31 julio, 2017

EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA

Pan. Panacea. Hay que ir a por el pan. El pan bregado para quienes padecían de úlcera de estómago. Antonio y María vendían pan bregado en su comercio de Sama, pero Antonio padecía de una enfermedad pulmonar. Viviendo en Madrid fuimos a ver a Antonio a Cercedilla, donde había un hospital de enfermos del pulmón. En plena sierra de Navacerrada. Hace mucho tiempo. Los dos han muerto hace mucho tiempo. Pasé por donde estaba su comercio y no quedaba ni rastro de él. Así es la vida. Pan como cuerpo de Cristo. Literalidad: pan es cuerpo de Cristo. Simbolismo: pan como
símbolo del cuerpo de Cristo. En la primera el pan ES el Cuerpo de Cristo. En la segunda el pan NO es el cuerpo de Cristo, pues el cuerpo de Cristo ha de estar en otra parte. Creo que hubiese sido feliz de panadero. El olor del pan es olor a nobleza, a verdad, a realidad pura y dura. El pan que cuece en el horno. Al fuego que no lo chamusca. Que lo cuece, lo hornea, le da una transformación divina. Un fuego noble y purificador que nos da vida a través del pan. ¡Qué rico está este pan! Cruje el pan. Nos crujen a impuestos. El Estado nos cruje a impuestos. Cruje el pan y nos crujen con los impuestos. Son dos formas de crujir muy diferentes. En una crujimos, en la otra nos crujen. En la primera somos activos, en la segunda somos pasivos. El cuerpo de Cristo crujía. Crujían sus huesos. Todo debe de crujir en una cruz. Crujiendo pasivamente bajo la férula romana. Los legionarios tenían su ración de pan que les permitía crujir a los enemigos: a pueblos enteros que crujían bajo su fuerza. No hay mayor placer que comer un trozo de pan recién hecho cuando el hambre apremia. Pan con queso. Pan con jamón. Pan y vino. Qué diremos del vino. Había una película de título Marcelino Pan y Vino. Trataba también del cuerpo de Cristo. Ganarás el pan con el sudor de tú frente. Ganarás tú pan a costa del vecino de enfrente. Las mujeres públicas ganan su pan con su cuerpo al servicio del público. El pan y el cuerpo. Cuerpo de pan. Mi cuerpo se ha formado con mucho pan. Pan público. El público pide pan. Si no tienen pan que coman hojaldre. María Antonieta. El público. El pueblo. El corpus social. Corpus Christi. La corporalidad. Mi cuerpo ocupa un espacio. Mi alma es invisible. Mi alma se corporaliza cuando como pan recién cocido, pan recién hecho. Mi cuerpo se espiritualiza cuando huelo el pan recién sacado del horno. Padre nuestro que estás en el cielo...danos el pan nuestro de cada día. Amén. 

20 comentarios:

  1. Tráeme la luz. Pinche, tráeme la luz. La bombilla entró en la caldera oscura donde estaba metido el jefe. El jefe reparaba calderas de vapor. Enormes calderas de vapor. Pero la bombilla se había roto tras dar un mal golpe con la porra con la que aporreaba los tubos internos de calentamiento del agua. Trataba de sacar los tubos con fisuras, pero el óxido pegaba el tubo al cuerpo de la parrilla y había que dar porrazos. Grandes porrazos. Y muchas blasfemias. Rabiosas blasfemias que no me atrevo a escribir porque eran realmente terribles.
    Y entonces yo le entregué otra portátil de cable alargado, pero he aquí que al cogerla se le cayó dentro y también rompe, pero ahora salía agua por un tubo por una gran fisura y el peligro de electrocución era real. Bombilla rota=peligro de cortocircuito y carga eléctrica tan potente como una ejecución. Las blasfemias eran angustiosas y mi miedo era absoluto. Se podía achicharrar el jefe. Un hombre pequeño y regordete, siempre de mala leche y amargado; quizás un dolor crónico de estómago. Y así comenzó a llamar a su oficial tornero que se encontraba a unos cien metros de allí: ¡¡Servando!! ¡¡Servando!! Y Servando llega corriendo y mete la cabeza dentro y yo temblando de miedo.
    Al final salió. Salió negro. Lleno de hollín. Mejor dicho la cara cubierta de una costra pegadiza mezcla de grasa y hollín. Y la calva negra ocultaba un color rojizo de rabia y cólera divina. Y se quedó mirando para mí. Y Servando se quedó mirando para mí. Pero hubo silencio. Los dos se retiraron de la caldera por el momento. Y yo sin saber qué hacer.
    Luz. A veces recuerdo la luz de una bombilla portátil allí dentro iluminando la oscuridad de la caldera. La oscuridad del hierro fundido cubierto de hollín. La luz que ilumina la oscuridad. Poca luz nos entristece. Mucha luz nos ciega. La velocidad de la luz; una constante. Si sigues la luz encontrarás el campamento. El fuego del campamento. Cuando se apaga la hoguera entonces sólo queda la luz de las estrellas.

