30 abril, 2011

EL CLARO Y MANIFIESTO ANTISEMITISMO PROGRE

Están muriendo sirios a cientos a manos de su tirano y los progres españoles no dicen nada, ni se manifiestan por nada. Lo cual quiere decir que a la progresía española y europea solo le interesan los muertos palestinos. Lo cual demuestra lo que ya hemos dicho muchas veces: la progresía española y europea es, en primer lugar, antisemita. Esa antipatía a Israel, esa cacareada y solidaria defensa del pueblo árabe tan supuestamente “machacados” por Israel; no tiene más explicación que la torpeza ideológica en la que vive esta izquierda. Ya pueden matar Siria, Irán, Yemen o Bahrein, a miles de personas en las calles, que nuestra bondadosa progresía solo se moverá cuando Israel haga algo que cause alguna víctima palestina en “acto de servicio”.

Las cosas van quedando claras.

EL REINO DE LOS CIELOS

A.- ¿He oiga, a dónde va?
B.- Me han dicho que siguiera por aquí por este camino.
A..- Sí, pero tenía que haber hablado conmigo antes. Yo soy el portero de este mundo.
B.- Perdone. Verá, acaba de pasarme algo que no entiendo y una voz me dijo que siguiera el camino.
A. Sí, como todos los que entráis por aquí. Vienes del mundo de los vivos de carne y hueso porque has muerto para ese mundo, ahora viene lo bueno. Vamos a ver, ¿tú que hacías en ese mundo?
B.- Yo fui profesor de secundaria en España.
A.- Pues has tenido suerte, los profes de secundaria españoles honestos, tenéis ya ganados amplios privilegios por vuestro excedente de sufrimiento injusto y malévolo. Sigue el camino y cuando llegues al siguiente guía dile que profe español. Suerte has tenido que no eres político.
B.- Gracias. Oiga, y ¿qué les pasa a los políticos españoles?
A.- Son la raza más oportunista, corrupta y cobarde que pisa vuestro pícaro país. Tendrán que picar en las minas de sal y de cal por cincuenta años infernales (1 año infernal= 50,000 años terrenales). La costra espiritual de maldad y cinismo que llevan acumulada requiere mucho trabajo con la sal y la cal viva.
B.- ¿Y nosotros los profes de instituto honestos?
A.- Pues vosotros pasaréis al paraíso del placer y el relax por una eternidad. Los deleites que os esperan no se pueden describir con las palabras. Lo tenéis bien merecido. Habéis sufrido perversa e injustamente, tanto por parte de los políticos, padres y compañeros deshonestos vuestros; así que merecéis lo mejor del reino de los cielos.
B.- ¿Y los compañeros nuestros corruptos y deshonestos?
A.- Esos pasan a las minas de azufre bajo vigilancia de los íncubos salvajes. Tienen que pasar allí 100 años infernales. Hay mucha mierda que limpiar antes de pasarlos al cielo.
B.- Oiga, ¿y cómo sabe que yo soy profesor honesto?
A.- Hombre, solo hay que mirarte para ver lo que has sufrido. Es hora de tu merecido descanso: sigue de frente. Adiós y nunca mejor dicha esta palabra.

27 abril, 2011

PARA ESO QUE QUIERE TRAGARME DISPONGO YO DE UN TAPÓN

En todas estas cuestiones de Dios y de la ciencia y de si creemos o no creemos en algo divino o, en lugar de Dios, pues está el creer en algo racional, demostrable, real, empírico y demás; el tema es siempre más complejo. Porque en el fondo de la cuestión está la apremiante necesidad de dar sentido a la vida, a la existencia, a la inexplicable razón de qué narices está pasando aquí en este mundo que se sufre cincuenta mil veces más que se disfruta, o se es feliz; y la gente busca respuestas de mil maneras y de acuerdo a cada temperamento. Porque el sentido no es algo que se pueda expresar como dos y dos son cuatro solamente; y, bien (dirían muchos), pero yo tengo que trabajar todos los días y bregar con conflictos de una y otra naturaleza, donde lo humano me complica siempre las cosas, tanto lo que procede de mi mismo; que ni sé lo que es; pero menos todavía la de mi prójimo que busca su propia supervivencia; mantiene su propia lucha contra las amenazas, o supuestas amenazas de la vida; y trata de refugiarse en su propio mundo. ¿Y qué me soluciona a mí que el mundo venga del bing-bang o que la teoría de la relatividad me haga ver esto, que parecía de sentido común, bajo otro sentido sorprendente; pero si al día siguiente tengo que trabajar y los conflictos me asedian y las relaciones son complicadas con todos: familia, vecinos, compañeros de trabajo que rivalizan o tratan de imponerse y viceversa; y porque además yo seré en problema para otros, por mi forma de ser y mis dislocaciones inexplicables, etc. etc. La ciencia no me puede solucionar eso salvo que se convierta en una dictadura racional-tecnocrática que nos obligue a todos a pensar y vivir de una manera Brave New World; pero eso es imposible; ninguna dictadura aguanta más de mil años; y, además iría mucho más allá de lo que la ciencia tiene por método y circunscripción. Y es que en el trasfondo de todas las cosas está siempre eso que se nos escapa, que nos elude, que se desplaza; que se desvanece cuando ya lo creíamos bajo control.

