08 junio, 2014

A VUELTAS CON LA EXPERIENCIA DE LA FE. ¿QUÉ DEMONIOS ES LA FE?

Ninguna religión pasa la prueba de la razón. Si la demostración de la existencia del Dios monoteísta ha de pasar por el mundo que vemos y sus manifestaciones
naturales, entonces al final siempre hemos de recurrir al milagro de la fe. Pues a lo único racional que nos llevan las manifestaciones del universo, si somos honestos, es a nuestra más completa ignorancia sobre el porqué de la existencia de lo que vemos. No hay señal objetiva o demostrable alguna que nos indique de forma contundente el origen divino del universo y mucho menos la atribución de dicha existencia a un dios particular en base a una revelación concreta. A todo lo que estamos permitidos por medio de la razón es a la descripción del mundo por medio de la Ciencia; y a medida que se van abriendo campos debido a nuevos descubrimientos, pues aceptarlos dentro de la máxima honradez y honestidad. No hay más posibilidades si nuestro saber y conocimiento se ha de fundamentar en la razón. Otra cosa es que eso no nos satisfaga y necesitemos de otras explicaciones que nos den un sentido trascendente sobre el por qué de todo este abrumador misterio del cosmos y de la vida humana inteligente. Y es entonces donde habremos de necesitar de explicaciones metafísicas; y, entre tales explicaciones metafísicas están las explicaciones religiosas. En concreto la creencia cristiana en un Dios que se revela a través de las Escrituras no sería más que una variante o modalidad de explicación religiosa del mundo. Nada hay demostrado de forma racional y objetiva que la Biblia es revelación de Dios y que además es el Dios único y verdadero que ha creado el universo. Todo lo más que podemos decir quienes creemos en el Dios de la Biblia es que lo hacemos por fe. Pero la fe no es algo que podamos demostrar de modo racional y científico, sino que es un fuerte sentimiento de transformación espiritual que nos ocurre sin saber exactamente el por qué. Tan sólo sabemos que nos ocurre, está ahí, se siente de forma continuada y da sentido a nuestras vidas. Es la fe la que abre sentido a las explicaciones religiosas; y, es la fe la que nos dice a los cristianos que el Nuevo Testamento nos habla de verdades trascendentales.

Ahora bien, si la fe fuese única y común a todos los mortales creyentes, entonces no habría la diversidad de religiones y de iglesias, denominaciones o sectas que existe en este momento. La fe, aun siendo un acontecimiento de radical raíz subjetiva, de ser un hecho común al conjunto de los creyentes en el mundo habría de ser la misma en sus manifestaciones. Una fe trascendental puede anteponerse de forma abrumadora sobre cualquier contingencia o accidente que intente oscurecerla, ocultarla, o confundirla. De no ser así, entonces la fe, al igual que las culturas y las lenguas; tiene de común con el ser humano la participación en la increíble variedad productiva de interpretaciones sobre la realidad. De ahí la multitud de religiones, en muchas ocasiones, en consonancia con la variedad cultural y lingüística del mundo, o su universalización en coexistencia con los poderes políticos que lo hicieron posible. En el caso cristiano: el Imperio Romano. La fe entonces podría ser un acontecimiento subjetivo cuya representación resultaría siempre problemática. La fe entonces estaría siempre más allá de toda posible representación y de todo posible intento de
reducción a dogmas de fe o institucionalización. La fe sería una experiencia profunda que solamente se podría compartir con otros en función de un sentimiento también profundo; quizás de una fuerte afectividad que logra entrar en sintonía con otras afectividades de un modo muy parecido. Esa sería entonces la base común de la fe entre los humanos: una experiencia común subjetivamente abrumadora compartida en modalidad de fuerte sintonía afectiva. Luego vendría la necesidad de traducción, de representación de tal experiencia común de la fe en forma de aceptación e interpretación de las Sagradas Escrituras, en el caso del cristianismo protestante. Y es ahí donde van surgiendo las diferentes comunidades de interpretación, las diferentes iglesias.

