29 octubre, 2013

CIENCIA, EXPERIENCIA Y EXISTENCIA

Para obtener conocimiento científico hemos de crear un territorio donde sea posible exponer con claridad y
transparencia los objetos analizados. Es decir, donde sea posible que todo el mundo pueda ver la evidencia; pueda a sí mismo afirmarla o rebatirla si cree que puede haber otras evidencias más claras y transparentes. El conocimiento científico es público y común, por lo menos en teoría. Pero para que el conocimiento científico sea posible es necesario partir de experimentos empíricos que se puedan repetir con las mismas conclusiones. Esto es así con las ciencias físicas.

¿Pero podemos hacer extensivo el conocimiento científico en otras áreas de conocimiento? ¿Puede la sociología reclamar pasa sí ese status? ¿Podrían la psicología, la historia, la economía, reclamar para ellas este status? En la práctica todo trabajo serio de sociología o de investigación histórica, etc, parte de una metodología lo más científica posible dentro de las infinitas variables que se podrían presentar. Se suelen poner de acuerdo los investigadores en cuanto a la metodología a utilizar, pero a veces los enfoques suelen ser bastante diferentes entre un sociólogo o historiador u otro. Mucha sociología, e investigación histórica parte de a prioris ideológicos distintos que fuerzan a los datos a filtrarse de la manera más conveniente posible para justificar posiciones interesadas. Pasa mucho también en la antropología, en la psicología, la sociolingüística, etc. No obstante las posiciones más mediatizadas pueden quedar expuestas ante datos o hechos más objetivos que los presentados como pruebas irrefutables en un momento dado.

El territorio más complicado para cualquier ciencia es la experiencia diaria de las personas. La vida diaria y su complejidad. Las personas estamos inmersas en la experiencia, no en laboratorios donde podamos ser analizados bajo ciertos parámetros. La multitud de factores que inciden en nuestra experiencia diaria nos hace difícil actuar como seres racionales en todo momento. Hay muchos factores externos e internos que nos condicionan de un modo inconsciente o impersonal: herencia genética, modo de ser, cultura y educación recibida, etc. Para vivir con cierto equilibrio recurrimos además de la razón a la intuición. Intuimos automáticamente muchas cosas, pero otras no. La vida en sociedad nos expone a múltiples personas o situaciones para las que podemos estar preparados, fuertes, creativos; pero en otros casos podemos fracasar, ser vulnerables, y deprimirnos. La vida de la experiencia diaria es dura por eso. Una vida cotidiana sin normas estables y respetadas se hace más difícil todavía ajustarse a un equilibrio o existencia mínimamente coherente.

Si la ciencia puede ser un territorio común en las sociedades a la hora de producir conocimiento; la ley es el otro territorio común que hace posible convivir con la mínima fricción posible. Pero también hay otra ley o normas que deberíamos de valorar y respetar: las reglas de cortesía. Son normas que evitan mucha fricción innecesaria, pero España adolece de tales normas a muchos niveles. Perdónenme que diga que somos muy bárbaros a la hora de tratar con el prójimo que no sean amigos o familiares. Hay auténticos animales que empujan en el autobús, que no piden perdón por nada; que responden con palabras secas a la hora de preguntarles algo si están en alguna ventanilla o servicio público. Hay ocasiones en que pienso que en la sociedad española se ha instalado un sentido de profunda desconfianza con el prójimo y que nos hace estar a la defensiva siempre, a la desconfianza por principio. Y así acabamos siendo agresivos. Animales desconfiados y agresivos sin normas mínimas de cortesía que nos pudieran proteger de tales fricciones. Hay ejemplos a miles.

23 octubre, 2013

ELEUTERIO PICAFRONTE SE ADENTRA EN LA BLASFEMIA HERÉTICA


Eleuterio Picafronte salió del café Pimpone un tanto resquemado con el tema del mal. Un Dios
omnipotente habría de ser inexorablemente el responsable del mal. No se podría responsabilizar a las criaturas de su potencial maligno; aún si Dios se hubiese replegado sobre sí mismo dejando un espacio de libertad o libre albedrío en el hombre, no por ello dejaría de ser responsable del mal por inhibición; por permitir desarrollarse el mal en sus criaturas; y, por tanto, culpable; responsable. Eleuterio siguió elucubrando bajo la lluvia de aquel atardecer; mejor dicho, siguió cavilando de forma blasfema, totalmente herética; quizás demoníaca.

