21 junio, 2014

EL CIELO ES REAL O LO EXTRAORDINARIO EN LA VIDA ORDINARIA

La película El Cielo es Real parece querer hacernos la pregunta: "¿No sería mejor vivir como si el Más Allá fuera una existencia real?" Pero también sería repetir la clásica pregunta de Pascal adaptada:
 "¿Qué perdemos con creer en un Más Allá donde todo ha de ser reparado y donde hemos de ver a nuestros desaparecidos, todos jóvenes y radiantes, bajo el cuidado de Jesús?" Perder nada, y ganar mucho; pues tal certeza nos haría vivir con sentido e ilusión y entonces los sufrimientos de este mundo pasarían a ser cosas pasajeras que luego se compensarían con el paso a esa otra realidad divina. Además, las cosas y acontecimientos de este mundo serían como pruebas para fortalecer nuestra moral y esperanza, que luego en el Más Allá serían reconocidas y, seguramente ampliadas.
Contrástese esta película con las muchas que salen cada año sobre el Más Allá, pero un más allá maligno, demoníaco; infernal, vampiros por doquier; películas de posesiones, de exorcismos, de espíritus perversos. Es evidente que el Más Allá diabólico vende más que el Más Allá divino. Curioso también que cuando el Más Allá es maligno, la religión protagonista es el catolicismo; pero en esta película de Randall Wallace la religión protagonista es el protestantismo, concretamente la Iglesia Metodista en su versión Wesleyana.
La película juega bastante con la ambigüedad sobre el caso del niño Colton Burpo. No llega a ser una película facilona con estos temas, a pesar de las apariencias. De hecho, nunca llega a haber una certeza sobre ese Más Allá. No cabe duda que el Reverendo Burpo es una buena persona en un pueblo de Nebraska no tan sórdido ni aburrido como el pueblo de la película homónima de Alexander Payne. El pastor Todd es también un buen padre, pero descuida un poco la sensibilidad de su hijo llevándole al hospital cuando ha de ayudar a un moribundo, o también haciéndole estar presente durante el funeral del vagabundo que pierde su casa-remolque en un incendio. La representación que pueda hacerse un niño de tres años de la muerte y sus consecuencias en su psique es difícil de saber. Y la película también juega un tanto con las expectativas del predicador y las visiones de un hijo que de forma inconsciente busca agradar a su padre. Una experiencia tan traumática como la que ha pasado el niño en el quirófano, puede dar lugar a experiencias extraordinarias de difícil explicación. La película deja al espectador que saque sus conclusiones, que reflexione sobre ciertos aspectos extraordinarios de la vida en clave positiva. Y, en mi opinión es acertado. Cansados estamos de tantas películas de crímenes violentos, de relaciones humanas o de pareja
siempre destartaladas, de delincuentes psicópatas, de demonios dementes, de latrocinios, de los horrores del mundo de la droga, etc, etc.
Resulta también interesante ver in situ la vida de una comunidad metodista wesleyiana; su forma de gobernarse tan "civil" e independiente; la vida de un reverendo que combina su trabajo de reparaciones para todo, con sus horas de bombero del condado; es también consejero espiritual con sus propias preocupaciones mundanas y sus deudas; sus prédicas en la iglesia y su vida familiar.
En definitiva resulta una película entretenida que nos invita a reflexionar y a hacernos preguntas que a la mayoría de la gente, por suerte, le siguen preocupando.

6 comentarios:

  1. Ninguno nos podemos imaginar aquello que no podemos alcanzar por limitación de nuestros sentidos. Todo lo que podemos hacer es imaginarnos eso en que creemos. La imaginación es poderosa y hemos de ser libres de crear con ella los paraísos que mejor encajen con nosotros. Podríamos descubrir el cielo si prestásemos atención a los infinitos detalles en nuestra dimensión terrestre. Con nuestros sentidos y ayudados por la imaginación. veríamos cosas, perfiles, detalles, relieves, espacios, colores, texturas. Y al mismo tiempo escucharíamos sonidos en diferentes frecuencias y cualidades. O tocaríamos cosas y sentiríamos durezas, blanduras, asperezas, texturas ....
    Hay un cielo coexistente con esta tierra que a veces surge y logramos vivir por instantes. Quizás el camino al cielo pase antes por un destilarnos en esta tierra; compenetrados con la tierra para llegar al cielo.

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  2. A veces vivimos en la tierra como si no fuera más que un paso a otra cosa; pero quizás la tierra sea ya la cosa a la que aspiramos y no debería haber separación entre el espíritu y la materia por ser ambas dimensiones parte de un todo. Cada momento que vivimos es sagrado. El cielo y el infierno coexisten en esta existencia, pero la fe nos es dada para vivir la vida a cada instante como la más suprema prueba.

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  3. Si se puede decir que cada creyente tiene un concepto de Dios en que cualquier parecido con el concepto del prójimo es pura casualidad, lo mismo se podría decir sobre lo que entendemos por Cielo y cómo serán los que estén allí. Tampoco es que la Biblia dé demasiadas pistas.

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  4. La resurrección de los muertos no es un tema de la ciencia, sino de la religión. Lo cual quiere decir que no es un objeto de la ciencia, sino de las creencias o la fe. Unos se empeñan en que la ciencia ha de desmentir o negar los temas de la fe; y otros en que la fe o las creencias religiosas han de enmendar la plana a la ciencia pretendiendo que ésta ha de demostrar las verdades de la religión. Ni unos ni otros comprenden que son campos o territorios diferentes y que cada uno abarca los conocimientos que les conciernen. La ciencia el suyo con inventos, descubrimientos, desvelamiento de la naturaleza bajo leyes controlables y predecibles, etc. Y la fe con su experiencia profunda de Dios, de la revelación, de la resurrección, etc.
    La religión y la fe abren dimensiones espirituales que dan sentido a la vida y a la muerte y a la post-mortem. Ciencia con religión serían dos cosas muy necesarias para mucha gente. Ciencia= objetividad, conocimiento de la materia y naturaleza. Religión: experiencia espiritual profunda: significado del por qué.
    Hoy día, con excepción de fundamentalismos alocados, esta doble dimensión de nuestra existencia es posible sin ningún problema. Se conjuga perfectamente si se respetan los territorios.

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  5. Además cuando pienso en religión cristiana pienso en congregaciones pequeñas y autónomas que deciden reunirse libremente para compartir experiencias espirituales en clave bíblica y con ciertas normas comunes de doctrina y disciplina. Serían muchas congregaciones pequeñas, autónomas, descentralizadas; pero con entusiasmo sano y equilibrado donde se encuentre sentido espiritual TRASCENDENTE. Donde la gente comparta cosas sobre D-ós y el más allá y la moral y la vida en general; como en familia y sin verse obligados a cumplimentar ninguna lista de asistencia o vinculados por coacción alguna.
    Ese es el futuro de las iglesias cristianas y creo que el protestantismo tipo congregacionalista ofrece ya experiencias de este tipo que se adaptan muy bien a la sociedad actual y futura.

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  6. No obstante hay preguntas importantes que responder. ¿Hasta dónde ha de llegar la imaginación? ¿Hasta dónde la libre interpretación? ¿Hasta dónde la descentralización? Creo que el protestantismo de tipo congregacionalista puede aportar nueva creatividad, nueva energía y nuevos consensos al cristianismo.

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