Cuando era profesor en el instituto de Corvatera en el concejo de Convatorera, un día había llamado la atención a dos alumnas cotorras que no paraban de hablar. Cuando acabó la clase las dos alumnas indignadas vinieros a mí y me dijeron: "Vamos a hablar con el Director, nos ha parecido muy mal lo que nos has dicho y no tienes razón alguna para decírnoslo".
Ni que decir que había quedado de piedra.
Fui al Director y se lo dije. Pero el Director sonrió y no dijo más.
(Crónicas del Purgatorio)
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