No sé por qué situamos las escenas bíblicas del Génesis en un tiempo histórico pasado ya fenecido pero recordado a través de textos sagrados como memoria. Como si hubiere sucedido en tiempo real cronometrado por un reloj de arena o de sol con su instante presente siempre ya pasado y siempre ya
recuerdo en el futuro. Podríamos situar el Edén en un presente eterno en forma de eterno retorno nietzscheiano y ver cómo la creación es un acto eterno dentro de Dios en la que seguimos estando inmersos pero como criaturas caídas en el tiempo. De ahí la imposibilidad de retorno a la inocente eternidad del Edén. Ya no hay vuelta posible. El hombre de una forma eternamente presente elige el mal en lugar del bien y en ello seguimos, pero percibido desde un tiempo histórico; de caída, de limitaciones existenciales.

Porque el tiempo de la caída no es el tiempo del Edén. El tiempo del Edén es un tiempo perfecto, ajustado al Paraíso. Es el tiempo simbolizado por el árbol de la vida: un tiempo perfecto, de recurrencia eterna en un presente absoluto. Dios dice que “ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre. (Gén: 3:22)”. Pero hay otra cosa que me intriga sobremanera: “He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal (Gén: 3:22)” Quienes hablan, en plural, reconocen dos cosas: a) que saben lo que es el mal y b) que viven eternamente. Por tanto se puede deducir que el mal ya existía antes de la creación del mundo, a menos que se nos esté ocultando algo en esos capítulos de la creación. De ser así el mal ya existía en el mismo Dios (-es?). El mal ya existe antes de toda creación: de creación de cielos y tierra. El mal ya es una posibilidad en el mismo Dios. Ya convive con él y de una forma eterna, en ese “tiempo eterno” simbolizado por el árbol de la vida.

08 octubre, 2013

MALVINA ENERVANAL Y ELEUTERIO PICAFRONTE HABLAN DE DIOS


Malvina Enervanal es una buena amiga que a veces encuentro en el café del Pimpone y que siempre está leyendo gruesos libros sobre filosofías extrañas y curiosas sociologías sobre el singular modo de vivir humano. A veces cuando voy a tomar el café y, sabiendo que yo soy propenso a las elucubraciones que acaben en una segura certeza existencial; pues me llama a su mesa. Pedí un café con leche y ella pidió otra cerveza con yema de huevo y dos curasaos. Entonces me dijo:

Malvina: Mira, si ese dios monoteísta es tan omnipotente y tan omnisciente y todos esos atributos que les dais los creyentes, entonces no cabría la posibilidad de nada exterior a él. Lo abarcaría todo de un modo absoluto y nada sería más blasfemo que oponerle un supuesto libre albedrío de la criatura humana. Porque de existir un libre albedrío humano eso querría decir que podría existir un algo externo a Dios que incluso sería capaz de limitarle y condicionarle y entonces esa supuesta omnipotencia y omnisciencia, etc., pues se iría a tomar por el saco—perdón por mi irreverencia.

Pero hay más: Pero si eso fuera así, entonces el ser humano, como ser con libre albedrío, tendría que estar a la par con Dios en cuanto que también puede trascender todo condicionante de tiempo y espacio a la hora de hacer una elección moral. En eso consistiría su responsabilidad moral y su libertad: uno es culpable o inocente en cuanto que uno posee la libre y absoluta capacidad de discernir entre el bien y el mal. De no ser así no habría tal libre albedrío y no existiría jamás una razón última que pudiere imputarle responsabilidad al ser humano: el humano actuaría siempre en función de múltiples o infinitas concatenaciones de causa y efecto sin encontrar jamás un espacio libre de tales condicionantes y entonces tal supuesta responsabilidad moral o ante la ley civil sería nada más que un “como sí” necesario para poder vivir en sociedad y así poder condenar o premiar las conductas beneficiosas o perniciosas para la sociedad. Si nadie fuese culpable de nada sería imposible vivir en sociedad. Así de simple.

