La Carta Fundamental de los Derechos Humanos que avala la ONU, el derecho Internacional y el Tribunal de la Haya, son emergentes históricos que aparentemente y de un modo por lo menos formal o ideal, establecen las bases que regulan de una manera global las relaciones entre estados, conflictos, guerras, etc. Digo emergentes históricos porque tales derechos humanos surgen de la civilización occidental, y son inspirados en última instancia por la civilización griega fundida en el judeo-cristianismo posterior. Dos corrientes que construyen la categoría de naturaleza humana e individuo, que la posterior Ilustración, aparentemente y despojándose de la religión, mitos o metafísicas diversas; redujo de un modo formal a propiedades naturales inalterables, inalienables: razón, libre albedrío, dignidad... Aparece el liberalismo.
A medida que
Europa se extiende por el mundo a través de su colonialismo e imperialismo,
lleva consigo también las ideas democráticas, las leyes, constituciones,
valores individuales, ciudadanía, derechos, etc. Efectivamente el colonialismo
busca la explotación de sus colonias, instaura la esclavitud, la subordinación
del colonizado que no participa en un principio de tal definición de individuo
y derechos, existe una visión racista que hace jerarquías en base a la raza,
color de la piel. No hablemos ya de las mujeres y su categorización por debajo
del hombre. Pero al mismo tiempo que todo eso ocurre, la civilización europea
con sus ideas de democracia, individuo, libertades inalienables, también de
forma simultánea va inspirando, provocando, despertando a las poblaciones
nativas, las naciones colonizadas a adoptar esas hermosas ideas y valores a sus
propias naciones, territorios y personas. Los derechos humanos y los valores
democráticos se van haciendo más y más universales: las nuevas naciones
independientes (Grecia, países balcánicos, la India, China, naciones de mayoría
musulmana, naciones africanas, revoluciones latinoamericanas).
Los Derechos
Humanos emergen entonces como un progreso irreversible de la HUMANIDAD. Es un
referente de naturaleza humana y de libertades ambicionado por las clases
gobernantes de las nuevas naciones independizadas. Añádase a eso el triunfo de
la ciencia y la revolución industrial como fuerzas de pensamiento y progreso
económico y social arrolladoras. Del mundo global que surge después de la
Segunda guerra mundial emerge ya una idea universal de derechos humanos que se
intenta formalizar, y al mismo tiempo ampliar en función de nuevos sujetos
oprimidos todavía no reconocidos por tal texto, constituciones, etc. Se funda
la ONU, el Tribunal de la Haya, etc.
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El derecho
internacional es un referente universal todavía formal, ideal, demasiado débil
para ser efectivo al chocar con una realidad de estados y civilizaciones que en
muchos casos sigue siendo refractaria a derechos humanos que no consideran
suyos. Eso hace que los países en realidad se contienen en función de un
equilibrio de fuerzas reales de poder y poder militar sobre todo. O sea, se
respetan y tienen miedo. Rómpase ese equilibrio y tenemos problemas. El derecho
internacional, en estos momentos, sirve para saber cuán poco actúa como árbitro
real, pues en primer lugar carece de poder militar efectivo internacional para
implementarlo, imponerlo de facto. Eso sí, sirve de justificación tanto para
democracias como para tiranías. No te entrometas en mi territorio donde hago lo
que quiero,--dice el tirano de turno-- porque te puedo acusar de transgredir el
derecho internacional. Lo puede decir Ortega en Nicaragua y Putin en Rusia
asumiendo que Ucrania le pertenece, también Francia o Dinamarca como
democracias.
