, de mi
desfiguración y mutilación cuando ya no había remedio ni pasos atrás. Tengo muchas, muchísimas conversaciones pendientes que jamás se llevarán a su término. De las que siempre me queda la sensación de: "podría haber dicho ésto en lugar de aquello que fue una absoluta estupidez"; o "pude haber respondido ésto que era lo que realmente sentía y no simular lo que no sentía." Oiga usted. ¿Y por qué no pensar que esas conversaciones fueron las que tuvieron que ser y si nunca llegaron a su término era precisamente porque nunca hubo tal término final? Así es la vida: entrecortada, discontinua, decepcionante, ambivamente, disonante, y equívoca en sumo grado. Amén.
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08 septiembre, 2016
LA VUELTA A ALTA TOWN
Volvía al pueblo después de muchos años fuera. Había visitado muchos países, conocido a muchas personas, trabajado en diferentes ocupaciones. Volvía viudo y oficialmente retirado de su vida activa. Sus hijos ya hacía tiempo que habían comenzado a crear sus propias familias en diferentes países. Era hora de volver al pueblo y ocupar la vieja casa de su infancia, de sus padres. Se sentía satisfecho. Llegar a ser viejo podía ser una satisfacción. El camino ya había sido recorrido y ahora se trataba de descansar. Vivir esperando la muerte y la muerte como algo necesario, positivo, renovador; morir era un acto de justicia que la vida proveía como final al cansancio y al agotamiento. En el pueblo sólo quedaban
Bill el tendero y su mujer, los dos ya bastante mayores. Luego estaba Sherry Murmann, la antigua madame del ya fenecido club Chica Linda. Vivía en el amplio primer piso de su antiguo negocio ahora tan solo ocupado por su voluminoso cuerpo que se bamboleaba por los pasillos y el salón sin saber qué hacer. Más allá la iglesia de madera había cerrado hacía una década, cuando todavía quedaba algún feligrés, restos de los tiempos mejores de Alta Town. En la casa contigua vivían el Reverendo Cullspy y su mujer ya sumergida en una profunda demencia que la tenía prostrada durante la mayor parte del día. El Sheriff Morton seguía ocupando su oficina, aunque ya no disponía de ayudante alguno y su vida de jubilado abarcaba ya un par de décadas. Allí seguía leyendo sus novelas de aventuras, interrumpido muchas veces por Mirma, su vieja compañera y amante que insistía en forzarle a comer un plato de pinto beans.
Cuando se metió en la casa de su infancia fue poco a poco desempolvando los recuerdos de una familia y un pueblo con mucha vida y juventud. Una familia entre otras muchas familias. Una infancia entre otras muchas infancias compartidas en juegos, en aventuras, en alardes de imaginación. Había escuela, y los domingos la mujer del Reverendo Cullspy les daba grandes trozos de brownies cuando respondían las preguntas sobre la Biblia correctamente. Había vida. Comunidad la necesaria. Pero todo eso quedaba en un pasado remoto cuando las minas de hierro todavía funcionaban. Ahora el pueblo y él acabarían languideciendo juntos.
Bill el tendero y su mujer, los dos ya bastante mayores. Luego estaba Sherry Murmann, la antigua madame del ya fenecido club Chica Linda. Vivía en el amplio primer piso de su antiguo negocio ahora tan solo ocupado por su voluminoso cuerpo que se bamboleaba por los pasillos y el salón sin saber qué hacer. Más allá la iglesia de madera había cerrado hacía una década, cuando todavía quedaba algún feligrés, restos de los tiempos mejores de Alta Town. En la casa contigua vivían el Reverendo Cullspy y su mujer ya sumergida en una profunda demencia que la tenía prostrada durante la mayor parte del día. El Sheriff Morton seguía ocupando su oficina, aunque ya no disponía de ayudante alguno y su vida de jubilado abarcaba ya un par de décadas. Allí seguía leyendo sus novelas de aventuras, interrumpido muchas veces por Mirma, su vieja compañera y amante que insistía en forzarle a comer un plato de pinto beans.
Cuando se metió en la casa de su infancia fue poco a poco desempolvando los recuerdos de una familia y un pueblo con mucha vida y juventud. Una familia entre otras muchas familias. Una infancia entre otras muchas infancias compartidas en juegos, en aventuras, en alardes de imaginación. Había escuela, y los domingos la mujer del Reverendo Cullspy les daba grandes trozos de brownies cuando respondían las preguntas sobre la Biblia correctamente. Había vida. Comunidad la necesaria. Pero todo eso quedaba en un pasado remoto cuando las minas de hierro todavía funcionaban. Ahora el pueblo y él acabarían languideciendo juntos.
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OCCIDENTE ES UNA CIVILIZACIÓN QUE MERECE LA PENA DEFENDER CON ORGULLO
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Yo, la verdad, cambiaría el himno y la bandera española por otro himno con letra y otra bandera. Los colores rojo y amarillo me resultan u...
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Hace calor. Me recuerda a mi infancia madrileña. Las afueras de Madrid parecían zonas desérticas, muy secas. Madrid quizás esté situado en u...












