29 abril, 2017

TEOLOGÍA Y POLÍTICA EN LA REFORMA PROTESTANTE

CONFERENCIA DADA EN LA CASA DE LA CULTURA DE LA FELGUERA EL DÍA 28 DE ABRIL DEL 2017

PRIMER PASO

Si voy a hablar de teología y política durante la Reforma, quizás lo mejor es empezar con la relación entre la teología cristiana y la política antes de Lutero, para enmarcarnos en el asunto. Luego llegaremos a la Reforma para ver cómo se entrelazan las dos cosas y entender así qué cambios se producen y cómo alcanzan nuestra época presente.
En cuanto a política y religión en los primeros tiempos del cristianismo hay que entender que el movimiento de Jesús no nació para establecerse como una institución de larga duración, ya que leyendo el Nuevo Testamento nos damos cuenta que los seguidores del Nazareno esperaban el fin del mundo en esa misma
generación. Como el fin de los tiempos no llegaba, entonces el cristianismo se vio obligado a instalarse en el imperio como una religión más. Tendría que organizarse de forma más compleja y perfilarse una identidad diferente del pueblo judío.

Los planteamientos de organización iniciales del cristianismo eran los mínimos, la ética era una ética de urgencia, de total desprendimiento de las posesiones, de total perdón hasta con el enemigo más violento, de máxima precaución con el poder imperial evitando todo tipo de roce o conflicto con la ley, pues al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. El mundo fuera de las congregaciones cristianas, en aquel primer cristianismo, quedaba puesto entre paréntesis por un tiempo, tierra de misión, hasta la llegada del apocalipsis donde acabaría siendo destruido y de esa aniquilación surgiría un Nuevo Mundo, y una Nueva Jerusalén. Por eso, no había necesidad de teorizaciones políticas, nada de complicadas teologías sobre el orden natural o la relación poder espiritual, poder temporal, ni menos sobre qué funciones tiene el estado y cuales la Iglesia. Todo eso vendría más adelante con el inesperado crecimiento del cristianismo y la posterior conversión de Constantino y el comienzo de lo que ya se comprendía bajo la idea de cristiandad.
(Continúa en comentarios) 

24 comentarios:

  1. SEGUNDO PASO

    Por otra parte hay que tener en cuenta que el cristianismo era muy variado: había varias maneras de vivir y entender a Jesús; y así entre las diferentes iglesias y sectas fue surgiendo un grupo más fuerte, más organizado, que más tarde se constituiría en la Iglesia Católica. Esta iglesia fue perfilando un canon de las Escrituras entre los muchos escritos que circulaban sobre la vida y obra de Jesús, formalizando lo que luego fue la Biblia del Antiguo y Nuevo Testamento. Pero siguieron existiendo otras iglesias y sectas hasta que poco a poco se les fue arrinconando o simplemente desaparecieron del mapa.
    Cuando la Iglesia Católica se vio elevada a religión oficial bajo el poder del emperador, entonces se pasó al César lo que es de Dios y a Dios lo que es del César. El poder político y el poder religioso se unen y se confunden. El emperador interviene en la iglesia nombrando cargos eclesiásticos y definiendo doctrina o castigando herejes, y el papa interviene en los asuntos políticos como vicario de Cristo en la Tierra, que tutela y da el visto bueno a lo que hacía el Emperador. El mundo fuera de la iglesia ha abandonado su provisionalidad, para pasar a ser parte interesada en sus negocios y asuntos terrenales. Del cristianismo pasamos a la Cristiandad como civilización. El imperio cae en Occidente, pero vuelve a ser restaurado simbólicamente bajo Carlomagno y las posteriores dinastías del llamado Sacro Imperio Romano. El poder espiritual del Papa reclama para sí la espada espiritual y la espada temporal.

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  2. TERCER PASO

    Bueno pues hasta aquí ya vemos a grandes rasgos la transformación del cristianismo o cristianismos iniciales en una gran iglesia de Estado o un Gran Estado con una gran iglesia, lo cual no hubiese dejado de violentar al sencillo y pacífico Jesús de Nazaret, y al mismo Pablo de Tarso. Aunque de Pablo de Tarso hay que decir que dejó escrito unos versículos en Romanos (13, 1-7), que dieron muchos dolores de cabeza a la cristiandad en general y sobre todo a Lutero como ya veremos. Es posible que fueran escritos como una manera de eludir el mínimo conflicto con el Imperio, y siendo muy consciente de la provisionalidad del movimiento cristiano. No obstante dicen así, usando la cita del mismo Lutero en su escrito “A la Nobleza Cristiana de la Nación Alemana”: “Sométase todo individuo (creo que el papa también) a las autoridades constituidas, pues no en vano lleva la espada; con ella sirve a Dios, castigando a los malos y premiando a los justos.”
    Toda la Edad Media y hasta la Reforma, el papado y el Estado gobiernan la cristiandad en rivalidad permanente. El papa corona a los emperadores y reyes y además tiene sus propios territorios de casi media Italia viéndose forzado a alianzas políticas y enredos de todo tipo como cualquier monarca de entonces. La cristiandad ha configurado un mundo sacralizado donde no ha lugar a ninguna otra variante del cristianismo. La mitra y la espada, al margen de sus rivalidades y sus ansias de dominio del uno sobre el otro, eran dueños absolutos del espacio y el tiempo. Era una época de intolerancia total. Acordémonos del genocidio contra cátaros y valdenses y a los judíos les tocaba echarse a temblar cuando había que buscar chivos expiatorios para las masas. Bien, pues ya vemos cómo evolucionan las cosas: bajo la idea de cristiandad el poder terrenal y el poder espiritual forman un todo relacionado uno con otro, de tal modo que en este mundo medieval la política es Iglesia y la Iglesia es política. Todo forma parte de un mundo providencial, bastante sangriento, conflictivo y de pobreza y servidumbres generalizadas.