Como el ser humano no es ningún dios y ha de vivir una absoluta contingencia en tiempo y espacio, declaro al humano no culpable de nada; absolutamente inocente de cualquier cosa, ya que no puede ser más que lo que es: un organismo biológico que ha de sobrevivir como sea en medio de un mundo contradictorio que siempre le exige sufrimiento y renuncias a sus instintos profundamente egoístas. Y, por tanto, declaro la existencia de Dios nula: ya que de ser Dios o Alá ese ser tan infinitamente amoroso y omnipotente el mundo no sería lo que es. Sería imposible. Y por tanto también declaro que: El mundo es un juego de azar absurdo.

Yo (Eleuterio Picafronte) : Desconcertado me has, amiga Malvina (tomo un sorbo de café caliente y sabroso; me gusta hablar con gente atrevida y arriesgada que lleve la existencia humana a sus últimos límites), y contigo estoy en eso de que si Dios es omnipotente no puede tener limitación alguna, ni nada externo puede existir fuera de él. Así creo yo también amiga Malvina. Todo esto que estamos hablando está dentro de Dios, pues aunque fuésemos criaturas creadas de la nada, no dejamos de ser criaturas creadas por Dios que es omnipotente y nada de lo que es y existe se le puede escapar, pues de ser así entonces sería impotente no omnipotente. En eso estoy de acuerdo contigo aunque yo si creo en Dios y además creo en un Dios omnipotente. Por tanto, todo lo que has dicho anteriormente no podrías decirlo si Dios no sustentase tu voz y tu cuerpo y tu cerebro y tus ideas de manera absoluta. Nada escapa a Dios. En Dios vivimos y en Dios somos decía Pablo el apóstol. Y así lo creo yo amiga Malvina.

Nada de lo que existe, con todos sus horrores y todas sus guerras y hambrunas y hítleres y campos de concentración monstruosos y asesinos psicópatas y fanatismos y sadismos; pues todo existe necesariamente en Dios. Como así existe la bondad de mucha gente, la inocencia, la belleza de carácter, la nobleza; el afán constructivo de muchas personas. Todo, absolutamente todo existe porque Dios es y está absolutamente presente en todo. Y si tu te rebelas contra Dios declarándole nulo y declarando la existencia un juego absurdo pues es porque Dios también declara en ese momento lo mismo que tú dices. Pues si ya estamos absolutamente en Dios partimos entonces de Cero-en-Dios y entonces¡oh sorpresa!aparecemos como sí fuésemos criaturas libres que podemos elegir aquello que nos apetezca como si fuéramos absolutamente libres (otro trago de café, y Malvina se echa otro trago de cerveza con yema de huevo y mastica un trozo de curasao sin dejar de mirarme). ¿Te das cuenta Malvina, amiga Malvina, de cómo funciona esto de Dios y Dios omnipotente, absolutamente omnipotente?

Malvina: Joder, Eleuterio, eres un sofista capullo, pero no deja de tener su intríngulis eso que dices. Lo pensaré, déjame pensar….. (continuará)

07 octubre, 2013

LA CATEDRAL DE CRISTAL


La piedra está sujetando la catedral de cristal
Y la cueva termina en una llanura de hielo
Bajo la cueva nadie sabe lo que hay
Pero las gentes del lugar presienten que allí está el dragón dormido de Ishtar
Corre y corre el niño lisiado detrás del furgón de los helados
Hasta que cae en el asfalto
Y su moneda sigue rodando mientras el furgón se aleja y tuerce una esquina.
La ciudad está protegida por un millón de nidos de termitas
Hemos ido a llamar al fumigador con sede en el Kremlin de Putín
Pero Putín está en el Polo Norte buscando minerales
Cincuenta mil profetas del Islam han de circuncidar el mundo
Y tirar millones de cerdos de bellota por el barranco
He oído decir que todo proviene de un bing bang
Pero ayer mi médico me ha dicho que dentro de cien años no podré estar aquí
También he oído decir que todo acabará en una muerte helada
Mi médico me ha dicho que en cien años habitaré una muerte helada
Las páginas del Korán destilan la universalidad de un desierto puro y cristalino
Un brillo puro y cristalino que deslumbra como deslumbra el paisaje de hielo
Recojo mis herramientas para ir a vivir y trabajar a la catedral de cristal
Sostenida por una piedra que así mismo se sostiene sobre un iceberg.
Y bajo el iceberg la oscuridad. 