8 comentarios:

  1. Muy bueno este articulo. Me ha gustado.

    Oileruas

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  2. Recuerdo que un revolucionario bastante aventurero y zascandil del siglo XIX decía que el día en que se consiguiera imponer en todo el mundo el tipo de sociedad que él propugnaba, el mundo sería un lugar bastante aburrido. Algo así sucedería si algún día todo el mundo fuera creyente sincero y todos con la misma fe.

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  3. Muchos entienden estas cosas como si la verdad de la fe fuera algo que se hace transparente y todo el mundo la pudiera ver y comprender a primera vista con un mínimo de sinceridad. Un poco como si la verdad de la fe tuviese un plano objetivo al cual las personas se tuvieran que ir adhiriendo en base a una obediencia organizada. Este plano sería la Biblia y la organización de creyentes sería la iglesia visible única y verdadera. Entonces las cosas siempre están claras: los creyentes son aquellos que profesan un credo histórico de fe oficial y los herejes o incrédulos los que están fuera de tales señalizadores institucionales. Alguna iglesia o secta se erige directamente en iglesia única visible y verdadera y, todo lo demás, no importa qué iglesia o denominación reclame también verdad; queda excluida como hereje y condenada sin más.
    Esta es la historia del cristianismo desde sus mismos comienzos. Eso quiere decir que desde sus mismos comienzos ya hubo divisiones en torno a lo que debería ser la verdad pura y verdadera. Démosle o álcese al poder una de estas iglesias o tendencias y ya tenemos la Ortodoxia aliada con el Estado imponiendo con la fuerza del poder y de las armas la única verdad indivisible. La consecuencia son las persecuciones, las matanzas, las exclusiones; las condenas. Todo lo opuesto a lo que Jesús había predicado, pues si en los evangelios hay alguna condena, esa condena y castigo es D-ós quien la ha de decidir en última instancia; no el poder político en nombre de D-ós como ocurría con la teocracia del A.T.
    El problema es que el plano de la verdad no es tan claro ni transparente como muchos creyentes quisieran. La Biblia no es un libro fácil de interpretar porque es un texto compuesto a lo largo de siglos, escrito por diversos autores o a veces textos compuestos y recompuestos a lo largo del tiempo atribuidos a un autor. El canon mismo es un texto de compromiso ligado a una tendencia dominante del cristianismo tres siglos a posteriori de los núcleos iniciales seguidores del Nazareno.
    Siempre hubo tendencias, disparidad de criterios, teologías diversas, sectas (en sentido de divisiones); como es de esperar en cualquier actividad humana hasta alcanzar criterios de consenso basados en la tolerancia civilizada, no en el fanatismo o el dogmatismo.

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  4. La fe es un acontecimiento subjetivo que no sucede de la misma manera en diferentes personas. Cada persona aporta a la fe su experiencia particular. Unos tienen inclinaciones conservadoras, otros más democráticas o radicales; unos privilegian la organización y la doctrina "pura" sobre las particularidades individuales o las tendencias descentralizadoras. Unos leen la Biblia de forma crítica, pero otros lo intentan hacer de forma más literalista. Unos sacan del texto interpretaciones que luego erigen en rasgos distintivos de su iglesia local o rompen con lo establecido en una determinada iglesia para fundar otra iglesia o denominación que consideran más "pura" o neotestamentaria. El cristianismo está llenos de tales rupturas, escisiones, reformas o contrarreformas y restauraciones. Incluso en iglesias mayoritarias que se mantienen como tales a lo largo de los siglos sufren contantes tensiones entre integristas, conservadores, moderados, liberales o radicales de izquierdas; sin excluir las rupturas.
    Al ser la fe un necesario acontecimiento subjetivo ello da lugar a los intentos de "unificarla", de codificarla, de articularla en dogmas, sacramentos y liturgias varias. En una palabra, se busca un territorio común de participación de todos los cristianos; pero en cómo se ha pretendido fundamentar ese territorio común a lo largo de la Historia, ha sido siempre traumático, problemático. Unas veces, las más, ha sido a través de la fuerza y la coacción; otras a través del sectarismo exclusivista y puritano, otras de un aperturismo liberal donde el cristianismo se diluye en un vago humanismo; otras se constituye en militancia política radical (tanto de derechas como de izquierdas) de transformación de la historia. Nada nuevo bajo el sol de los humanos.
    Quizás hoy día es el momento de reconocer que el único territorio común del cristianismo es la libre opción de practicarlo como cada uno decida escoger. Aquel que sea de inclinaciones conservadoras pues que escoja iglesias o grupos conservadores; aquel otro que se mueve mejor en el territorio radical de acción política-social, pues ha de escoger un grupo cristiano radicalizado; el otro que muestra tendencias puritanas-exclusivistas pues que elija esa iglesia o grupo que responda a su experiencia. El fundamentalista-literalista pues tiene varias iglesias que escoger; el otros que es critico y liberal pues habrá de escoger lo suyo. En una palabra cada cristiano, en una sociedad democrática, tiene la libertad de elegir aquello que mejor convenga a su modo de ser y experiencia personal.
    Es lo que ya está sucediendo y es lo inevitable. Cada uno se hace responsable de sus elecciones o decisiones y todos defenderemos la opción de cada cual y sus derecho a practicarla. El protestantismo ha desarrollado con acierto el concepto de Iglesia Universal en oposición o distinción al de iglesia local; al ser la Iglesia Universal invisible y sólo reconocida por D-ós. Y es así cómo la fe cristiana de cada cual se ve paradójicamente obligada a responder de modo individual a las máximas exigencias éticas y morales de la fe en base a las mínimas normas éticas y morales de la Torá.