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  2. Una economía que te fuerza a hacer las cosas mejor que otros y a un precio razonable, será siempre una economía superior a otras economías constreñidas por intereses particulares de ideologías políticas a través de la interferencia del Estado. Una economía libre no es libre de saltarse las reglas comunes de competencia basadas en la dignidad humana y sus libertades individuales y colectivas. Por tanto, la economía liberal es una economía superior al socialismo y al comunismo, y también al proteccionismo nacional-estatalista de mucha derecha.

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  3. Oigo ruido en la calle. Están en obras. Ruido de gaviotas por la noche que se acercan a la piscina cercana. Ruido en la calle. Ruido en la noche. Los ruidos de la calle son continuos en una ciudad. Los ruidos de animales son continuos en una aldea o grupo de aldeas, durante la noche. Me fascina oír la vida nocturna en las aldeas, cerca de los bosques. Los animales son inocentes. El cerebro del hombre es un cerebro paranoico. Un sistema nervioso tan complejo como el del hombre no encuentra el equilibrio y padece de continuos miedos, suspicacias, desconfianzas. Peor todavía: sus fantasmas, sus delirios, sus espejismos. La violencia no desaparece con prohibirla. La violencia o el miedo que es el trasfondo profundo de la misma se transforma: se hace vengativo a través de la astucia, de la manipulación, del desprecio, del engaño. Del silencio que espera. La estructura del mundo es siempre movediza. Hay rincones de amor, hay fisuras por donde alumbra una luz extraña compartida por algunos. Luz nocturna. Caída en el abismo. De repente algo te empuja a caer en la indefinición, fuera de los significados que nunca fueron tuyos. Como si todas las voces que reclaman realidad única y exclusiva comenzaran a disolverse en una vana repetición de lo mismo, variantes de lo mismo, ecos de lo mismo bajo otras consignas, bajo otros relatos, bajo otras imágenes; pero siempre lo mismo. Equivalencia. Identidad. Unidad.
    He escuchado a las gaviotas y sus graznidos nocturnos y me han sumido en el más dulce de los sueños: mi realidad nunca está definida, nunca completada, siempre está por descubrir.

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  4. Claudio. Claudica la opción de Claudio. Las ciruelas claudias aparecían en temporada. Claudicar en la noche cerrada. Las claudicaciones son siempre dolorosas. Hay que evitar llegar a la claudicación. Pero la vida a veces ha de ser riesgo y lotería. Claudia es un bello nombre. Nunca claudiques a Claudia: ella te hará claudicar a ti. La opción de Claudio era totalmente irracional. Su claudicación fue inevitable. Nuestra madre compraba ciruelas claudias de temporada y las ponía frescas en la mesa. Claman en el desierto los millones de claudicantes. Gran clamor de los que claman en los desiertos. No dejes de claudicar alguna vez.