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Los países
occidentales aspiramos de un modo efectivo que los derechos humanos sean un
emergente IRREVERSIBLE y universal aceptado por todos, pero la realidad es que
muchos países no aceptan tales derechos como universales, pues los consideran
producto del liberalismo/individualismo burgués occidental que para nada se
ajusta a la realidad musulmana, al alma rusa, al espíritu nacional chino, a la
cosmovisión de los nativos-americanos o naciones africanas. A pesar de las
ampliaciones de tales derechos para encajar más reconocimientos y sujetos
oprimidos, el marco universalista no resulta el más apropiado para países fuera
de la órbita cultural occidental. La Rusia de Putin (el alma rusa es superior
al Occidente decadente) es un ejemplo cercano, las mismas izquierdas y derechas
radicales europeas y occidentales en general tampoco están a gusto con lo que
consideran una política enfocada al individualismo, pues su idea de individuo
va ligada a la colectividad y las libertades han de referenciarse a la
colectividad que subsume a los individuos para que estos sean libres de verdad.
El comunismo sigue teniendo esta atracción a pesar del fracaso histórico tan
catastrófico. La derecha radical ve la Nación como un ente metafísico encarnado
en la historia de naciones ya destinadas a serlo por derecho cuasi-divino. Los
países musulmanes no pueden legislar fuera de una sumisión a las leyes que
emanan de Dios directamente por medio del Corán. ¿Qué decir de otros muchos
países que se nos escapan?
Esto hace que la
ONU y el Tribunal de la Haya pasen muchas veces a ser un pretexto para
justificar políticas que interesan y condenar aquellas que no interesan en
nombre de diferentes supuestos de lo que es un derecho humano o no. El debate
internacional fallido es tratar de definir qué entendemos por derecho humano en
primer lugar.
Subiendo por el camino solitario hacia la cima del monte Hgshat, y a unos trescientos metros antes de la cima, donde hay un pequeño rellano natural, pues ahí hay una especie de símbolo poderoso que los habitantes de las aldeas cercanas llaman Makubwa. Todos temen a Makubwa, y nadie sabe qué representa el símbolo tan poderoso, pues a simple vista no es posible definirlo, ni tan siquiera al tacto se puede decir que sea duro, blando, suave, viscoso, áspero, liso, arrugado. No hay olor alguno que resulte identificable como agradable, desagradable. Pero tampoco podríamos decir que no hubiese olor alguno, ya que hay un algo que está ahí ante nuestro sentido del olfato, un algo indefinido, inexpresable.
ResponderEliminarTampoco sabríamos decir si el tamaño es grande, pequeño, mediano, gigante, pues al tratar de buscar proporciones nos vemos angustiados ante una extensión totalmente incoherente, imprecisa; un volúmen que no es exactamente volúmen pues hace posible que nuestro sentido de la medida se extravíe, se confunda en una disonancia misteriosa que nos repliega a la más pura ansiedad cognitiva, absolutamente irresoluble.
Los habitantes de la zona vienen a rendirle respeto y cierta adoración cada cierto tiempo. No saben si podría ser un dios o un ente material o espiritual o inmaterial incorpóreo o puro delirio o alucinación individual y colectiva. Por si acaso le temen, lo tratan con sumo respeto y distancia.
En mi subida solitaria al monte Hgshat me dio por parar en aquel rellano. Al principio no divisaba nada, pero poco a poco una PRESENCIA se hacía sentir bajo una sensación de puro agobio, infinita e incontrolable ansiedad, y luego miedo, puro miedo; quizás terror.
Fue en ese instante que me di cuenta de que Makubwa era después de todo una realidad, pero una realidad abismal, informe hasta el absoluto de la informidad o deformidad. Un ente tan inexplicable como la locura más abyecta. Entonces, un profundo escalofrío inundó mi ser y me puse a correr sin descanso de forma incontrolable a través de las rocas afiladas, de los matojos, de la pura desesperación y descontrol tanto físico como psíquico. ¡¡¡Aggghhh!!!
LA COMUNIDAD DE LA FE (APUNTES IMPRECISOS SOBRE LA FE)
ResponderEliminarLa fe. La fe va más allá de toda conceptualización, representación. Es más una profunda intuición o sensación que algo lógico o racional. Sería entonces una confianza basada en algo inefable, indescriptible, irracional, inimaginable, indefinible, etc. Siendo así la fe iría más allá del pensamiento, del entendimiento, de la lógica. Una potente sensación o intuición de confianza absoluta pero sin posibilidad de representación o conceptualización. Al nombrarla con la palabra "fe" nombramos un algo inefable, etc. Sería más bien una idea muy general e imprecisa, pero su verdad sería el potente sentimiento de confianza que trascendería toda determinación humana. Pero si la fe "flaquea", se pierde en momentos generando dudas e inseguridades, entonces la fe sigue expuesta y limitada a las contingencias humanas.
