27 junio, 2014

ES POSIBLE QUE LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL ESTÉ YA AGOTADA

Es posible que la civilización occidental esté ya agotada. Hemos llegado al summun de nuestra potencialidad y positividad. Ya nada nos sorprende y todo nos aburre. Sólo
nos queda el poder de la simulación. Qué bien simulamos en nuestro generalizado nihilismo. Todo como sí. Como si creyéramos en algo, pero ese algo nos es indefinido y ambiguo, pero cuanto más indefinido y ambiguo mejor. Simulación. El poder de la simulación. Yo simulo, tu simulas, él/ella/ello simula, etc. Somos anti y pro al mismo tiempo. Antisistema dentro del sistema. Inconformistas dentro del conformismo. Abiertos de mente dentro de un infernal círculo vicioso. Todo tan guay; todo tan legal dentro de la ilegalidad de un sinsentido. En el fondo parece que todo nos da lo mismo y lo mismo no acaba de ser diferente, ni mucho menos alteridad. Yo me altero con mi alteridad apenas alterada. Yo me diferencio dentro de la más sublime banalidad diferenciable. Generalizado nihilismo de una nada etiquetada en formas insubstanciales. Quizás hasta llegue a ser un héroe/heroína de la cocaína. Transparentes como el cristal con la totalidad cósmica con derecho a ser además de existir.

No sé si ISIS o Talibalandia siguen nuestro juego o ellos ya han trazado la absoluta racionalidad del SER en forma de violencia totalizante y ejemplarizante. Quizás ellos nos provean de la absoluta racionalidad en forma de califato-hardware. Y dicen: O lo tomas o te ayudamos a dejar la existencia por la vía expeditiva. El Libro es un Libro que no ha lugar a otros Libros porque es el único Libro. Soy la sombra que ya te está cubriendo para liberarte de tus aburrimientos y tus banales dudas. Observa cómo ejecuto en las calles sin juicio previo. Tu civilización occidental está agotada y yo soy la alternativa de lo alterno elevado al sumun de la más absoluta y abstracta racionalidad coránica. Guau, wow! I mean business!!!

21 junio, 2014

EL CIELO ES REAL O LO EXTRAORDINARIO EN LA VIDA ORDINARIA

La película El Cielo es Real parece querer hacernos la pregunta: "¿No sería mejor vivir como si el Más Allá fuera una existencia real?" Pero también sería repetir la clásica pregunta de Pascal adaptada:
 "¿Qué perdemos con creer en un Más Allá donde todo ha de ser reparado y donde hemos de ver a nuestros desaparecidos, todos jóvenes y radiantes, bajo el cuidado de Jesús?" Perder nada, y ganar mucho; pues tal certeza nos haría vivir con sentido e ilusión y entonces los sufrimientos de este mundo pasarían a ser cosas pasajeras que luego se compensarían con el paso a esa otra realidad divina. Además, las cosas y acontecimientos de este mundo serían como pruebas para fortalecer nuestra moral y esperanza, que luego en el Más Allá serían reconocidas y, seguramente ampliadas.
Contrástese esta película con las muchas que salen cada año sobre el Más Allá, pero un más allá maligno, demoníaco; infernal, vampiros por doquier; películas de posesiones, de exorcismos, de espíritus perversos. Es evidente que el Más Allá diabólico vende más que el Más Allá divino. Curioso también que cuando el Más Allá es maligno, la religión protagonista es el catolicismo; pero en esta película de Randall Wallace la religión protagonista es el protestantismo, concretamente la Iglesia Metodista en su versión Wesleyana.
La película juega bastante con la ambigüedad sobre el caso del niño Colton Burpo. No llega a ser una película facilona con estos temas, a pesar de las apariencias. De hecho, nunca llega a haber una certeza sobre ese Más Allá. No cabe duda que el Reverendo Burpo es una buena persona en un pueblo de Nebraska no tan sórdido ni aburrido como el pueblo de la película homónima de Alexander Payne. El pastor Todd es también un buen padre, pero descuida un poco la sensibilidad de su hijo llevándole al hospital cuando ha de ayudar a un moribundo, o también haciéndole estar presente durante el funeral del vagabundo que pierde su casa-remolque en un incendio. La representación que pueda hacerse un niño de tres años de la muerte y sus consecuencias en su psique es difícil de saber. Y la película también juega un tanto con las expectativas del predicador y las visiones de un hijo que de forma inconsciente busca agradar a su padre. Una experiencia tan traumática como la que ha pasado el niño en el quirófano, puede dar lugar a experiencias extraordinarias de difícil explicación. La película deja al espectador que saque sus conclusiones, que reflexione sobre ciertos aspectos extraordinarios de la vida en clave positiva. Y, en mi opinión es acertado. Cansados estamos de tantas películas de crímenes violentos, de relaciones humanas o de pareja
siempre destartaladas, de delincuentes psicópatas, de demonios dementes, de latrocinios, de los horrores del mundo de la droga, etc, etc.
Resulta también interesante ver in situ la vida de una comunidad metodista wesleyiana; su forma de gobernarse tan "civil" e independiente; la vida de un reverendo que combina su trabajo de reparaciones para todo, con sus horas de bombero del condado; es también consejero espiritual con sus propias preocupaciones mundanas y sus deudas; sus prédicas en la iglesia y su vida familiar.
En definitiva resulta una película entretenida que nos invita a reflexionar y a hacernos preguntas que a la mayoría de la gente, por suerte, le siguen preocupando.