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  5. Tómate el tiempo libre, tienes todo el lenguaje para corretear. Cambiabas cromos con los amigos en Madrid. Cromos de futbolistas, de animales, de películas. Había muchas colecciones de cromos y muchos álbunes que rellenar. Intercambio de cromos en el tercer patio. En el patio del colegio. Bajo el frío. Bajo el sol. La tienda de la Aurorita vendía cromos sin parar. El cromo que cubre las patas metálicas de una mesa de cocina. Cromado. Cromatizado. Un baño de cromo. Tus muletas necesitan un buen baño de cromo. El sencillo placer que daban los cromos. Un álbum lleno era un premio a la constancia cromística. Los cromos nos unían en el mercado de intercambio. Libre mercado de cromos, sin interferencia del estado. Se cumplían las reglas de juego sin necesidad de ningún policía. Había un muy buena colección de cromos de piratas en el Madrid de los últimos 50. Quizás en el 59. El abuelo de Serafín era un mando falangista y muchas veces llegaba a la Colonia en el sidecar de una moto oficial con motorista. Él vestía de uniforma de la Falange. No había cromos de la Falange ni de la guerra civil.

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  6. El predicador no dejaba de predicar. Se ponía en la Guadalupe Street a la entrada de la Universidad y predicaba con su biblia en la mano. Era un hombre fuerte vestido completamente de negro y con el pelo corto a cepillo. Llevaba barba y era pelirrojo. Era más bien alto y se movía y gesticulaba, el predicador. Los estudiantes ya le conocían y le escuchaban porque les caía bien el predicador. Comprábamos nuestros rollitos de primavera a los vietnamitas y nos poníamos a comerlos oyendo al predicador. Alguien de vez en cuando hacía alguna pregunta comprometida al hombre de la Biblia vestido de negro, o sea: el predicador. Una chanza para forzarle a predicar con más fuerza y ánimo. Luego volvíamos a nuestras clases. Decían que era un predicador metodista. Fuere lo que fuere el predicador vestido de negro caía bien a los jóvenes universitarios. No era normal en Texas ver predicadores callejeros, aunque sí lo había sido hacía un siglo. Los predicadores metodistas predicaban en las calles de los pueblos recién construidos. Era un anacronismo de un hombre anacrónico. Algunos se reían de él. Durante los cursos de verano allí estaba el predicador sudando y enrojecido enfundado en su negra vestimenta y con la biblia abierta predicando la prédica del día, bajo un calor del infierno. Siempre al otro lado de la entrada a la universidad por la calle Guadalupe.

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  7. Pizza. Restaurante de pizzas. ¿Qué trascendencia tiene trabajar haciendo pizzas o sirviendo las mesas de una pizzería en Austin, Texas? Manipular la masa y los ingredientes y meterlo todo en un horno y seguidamente llamar un número por el micrófono, no tiene mayor trascendencia. Un trabajo de uno que trabaja allí y punto. No hay más misterio. Ni siquiera se te permite dar un toque especial a tus pizzas. Simplemente sigues el manual de la empresa y punto. Todo en serie. Pizza va y pizza viene. Hombre común. El común de los mortales. ¿Cómo te llamas? X, me llamo X, como Malcolm X.

