30 abril, 2011

EL CLARO Y MANIFIESTO ANTISEMITISMO PROGRE

Están muriendo sirios a cientos a manos de su tirano y los progres españoles no dicen nada, ni se manifiestan por nada. Lo cual quiere decir que a la progresía española y europea solo le interesan los muertos palestinos. Lo cual demuestra lo que ya hemos dicho muchas veces: la progresía española y europea es, en primer lugar, antisemita. Esa antipatía a Israel, esa cacareada y solidaria defensa del pueblo árabe tan supuestamente “machacados” por Israel; no tiene más explicación que la torpeza ideológica en la que vive esta izquierda. Ya pueden matar Siria, Irán, Yemen o Bahrein, a miles de personas en las calles, que nuestra bondadosa progresía solo se moverá cuando Israel haga algo que cause alguna víctima palestina en “acto de servicio”.

Las cosas van quedando claras.

EL REINO DE LOS CIELOS

A.- ¿He oiga, a dónde va?
B.- Me han dicho que siguiera por aquí por este camino.
A..- Sí, pero tenía que haber hablado conmigo antes. Yo soy el portero de este mundo.
B.- Perdone. Verá, acaba de pasarme algo que no entiendo y una voz me dijo que siguiera el camino.
A. Sí, como todos los que entráis por aquí. Vienes del mundo de los vivos de carne y hueso porque has muerto para ese mundo, ahora viene lo bueno. Vamos a ver, ¿tú que hacías en ese mundo?
B.- Yo fui profesor de secundaria en España.
A.- Pues has tenido suerte, los profes de secundaria españoles honestos, tenéis ya ganados amplios privilegios por vuestro excedente de sufrimiento injusto y malévolo. Sigue el camino y cuando llegues al siguiente guía dile que profe español. Suerte has tenido que no eres político.
B.- Gracias. Oiga, y ¿qué les pasa a los políticos españoles?
A.- Son la raza más oportunista, corrupta y cobarde que pisa vuestro pícaro país. Tendrán que picar en las minas de sal y de cal por cincuenta años infernales (1 año infernal= 50,000 años terrenales). La costra espiritual de maldad y cinismo que llevan acumulada requiere mucho trabajo con la sal y la cal viva.
B.- ¿Y nosotros los profes de instituto honestos?
A.- Pues vosotros pasaréis al paraíso del placer y el relax por una eternidad. Los deleites que os esperan no se pueden describir con las palabras. Lo tenéis bien merecido. Habéis sufrido perversa e injustamente, tanto por parte de los políticos, padres y compañeros deshonestos vuestros; así que merecéis lo mejor del reino de los cielos.
B.- ¿Y los compañeros nuestros corruptos y deshonestos?
A.- Esos pasan a las minas de azufre bajo vigilancia de los íncubos salvajes. Tienen que pasar allí 100 años infernales. Hay mucha mierda que limpiar antes de pasarlos al cielo.
B.- Oiga, ¿y cómo sabe que yo soy profesor honesto?
A.- Hombre, solo hay que mirarte para ver lo que has sufrido. Es hora de tu merecido descanso: sigue de frente. Adiós y nunca mejor dicha esta palabra.

27 abril, 2011

PARA ESO QUE QUIERE TRAGARME DISPONGO YO DE UN TAPÓN

En todas estas cuestiones de Dios y de la ciencia y de si creemos o no creemos en algo divino o, en lugar de Dios, pues está el creer en algo racional, demostrable, real, empírico y demás; el tema es siempre más complejo. Porque en el fondo de la cuestión está la apremiante necesidad de dar sentido a la vida, a la existencia, a la inexplicable razón de qué narices está pasando aquí en este mundo que se sufre cincuenta mil veces más que se disfruta, o se es feliz; y la gente busca respuestas de mil maneras y de acuerdo a cada temperamento. Porque el sentido no es algo que se pueda expresar como dos y dos son cuatro solamente; y, bien (dirían muchos), pero yo tengo que trabajar todos los días y bregar con conflictos de una y otra naturaleza, donde lo humano me complica siempre las cosas, tanto lo que procede de mi mismo; que ni sé lo que es; pero menos todavía la de mi prójimo que busca su propia supervivencia; mantiene su propia lucha contra las amenazas, o supuestas amenazas de la vida; y trata de refugiarse en su propio mundo. ¿Y qué me soluciona a mí que el mundo venga del bing-bang o que la teoría de la relatividad me haga ver esto, que parecía de sentido común, bajo otro sentido sorprendente; pero si al día siguiente tengo que trabajar y los conflictos me asedian y las relaciones son complicadas con todos: familia, vecinos, compañeros de trabajo que rivalizan o tratan de imponerse y viceversa; y porque además yo seré en problema para otros, por mi forma de ser y mis dislocaciones inexplicables, etc. etc. La ciencia no me puede solucionar eso salvo que se convierta en una dictadura racional-tecnocrática que nos obligue a todos a pensar y vivir de una manera Brave New World; pero eso es imposible; ninguna dictadura aguanta más de mil años; y, además iría mucho más allá de lo que la ciencia tiene por método y circunscripción. Y es que en el trasfondo de todas las cosas está siempre eso que se nos escapa, que nos elude, que se desplaza; que se desvanece cuando ya lo creíamos bajo control.