Una cosa es la razón y el razonamiento y la lógica y los hechos fehacientes e ineludibles; y, otra es la existencia concreta de las infinitas posibilidades; de las opciones imprevisibles, de las pasiones; de las emociones que tiran por aquí y por allá; de las improvisaciones. De lo correcto e incorrecto que se mezclan formando una masa que hay que sopesar y equilibrar; o lo objetivo y subjetivo que se mezclan como la tierra y el agua y forman un lodazal que hay que recomponer y acertar y eso no es siempre posible, mejor dicho no es la mayor parte de las veces posible. Unos lo hacen mejor pero luego fallan en otra cosa, u otros lo hacen peor, pero luego aciertan en lo que menos se esperaba de ellos.
Entonces necesitamos dar sentido al mundo de alguna manera y poner algún cimiento entre la grieta misteriosa que siempre está ahí dispuesta a abrirse con alguna sorpresa inesperada; y nosotros las conciencias humanas que hemos de vivir de alguna manera sin matarnos o exterminarnos continuamente, dando cierta firmeza o solidez a la existencia para que podamos decir dos y dos son cuatro y si son cinco usted me está engañando. O, poder controlar y domeñar a la naturaleza con las finas armas de la razón y así poder curar enfermedades, poder comer mejor sin miedo a morir de hambre; poder construir una vida mínimamente decente sin miedo a que me roben o que los poderosos me vendan como esclavo o me arrebaten mi mujer y mis hijos; o que cuando el frío invada la ciudad yo pueda resistirlo con mi calefacción y mi buena chupa de cuero y mis mantas calentitas en mi cama. Pero aún así, hay más que hemos de dar sentido para que la grieta no nos ataque por otro lado más expuesto; y, que la ciencia o las artes políticas no logran tapar o proteger; y, entonces queda uno expuesto a la desnudez psíquica por falta de apoyo, de orden moral o ético, de valores que sirven para afrontar una contingencia de experiencias múltiples que de otra manera no son posibles de ser controladas. 

Y ahí entramos en la filosofía, en el arte; pero también en la religión, en lo sagrado; en la posibilidad de un Dios regulador del cosmos que de alguna manera nos da leyes, nos da esperanza, consuelo que sirve para enfrentarse a las enfermedades, a la muerte; a saber en cierta manera lo que está bien y mal, aun con imprecisión; pero que todo su simbolismo, toda su dimensión sagrada de libro, de revelación, de metáfora con explicación, pues sirve para que esa experiencia que siempre se escapa a la razón pues tenga una posibilidad de darle sentido, de englobarla en un cierto equilibrio estético, moral, o de proyecto de vida ante la desnudez de una posible sombra cósmica fría e inhumana; capaz de empujarnos a la más inhóspita y maligna depresión. El ser humano no puede vivir sin sentido. Un sentido nos lo da la facultad de la razón; y, cubre con ello la dimensión objetiva del ente humano; pero quedan muchas otras dimensiones de la experiencia que han de ser satisfechas o pretendidamente satisfechas de alguna forma. No es fácil y no todo lo que surge en ese intento es sano o equilibrado; pero es una necesidad imperativa del género humano. Siempre hay que tener en cuenta que lo que subyace bajo la ciencia y bajo las ideologías o religiones, es siempre un algo impronunciable, un misterio ineludible, una grieta que se abre cuando menso lo pensamos. En el fondo siempre necesitamos de cierta fe y confianza en lo que creamos o producimos como método o pensamiento.