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  8. El los años 60 finales hablábamos de Malcolm X. La primera vez que oí hablar de Malcolm X fue en un centro cultural comunista de Gijón. Fue una conferencia sobre la lucha por los derechos civiles de los negros americanos. Se habló también de Stokely Carmichael, Huey Newton, Bobby Seale, George Jackson, Elridge Cleaver y Angela Davis. El conferenciante en realidad lo que estaba haciendo era un resumen de un libro recién salido sobre el tema publicado por Seix-Barral. Tengo que decir que me impresionó aquella conferencia. Era la época de Casius Clay, --más tarde Muhammad Ali-- cuando el movimiento negro, junto con la guerra del Vietnam, estaban en la radio y en las noticias de la tele a diario. Luego ya en la mili y concretamente en el campamento de El Ferral, un recluta de mi compañía que era un rojillo empedernido que leía mucho, me dejó los escritos de prisión de George Jackson y me impresionaron. Tenía yo ese libro y otros libros aún más comprometidos debajo de la colchoneta. Lo más curioso todavía era que el subsodicho rojillo que me pasaba los libros, era hijo de un comandante médico de Valladolid.
    Una vez en USA me interesé por el tema de los negros e hice cursos de cultura y literatura afroamericana y leí a varios escritores y poetas desde Frederick Douglas, Booker T. Washington, D.A.B. DuBois, hasta escritores más de la época reciente: Richard Wright, Ralph Ellison, Toni Morrison, Gwendolyn Brooks, Alice Walker y otros. La profesora que nos daba estos temas era negra y tenía muy mala leche. Enfocaba el tema con mala leche, pero leí cantidad de cosas sobre la esclavitud, las costumbres africanas, las injusticias, las rebeliones silenciosas, el gospel, la religión y la Biblia según la interpretaban los negros. Luego los primeros movimientos de derechos civiles con Harriet Tubman, Garvey, Douglas etc.. Y el final con Luther King y Malcolm X. Tuve la suerte de leer con mucho interés las memorias de Malcolm X escritas por Alex Haley y cosas sobre los Musulmanes Negros. Al mismo tiempo trabajaba con negros en fábricas, en centros comerciales, en restaurantes, etc. En Dallas trabajaba con negros y yo ya casi me sentía negro. De hecho una vez tomando el café en el trabajo me preguntaron que de dónde era, que yo no parecía blanco, que yo era más como ellos. Fue un halago. Visitaba iglesias negras y cantaba y saltaba en sus interminables cultos de éxtasis colectivo.
    Un día, de vuelta a España, y tomando el café con unos progres que todo lo sabían sobre los negros USA, pues quise intervenir en la conversación, decir algo sobre ellos y mi experiencia, pero no me dejaron hablar y si hubiera hablado no les hubiera interesado el tema una mierda. Sólo les interesaba oírse a ellos mismos y aquellos tíos hablaban de los negros USA como si hubiesen pasado su vida allí y no tenían ni zorra idea, sólo cuatro clichés sobre el racismo y sus posturas anti-racistas que les hacía sentirse bien y ser redentores del mundo mundial.

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  9. Trabajaba conmigo en mantenimiento en un centro comercial de Austin. Era negro y pequeño de estatura. Un tipo muy poco de fiar, no porque fuera negro, sino porque era humano; o sea, humano de esos que son de poco fiar. Llevaba una vida un tanto irregular por lo que él me contaba. Sus ojos eran vivarachos y la cara solía producir gestos chulescos. Acostumbraba robar mercancía: calcetines, ropa interior, artilugios eléctricos y otras muchas cosas. Lo metía debajo de los pantalones grises oscuros que nos daban de uniforme y así pasaba por la puerta de servicio donde solía ponerse alguno de los dos mexicanos del personal de seguridad vestido de paisano. Un día lo pillaron y lo echaron.
    Antes de que lo echaran yo lo había llevado dos o tres veces a su casa por la noche. No tenía coche y dependía del autobús y depender del autobús en Texas quiere decir que no puedes tener carnet de conducir por alguna seria razón de inhabilitación o dependencia, o eres tan pobre que no puedes comprar un coche. Me contaba que había estado en la cárcel y que hacía unos años había estado en un tiroteo en un bar y le habían dado un tiro en la barriga. Yo lo dejaba en una casa pequeña de madera aislada y medio a oscuras en el barrio negro del East Austin. Vivía con su padre ya mayor. Otro día durante el trabajo me enseñó la cicatriz del tiro que le habían dado. Levantó la camisa y allí mismo en la ingles tenía una cicatriz pequeña como de un agujero. Me decía que sintió como que aquella zona le quemaba y que se desmayó. Cuando me contaba esto la mirada aumentaba de intensidad y se quedaba mirando fijamente en mí. Por lo demás poco contaba de su vida. A mí me daba la impresión de que estaba algo pirado y de que su estancia en la cárcel había debido de ser larga, a juzgar por lo poco que contaba de su vida y su hábito de robar.
    Después que lo hubieren despedido, un día rebuscando en el cuarto de herramientas y vestuario, descubrí un nido de mercancía robada allí escondida. Había de todo. Sobre todo ropa y dispositivos electrónicos. Llamé al mexicano que era jefe de seguridad y se lo mostré. "Era de esperar, el muy pinche pendejo", me dijo en español.