02 octubre, 2013

DEMOCRACIA Y CRISTIANISMO


Un cristiano tiene que saber distinguir los diferentes planos en que se mueve. El plano de la fe condiciona toda su existencia individual de forma que cualquier actuación moral, social, política, económica ya está necesariamente impregnada de una afectividad y efectividad evangélica. Pero un cristiano sabe que el mythos (la fe) que engloba su existencia no es el mythos de todos los que viven en su sociedad, en su país. El cristiano ha de coexistir con todo tipo de gente cada uno con sus ideas o falta de ideas; con sus mythos o carencia de ellos; con su moralidad, amoralidad o inmoralidad. Con su animosidad o simpatía hacia su fe cristiana; o en algunos casos manifiesta hostilidad y beligerancia. El mundo es lo que es y la profesión de fe cristiana no se impone o se fuerza a nadie; es un acto libre y voluntario de las personas que se ven movidas a ella.

Es por ello que el cristiano ha de saber diferenciar su plano de la fe de ese otro plano de su existencia social, civil, político. Si bien el plano de la fe impregna todo su existir como persona moral; sin embargo es en sus iglesias donde puede compartir su fe con la mayor libertad y mayor reconocimiento. La fe se desarrolla y se refuerza en la comunidad de los creyentes. La fe cristiana como comunidad se distingue de otras asociaciones, comunidades, organizaciones, partidos, religiones; y sabe coexistir dentro de una sociedad civil en un plano de igualdad ante la ley. Las iglesias cristianas no aspiran a tener mayores o menores privilegios dentro de la sociedad. Su actuación evangélica no se mide por su mayor o menor poder político o económico; o por gozar de mayor o mejor protección o tutelaje por parte del Estado. El cristiano no quiere más privilegios que aquellos que le corresponden como a cualquier ciudadano. Y mucho menos el cristiano aspira a que la enseñanza de sus ideas tenga que ser financiada por ciudadanos ajenos a su fe. La enseñanza de doctrina o de estudios bíblicos o teológicos, debe se ser una labor propia de las iglesias; eso sí, siempre como una oferta abierta a toda la sociedad, a todos aquellos que desean participar de ella.

Es por ello que en el plano civil y como ciudadanos con plenos derechos, nuestra actuación ha de ser impecable en cuanto a respeto por la ley y la dignidad humana. Si nuestra actuación ha de moverse en el plano político pues hemos de dar ejemplo de honestidad, de transparencia en cuanto a cuales son nuestros innegociables principios éticos. Si en el trabajo, hemos de ser ejemplo en seriedad y responsabilidad, etc. Nuestra vocación cristiana abarca todos los aspectos de nuestra vida, sabiendo que la sociedad ha de ser plural por necesidad y que esa pluralidad democrática es prerrequisito esencial para cualquier tipo de libre elección tanto en lo político como en lo espiritual.

 La fe cristiana es el mythos que ilumina nuestra vida; pero jamás ese mythos ha de convertirse en un logos político cuya realización ha de medirse en términos de poder, de apropiación de toda realidad en función de una utopía o proyecto realizable en la Historia. Cuando el mythos de la fe trata de ser logos/razón histórica totalizante, el plano de la fe comienza a servir de conveniencia política. Cuando el mythos de la fe cristiana trata de hacer ciencia lo que logra es una mala teología y una mala ciencia. Cuando el mythos de la fe se hace razón política pasa a ser mala fe y peor política. El Estado democrático jamás ha de estar al servicio de ninguna fe, confesión, ciencia o ideología. El Estado democrático ha de sustentar y defender el plano de una sociedad civil consensuada y sustentada en una ley común a todos los ciudadanos.