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  5. El territorio común de la fe es la resonancia afectiva con los que comparten esa experiencia. En el cristianismo es la experiencia de Jesús tal como lo reflejan los evangelios y las epístolas. Hay un Jesús-hombre que hace milagros, sufre y muere ajusticiado; pero hay otra cualidad en Jesús que obedece más a la teología desarrollada en torno a su figura; y, esa cualidad es la divina. El mismo Jesús es hombre y divinidad al mismo tiempo. Hay un plan de salvación que incluye la redención de la condición humana de pecado. A grandes rasgos esa es la experiencia de Jesús que muchos cristianos pueden compartir como territorio común de fe. Más allá de eso las cosas se complican y pasan a ser más territorios particulares de teologías diversas. El tema de la Divinidad de Jesús y la Trinidad, la Resurrección, la Encarnación, los sacramentos o la ausencia de ellos; la virginidad de María y su adoración, el libre albedrío o la predestinación; fe y obras, supralapsarianismo/infralapsarianismo, milenarismo, alma, espíritu, transubstantación/símbolo, D-ós como misterio. El problema del mal (teodicea); etc, etc. Todo ello se enreda o se aclara en función de intereses, experiencias, aperturas o cierres teológicos y doctrinales que se mueven en territorios particulares de iglesia o secta (no en sentido peyorativo).
    El problema surge cuando esas posturas teológicas particulares de iglesia o secta exigen obediencia o exclusión, condenación o salvación a todos aquellos que no crean en ellos. Pero aun así, en el contexto de una democracia constitucional ninguna postura intransigente o fanática logra imponerse a los demás por la fuerza; no obstante hay grupos de intolerancia que buscarían con agrado un poder político que les hiciera el trabajo de someter a los demás a sus dictados. Y esto dentro del cristianismo--El Islam no tiene tantos problemas con la fusión de iglesia y Estado.
    El cristiano ha de ser libre de elegir aquella opción que vaya más con su inclinación o espíritu. Una vez hecha tal elección ha de cumplir con responsabilidad con las normas o exigencias de su comunidad o iglesia. No se trata de anarquismo, sino de libertad.

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  6. Como la fe es un acontecimiento radicalmente subjetivo y cómo nuestra alma o "yo" participa así mismo de la contingencia a que está sometida toda existencia; toda trascendencia se relacionaría con nosotros en forma de milagro. No hay otra posibilidad. Lo contingente no puede relacionarse con lo indeterminado e incondicionado del Ser trascendente a no ser de forma milagrosa, por gracia.
    Dicho de otra manera: D-ós se revela a quienes se quiera revelar en el acontecimiento de la fe. Es imposible, por nuestra naturaleza contingente, poder aportar nada desde una incondicionalidad--acto de voluntad o libertad--que haga posible tal relación con D-ós. Puede que el calvinismo radical tenga razón.