Una cosa es la razón y el razonamiento y la lógica y los hechos fehacientes e ineludibles; y, otra es la existencia concreta de las infinitas posibilidades; de las opciones imprevisibles, de las pasiones; de las emociones que tiran por aquí y por allá; de las improvisaciones. De lo correcto e incorrecto que se mezclan formando una masa que hay que sopesar y equilibrar; o lo objetivo y subjetivo que se mezclan como la tierra y el agua y forman un lodazal que hay que recomponer y acertar y eso no es siempre posible, mejor dicho no es la mayor parte de las veces posible. Unos lo hacen mejor pero luego fallan en otra cosa, u otros lo hacen peor, pero luego aciertan en lo que menos se esperaba de ellos.
Entonces necesitamos dar sentido al mundo de alguna manera y poner algún cimiento entre la grieta misteriosa que siempre está ahí dispuesta a abrirse con alguna sorpresa inesperada; y nosotros las conciencias humanas que hemos de vivir de alguna manera sin matarnos o exterminarnos continuamente, dando cierta firmeza o solidez a la existencia para que podamos decir dos y dos son cuatro y si son cinco usted me está engañando. O, poder controlar y domeñar a la naturaleza con las finas armas de la razón y así poder curar enfermedades, poder comer mejor sin miedo a morir de hambre; poder construir una vida mínimamente decente sin miedo a que me roben o que los poderosos me vendan como esclavo o me arrebaten mi mujer y mis hijos; o que cuando el frío invada la ciudad yo pueda resistirlo con mi calefacción y mi buena chupa de cuero y mis mantas calentitas en mi cama. Pero aún así, hay más que hemos de dar sentido para que la grieta no nos ataque por otro lado más expuesto; y, que la ciencia o las artes políticas no logran tapar o proteger; y, entonces queda uno expuesto a la desnudez psíquica por falta de apoyo, de orden moral o ético, de valores que sirven para afrontar una contingencia de experiencias múltiples que de otra manera no son posibles de ser controladas. 

Y ahí entramos en la filosofía, en el arte; pero también en la religión, en lo sagrado; en la posibilidad de un Dios regulador del cosmos que de alguna manera nos da leyes, nos da esperanza, consuelo que sirve para enfrentarse a las enfermedades, a la muerte; a saber en cierta manera lo que está bien y mal, aun con imprecisión; pero que todo su simbolismo, toda su dimensión sagrada de libro, de revelación, de metáfora con explicación, pues sirve para que esa experiencia que siempre se escapa a la razón pues tenga una posibilidad de darle sentido, de englobarla en un cierto equilibrio estético, moral, o de proyecto de vida ante la desnudez de una posible sombra cósmica fría e inhumana; capaz de empujarnos a la más inhóspita y maligna depresión. El ser humano no puede vivir sin sentido. Un sentido nos lo da la facultad de la razón; y, cubre con ello la dimensión objetiva del ente humano; pero quedan muchas otras dimensiones de la experiencia que han de ser satisfechas o pretendidamente satisfechas de alguna forma. No es fácil y no todo lo que surge en ese intento es sano o equilibrado; pero es una necesidad imperativa del género humano. Siempre hay que tener en cuenta que lo que subyace bajo la ciencia y bajo las ideologías o religiones, es siempre un algo impronunciable, un misterio ineludible, una grieta que se abre cuando menso lo pensamos. En el fondo siempre necesitamos de cierta fe y confianza en lo que creamos o producimos como método o pensamiento.