08 junio, 2014

A VUELTAS CON LA EXPERIENCIA DE LA FE. ¿QUÉ DEMONIOS ES LA FE?

Ninguna religión pasa la prueba de la razón. Si la demostración de la existencia del Dios monoteísta ha de pasar por el mundo que vemos y sus manifestaciones
naturales, entonces al final siempre hemos de recurrir al milagro de la fe. Pues a lo único racional que nos llevan las manifestaciones del universo, si somos honestos, es a nuestra más completa ignorancia sobre el porqué de la existencia de lo que vemos. No hay señal objetiva o demostrable alguna que nos indique de forma contundente el origen divino del universo y mucho menos la atribución de dicha existencia a un dios particular en base a una revelación concreta. A todo lo que estamos permitidos por medio de la razón es a la descripción del mundo por medio de la Ciencia; y a medida que se van abriendo campos debido a nuevos descubrimientos, pues aceptarlos dentro de la máxima honradez y honestidad. No hay más posibilidades si nuestro saber y conocimiento se ha de fundamentar en la razón. Otra cosa es que eso no nos satisfaga y necesitemos de otras explicaciones que nos den un sentido trascendente sobre el por qué de todo este abrumador misterio del cosmos y de la vida humana inteligente. Y es entonces donde habremos de necesitar de explicaciones metafísicas; y, entre tales explicaciones metafísicas están las explicaciones religiosas. En concreto la creencia cristiana en un Dios que se revela a través de las Escrituras no sería más que una variante o modalidad de explicación religiosa del mundo. Nada hay demostrado de forma racional y objetiva que la Biblia es revelación de Dios y que además es el Dios único y verdadero que ha creado el universo. Todo lo más que podemos decir quienes creemos en el Dios de la Biblia es que lo hacemos por fe. Pero la fe no es algo que podamos demostrar de modo racional y científico, sino que es un fuerte sentimiento de transformación espiritual que nos ocurre sin saber exactamente el por qué. Tan sólo sabemos que nos ocurre, está ahí, se siente de forma continuada y da sentido a nuestras vidas. Es la fe la que abre sentido a las explicaciones religiosas; y, es la fe la que nos dice a los cristianos que el Nuevo Testamento nos habla de verdades trascendentales.

Ahora bien, si la fe fuese única y común a todos los mortales creyentes, entonces no habría la diversidad de religiones y de iglesias, denominaciones o sectas que existe en este momento. La fe, aun siendo un acontecimiento de radical raíz subjetiva, de ser un hecho común al conjunto de los creyentes en el mundo habría de ser la misma en sus manifestaciones. Una fe trascendental puede anteponerse de forma abrumadora sobre cualquier contingencia o accidente que intente oscurecerla, ocultarla, o confundirla. De no ser así, entonces la fe, al igual que las culturas y las lenguas; tiene de común con el ser humano la participación en la increíble variedad productiva de interpretaciones sobre la realidad. De ahí la multitud de religiones, en muchas ocasiones, en consonancia con la variedad cultural y lingüística del mundo, o su universalización en coexistencia con los poderes políticos que lo hicieron posible. En el caso cristiano: el Imperio Romano. La fe entonces podría ser un acontecimiento subjetivo cuya representación resultaría siempre problemática. La fe entonces estaría siempre más allá de toda posible representación y de todo posible intento de
reducción a dogmas de fe o institucionalización. La fe sería una experiencia profunda que solamente se podría compartir con otros en función de un sentimiento también profundo; quizás de una fuerte afectividad que logra entrar en sintonía con otras afectividades de un modo muy parecido. Esa sería entonces la base común de la fe entre los humanos: una experiencia común subjetivamente abrumadora compartida en modalidad de fuerte sintonía afectiva. Luego vendría la necesidad de traducción, de representación de tal experiencia común de la fe en forma de aceptación e interpretación de las Sagradas Escrituras, en el caso del cristianismo protestante. Y es ahí donde van surgiendo las diferentes comunidades de interpretación, las diferentes iglesias.