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  7. Si hubiese una prueba objetiva de verdad palpable por todo el mundo, de territorio común inexorable por su evidencia y transparencia; entonces no habría excusa alguna para no someterse a un régimen eclesiástico absoluto representante de dicha Verdad. Incluso el poder político habría de intervenir para "salvar" y obligar a todos a someterse a lo incuestionable (muchas ideologías funcionan así).
    Pero como la fe es un acontecimiento subjetivo y fuera de toda transparencia objetiva; entonces lo que se ha de imponer en relación a las creencias es la tolerancia y la libertad de organización o pertenencia a iglesia u organización X o Y. No obstante dentro de cada grupo ha de prevalecer el respeto a las normas, doctrina, interpretación y condiciones morales que haya decidido o consensuado. Si yo me hago miembro de una iglesia bautista local, he de respetar con convencimiento y responsabilidad el orden e interpretación doctrinal-teológico de dicha iglesia. No todo vale. Hay libertad de elección dentro de una sociedad civil que garantiza tal elección, pero una vez hecha la elección uno ha de hacerse responsable de la misma.
    Todavía hay creyentes de algunas iglesias que pretenden hacer de la fe una ciencia objetiva; y, por tanto quienes no se adhieren a ellas están absolutamente condenados. Muchos musulmanes piensan así. Su Dios está elevado a la máxima objetividad suprema por decreto y decisión de sus mulás, como no podía ser de otra manera. De ahí esa intolerancia congénita que expresa esta religión. NO TODAS LAS RELIGIONES SON IGUALES y eso lo venimos demostrando en este blog hasta la saciedad.

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  8. Pero esto mismo lo podemos generalizar a una práctica democrática de sociedad civil que en España está poco desarrollada. Si por alguna razón somos parte voluntaria de cualquier organización, club, fundación o asociación; es responsabilidad del ciudadano de acatar las normas con la mayor responsabilidad posible. Entendemos que toda asociación, etc..., obra en sus estatutos la posibilidad de cambiar dichas normas o estatuto. Precisamente por ser voluntaria la pertenencia obliga con mayor deber el respeto a las normas de convivencia u objetivos.
    A veces ocurre que se confunde el ámbito de lo privado con lo público. Si yo soy miembro de una iglesia como la católica eso no quiere decir que haya de hacer extensiva a toda la sociedad mi afiliación o pertenencia como si hubiera de ser una organización de todos los ciudadanos y sobre la cual hemos de pronunciarnos como si fuera interés público ineludible. Ser católico es una opción privada de los ciudadanos; y toda problemática interna católica ha de ser solventada desde dentro de tal organización en su ámbito privado. No hablemos ya de su financiación.
    Muchos partidos o sindicatos actúan como si la sociedad entera fuera suya. Las ideologías aquí suelen actuar con cierta perniciosidad, ya que hacen de lo particular de su opción o interpretación algo de obligación universal; como si fuera una verdad objetiva inexcusable. Véase cómo funcionan los conceptos de pueblo; nación, cultura, lucha de clases, bien público, etc. De ahí que ciertas formas de actuar violentas o coactivas de significado político se escuden en verdades universales, objetivas; sin que quede demostrado que sea así de forma transparente y evidente. Con ello no excluyo que sí haya razones de protesta muy evidentes en muchos casos; el sectarismo sin embargo privilegia lo ideológico sobre el consenso público de forma intolerante. Lo que es Verdad Universal ha de imponerse como sea.
    Los centros de educación, por ejemplo, obligan también a la obediencia y respeto de las normas de convivencia sin contemplaciones ni gaitas y aplicando el reglamento de forma razonable y CON CONSECUENCIAS. Cuando eso no ocurre; ya que la politización e ideologización de la enseñanza es dogma de fe para muchos--cuando no la demagogia, o la simple inhibición--; pues entonces la convivencia se relaja en forma de conductas indeseables que siempre gozan de máxima comprensión y atenuantes infinitos. Ya que todos somos víctimas del "sistema", piensan muchos, pues todos tenemos la obligación de rebelarnos de forma permanente y vale todo con tal de incordiar y debilitar al "sistema".
    Podría señalar más casos que suelen obedecer a la imposición de verdades particulares y parciales como si se trataran de verdades universales de obligada obediencia por todos.

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