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  3. CUARTO PASO

    A partir del siglo XIII hasta principios del siglo XVI, la cristiandad se va moviendo y desplazando tanto en lo material/comercial/social, como dentro de las conciencias más formadas y educadas. Comienzan a circular los textos de Aristóteles y Platón al contacto con el mundo musulmán, se redescubre el mundo clásico como un espejo donde se miran las mentes más creativas y entonces se vuelve a hacer arte, filosofía, se estudia la política, comienza la ciencia empírica, las especulaciones esotéricas, el estudio filológico de los textos antiguos, y, como no, de las fuentes bíblicas. Hablamos del Renacimiento. Es la época de la imprenta, del descubrimiento de América, del contacto con el Oriente.
    El espejo del mundo clásico había removido la rigidez mental de la cristiandad y muchos, a comienzos de este siglo XVI empezaban a tener dudas acerca de una iglesia con tanto poder y riquezas. Figuras del humanismo renacentista como Erasmo de Rotterdam habían logrado con entusiasmo filológico una depurada traducción del Nuevo Testamento directamente del griego. Ello hizo despertar un interés especial por aquel oscurecido y olvidado cristianismo original que en muchos casos era irreconocible con las doctrinas de la iglesia. Se empieza a cuestionar el mundo dado, a valorar la voluntad individual fuera de la dependencia de una teología y estructura religiosa totalizadora. Surgen las experiencias intimistas de la llamada vía media donde el alma entraba en contacto directo con Dios, y por otro lado el pensamiento teológico de la vía moderna con sus intentos de superación del tomismo escolástico. A ello se añadía una crítica al poder papal absoluto basada en la superioridad de los concilios sobre la voluntad del pontífice: hablamos de Duns Scoto, o Guillermo de Ockham, y sus seguidores. En una palabra, la cristiandad entraba en crisis, pero nadie se atrevía a coger el toro por los cuernos y sacudirlo en una nueva dirección.

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  4. QUINTO PASO

    Ya vemos entonces cómo nada es eterno y todo cambia por mucho que parezca durar, y en esta etapa renacentista hay dos cosas que merece la pena resaltar: el poder secular va cobrando mucha más fuerza por el crecimiento de las ciudades y la apertura de vías de comercio y la centralización de algunas monarquías. De hecho gente como Marsilio de Padua u Ockham critican en sus escritos la interferencia del poder de la iglesia en un ámbito que no le corresponde: el espacio político civil. Nacen también un cierto constitucionalismo y un conciliarismo que tuvo poco recorrido por la fuerte oposición papal.
    A principios del siglo XVI ese cristianismo, que había nacido como una religión provisional muchos siglos atrás y con un mensaje sencillo de salvación, se había convertido, como ya vimos, en una cristiandad sobrecargada de intereses políticos, riquezas, supersticiones y teologías complicadas. Pero aquel mensaje inicial del Jesucristo que había venido al mundo para salvar a la humanidad del pecado y ofrecerle la vida eterna a través de su muerte en la cruz, según las Escrituras, seguía vivo. Muchos hombres de iglesia veían necesario rescatar aquel evangelio y darle vida de nuevo en su sencillez. Había habido movimientos reformistas como el de John Wycliff y Juan Huss en un pasado no muy lejano, pero ambos habían sido derrotados y no se perfilaban en el futuro intentos de reforma y cambio que no acabaren en la hoguera o la tortura.