24 abril, 2011

WILLIAM DE OCKHAM VIENE A NUESTRO AUXILIO

William de Ockham (1287-1347) creía que la omnipotencia de Dios era su voluntad absolutamente libre. Eso quiere decir que la omnipotente voluntad de Dios no tiene por qué atenerse a ninguna Razón Universal o necesidad alguna. Es Voluntad infinitamente contingente y entonces el mundo es como es por libre y arbitraria decisión divina. Pero el mundo podía haber sido de infinitas maneras diferentes ;y, de la misma manera que hay agua en el mar, pues haber sido vino o fariñas. Si lo normal es andar para adelante, pues pudo haber sido al revés; andar para atrás como normalidad, etc. Pero esto implica además que el presente depende siempre de la voluntad de Dios que lo sostiene. Si Dios deja de sostenerlo pues el mundo se va a freír espárragos. Ockham distingue la fe de la razón de la siguiente manera. La fe pertenece a la Revelación y la Revelación no tiene nada que ver con la razón e intentar razonar la fe o la existencia de Dios no nos lleva a nada. Y, en cuanto a la Revelación, pues depende también de la libre y absoluta voluntad contingente divina. Eso implica que, de la misma manera que Dios se encarnó en Jesucristo pues pudo haberse encarnado en un burro o en lugar de amarnos los unos a los otros pues pudo haber sido lo contrario: odiaros los unos a los otros. La razón es una facultad que Dios nos dio para vivir lo mejor posible en esta existencia. La fe es otro mundo que nada tiene que ver con la razón. Ockham, entonces, separó de una manera contundente la fe de la razón. El conocimiento en todo lo concerniente a esta vida terrena se lleva a cabo con la razón y otras facultades mentales, sin tener que recurrir a la fe o la revelación para nada. Cabe decir entonces que William de Ockham optaba por un conocimiento empírico de la realidad basado en hechos y datos; en lugar de adaptar los hechos y datos a una razón universal inexistente.

Entonces la Brutal Teodicea de Leo Smith por la cual perdió literalmente la cabeza, era equivocada según Ockham, por la sencilla razón de que es intentar razonar lo que no es posible razonar. Razonar las cuestiones divinas es una pérdida de tiempo pues estas están ahí para obedecerlas y punto. La Revelación nos habla de todo lo concerniente a la moral, el más allá, la redención, etc; pero para vivir en este mundo necesitamos la razón empírica. Mezclar ambas cosas es un un error que solo nos lleva a absurdos y a aporías.

Y, curiosamente, este voluntarismo omnipotente nos puede llevar facilmente a Calvino y su predestinación. Hum!! Esto es una aventura interesantísima...!!!! Caliente, caliente, ....

22 abril, 2011

LA BRUTAL TEODICEA DE LEO SMITH

Leo Smith escribió lo siguiente antes de ser ejecutado en la plaza pública de Nomortew. Terrible teodicea. Este Atrio lo publica con cierto miedo y temor

El problema del mal queda solucionado de la siguiente manera, ( y para ello vamos a utilizar un solo atributo divino: su omnipotencia.)
Si Dios es omnipotente es imposible que hay lugar en el universo que esté fuera de él. Es decir: es imposible que haya ninguna exterioridad fuera de Dios. Todo está presente en Él.
Entonces lo que entendemos por el mal es parte integral del mismo Dios. Es otra modalidad de ser del mismo Dios, ya que todo lo existente es Dios en-sí y para-sí.
Satanás, los diablos y los matarifes de la Historia, los sádicos malignos y demás son inexorablemente modalidades de Dios.
Cualquier persona de carne y hueso es parte de Dios. Es una modalidad de Dios.
Todo lo que ocurre a una persona en cualquier momento está incluido y predestinado por Dios.
Todo lo que ocurre en cualquier momento en el universo está incluido y predestinado por Dios.
Darse cuenta de esto es darse cuenta que todo lo que somos, pensamos, especulamos, hacemos, etc. es Dios actuando en la modalidad, Pepe, María, etc.
Todo, absolutamente todo, está bajo la omnipotencia divina: tus dudas, tus sufrimientos, cualquier elección, etc., todo está ocurriendo absolutamente en Dios.
Ese es el descubrimiento de la fe que Dios concede a quien quiere y niega, por el momento, a quien quiere.

