30 octubre, 2015

LOS NUEVOS TERRITORIOS

Hay territorios que son repetitivos; que damos vueltas en torno a lo mismo, que nos marean de aburrimiento. Territorios limitados, cercados sin remedio; con portillas cegadas con las piedras o con el cemento; algunas con maleza: una maleza que ciega toda posible salida. Las repeticiones resuenan sobre sí mismas y el sonido es siempre lo de siempre. Nos hemos encontrado con muchos territorios parecidos y hemos podido salir no sin cierta dificultad. Siempre acabamos encontrando la puerta de
salida, pero la resistencia es difícil de vencer ya que esos territorios suelen representarse así mismo como Realidad y Normalidad. Fuera de ellos sólo existe el peligro, la locura o las rarezas, dicen sus habitantes. Cuando salimos y cruzamos los densos bosques que los rodean, enseguida aparece un horizonte de esperanza y las llanuras nos invitan a correr en libertad. ¿Qué hacer con nuestra libertad? En ese momento lo importante es avanzar y sobrevivir. El desierto nos traza intensas líneas rectas y planos infinitos. El tiempo se fusiona en un pasado-futuro que va incorporando memorias y recuerdos con esperanzas y anhelos. Pronto divisamos nuevas poblaciones y nuevos territorios y nuestros cuerpos se agotan, cansan, desfallecen. Los cuerpos se disuelven en la muerte y experimentan la angustia de la nada. Pero la esperanza desafía a la nada con futuros de territorios inexplorados y cuerpos trasformados. Nos levantamos y cogidos de la mano logramos entrar en el territorio de Akhar-Mithnor.

17 octubre, 2015

EN TORNO AL LIBRO DE DAVID C. STEINMETZ, “REFORMERS IN THE WINGS” (LOS REFORMADORES CATÓLICOS Y PROTESTANTES MENOS PROMINENTES). A MODO DE PROPIA INTRODUCCIÓN.

El orden divino o sobrenatural podría existir al margen del ser humano sin que este se percatara de él. Habría entonces una dimensión espiritual y otra terrenal o material sin que hubiere relación alguna entre una y otra. No habría, por lo tanto, posibilidad de religión en
su sentido de relegare, de unir las dos dimensiones. Para que haya religión ha de haber
relación entre las dos dimensiones. La dimensión divina o sobrenatural se manifiesta entonces a la dimensión terrenal en forma de revelación. Para que este acontecimiento de la revelación pueda ser creído y aceptado por los humanos tiene que hacerse notar de alguna manera objetiva, palpable, común a los testigos que la hayan presenciado. Puede ser una aparición, una manifestación de lo divino en forma de milagro (acontecimiento extraordinario de ruptura con la normalidad natural), en forma de mensaje oral o escrito dictado a un profeta, a ser posible con testigos que corroboren tales hechos o acontecimientos extraordinarios. La revelación en sí sería entonces el acto sacramental por excelencia: el misterio de lo sobrenatural se hace visible al ser humano a través de señales/signos sensibles o materiales que fundan una relación objetiva entre el hombre y Dios. La Revelación funda entonces la comunidad o institución de lo divino o sobrenatural en la Tierra. Su acta de fundación en el cristianismo la constituyen los hechos, vida y muerte de Jesús como Dios/Divinidad hecho hombre. Sin embargo tales hechos y vida de Jesús sólo pueden ser constatados de forma objetiva y común a través de los textos de los evangelios. Los evangelios sirven entonces de clave de toda una revelación bíblica que queda automáticamente subsumida al mensaje de Jesús como revelación que se ha venido desplegando en el tiempo a través de Israel y acabará en el futuro con hechos catastróficos y apocalípticos con final de la historia y apertura a un nuevo reino Divino (en la Tierra/Cielo). La vida de Jesús, Dios hecho hombre, tal como la cuentan los evangelios, sería entonces el sacramento fundamental del cristianismo. (Continúa en comentarios)

02 octubre, 2015

MILETO DE GUSMASÁN Y LA PURA MATERIALIDAD DE LAS ESCRITURAS

Mileto de Gusmasán leía las Escrituras sabiendo que las palabras en su pura materialidad-- como sonidos y letras desprovistas de significados externos o impuestos-- imprimían en el alma poder divino sin relación alguna con los significados culturales, religiosos, mundanos o de diccionario. El
poder divino de las palabras en su pura materialidad inundaba el alma de algo, un Algo indescifrable, intraducible, indecible, innombrable; pero al mismo tiempo se podían sentir sus efectos: efectos de transformación, de transmutación, de aberturas a visiones extrañas y estáticas; como si toda la creación poseyera un equilibrio absoluto en sí misma. Aunque nada que ver con el significado convencional de las religiones, pues cuando iba leyendo, al mismo tiempo las palabras se iban desnudando de la idolatría acumulada en ellas a través de los significados humanos e interesados, siempre interesados; y el sentido convencional de los sacerdotes o los teólogos se iba desvaneciendo en la pureza material del sonido y de la letra y entonces era en esa pureza donde quedaba instalado lo Divino, D-ós.
Sentía el papel, la materialidad del papel y pronunciaba en voz alta las frases que--como si hubieran sufrido un millón de repeticiones--perdían su valor civilizado o su valor común con los mortales, para adquirir esa magia absolutamente a-significativa; ese silencio puro del Espíritu Divino y entonces se elevaba a dimensiones de extraordinaria nitidez. Había descubierto el secreto de las Escrituras. Había descubierto la llave secreta que abre lo material con lo divino y el gozne que abría tal posibilidad eran las palabras crudas en su pureza material y empírica. He ahí la materialidad de D-ós o la Espiritualidad de la Materia--pensaba Mileto--. He ahí la Transubstantación, la fusión eterna e infinita de materia, del cuerpo con el alma y del alma con el Espíritu de lo Divino. Tan contento estaba que al día siguiente fue a la sinagoga y emocionado se lo comunicó al Rabino Adler. El viejo rabino sonrió y ordenó a Mileto no decir nada a nadie. Absolutamente a nadie. Mileto se quedó absorto y abrumado por la advertencia. ¿Cómo se puede guardar un secreto así? ¿Cuántos han descubierto ya este secreto a lo largo de la historia?
Aquella misma noche el rabino Adler se reunió con los rabinos Alkana y Snyder y juntos dieron gracias al Innombrable por la nueva revelación y por la nueva puerta abierta hacia el Templo del Universo. El Templo que en su día, fuera de nuestro tiempo, inaugurará el Mesías: El Templo de la Pura Palabra y de la Pura Materia.