El comunismo histórico fue un fracaso estrepitoso. El Islam como religión es una ideología que choca frontalmente con los valores europeos, no hace falta enumerar el porqué. La gente que emigra de los países pobres no emigra a estos países, sino a Europa o a otro país Occidental. Es la demostración más palpable de que hay diferencias cualitativas insalvables entre estas culturas y las democracias occidentales. Incluímos también en esta lista a Rusia, China y los demás países del ámbito izquierdista autoritario como Cuba, Nicaragua, Venezuela, o la brutal excepcionalidad de Corea del Norte, o Eritrea.
Nadie emigra a
tales países porque saben que ahí no hay futuro, y si no hay futuro es porque
son sociedades atascadas, sometidas a una presión totalitaria continuada que
ahoga a los individuos. Solo caben las masas obedientes y mediocres, pero no
las personas con ambiciones, con ideas emprendedoras, con ilusión de pensar y
desarrollarse lo más libres posibles.
Todo esto es
sabido. No hace falta ser un lince para descubrirlo. Ningún joven progresista
de izquierdas hoy día iría a vivir a Irán. Tampoco a China. Tampoco sería muy
feliz en Rusia. Niguno iría a vivir bajo la férula de Hezbolá o Hamás o la OLP.
Nadie está solicitando emigrar al Yemen
Hutí. O a Nicaragua. O a Cuba. Sin embargo sí conozco mucha gente que
iría a vivir a Israel. Israel tiene mucho que ofrecer.
Este es el país
más odiado por la progresía izquierdista occidental desde que la Unión
Soviética en su día decidió apoyar a las naciones árabes contra el sionismo por
cuestiones estratégicas de guerra fría. Es un país demonizado. Cuando la
izquierda seguía las las consignas de
los partidos comunistas, Israel pasaba a ser condenado, junto al imperialismo
americano. Hoy día antisionismo y antisemitismo se dan de la mano, sin
inhibición. Antes se procuraba separar ambas cosas por decencia ideológica, la
izquierda no podía ser racista. Hoy en día los líderes de las izquierdas
progresistas ya no separan, lo mezclan y lo confunden de forma oportunista. Da
votos. Da entusiasmo ideológico.
Israel es el
símbolo ideal para aglutinar el odio a niveles pasionales, emocionales, que son
los que importan para movilizar a las masas. La idealización del
"pueblo" palestino como pueblo oprimido y símbolo de todas las opresiones
habidas y por haber ya viene elaborándose con éxito desde los años sesenta.
Si nos quedásemos
con el sionismo como concepto político, entonces las cosas se aclararían mucho.
El sionismo es el nacionalismo del pueblo judío, y puede manifestarse de
diferentes formas, como lo hace todo nacionalismo en el mundo. La crítica a
este nacionalismo en alguna de sus versiones sería una crítica comprensible,
quizás. Pero todo se diluye y confunde en las mentes que necesitan de poderosos
símbolos para resucitar sus miserias ideológicas. Otra vez las democracias
occidentales aparecen como los culpables de la "opresión capitalista"
global en toda su dimensión histórica pasada y presente. Las mayores
explotaciones y dominaciones no están en China o en Irán o en Eritrea o en
Cuba--según ellos-- sino en el Occidente malvado e hipócrita. Se hacen
cómplices de los totalitarismos que nos invitan a una teocracia o a un país de
partido único sin derecho a rechistar. Teocracias que pretenden universalidad a
toda costa, y ahí radica su peligro. Se arman hasta los dientes para conseguir
su objetivo.
De nuevo se nos
promete un mundo mejor. Pero ¿en base a qué y cómo se llega a tal mundo? Un
mundo igualitario, un mundo de felicidad plena, un mundo de conceptos
abstractos muy loables, pero cuyas ideas materializadas ya han demostrado y
demuestran a viva voz ser un cruel fracaso. ¿Cómo se puede aspirar a un mundo
mejor cuando buscas aliarte con quienes más odian ese proyecto utópico fruto de
tu idealismo? Podríamos entender muchas críticas contra Occidente, contra
Israel; pero a muchos liberales nos resulta una total irracionalidad y
esquizofrenia seguir proyectándose en ideas inconsistentes, pasiones y
sentimientos que flotan en el puro nihilismo. De ahí que jamás se atreven a condenar
abiertamente a Hamás o a Irán, no vaya a ser que traicionen su causa
encubierta. ¿Cuál es su causa encubierta? ¿La destrucción del odioso
capitalismo? ¿La solidaridad con quienes más alejados están de tí en cuanto a
valores y concepto de libertad? ¿Acabar con ese judío amante del dinero,
conspirador, y malévolo explotador, según ese perverso imaginario que se ha
mezclado con tu confusa idea de sionismo?
No lo entiendo.
Veo cómo te
aplauden quienes en el fondo desean tu conversión y tu lealtad. ¿Quieres
abrazarles y fusionarte con ellos? ¿Qué delirios se han apoderado de Occidente?
Flaco favor estamos haciendo unos y otros al pueblo palestino y a todos
aquellos que buscan escapar de sus inexorables infiernos para venir a vivir a
Occidente. ¿La culpa de todo ello? ¿El capitalismo liberal? Faltaría más.
Vosotros, la progresía moralmente correcta, tenéis las claves; pero en realidad
no sabéis lo que queréis. ¿Borrar a Israel del mapa? ¿Es ese vuestro objetivo?
Delirante progre-fascismo. Mete miedo.