Por tanto quienes hablan de libre albedrío están viviendo en la modalidad de alienación. No hay voluntad alguna que pueda condicionar a Dios desde fuera. Eso negaría su omnipotencia de todas todas.

Entonces el mal es parte del ser divino imputable a su arbitraria y libre voluntad.

Lo siento, es así. No cabe otra explicación.

¡Cachis en la mar! Me queda una duda: La omnipotencia de Dios llevada al absoluto acaba siendo una inmanencia también absoluta. De ser así, no tiene sentido la voluntad de Dios ya que una voluntad implica un querer algo; y, si alguien quiere algo es que algo le falta y a Dios no le falta nada, por tanto Dios en su omnipotencia queda convertido en absoluta inmanencia. Y entonces la conciencia humana se convierte, como quien dice, en la conciencia de Dios en busca del conocimiento de sí mismo. Y entonces volvemos al individuo humano en su existir en el mundo. Es todo un círculo vicioso. Hegel (antes Spinoza) me parece que sabía mucho de esto.

NO HAY MANERA CON ESTA HUMANIDAD

El mal es inevitable. En cualquier teoría o en cualquier aplicación practica de la teoría siempre, siempre hay un algo que impide que se haga lo correcto. Esa cosa que queda fuera, quizás se pueda dominar y controlar, pero al controlarlo luego sale otro algo que cuestiona o impide o nos toca las narices con un problema, un error, una laguna, unas consecuencias imprevistas, etc. Acabo de leer el libro de Mark. C. Taylor ya mencionado (Después de Dios. Siruela 2011) y al final propone una manera de situarse en la vida donde los absolutos han de dar lugar a absolutos relativos y los relativos a relativos absolutos. Llevándolo a los mercados como ejemplo Taylor dice que no se debe tomar el mercado como un absoluto al que se ha de dejar libre con el mínimo de regulaciones, pero tampoco se trata de regular por imperativo doctrinal socialista. Se trata de dejar el mercado por su cuenta, hasta cierto punto; o, regular también hasta cierto punto. De la misma manera, se trata de fomentar la competitividad hasta cierto punto, pero una competitividad sin algún grado de cooperación puede ser nefasto. Lutero decía: desregular lo privado, y cuando sea necesario, regular lo público. Otras versiones protestantes inmiscuidas en la política americana dicen: desregular lo público y regular lo privado.

Bueno, el caso es que la postura de Mark. C. Taylor parece ecuánime, de acuerdo con los últimos descubrimientos del genoma humano, del funcionamiento de las redes de información, donde las estructuras dejan de ser fijas para dar entrada a lo emergente y viceversa, en un constante devenir sin finalidad alguna. Pero el asunto es que esta sana y equilibrada manera de estar en el mundo, no deja de ser otra postura “correcta” y entonces Taylor ha de arremeter contra el “error” absolutista” o fundamentalista (en religión o ideologías diversas); o, contra el relativismo desenfrenado que acaba siendo destructivo, etc. En definitiva, el mal siempre aparece por algún sitio tocándonos las narices y no hay teoría crítica o axiología práctica que lo resuelva: siempre hay una molesta e inquietante exterioridad tocándonos los tolanos o los ovarios. Incluso el fallecido Derrida (RIP), a pesar de su concepto de “differance”, donde nunca hay posibilidad alguna de situarse en un presente porque el presente cuando se “presenta” ya es pasado (un siempre-ya-ha sido); pues no deja de ser también una putada que la gente no comprenda esto y muchos sigan empeñados en agarrarse a cualquier idealismo eurocéntrico o falocrático, con promesa de estabilidad y dominio. Parece como si estuviésemos condenados a un inexorable dualismo. Incluso el panteísmo más panteísta de los panteísmos, el de Spinoza, no nos deja situarnos en esa razón mística tan silenciosa como beatífica de quien ya ha superado todo dualismo. Nada. De pronto viene algo o alguien que te da un empujón por la espalda y vuelta a la puñetera realidad del conflicto.

Y en la Biblia pasa lo mismo.

