Pongamos un
ejemplo de sujeto subalterno en su máxima cota de opresión y de mínima libertad
individual. Por ejemplo: una mujer afgana viviendo en un pueblo de dicho país.
Contemos las capas de opresión que sufre:
a) Por ser mujer.
El machismo en una sociedad musulmana-talibán es absoluto. Hasta un hijo de
ella la puede mandar callar porque el varón tiene siempre autoridad sobre la
mujer.
b) Ha de llevar
burka por máxima obligación.
c) No recibe
educación alguna salvo las enseñanzas del Corán adaptadas a la mujer.
d) No puede
participar en la vida política. Debe de relacionarse con los hombres guardando
distancia y muchísima prudencia.
e) No es
reconocida como persona con derechos de propiedad sobre su dinero, su vida, su
expresión, su libertad de pensamiento, etc.
¿Sigo?
Muy bien, ahora
un poco de reflexión:
¿Cómo es posible
hacer un juicio moral y político sobre esta horrible condición de la mujer
afgana?
Respuesta: Porque
los derechos humanos y las libertades democráticas que han surgido en Occidente
y se han hecho universales, han creado una conciencia basada en la dignidad
humana como base de toda organización social y política. A partir de los
derechos humanos (fruto del "malo" e "hipócrita" Occidente
en base a su historia y desarrollo de valores judeo-cristianos y razón griega),
pues podemos condenar estas situaciones de degradación humana con la cabeza en
alto y por encima de argumentos de relativismo cultural o conveniencia
ideológica o política. Los derechos humanos son universales y punto.
Aquellos que nos invitan a ponernos en lugar de la cultura afgana y sus peculiaridades porque hemos de respetar las culturas en su propia inmanencia, etc. Pues les diremos que se hacen cómplices de tales horrores y con ello muestran su doble vara de medir y su crueldad interesada siempre que, esos, sus motivos doctrinarios e ideológicos se ven puestos en entredicho. Es condenable entonces ese relativismo cultural que se hace ciego a situaciones como la mujer en Afganistán y otros muchos países que viven estas lacras.
Entonces, podemos
decir con la cabeza muy alta y así podemos enseñarlo en nuestras escuelas, que
la cultura Occidental tiene cosas muy buenas de las cuales nos hemos de sentir
muy orgullosos. Es una cultura que gracias a su concepción del individuo con
sus atributos innegociables de dignidad y respeto ha interpelado y perturbado a
todas las culturas del planeta, que no pueden dejar de verse trascendidos por
valores que despiertan ansia de libertad y justicia en cualquier rincón del
mundo.
¿Qué historia en
este mundo ha permanecido impoluta, inocente, y pura? Occidente también ha
tenido su historia y su expansión, pero si hubo un lado de opresión colonial,
también Europa fue la primera en abolir la esclavitud, la primera en
desarrollar un orden democrático, derechos humanos, etc. Esto lo hemos de
enseñar a nuestros alumnos, a nuestros hijos, al pueblo, para que se sienta
orgulloso de su civilización, de sus valores judeo-cristianos, etc. Tales
valores merecen una clara defensa y refuerzo identitario.
"AMOR". UNA PALABRA MUCHAS VECES ENGAÑOSA AL SERVICIO DE LA HIPOCRESÍA
ResponderEliminarLa palabra. Por ejemplo, digo "amor". Esta palabra la puedo decir en multitud de contextos. La puedo decir como un ejemplo de palabra abstracta en una clase. La puedo mencionar refiriéndome a una acción con un resultado. Ejemplo, "Aquella mujer acarició a su hijo llorando al verlo tan triste. Ella sentía un amor profundo por él." Es la visibilidad de unos actos concretos lo que nos lleva a nombrar la escena como "amor". Entendemos que hay un fuerte sentimiento y vínculo emocional de madre a hijo que es recíproco. Las palabras como "amor" si no están ligadas a acciones concretas de fuerte afecto y sentimiento u otras acciones que anteponen la dignidad y libertad del prójimo antes que el interés de uno mismo, entonces es una palabra engañosa. Podemos utilizar esta palabra de forma equívoca y entonces designará emociones o efectos en relación a una persona de un modo confuso. Emociones o efectos que no están definidos ni en nuestro espíritu, ni en un objeto concreto, pero que nos resulta cómodo echar mano de tal palabra por las connotaciones positivas que tiene ante los demás y con uno mismo. Pero el sentimiento de amor conlleva el desinterés, la libertad, y la inocencia. Amor no es posesión del otro o de cualquier objeto. Uno puede amar su trabajo porque ese trabajo se hace con desinterés, entrega, y la inocencia de la libre actividad. Mientras no se desee o aspire a la mayor libertad posible de las personas que decimos amar, ese amor no nombra el verdadero sentimiento que expresa la palabra. Hay otras cosas que se interfieren, tanto de manera consciente como inconsciente o de un modo indefinido o confuso. "Amor" es una palabra usada muchas veces de formas indebidas, engañosas, irresponsables. Otras de manera hipócrita para crear efectos favorables sobre los demás por las connotaciones positivas que la palabra nos puede dar.
Pero solo las acciones, los actos concretos, los efectos visibles nos dicen la verdad sobre el amor.