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  5. SEXTO PASO

    Por eso cuando Lutero clavó las 95 tesis en la catedral de Wittemberg denunciando las indulgencias y proclamando el evangelio de la gracia, hubo gran expectación en los ámbitos eclesiásticos y políticos de los territorios alemanes. ¿Cuánto iba a durar esa protesta contra una iglesia que chupaba lo que podía la sangre alemana para embellecer la lejana Roma? ¿Hasta dónde podría llegar el fraile agustino con su nuevo evangelio? Rápidamente el aparato de la Iglesia con sus mejores teólogos y hasta el mismo emperador Carlos V, se pusieron a la tarea de apagar cuanto antes el fuego de la herejía. La Dieta de Worms (1521) fue el escenario dramático de la renuncia de Lutero a su retractación, ya antes había tenido lugar la condena y excomunión del agustino por el papa León X. Lutero entonces quema la bula de excomunión y un ejemplar del derecho canónico de la Iglesia. Y atención, quema literalmente el poder del Papa y la idea de iglesia como fuente originaria de poder y creadora de Derecho. A partir de ahí todo se va precipitando y el eco de una esperada reforma de la iglesia fue haciéndose cada vez más posible. Tuvo capital importancia que el príncipe elector de Sajonia Federico el Sabio tomase partido por Lutero, pues de lo contrario la vida del monje hubiese acabado como Juan Huss o Savonarola. Pero tomemos nota: gracias al poder temporal del príncipe de Sajonia la Reforma y Lutero se salvan. Algunos príncipes alemanes vieron la oportunidad de un cambio real. Esto es bueno por una parte, pero comprometerá la Reforma en los asuntos políticos y las posteriores guerras de religión.

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  6. SÉPTIMO PASO

    Los acontecimientos que a partir de entonces se van sucediendo prueban que había fuertes tensiones en la Alemania de los Habsburgo y en toda Europa, auténticas ansias de reforma y cambio. Al primer entusiasmo de la reforma luterana se van incorporando teólogos, curas, frailes, monjas, príncipes de otros territorios, magistrados y ciudades libres, algunas por aclamación popular. Y esto ahora sí que va en serio, la Reforma significa la ruptura con Roma, y la cristiandad comienza a dividirse inicialmente en dos confesiones. Más tarde entrarán en el escenario el movimiento anabaptista y el calvinismo. Zwinglio llevará a cabo la Reforma en Zurich, Martín Bucer en Estrasburgo, Calvino en Ginebra, Enrique VIII romperá con la Iglesia católica y fundará su Iglesia Anglicana, Escocia se unirá más tarde al calvinismo reformado, las monarquías escandinavas optarán por el luteranismo y lo harán iglesia oficial en sus estados. El luteranismo y posteriormente el calvinismo reformado lograrán instalarse en importantes territorios de Francia. El movimiento anabaptista inicialmente inspirado en Lutero se extenderá por el sur de Alemania, Suiza y más tarde en los Países Bajos, donde también las ideas reformadas de Calvino conseguirán arraigar con éxito. Un terremoto ha sacudido Europa y los estados, los territorios imperiales y la iglesia Católica comienzan a reaccionar y a reagruparse. Europa tiembla y el cristianismo vuelve a ser plural, aunque nadie, todavía, se puede imaginar una Europa fuera de la idea de la cristiandad. La Reforma tratará de cambiarla, de purificarla, de reformarla, no romperla.

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  7. OCTAVO PASO

    ¿Cuáles fueron los efectos a nivel religioso y político de esta Reforma en vida de Lutero y posteriormente de Calvino? ¿Era posible una restauración de aquel evangelio de los primeros tiempos? ¿Qué habría de significar el poder secular o civil y cómo habría de condicionar así mismo la Reforma? ¿Cómo redefinir la dimensión espiritual de la temporal y así liberar a la iglesia de los abusos de poder y la tentación del mismo? Lutero era muy consciente de todo esto como deja ver en sus escritos.
    Efectivamente, la iglesia de la gracia produjo una revolución religiosa que empezó desvinculando la tradición de la revelación, colocando las Escrituras como única fuente de inspiración de todos los creyentes. La Reforma vació la iglesia de estructuras jerárquicas muy incrustadas en intereses políticos y económicos, anuló el poder de la misma de crear un derecho paralelo cuya función era juzgar a los suyos eximiéndolos de la ley civil. Eliminó así mismo el uso y administración de los sacramentos como fuentes de gracia y financiación. Disolvió también la división ontológica que había entre sacerdocio y laicos, estableciendo el sacerdocio universal y acabando así con el sacramento del orden, lo cual implicaba también la abolición del celibato y la reestructuración del pastorado como cargo o función dentro de la iglesia. Los creyentes elegidos para el cargo de pastores quedaban también sometidos al poder civil como todo bicho viviente. La iglesia visible quedó simplificada a dos signos o marcas externas que la definían: la predicación de la Palabra y el oficio de los dos sacramentos neo-testamentarios: el bautismo y la cena.