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  10. Mi compañero de torno de la fábrica de Dallas era predicador de la Free-Will Baptist Church o iglesia bautista del libre albedrío. Era un negro de mediana estatura y muy buena persona. Además era un hombre leído y con una conciencia política formada. Cuando llegaba el coffee-break nos poníamos a charlar. Me gustaba charlar con él. Había viajado y también había pasado por Vietnam. Es curioso que cuando encuentras una persona así se te abren los horizontes de la vida y vuelves a creer en la humanidad. Hablaba poco de religión curiosamente, quizás porque para él la religión era más vivir que hablar de religión. El caso es que un día me invitó a visitar su iglesia en el barrio negro más antiguo de Dallas. Y aquel mismo domingo fuimos Robbie y yo a su iglesia en el Volskwagen escarabajo rojo. No hacía mucho que había habido una tormenta enorme y algunas casas estaban medio torcidas, otras sin techo y la gente hacía vida como podía mientras se pusiera remedio a la cosa. Era curioso ver a toda una congregación cristiana al aire libre en el césped de su iglesia en ruinas con el pastor al frente leyendo la Biblia. Por fin encontramos la iglesia Free-Will Baptist de mi amigo y al poco tiempo comenzaba un culto que habría de durar horas y que como todos los cultos cristianos negros la mayor parte era música gospel cantada con frenesí y momentos de mucho éxtasis y paroxismo.

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  11. El "mayordomo" de aquella sección era un negro alto y fuerte con cara de boxeador. Digo mayordomo porque los mexicanos que allí trabajaban llamaban al jefe de sección mayordomo. Pues para ellos era el mayordomo para mí también era el mayordomo. El mayordomo viene nomás, el mayordomo se va nomás pues. Los apaches que allí trabajaban traidos de la reserva de San Carlos de Nuevo México dentro de un programa federal de inserción a la vida normal del hombre blanco, lo llamaban el "gran chief" a modo de guasa. El gran chief o mayordomo solía acercarse al torno a ver cómo trabajaba con aquel viejo cacharro y me preguntaba cosas sobre España, pues siendo yo Spanish y no siendo mexicano le resultaba extraño que estuviera allí representando una modalidad de raza blanca desconocida para él. Cuando descubrió que yo estudiaba en el Eastfield College, no se le ocurrió más que decirme: ¿No eres ya muy mayor para estar estudiando? Tenía 26 años. En Texas la cuestión racial era un signo social importante. Yo no estaba acostumbrado a marcar el territorio social con el signo racial, pero en Texas era así.

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  12. En Dallas. En el Sears Roebuck del East Town Mall trabajaba a part-time pasando una aspiradora por toda la maqueta del centro comercial. Luego sustituía bombillas y tubos fluorescentes ya gastados. O ayudaba en el almacén a colocar los productos que llegaban al dique del shipping and receiving en estanterías. Durante los coffee breaks solía hablar con Gregg. Hablábamos de muchas cosas y Gregg hacía muchas preguntas interesantes. Se veía que leía y que estaba al tanto de la literatura moderna americana. Gregg era un pelirrojo muy alto y espigado. Era de origen escocés según me decía y asistía a la iglesia presbiteriana de Mesquite. Pensaba retomar sus estudios, ya que por razones que no me habían quedado claras, los había suspendido y entonces se matricularía en el Eastfield College donde yo estaba sacando mis horas crédito necesarias para entrar en la University of Texas en Austin, la gran universidad estatal.
    Y un día durante el coffee break hablamos de Hemingway y cómo no hablamos de su suicidio y la desesperación que debía de haber sufrido quizás por causa de una enfermedad o fuerte depresión (http://www.nytimes.com/books/99/07/04/specials/hemingway-obit.html),pero fui notando que Gregg se quedaba silencioso y preocupado. Entonces siendo ya la hora de volver al trabajo pasé por el servicio a echar una meada antes de empezar. Cuando acabé la meada de repente veo que Gregg se lanza sobre mí con rabia y furor; me coge por la garganta e intenta estrangularme. Con los ojos desorbitados me repetía a voces: "¿Qué demonios querías decir con el suicidio de Hemingway? (What the hell did you mean talking about Hemingway's suicide?" Me vi sofocando como un perro y con la agilidad propia de quien había practicado judo por algunos años y defensa personal en las COES en España durante la mili, supe interrumpir la segura estrangulación con un golpe efectivo de apertura de brazos con las manos cerradas y con fuerte impulso hacia arriba. Una vez suelto corrí a la mayor velocidad que pude por los pasillos encerados de Sears Roebuck todavía no abierto al público y bajo las potentes luces de neón y muy nervioso me dirigí a la pequeña oficina del supervisor Mr. Howard y le logré contar lo que había pasado. Mr. Howard se hizo cargo del asunto yendo directamente al servicio con un guarda de seguridad.
    Al día sigiente el Sr. Howard me llamó a su oficina y me explicó con calma el caso de Gregg. El muchacho había salido recientemente de una institución psiquiátrica y estaba en un periodo de integración en un trabajo normal. Pero era evidente que todavía era pronto para tal recuperación, así que lo volvieron a llevar a dicha institución.