Si eso ocurre entonces la fe no ha dejado de ser una necesidad humana, dentro de lo humano.
La fe o absoluta confianza en esa Trascendencia que es Dios o su encarnación humana divinizada, no debería de perderse jamás, pues la garantía de tal certeza o confianza es Dios mismo. Ha de ser Dios mismo.
Entonces, esa fe que "debería ser" para cumplir con su cualidad de gracia divina otorgada a ciertos humanos habría de ser indestructible una vez se posee. Salvo que la Voluntad divina decida quitarla y ponerla a capricho, o que aún si el humano de fe la "pierde", tan solo querría decir que tal olvido no erradicaría su Realidad de confianza absoluta que permanecería de un modo inconsciente para volver a ser consciente en otros momentos. Todo ello estaría fuera del control de un ego que en última instancia carece de una voluntad absolutamente blindada a la experiencia del vivir. El ego consciente no regula aquello que le resulta inconsciente o incomprensible. O sea, no puede ejercer voluntad sobre aquello que se le escapa o desliza con cierta frecuencia. La fe entonces, una vez más, no dejaría de ser una contingencia más del existir humano, sin garantía alguna de absoluta trascendencia divina.
Entonces la fe ha de situarse más lejos de toda contingencia para ser efectiva en todo momento que se la nombra a se la recuerde, bien a través de símbolos, o ante el espíritu de la comunidad y fraternidad de los creyentes que también reclaman para sí la fe. La comunidad de la fe.
Por decir no a la guerra por eso no va a dejar de haber guerra. Serían como las palabras de un conjuro sin más efecto que el inmediato de su pronunciación y los deseos que se agotan en el aire. La guerra no desaparece porque sus razones son reales, porque los intereses chocan una vez rebasada cierta barrera de contención. Porque las ideas van por un lado y las fuerzas reales y positivas van por el suyo por mucho que no queramos verlas.
ResponderEliminarTodos en una idealidad de sentimientos humanos abstractos negamos la guerra, la odiamos, la detestamos, pero en lo concreto de los intereses las ideas bondadosas abstractas se diluyen. Quieren invadirte, quieren destruirte, quieren dominarte; y por otra parte: quiero ser libre, quiero ser yo, quiero a mi pueblo, etc.
DELIRANTE PROGRE-FASCISMO
ResponderEliminarEl comunismo histórico fue un fracaso estrepitoso. El Islam como religión es una ideología que choca frontalmente con los valores europeos, no hace falta enumerar el porqué. La gente que emigra de los países pobres no emigra a estos países, sino a Europa o a otro país Occidental. Es la demostración más palpable de que hay diferencias cualitativas insalvables entre estas culturas y las democracias occidentales. Incluímos también en esta lista a Rusia, China y los demás países del ámbito izquierdista autoritario como Cuba, Nicaragua, Venezuela, o la brutal excepcionalidad de Corea del Norte, o Eritrea.
Nadie emigra a tales países porque saben que ahí no hay futuro, y si no hay futuro es porque son sociedades atascadas, sometidas a una presión totalitaria continuada que ahoga a los individuos. Solo caben las masas obedientes y mediocres, pero no las personas con ambiciones, con ideas emprendedoras, con ilusión de pensar y desarrollarse lo más libres posibles.
Todo esto es sabido. No hace falta ser un lince para descubrirlo. Ningún joven progresista de izquierdas hoy día iría a vivir a Irán. Tampoco a China. Tampoco sería muy feliz en Rusia. Niguno iría a vivir bajo la férula de Hezbolá o Hamás o la OLP. Nadie está solicitando emigrar al Yemen Hutí. O a Nicaragua. O a Cuba. Sin embargo sí conozco mucha gente que iría a vivir a Israel. Israel tiene mucho que ofrecer.