En Génesis Dios crea el mundo de la nada, pero ya en esa primera creación, va incluido un caos y unas tinieblas a las que hay que poner orden con la Palabra. En la segunda versión de la creación, el Paraíso Terrenal de Adán y Eva se ve trastocado por la serpiente que procede de esa otra realidad maligna y tenebrosa. Luego la criatura humana peca a diestro y siniestro. Dios se arrepiente de haberlo creado y hace limpieza en el planeta con el Diluvio. Luego hay nuevo pacto con Noé. Pero el pacto no se guarda y vuelta a cometer errores y maldades hasta que Dios escoge a Moisés y le da la Ley para cumplirla y ser buenos, o, tan siquiera mínimamente decentes; pero nada de nada: unos pocos sí son decentemente buenos, pero los demás construyen el becerro de oro y fornican con las mujeres que no deben (el sexo siempre anda por ahí en plan gamberro y sino que se lo pregunten al Rey David) y cometen idolatría blasfema y sacrílega y entonces Dios con su ira borra del mapa del desierto a miles y miles de rebeldes y hasta al mismo Moisés ha de castigar. Luego, con el exilio babilónico, aparecen los profetas predicando la ética del bien, de la solidaridad con el pobre, de la justicia que ha de establecerse en el corazón antes de ser algo visible en forma de ofrenda física en el templo (el catolicismo clásico era un poco así: de visibilidad, más que de corazón). Se empieza a vislumbrar una era gloriosa de Justicia que traerá el Mesías de Jehová. O sea, la promesa es una intervención divina en la historia, que hará posible de forma definitiva, esa Justicia y esa Verdad de la Torá.

Luego viene Cristo, Jesucristo, y, según los evangelios, hay mal por doquier en el Israel de entonces. Hay injusticia, hipocresía, engaños, adulterios, miserias, opulencias; opresores romanos y judíos; hay demonios malignos que toman posesión de las almas de unos pobres desgraciados y los hacen vivir el mismo infierno en la tierra (ya de por sí bastante infierno). Jesús tiene que hacer milagros y expulsar demonios, predica una ética de desprendimiento casi total (e imposible en algunos casos), una medicina radical de ir a la raíz del mal apostando por el amor y muere para, según los evangelios, salvarnos de ese pecado y de esa maldad para siempre. Física y materialmente nada parece haber ocurrido en el planeta, todo sigue aparentemente igual que siempre, salvo los cambios temporales y un grupo de judíos seguidores de Jesús que viven una expereincia impactante. Luego viene Pablo y dice que la Torá que seguían practicando estos primeros cristianos pues hay que entenderla de otra manera; y, que es la fe y la resurrección, lo que constituye la fe absoluta que salva y que los gentiles no tienen por qué cortarse el pito para pasar a ser de la sinagoga de Cristo (que seguía siendo Israel, pero un Israel abierto a los gentiles de un modo más “fácil”; sin seguir la Torá o reinterpretando la Torá de tal modo que solo queda la profesión de fe). Otra cosa es que los judíos en su gran mayoría no se hacen seguidores de Jesús y entonces Pablo ha de injertar a los nazarenos de algún modo teológico en Israel.

En definitiva, el mal sigue ahí; el dualismo sigue ahí. Luego volveremos con algunas preguntas a botepronto sobre la teodicea

21 abril, 2011

EL MAL NUESTRO DE CADA DÍA

En los evangelios está la expulsión de los demonios. Los demonios son el mal personificado. Como manifestación de la malignidad odian a Dios y a Jesucristo. Por lo que se puede leer de ellos actúan como seres resentidos, envidiosos, destructores de lo bueno y son así mismo los que están detrás de muchas enfermedades desestabilizando el sistema inmunológico tanto psíquico como físico de la pobre gente de Galilea y Judea. Entonces se vuelven locos de amarrar o les salen llagas y tumores raros. Jesucristo sabe que detrás de muchos de estos locos desgraciados está un demonio o una legión de ellos que viven sin pagar renta y además haciendo destrozos en sus cuerpos y almas. Una personificación indica una exterioridad que nos posee. Hay algo ahí que nos posee, que nos domina y nos fuerza a doblegarnos a su voluntad destructiva, irracional y caprichosa. En esta antropología evangélica podemos hablar de la posibilidad del mal de actuar a través del hombre y vivir a través de él. Pero el mal en este caso aparece como algo radicalmente externo a nosotros. Una alteridad como dirían los posmodernos. Para ser todavía más posmoderno: una alteridad con la que no hay posibilidad de diálogo dentro de la diferencia. O se le echa por la fuerza; o si no, nos amarga la existencia con rabia y furor sádico.