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  13. Playa. Baño frío en la playa. Nos arrojamos a las olas. La mar es poderosa y no puedo abarcarla. Cuando nadas te alejas demasiado. ¿Por que te alejas tanto? Hace frío este verano. El ferry en medio del mar Cantábrico en dirección a Nantes. El Sueve destaca desde muy lejos ya metidos en el Cantábrico. Como un faro señalando la tierra de los astures. Habrá mayor angustia que caer fuera borda y verte absolutamente perdido en la soledad del mar. Que ahora es la misma entrada a la muerte, a la aniquilación, y el frío penetra como un cuchillo afilado que hace dormir el cuerpo poco a poco a través de convulsiones y asfixia. Vulnerabilidad. Playa soleada de una infancia ya muy lejana. Un día con 13 años cogí la bici de mi hermano mayor y me dirigí hasta La Secada y luego atravesé Sariego y subí como una exhalación La Campa y desde allí veía la gran playa de Rodiles y me dejé caer rodando por La Campa abajo sintiendo plena libertad. Plena libertad con mucha velocidad o mucha velocidad en plena libertad. Curva va y curva viene y la bici como si fuera un avión volando hasta que de repente en una curva cerrada, bien cerrada, veo al alsa de frente como un monstruo rabiado y pitando con un potente claxon que me dejó los oídos zumbones al instante, pero sin recordar qué fue lo que hice o cómo, había logrado salvar el alsa de forma milagrosa y seguía bajando, pero ahora estaba temblando, terriblemente asustado, pálido; y seguí como por inercia. Una vez llegado a Amandi decidí dar la vuelta. Rodiles quedaba lejos y me quedaban pocas ganas de llegar a Villaviciosa. Además eran ya las seis y había que volver a casa. Así que volví a subir la Campa y vuelta a Lieres, poblado de Solvay.

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  14. Nesalem sale mañana para Oslo, capital de Noruega. Estaremos unos días viendo a los noruegos.

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  15. Un viejo gnóstico que vivía en los arrabales de una ciudad dejó algo escrito que, por supuesto, nadie habría de leer; salvo la vieja Merta, patrona de la pensión donde tal gnóstico vivía. Y el escrito decía:

    "Toda religión está basada en relatos míticos fundacionales de pueblos, naciones y comunidades. Ningún mito es efectivo por su verdad objetiva y racional, sino por su efectividad afectiva y capacidad de dar sentido trascendente a esta pobre vida. Los mitos son siempre compensatorios: explican aquello que por definición es siempre inexplicable. Y todos queremos creer que hay alguna explicación a lo inexplicable.
    Yo, sin embargo, creo que Dios es el ente de donde procede toda realidad, pero esa realidad jamás puede dar cuenta de él. Es un ser envuelto en un misterio absoluto para el hombre. Jamás el ser humano podrá conocerlo en su propio ser, en su propia lógica o en sus diseños. Está absolutamente fuera del alcance del hombre. No intente el ser humano conocerle a través de las realidades naturales, ni las realidades incorporales. Es imposible. Nuestra mente no dispone de las herramientas capaces de llegar a su ser y esencia. Todo lo escrito sobre dioses o mesías o profetas es pura fábula humana, pura idolatría, pura literatura: es todo producto humano. Dios está siempre-ya fuera de toda conceptualización y al mismo tiempo está ahí, actuando en sus realidades bajo su siempre inexplicables poder y sentido."