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  8. NOVENO PASO

    Dichas marcas respondían a la nueva definición de la iglesia visible como asamblea o congregación de los creyentes. También se incorporaron lenguas vernáculas al culto y los oficios religiosos se simplificaron en lo posible. En la comunión comenzaron a darse las dos especies. La fe evangélica se va soltando e independizando de las estructuras que la atenazaban para quedar reducida a una simple relación directa entre Dios y la conciencia del creyente. De hecho la iglesia luterana queda reducida al ámbito de las conciencias. Los cuerpos seguirán necesitando de necesaria sujeción política.
    Lutero solo tenía interés en reformar la iglesia y así reforzar el concepto de cristiandad. La idea providencial de cristiandad, recordemos, abarcaba toda la realidad existente, tanto la espiritual como la secular o temporal. Lejos está la idea moderna de separación de iglesia y estado, era imposible imaginarse tal cosa en la Europa de entonces, aunque ya empezamos a vislumbrar sus comienzos. Había que encajar la iglesia de la gracia luterana con el poder secular y ello implica comprender primero dos escenarios relacionados entre sí. Uno abarca los conceptos de iglesia visible e iglesia invisible; y otro los efectos de la fe en el cuerpo y alma del creyente. La iglesia visible es aquella que se ve, que se reúne en un local o edificio, y en ese local se oficia la predicación, el bautismo y la cena. A la iglesia visible va gente que llena o medio llena el local para cumplir con dichos oficios, o sus deberes cristianos. Pero surge una pregunta, ¿cómo podemos saber a ciencia cierta que esa gente es creyente sincera o simplemente aparentan serlo por conveniencia? ¿Hay algún signo que lo indique? Podría haberlo, pero tal signo quedaría encerrado y limitado a la exclusiva intimidad del creyente con Dios. Nadie puede juzgar esa dimensión de la fe. Efectivamente, una persona que va a los oficios con frecuencia o se comporta de forma moralmente aceptable, no por ello nos está indicando que es una persona que haya sida escogida por Dios para salvación. Existen la simulación y las apariencias, componentes esenciales de la hipocresía. Por lo tanto el único que sabe y conoce a sus escogidos es Dios. Esa es la iglesia invisible y va ligada a la doctrina de la predestinación, Lo único que puede testimoniar de su fe al creyente es su propia conciencia, algo muy subjetivo. De lo que se deduce entonces que la iglesia visible e invisible no coinciden, y por lo tanto la iglesia visible es necesariamente una mezcla de creyentes reales y cristianos nominales.

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  9. DÉCIMO PASO

    Ahora bien, si vamos al mundo secular también tenemos una mezcla de creyentes reales y cristianos nominales que viven en sociedad. Y en la sociedad civil las marcas puestas por Dios son la ley y los gobernantes. En toda sociedad humana, desgraciadamente, se cometen delitos más o menos graves y punibles en mayor o menor grado. Y surge otra pregunta, ¿es que los que viven por la fe no están libres de cometer algún delito o alguna fechoría? No. Mientras vivan sometidos a las pasiones del cuerpo y a la voluntad carnal, ningún creyente real está libre de transgredir la ley. De ahí que para Lutero el gobernante o magistrado cumple su función divina aplicando la ley y distribuyendo la justicia a todo el mundo sin excepción. Un mundo sin ley sería un caos a anarquía. Pero al mismo tiempo nos podría surgir otra pregunta, ¿cómo es posible que un creyente real siga pecando e incluso cometer algún delito? ¿No estaba ya definitivamente salvado y fuera de peligro por medio de la gracia y la fe? Entonces vamos al segundo escenario.

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  10. UNDÉCIMO PASO

    La Reforma constituye una revolución de las conciencias por su forma de entender la redención y la sola fide o salvación por la fe. Lutero fue un hombre de paradojas como estamos viendo. La fe nos justifica ante Dios a pesar de seguir siendo pecadores. Somos libres, pero sometidos al pecado al mismo tiempo. Lo cual quiere decir, somos libres en espíritu, pero atados a la carne y la materia por el cuerpo. Y cuando se dice libres en espíritu quiere decir libres de toda ley, de toda atadura, de todo poder del pecado sobre nosotros. ¿Cómo es eso posible? Pues eso es lo que significa el justo por la fe vivirá: significa que Dios ya no te juzga por tus pecados, ni por tu inexorable condición de pecador, ni por tus obras. Ante Dios estás justificado, libre, sin culpa y sin castigo, pues Cristo pagó por tus pecados en la cruz una vez y para siempre para que tú quedases liberado, redimido, y sin culpa ante Dios. En teoría, puedes hacer lo que te venga en gana porque eres libre de verdad. Pero cuando un creyente cristiano obtiene ese estado de gracia y libertad que produce la fe, según Lutero, ocurre algo al mismo tiempo: su forma de ver la vida ha cambiado, su voluntad comienza a verse guiada por el amor y el agradecimiento y su actuación en el mundo queda vinculada a la necesidad de una perfección moral que aspira al bien, a considerar toda su vida como una entrega a Dios y entonces su vida familiar, su vida con sus vecinos, su vida vocacional de trabajo; y en general su vida social queda englobada en esa nueva voluntad y visión. Son las obras de la gracia, los frutos de la gracia, no obras que sirvan para ganar el cielo, ni puntos que se vayan acumulando para poder entrar en el paraíso.

