05 febrero, 2012

OTRA FORMA DE ENTENDER Y VIVIR EL TIEMPO

Podemos imaginarnos un universo de pura inmanencia. Y si pura inmanencia entonces nada falta ni nada sobra. Nada es contingente, pues todo es absoluta necesidad. De igual modo nuestras conciencias y egos dejarían de ser espacios privilegiados de espacio prístino o incondicionado, para imaginárnoslos como modalidades dentro de tal inmanencia. Modalidades dentro de los dos atributos comprensibles del Ser (Absoluto plano de inmanencia), que son: extensión y pensamiento. Nuestra extensión es nuestro cuerpo físico, modal de la extensión infinita del Ser; y nuestro pensamiento sería modal al pensamiento infinito del Ser.

Un universo así sería concebido en función de una infinita espacialidad más que una temporalidad de sucesos divididos en un antes y un después relativos a un presente, a un ahora. Desde Kant el tiempo aparece por primera vez como una forma pura determinante de la experiencia empírica; y, como tal forma pura, podemos abstraerla de cualquier contenido o movimiento, o acontecimiento; entonces el tiempo, una vez liberado de su representación secuencial (representación histórica, percepción consciente), podríamos dividirlo en dos clases: tiempo cronométrico-histórico de secuencias organizadas en función de un antes y después relativo a un ahora (presente eterno); y, memoria involuntaria o devenir.

Es ahí entonces en esta memoria involuntaria desde donde habría que entender este tiempo que ya no cabalga dentro del Cronos, del reloj; de las secuencias ordenadas. Es la memoria-sombra que nos acecha y nos desestabiliza en los momentos de absorción, de asociación, de sueño, de delirio, de intoxicación, de crisis, de alegría, de exaltación; de inspiración o quietud, etc. En una comprensión del universo como inmanencia absoluta, es este tiempo el que permanece escondido, latente en territorios que siguen coexistiendo con nosotros, pero fuera del reloj, del presente eterno, de los ahoras, que son "ahoras" pasados; y, luego, "ahoras" futuros.

Ahí, en este movimiento de nuestra experiencia, coexisten todos esos pasados-memoria a los que llegamos o nos abrimos, o se nos abren en forma de rupturas, de crisis, de grietas, de desestabilizaciones, etc. Ahí, coexiste con nosotros, toda la memoria eterna, que nunca hay que confundir con el recuerdo psicológico.

¡¡¡Aggghhhh!

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