    La vieja Merta como no sabía qué rayos quería decir aquello, pero que sin embargo parecía algo muy sabio y muy inteligente, decidió dárselo al tendero Matíash que vendía antiguallas en una estrecha calle de la ciudad. Yo, Elmas de Ulsmain, se lo compré con sumo interés al tendero por unas cuantas rupias.

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  16. Habría que vivir en el Sotiello de Lena de los años cincuenta en la vieja casona con escudo nobiliario de piedra encima del portón que cerraba un gran patio con dos higueras y la casona con galería en el primer piso y una planta baja grande y oscura, con muchos cuartos, donde, cuando era el tiempo, se hacía la matanza de los cerdos, cuya carne adobada y embutida daba testimonio de la grandeza de la casa, cuyas amas eran dos viejas señoras vestidas de negro, descendientes de la rancia nobleza rural de Lena, y en ese patio que limitaba con el río Huerna, y podías bajar por unos senderillos y bañarte en las frías aguas entre regodones y arena y frondosa vegetación, en ese patio desde el cual subian unas escaleras laterales hasta la casa del tío Angel, guardia o casero de toda la heredad, el patio frecuentado por gallinas hasta que un día muere una de las hermanas y está de cuerpo presente dentro del ataúd y la ves muerta con cara de muerta y vivir en ese Sotiello medieval, donde los viejos cuidaban de sus achaques con tisanas y friegas e iban aguantando hasta que entraban en agonía, y las calles de tierra o con rústico empedrado y la presa del molino y el canal que llevaba la enorme masa de agua verde hasta el molino que molia maíz y escanda sin parar.

    Cuetu

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  17. Gracias Sr. Cuetu por su colaboración. Se le echaba mucho de menos por estos lares. Invito a los lectores del blog a participar con algún comentario o relato.

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  18. Oslo. Noruegos. Noruega. Gente plácida. Gente. Gente, gentío, gentuza, gentiles, gentiles-hommes o femmes, gentileza, gens, genes, género, general, genética. Cada noruego es un universo. Conocer a cada noruego sería conocer varios millones de universos. Sus casas son blancas y cubiertas de madera vistas desde el fjordo de Oslo y desde la costa y desde el campo a través y en pueblos. Qué bien viven los noruegos en sus casitas blancas y espaciosas, sus jardines limpios, sus calles pulcras; su tranquilidad social, su generosidad con los inmigrantes o exiliados, su estado de bienestar providencial. Merecería la pena pasar inviernos largos y oscuros y profundamente fríos si luego el hogar está caliente, la escuela para los niños asegurada, la jubilación segura, seguro; el seguro, la seguridad social, la cobertura social.
    Si el invierno es largo y los días muy cortos póngase a leer en su sillón esos libros de sabiduría profunda que siempre tuvo ganas de leer. Peer Gynt. Grieg. Ibsen. Bosques profundos. No vaya a mear muy lejos que seguro que se pierde. Se pierde entre gnomos y trasgos y mundos que sólo aparecen en los bosques escandinavos. Si alguien le dice algo sobre Oslo y su modo de vivir la ciudad, quédese con las cosas prácticas sobre cómo conseguir el Oslo Pass, o cómo coger el tranvía o el metro o el autobús o dónde está tal o cuál cosa, pero nada más: cada uno ha de construir su propia ciudad, su propio Oslo, su mundo-Oslo, sus rincones Oslo, sus recreaciones y reconstrucciones Oslo. Eso es cosa suya. Solo cosa suya. Nadie puede ver Oslo como usted. Oíga caballero, está usted invitado a recorrer el arquetipo Oslo a su imagen y semejanza. Siéntase libre. Es usted libre. Todo Oslo para usted. Es suyo.

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