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  11. DUODÉCIMO PASO

    Pero ahora viene la segunda parte. Al mismo tiempo que somos libres en espíritu, seguimos atados a la carne, al cuerpo; y por el cuerpo seguimos atados al mundo. Del cuerpo no nos deshacemos hasta llegada la muerte y resurrección; y, mientras tanto este cuerpo intenta seguir sus propios deseos y apetitos e intenta también condicionar nuestra voluntad. En una palabra, si el espíritu es ya libre, el cuerpo sin embargo nos sigue empujando hacia sus propios dominios de materialidad carnal. Por suerte, vivir el evangelio es quedar entregado a una vida de perfección moral hasta la muerte y resurrección, cuando ya espíritu y carne se unirán en un nuevo cuerpo perfecto y libre de pecado.
    Este escenario antropológico luterano nos lleva entonces a otra razón bíblica del por qué los gobernantes son puestos por Dios. No solo entonces por causa del pecado como un mal menor, sino también para facilitar a quienes vivan el evangelio una vida social ordenada y regulada, donde puedan ejercer y perfeccionar los frutos de la gracia; y eso se traduciría en una moral de desprendimiento, de amor al prójimo, de vocación y trabajo. De ahí que yo pienso que esta ética del protestantismo sí es cierto que influyó sobremanera en la perfección de la vida civil de los países que abrazaron la Reforma. No cabe duda que esa es una impronta importante de los países protestantes actuales.

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  12. DÉCIMO TERCER PASO

    En el orden político la Reforma protestante no presenta ningún cambio o transformación significativos en ese momento que se produce. No hay revolución política, en esa primera etapa, que corresponda a la revolución religiosa. No hay por parte de los reformadores un interés abierto en cambiar el orden social, quizás todo lo contrario. Lo único relevante es que la transferencia de poderes de lo que fue la iglesia católica y sus posesiones, pasan al poder secular, reforzando los poderes centralizadores de las monarquías. Recordemos lo que dice Pablo en Romanos 13: “Sométase toda persona a las autoridades superiores, porque no hay autoridad que no provenga de Dios” (Romanos 13, 1-7). Los reformadores magistrales tales como Lutero, Calvino, Zwinglio, Bucero, Bullinger, Ecolampadio, Melanchthon, Beza o Johannes Brenz, todos ellos interpretaron Romanos 13 como la divinización del poder político de un modo directo. Recordemos también que la Reforma rechaza el racionalismo intelectualista de la escolástica tomista que asumía una ley natural independiente de la revelación y fundamento de un orden político elaborado por los hombres a través de la razón. Los tomistas y sus seguidores entendían el orden político como procedente de Dios de manera indirecta y mediado por los hombres como seres con cierta autonomía para regular sus asuntos sociales. En el protestantismo esta ley natural argumentada por los escolásticos, de origen aristotélico, queda suplantada por la revelación como voluntad directa divina en todo aquello concerniente a lo que se ha de hacer o no en el orden de la salvación, y en relación con el poder secular de acuerdo a Romanos 13.

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  13. DÉCIMO CUARTO PASO

    Por tanto el poder político existe porque Dios así lo ha decretado y es un poder divino directo investido en el monarca, magistrado, príncipe o cualquiera sea la modalidad de fundamento o localización del poder. Las consecuencias de esta interpretación del texto paulino, sacada ella del contexto histórico y hecha norma universal, lleva a los reformadores a enfatizar la obediencia incondicional al poder secular establecido. Incluso cuando el gobernante sea injusto, cruel o caprichoso. Rebelarse contra el poder civil es rebelarse contra Dios, pues por muy malo que sea este es preferible cierta tiranía a la anarquía o el caos. Las rebeliones campesinas y las catastróficas experiencias del utopismo anabaptista de Münster son, no cabe duda, el trasfondo de esta postura, añadiendo además la delicada situación en que se encontraba la Reforma amenazada por el emperador y el papa, con posibilidad de ser simple y llanamente exterminada. Una concesión a cualquier tipo de constitucionalismo o liberalidad a través de los estamentos populares, además de ser inconcebible en el siglo XVI, daría a la Reforma una tonalidad de desestabilización social que pondría a los príncipes evangélicos a la contra o al abandono de la causa. No era factible hacer aventurados paralelismos entre la revolución religiosa o y la sociedad secular.