Este es el país más odiado por la progresía izquierdista occidental desde que la Unión Soviética en su día decidió apoyar a las naciones árabes contra el sionismo por cuestiones estratégicas de guerra fría. Es un país demonizado. Cuando la izquierda seguía las las consignas de los partidos comunistas, Israel pasaba a ser condenado, junto al imperialismo americano. Hoy día antisionismo y antisemitismo se dan de la mano, sin inhibición. Antes se procuraba separar ambas cosas por decencia ideológica, la izquierda no podía ser racista. Hoy en día los líderes de las izquierdas progresistas ya no separan, lo mezclan y lo confunden de forma oportunista. Da votos. Da entusiasmo ideológico.
Israel es el símbolo ideal para aglutinar el odio a niveles pasionales, emocionales, que son los que importan para movilizar a las masas. La idealización del "pueblo" palestino como pueblo oprimido y símbolo de todas las opresiones habidas y por haber ya viene elaborándose con éxito desde los años sesenta.
Si nos quedásemos con el sionismo como concepto político, entonces las cosas se aclararían mucho. El sionismo es el nacionalismo del pueblo judío, y puede manifestarse de diferentes formas, como lo hace todo nacionalismo en el mundo. La crítica a este nacionalismo en alguna de sus versiones sería una crítica comprensible, quizás. Pero todo se diluye y confunde en las mentes que necesitan de poderosos símbolos para resucitar sus miserias ideológicas. Otra vez las democracias occidentales aparecen como los culpables de la "opresión capitalista" global en toda su dimensión histórica pasada y presente. Las mayores explotaciones y dominaciones no están en China o en Irán o en Eritrea o en Cuba--según ellos-- sino en el Occidente malvado e hipócrita. Se hacen cómplices de los totalitarismos que nos invitan a una teocracia o a un país de partido único sin derecho a rechistar. Teocracias que pretenden universalidad a toda costa, y ahí radica su peligro. Se arman hasta los dientes para conseguir su objetivo.
(SIGUE ABAJO)
(VIENE DE ARRIBA)
ResponderEliminarDe nuevo se nos promete un mundo mejor. Pero ¿en base a qué y cómo se llega a tal mundo? Un mundo igualitario, un mundo de felicidad plena, un mundo de conceptos abstractos muy loables, pero cuyas ideas materializadas ya han demostrado y demuestran a viva voz ser un cruel fracaso. ¿Cómo se puede aspirar a un mundo mejor cuando buscas aliarte con quienes más odian ese proyecto utópico fruto de tu idealismo? Podríamos entender muchas críticas contra Occidente, contra Israel; pero a muchos liberales nos resulta una total irracionalidad y esquizofrenia seguir proyectándose en ideas inconsistentes, pasiones y sentimientos que flotan en el puro nihilismo. De ahí que jamás se atreven a condenar abiertamente a Hamás o a Irán, no vaya a ser que traicionen su causa encubierta. ¿Cuál es su causa encubierta? ¿La destrucción del odioso capitalismo? ¿La solidaridad con quienes más alejados están de tí en cuanto a valores y concepto de libertad? ¿Acabar con ese judío amante del dinero, conspirador, y malévolo explotador, según ese perverso imaginario que se ha mezclado con tu confusa idea de sionismo? No lo entiendo.
Veo cómo te aplauden quienes en el fondo desean tu conversión y tu lealtad. ¿Quieres abrazarles y fusionarte con ellos? ¿Qué delirios se han apoderado de Occidente? Flaco favor estamos haciendo unos y otros al pueblo palestino y a todos aquellos que buscan escapar de sus inexorables infiernos para venir a vivir a Occidente. ¿La culpa de todo ello? ¿El capitalismo liberal? Faltaría más. Vosotros, la progresía moralmente correcta, tenéis las claves; pero en realidad no sabéis lo que queréis. ¿Borrar a Israel del mapa? ¿Es ese vuestro objetivo? Delirante progre-fascismo. Mete miedo.