Que anden por ahí sueltos estos entes tan malignos, prueba que hay algo por ahí invisible que está al acecho para fastidiarnos bien fastidiados. Pero si están por ahí estos bicharracos sobrenaturales con su estructura jerarquizada y con jefes tan poderosos como Satán, Lucifer, Belial, Belcebú y otros que no me acuerdo; eso quiere decir que Dios les permite actuar o que quizás son una fuerza todavía salvaje dentro de la creación y conviene atarlos o destruirlos cuanto antes. Incluso Jesucristo tuvo que pasar la prueba en el desierto y esa prueba nos revela mucho de lo que los demonios controlan y regulan: poder, riquezas, apetitos y deseos, etc. Curiosamente son las fuerzas irracionales de la historia y de la persona. Son los apetitos desmesurados de la carne y del dinero, las fuerzas inconscientes que tanto nos incordian, nos vuelven tan neuróticos e inestables; tan desasosegados. En definitiva, esos demonios son la anulación de la voluntad o el yo humano para así realizar la toma de poder por parte de la locura maligna. Freud tuvo que haber indagado más en las escrituras cristianas.

La razón de por qué los evangelios nos muestran a los demonios de esa forma tan “visible” y tan dramática tiene que ver con lo que luego viene con la muerte en la cruz como destrucción del poder del mal. Jesucristo expulsa a los demonios como preludio de una mayor “paliza” mortal que les espera. La muerte de Jesús en la cruz es también la victoria sobre el mal en todas sus dimensiones. Se vence a la muerte y se vence al pecado: o sea, el mal en toda su radicalidad y modalidad. La resurrección de Jesús es la prueba palpable de la victoria sobre todo lo maligno. Si Jesús hubiere quedado en la tumba pudriéndose como cualquier mortal, entonces el mal hubiese así quedado como soberano absoluto de este mundo. Sería indescriptible el sufrimiento atroz que estaríamos experimentando ahora con llagas por todo el cuerpo trabajando 24 horas en minas inmundas de mercurio y fósforo; recibiendo latigazos sin parar y otras cosas indescriptibles marcadas a fuego. Pero no. No fue así.

La Resurrección de Jesús fue la victoria sobre el mal.

Pero el mal sigue. La gente se sigue volviendo loca y nos matamos entre nosotros, engañamos al prójimo; explotamos y nos explotan; andamos inquietos por la vida con millones de miedos. Ni siquiera los que se llaman cristianos se salvan de esta inquietud maligna. La salvación entonces no es una salvación universal real, o sea, de hecho en la vida real de los sentidos, de carne y hueso. El mundo sigue igual con los demonios sueltos, pero ahora son llamados virus, esquizofrenias, bacterias, depresiones, manías, violencia demencial psicótica, ideologías excluyentes e incluyentes, etc., ¿Será que esa salvación tiene poder a niveles espirituales y no terrenales? Entonces habría que decir que el arquetipo de la resurrección y la salvación del mal, se pueden inocular en la mente o alma en forma de fe y esperanza hasta que llegue la hora de la consumación y el Apocalipsis final. Mientras tanto se deja a las fierecillas malignas actuar, pero sabiendo que ya están caput, vencidas. Cuestión de tiempo. Mientras hay que anunciar la Buena Nueva al mundo, a este triste mundo.

Es curioso que el mal ya aparezca desde el primer día de la Creación: con la creación ya viene el caos y las tinieblas de afuera. Es como si en Dios mismo ya habitara la exterioridad y la alienación. Es evidente que había necesidad de crear al ser humano. ¿Para qué? ¿Para conquistar esa exterioridad a través del hombre? ¿Era necesario que el hombre cayera víctima del mal, para así conquistar esa sombra que queda “suelta” desde el mismo día de la creación?

¿O es que la conciencia humana se ve obligada a explicar su triste condición de alguna manera en forma de relatos imaginativos y significativos? La resurrección y la salvación se basan en la fe y la fe es la certeza de lo invisible, etc..

PALESTINOS E ISLAM

No interesa. Solo interesa defender la Palestina islámica y anti-occidental, además de anti-cristiana. Es una enfermedad ideológica autodest...