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  14. DÉCIMO QUINTO PASO

    Pero Lutero llega a decir que un gobierno tiránico podría ser una forma de castigo divino por nuestra desobediencia y falta de paciencia y sumisión. Habíamos dicho arriba que la Reforma se salva gracias a la intervención del príncipe Federico el Sabio de Sajonia, al que más tarde se fueron uniendo otros príncipes. Lutero no está en condiciones de despertar dudas sobre su lealtad a quienes le protegen. Pero el problema de esta ética es: ¿Hasta qué límites podremos soportar la violencia de un gobernante o incluso la misma amenaza de exterminio por parte de este, sin que mostremos señal alguna de resistencia o rebelión? ¿Es posible soportar a un Hitler o hacerse cómplice con él, como hizo en su día la Iglesia luterana alemana oficial? O de lo contrario, ¿hay que marcar la línea y a partir de ahí se abre una fosa entre el nazismo y la iglesia como hizo la iglesia luterana confesante? Y quien dice Hitler, dice Stalin, o Franco, o cualquier tiranía.

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  15. DÉCIMO SEXTO PASO

    Ese fue el dilema que se presentó en su momento a la Reforma protestante cuando las fuerzas católicas del emperador, una vez fallidos los intentos por apagar el incendio luterano por medio de fuertes presiones políticas y teológicas, se reagruparon militarmente para acabar con la herejía. El primer Lutero había dado ejemplo con su negativa a la retractación ante el mismo Emperador en nombre de Dios para abrazar un evangelio de paz, de amor y sumisión a la autoridad secular. Pero una vez que la amenaza militar era ya palpable, el reformador tuvo que avenirse a la necesidad de justificar una respuesta de resistencia activa sino querían acabar todos como los albigenses o los valdenses o los mismos anabaptistas, siendo objeto de exterminio masivo. Una vez organizada la Liga de Esmacalda en 1531 por Felipe I de Hesse y Federico de Sajonia, se presentó abiertamente el dilema de la resistencia armada contra el Emperador, pero tal decisión habría de ser justificada teológicamente para que Lutero la aceptara. Para el reformador se mantenía obstinado en la idea de la absoluta sumisión al emperador por parte de los súbditos, pero la pregunta era importante ¿qué hacer cuando un gobernante amenazaba abiertamente contra el evangelio de Dios y su Palabra por medio de la violencia? Fue Melanchthon, Jonas y Spalatín, y otros quienes encontraron la respuesta en base al concepto paulino de “autoridades ordenadas por Dios”. Si el Emperador era una autoridad ordenada por Dios también los magistrados y príncipes electores eran autoridades ordenadas por Dios para ejercer justicia en el ámbito secular, ¿qué pasa entonces cuando el Emperador interviene militarmente en el ámbito espiritual con el ánimo de perseguir a la iglesia de Dios y su Palabra? La respuesta de la reunión del Palacio de Torgau fue dar legalidad a la resistencia contra el emperador por haber sobrepasado los límites de su cargo interviniendo en asuntos espirituales que no eran de su competencia y además en nombre del papa anticristo. Los magistrados o príncipes electores interpretan entonces que el emperador está colocándose fuera de la ley y por tanto ellos al gozar de una igualdad legal con el emperador pueden actuar legalmente contra él. El problema es puramente civil y político entre autoridades igualmente ordenadas por Dios, y por lo tanto no hay rebelión o desobediencia del creyente como iglesia, sino entre poderes civiles en el mismo plano de igualdad que deciden resistir a uno de los suyos por haberse sobrepasado en sus funciones. Estamos hablando de lo que yo llamaría un proto-constitucionalismo protestante que más adelante durante las guerras civiles religiosas en Francia los teólogos y teóricos políticos calvinistas o hugonotes, desarrollarían con más avances y aportaciones. Vemos entonces cómo la realidad va forzando una firme delimitación entre el ámbito de la conciencia individual circunscrita todavía al concepto de la iglesia de la gracia, y el ámbito político que no puede violar tal libertad de conciencia.

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  16. DÉCIMO OCTAVO PASO

    Hay que volver a recordar que el protestantismo había rechazado las teorías de Santo Tomás de Aquino y sus seguidores, y que además Lutero negaba cualquier valor a la razón para dictar o elaborar principios éticos o morales. Los escolásticos creían en la autonomía de la razón para llegar a demostrar las mismas verdades que en última instancia nos daba la revelación bajo otro modo. La razón entonces para ellos respondía al orden natural y en base a ese orden natural podía elaborar el sistema de gobierno más adecuado al contexto que en última instancia estaría también avalado por la revelación. Para ellos, desde luego, el Papa y la Iglesia tenían siempre la última palabra y cualquier modalidad de poder político habría de contar con el consejo y consentimiento de los mismos. Lutero, siguiendo más el énfasis de Ockham, antepuso la directa voluntad de Dios tal como dicta/manifiesta en las Escrituras y de ahí el apego obstinado a los versículos de Romanos 13. Calvino fue tan tajante como Lutero en su negativa a la resistencia de los gobernantes y por las mismas razones, pero sus seguidores franceses después de ser masacrados sin piedad en dos ocasiones (La matanza de Wassy (1562) y la Noche de San Bartolomé (1572) y con miles de muertos en su haber, además de represiones continuadas por parte de los Valois, en connivencia con los Guisa, llegaron a desarrollar un abierto constitucionalismo de manifiesta y racional resistencia al poder cada vez más absolutista del Rey.

