17 febrero, 2014

CRISTIANISMO MUTANTE Y DESLIZANTE

El mesianismo de Jesús, en todas sus versiones cristianas primitivas, nunca pensó que llegaría a ser la religión de toda una civilización. El mesianismo de Jesús era una experiencia religiosa de los últimos tiempos. El fin del mundo iba a acontecer en esa misma generación. Este movimiento era una tendencia radical dentro del judaísmo que predicaba el desprendimiento total; el estar de paso por un mundo que habría de ser intervenido por Dios para su total reinstauración como Reino de los Cielos gobernado por el Mesías. Era un movimiento que esperaba el juicio inminente precedido por un apocalipsis catastrófico y devastador.

Pero eso no aconteció. Y el tiempo fue pasando y como dice el Cohelet o Eclesiastés, “generación va y generación viene, más la tierra siempre permanece”. Y entonces, como nada en este mundo se puede abstraer del juego de poder, pues poco a poco la rama más numerosa del cristianismo se fue adaptando y desarrollando hasta
constituirse en una iglesia fuerte, ligada al poder imperial. Las versiones primitivas cristianas fueron quedando como sectas heréticas, algunas perseguidas con saña; otras desaparecen y otras vuelven a aparecer en siglos venideros.
En realidad en aquella época inicial de Jesús y su predicación, la historia ya estaba agotada y ahora se trataba de esperar la irrupción del reino de Dios en cualquier instante. Nada de teologías, nada de proyectos terrenales políticos o religiosos. Se vivía una ética de emergencia, totalmente radical. Todo encajaba dentro del judaísmo. En realidad era un judaísmo radical.
Si tuviéramos que reconstruir ese cristianismo inicial de Jesús, tendríamos que siempre-ya vivir en esa siempre-ya sensación de espera inminente y vivir en el más radical desprendimiento de riquezas, trabajo, familia, muertos, etc. Seríamos como una tribu extraña en un mundo que nos vería como hippies itinerantes y delirantes caminando por las calles de las ciudades o en los metros predicando el fin del mundo y la prontísima venida del Señor. Nada que ver ese cristianismo radical con el entramado de organizaciones y poderosas iglesias cristianas de hoy día, con tantas elaboradas teologías y credos o tendencias conservadoras o progresistas.
Así es el mundo en que vivimos. Un mundo atrapado en representaciones ya-siempre cambiantes y deslizantes.

3 comentarios:

  1. Curiosamente hay un punto de encuentro entre el mesianismo radical y el más radical espiritualismo. Observemos: el mesianismo radical lleva la historia a su punto de ruptura. Todo rompe. Todo se corrompe: el Templo y su casta sacerdotal, los romanos campean a sus anchas expoliando al pueblo; la Torá se reboza de convenientes interpretaciones y tradiciones. La gente pasa hambre, sufre injusticias, miles de enfermos por las calles y los pueblos, etc. La historia ha llegado a su límite de infamia. Como en los tiempos de Noé.

    El fin es inminente. Dios ha de intervenir. La Tierra ha de ser renovada por Dios para así instaurar su Reino.

    Pero no ocurre como se esperaba y las cosas siguen igual o peor.

    Entonces esta terrible frustración al mismo tiempo que radicaliza la historia hasta su total agotamiento y total carencia de esperanza; también se espiritualiza. No hay otra salida. Si Jesús ha muerto en la cruz y todo ha de seguir igual, mi rebelión y negación a lo existente se extenderá ahora a todo el cosmos. Mi rebelión será todavía más profunda: La muerte de Jesús ha sido aparente: en realidad Jesús ha llevado la historia a su punto absoluto de infamia: la ejecución del Mesías, del Hijo de Dios, del Escogido. Pero lo que aparentemente es un fracaso o una victoria del Mal, se convierte en todo lo contrario. El Mesías vence a la misma muerte; vence a la misma historia precisamente en su máxima expresión de maldad y pecado. ¡Jesús resucita y ha de volver pronto para juzgar a los vivos y a los muertos. Era necesario que muriera en la cruz para que esto fuese posible. Pero no sólo se redime así la Historia con su superación; sino el mismo cosmos con sus eones, sus principados y potestades; etc. (estamos en un cosmos de Cielo, Tierra, y reinos intermedios). La Luz vence a las Tinieblas. Si en el evangelio de Mateo todavía vemos al Mesías con su mensaje de ética urgente y fin de los Tiempos (historia); en Juan ya vemos al Mesías espiritual triunfante que ya ha superado la Historia desde su misma encarnación como Verbo. Es un Mesías cósmico, ya triunfante de antemano; yo diría que ya resucitado. Como si el Mesías crucificado de Marcos volviera de nuevo a recrear todo la anterior pero en clave triunfante de resucitado.

    Es así como el más radical mesianismo apocalíptico rompe y vierte hacia un nivel superior de ruptura con la historia y así superarla definitivamente. Jesús no ha muerto. Os habéis equivocado. Jesús vive y ha de volver pronto!

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  2. La modalidad espiritualizada del Jesús resucitado y triunfante que ya ha redimido a la humanidad, sin necesidad de urgencia mesiánica; el Jesús más distanciado del judaísmo y que no necesita de la Torá, pues la Torá se ha cumplido en él con su revelación (en Juan); con su muerte (en Pablo); es precisamente la versión cristiana que más éxito tiene entre los "temerosos de Dios" o gentiles que viven la fe de la sinagoga con los judíos. Es el Jesús que mejor comprenden y que les abre la posibilidad de entrar en la cosmovisión judía del Mesías; sin tener que pasar por todos los tediosos requisitos de la Torá, entre ellos la dolorosa circuncisión. Es además un Mesías que encaja mejor con los referentes mistéricos del helenismo "a la vogue" dentro del imperio romano.

    El distanciamiento entre "los temerosos de Dios", los judíos helenizados y los judíos mesiánicos (todavía judíos y sin comprender que Jesús pueda ser comprendido sin apelación a la Torá y su más estricta práctica); se va agrandando. A más separación y distanciamiento más espiritualización y menos mesianismo radical, hasta llegar a una posición en que el fin de los tiempos inminente queda sustituido por una vida eterna inmediatamente a la muerte. El alma va inmediatamente al cielo o al infierno en función de su fe. La verticalidad espiritual substituye a la horizontalidad. histórica.
    Es el triunfo de Pablo y del evangelio de Juan sobre los "judaizantes"; y sobre el movimiento nazareno de Santiago; hermano de Jesús. Con la destrucción de Jerusalén a manos de las legiones romanas de Tito y la muerte y exilio de miles de judíos, entre ellos los cristianos mesiánicos de Santiago; el cristianismo de la diáspora ya nutrido de muchos gentiles conversos, sale triunfante.

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  3. Y el Jesús humano o adoptado como Mesías o el mismo Mesías luego glorificado; pasa a ser el Unigénito de Dios, el Verbo y, luego, el mismo Dios constituido en Trinidad.

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