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  17. DÉCIMO NOVENO PASO

    Prominentes hugonotes como Philippe Morney lograron dar un desplazamiento a los argumentos de resistencia exclusivamente confesionales para abrir un frente más amplio que abarcase también a los católicos moderados y a cualquier noble en oposición a la tiranía ultraconservadora católica apoyada por la facción de los Guisa. Y para ello no dudaron en recurrir a la tradición escolástica y al derecho romano y así unir en la resistencia a todos los estamentos sociales representativos del pueblo. Con ello empezaron a separar de modo tímido la política de la religión. Las libertades del calvinismo francés pasaban a ser consubstanciales a las libertades del pueblo o nación francesa en su totalidad. Dejaban, entonces a un lado un sectarismo que les cerraba sobre sí mismo sin más solución que ser destruidos. Ya no era la lucha de los seguidores de Dios contra la idolatría, ni tampoco la doctrina correcta contra la herejía, ahora se trataba de que el rey se debía a sus súbditos, quienes habían delegado su poder como comunidad política al monarca para ejercer sus funciones sin violentar el pacto o convenio que le unía al pueblo y en ese pacto se incluía la inviolabilidad de la conciencia religiosa de sus subditos. En caso de abuso de poder, entonces el mismo pueblo (entiéndase la nobleza), lo podría derrocar. Eran necesario reavivar las funciones de los Estados Generales y el Parlamento de París como cortapisas y contrapesos al poder del Rey.

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  18. VEINTEAVO PASO

    Este modelo de resistencia constitucionalista se exportó al calvinismo Holandés en sus guerras contra España, y de Holanda pasó a Inglaterra y a Escocia vía los teóricos más radicales del calvinismo, John Knox, Andrew Melville y George Buchanan. Buchanan utilizando el concepto calvinista de pacto o convenio entre gobernantes y el rey, y al mismo tiempo entre gobernados y Dios para serle un pueblo fiel, lo que hace es abandonar el segundo pacto religioso y dejar solamente el pacto político. Esto fuerza definitivamente a independizar la política de la religión y en su lugar someter la política a la soberanía de la ley natural y los derechos naturales. Al mismo tiempo el contrato o convenio político se extendía no solo a los estamentos representativos por medio de la nobleza, sino a todo el pueblo y a toda conciencia individual. Buchanan relegó los versículos de Pablo a su contexto histórico de principios del cristianismo y adaptó el cristianismo a la nueva situación histórica muchísimo más compleja del momento.

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  19. VEINTIUNAVO PASO

    Pero, al final ¿cómo rompe la cristiandad como concepto global de civilización providencial, para ser sustituido como concepto político europeo? Recordemos que la Reforma había independizado la fe del catolicismo, sin embargo la reforma protestante no pudo evitar las guerras y su justificación como ya vimos. Pero al asumir el poder civil la defensa de la fe como problema político, las guerras políticas se confunden inevitablemente con guerras religiosas. Seguimos bajo el concepto de cristiandad. A la larga la ofensiva y contraofensiva del protestantismo y el catolicismo durante las largas guerras de religión de los siglos XVI y XVII nos sumergen en una Europa donde no habrá unidad política mientras no haya unidad religiosa cueste lo que cueste, a base de destrucción y desolación. Pero llega un momento en que esos mismos poderes políticos se dan cuenta de que es imposible destruir al enemigo y que la guerra está debilitando y empobreciendo a todo el mundo. Surge el agotamiento y con el agotamiento y muchos centenares de miles de muertos en el haber, surge la idea de la tolerancia con el enemigo; la religión ha de pasar necesariamente a un segundo plano; al plano de las creencias particulares; y entonces la política se independiza de la religión y cada territorio y estado comienzan a entender la política como compromiso y acuerdo por encima de las creencias religiosas. Cada estado adoptará la religión o las religiones que crea conveniente y respetará la misma opción a los demás estados. Cada estado trazará sus fronteras, se hará un reajuste de territorios y la religión queda relegada al particularismo de cada estado-nación. Es la Paz de Westfalia de 1646. Una consecuencia indirecta de la Reforma.

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  20. VEINTIDOSAVO PASO Y FIN

    Pero si la política se independiza de la religión, más tarde lo hace la filosofía de la teología; y al mismo tiempo la ciencia rompe como saber independiente de la religión y abre nuevos horizontes; más tarde será la moral y el arte: comienza la sociedad civil y la ilustración. La ley se comienza a vislumbrar como independiente de los particularismos para ser la ley común de toda la sociedad. Es ahí cuando la cristiandad queda rota como una idea global y de unidad inquebrantable para dar paso a la soberanía de los estados y a la libertad de creencias, incluido el ateísmo. Pero que rompa la cristiandad no quiere decir que rompa el cristianismo. Poco a poco las iglesias cristianas surgidas de la Reforma y las nuevas iglesias que van surgiendo dentro de la llamada tercera reforma, se van adaptando a un nuevo status de libertad religiosa y respeto mutuo bajo el dominio de la ley civil común. La sociedad civil ha dejado de ser problema de Dios, para quedar en manos de los hombres y sus ideologías.

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  21. SOBRE LIBRE ALBEDRÍO

    Para ser libre de escoger he de suponer un estado de total indeterminación. Supongamos una voluntad que ha de elegir. He de elegir entre ir a trabajar o quedarme en casa. La elección irá en función de mi escala de valores. ¿Qué valoro en la vida? Y mis valores ¿de dónde proceden? ¿Educación? ¿Valoro esto o aquello porque mis padres me educaron así? O ¿porqué mi experiencia en la vida me ha enseñado que x vale más que y? Pero entonces mis valores me vienen dados, condicionados. Pero quizás sea por mis condicionantes genéticos, naturales, de constitución biológica el hecho de que desde niño tenga tendencia a escoger esto o lo otro. Hay voluntades fuertes y con principios. Hay voluntades débiles, dependientes y volubles. Hay voluntades frías y sin principios. Hay voluntades con principios, pero débiles, pusilánimes para seguirlos. Pero ¿existe algún lugar incondicionado desde donde hacer una pura elección? La primera elección. La primera pura elección. Y en base a esa primera pura elección ir creando sedimentos, hábitos. O ¿somos siempre pura elección en cada decisión? Eso nos llevaría a la posibilidad de una dimensión prístina y transparente en nuestro ser. Una dimensión espiritual no contaminada por ninguna determinación y desde donde se hacen elecciones absolutamente libres. Ello nos llevaría a la posibilidad de ser siempre-ya nuevos en la vida a cada momento. Trascenderíamos todo en todo momento y nuestra elección siempre sería "pura" para bien y para mal. Elegiríamos algo malo, ¿por qué? ¿precede el mal a la elección? ¿Por qué?
    Amigo lector/ra. Echadme una mano.

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  22. SOBRE LIBRE ALBEDRÍO II

    La voluntad siempre puede resistir al mal. Siempre cabe la posibilidad de decir no. Pero nos inclinamos al mal en un momento determinado. El mal se ha hecho, pero sabemos que hemos hecho mal. Hay conciencia de haber hecho mal que trasciende al hecho mismo, a la elección mal hecha. Hay conciencia del bien y del mal. Parece ser algo natural y universal. El victimista rehúsa ser responsable del mal que elige y entonces lo justifica de mil maneras: la sociedad, la educación que me dieron, las circunstancias, etc,.
    Entonces podemos decir que hay una escala de valores universal grabada en nuestras conciencias y que cuando elegimos el mal sabemos luego (sino en el momento) que hemos elegido el mal.
    Hay voluntades ya corruptas que se han habituado a hacer el mal y ahora es un hábito y ya saben sus justificaciones y tienen hasta teorías para justificarse. Hoy día es natural esta actitud. Todo está condicionado socialmente, biológicamente, etc. O si no el incosciente freudiano.

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  23. "some of Calvin’s followers developed less equivocal and more radical arguments. A trio of refugees from Mary Tudor’s England, Christopher Goodman, John Knox, and John Ponet, broke spectacularly from the notion that even ungodly rulers were (in the formula of St Paul) ‘ordained of God’, and concluded that wicked rulers could be overthrown or even killed – the doctrine of tyrannicide. Some French Calvinists went down the same path: Philippe du Plessis-Mornay’s Vindication Against Tyrants (1579) argued that an ungodly monarch had forfeited the right to rule, having broken the terms of a covenant with God and the people, and similar conclusions were reached by the Scot George Buchanan. Principle was shortly put into practice in the Netherlands, where in 1580 the rebel leader William of Orange openly renounced the sovereignty of Philip II for having failed in his royal obligations. In the 17th century, the Protestant English deposed not one but two of their kings, Charles I and James II; the former for being insufficiently Protestant, and the latter for converting to Rome (some tender consciences hiding behind the fiction that James had ‘abdicated’ by fleeing the country)." (from "The Reformation: A Very Short Introduction (Very Short Introductions)" by Peter Marshall)

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  24. If salvation depends on God's will and not on human works, then salvation is a pure subjective event without any visible sign to identify it. The invisible church, the true church, depends on God. If there's a sign that sign is a pure subjective feeling, never able to materialize. No church, no organization, nobody can't know which is the invisible, material church. It's the end of religion.

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