24 abril, 2011

WILLIAM DE OCKHAM VIENE A NUESTRO AUXILIO

William de Ockham (1287-1347) creía que la omnipotencia de Dios era su voluntad absolutamente libre. Eso quiere decir que la omnipotente voluntad de Dios no tiene por qué atenerse a ninguna Razón Universal o necesidad alguna. Es Voluntad infinitamente contingente y entonces el mundo es como es por libre y arbitraria decisión divina. Pero el mundo podía haber sido de infinitas maneras diferentes ;y, de la misma manera que hay agua en el mar, pues haber sido vino o fariñas. Si lo normal es andar para adelante, pues pudo haber sido al revés; andar para atrás como normalidad, etc. Pero esto implica además que el presente depende siempre de la voluntad de Dios que lo sostiene. Si Dios deja de sostenerlo pues el mundo se va a freír espárragos. Ockham distingue la fe de la razón de la siguiente manera. La fe pertenece a la Revelación y la Revelación no tiene nada que ver con la razón e intentar razonar la fe o la existencia de Dios no nos lleva a nada. Y, en cuanto a la Revelación, pues depende también de la libre y absoluta voluntad contingente divina. Eso implica que, de la misma manera que Dios se encarnó en Jesucristo pues pudo haberse encarnado en un burro o en lugar de amarnos los unos a los otros pues pudo haber sido lo contrario: odiaros los unos a los otros. La razón es una facultad que Dios nos dio para vivir lo mejor posible en esta existencia. La fe es otro mundo que nada tiene que ver con la razón. Ockham, entonces, separó de una manera contundente la fe de la razón. El conocimiento en todo lo concerniente a esta vida terrena se lleva a cabo con la razón y otras facultades mentales, sin tener que recurrir a la fe o la revelación para nada. Cabe decir entonces que William de Ockham optaba por un conocimiento empírico de la realidad basado en hechos y datos; en lugar de adaptar los hechos y datos a una razón universal inexistente.

Entonces la Brutal Teodicea de Leo Smith por la cual perdió literalmente la cabeza, era equivocada según Ockham, por la sencilla razón de que es intentar razonar lo que no es posible razonar. Razonar las cuestiones divinas es una pérdida de tiempo pues estas están ahí para obedecerlas y punto. La Revelación nos habla de todo lo concerniente a la moral, el más allá, la redención, etc; pero para vivir en este mundo necesitamos la razón empírica. Mezclar ambas cosas es un un error que solo nos lleva a absurdos y a aporías.

Y, curiosamente, este voluntarismo omnipotente nos puede llevar facilmente a Calvino y su predestinación. Hum!! Esto es una aventura interesantísima...!!!! Caliente, caliente, ....

22 abril, 2011

LA BRUTAL TEODICEA DE LEO SMITH

Leo Smith escribió lo siguiente antes de ser ejecutado en la plaza pública de Nomortew. Terrible teodicea. Este Atrio lo publica con cierto miedo y temor

El problema del mal queda solucionado de la siguiente manera, ( y para ello vamos a utilizar un solo atributo divino: su omnipotencia.)
Si Dios es omnipotente es imposible que hay lugar en el universo que esté fuera de él. Es decir: es imposible que haya ninguna exterioridad fuera de Dios. Todo está presente en Él.
Entonces lo que entendemos por el mal es parte integral del mismo Dios. Es otra modalidad de ser del mismo Dios, ya que todo lo existente es Dios en-sí y para-sí.
Satanás, los diablos y los matarifes de la Historia, los sádicos malignos y demás son inexorablemente modalidades de Dios.
Cualquier persona de carne y hueso es parte de Dios. Es una modalidad de Dios.
Todo lo que ocurre a una persona en cualquier momento está incluido y predestinado por Dios.
Todo lo que ocurre en cualquier momento en el universo está incluido y predestinado por Dios.
Darse cuenta de esto es darse cuenta que todo lo que somos, pensamos, especulamos, hacemos, etc. es Dios actuando en la modalidad, Pepe, María, etc.
Todo, absolutamente todo, está bajo la omnipotencia divina: tus dudas, tus sufrimientos, cualquier elección, etc., todo está ocurriendo absolutamente en Dios.
Ese es el descubrimiento de la fe que Dios concede a quien quiere y niega, por el momento, a quien quiere.

Por tanto quienes hablan de libre albedrío están viviendo en la modalidad de alienación. No hay voluntad alguna que pueda condicionar a Dios desde fuera. Eso negaría su omnipotencia de todas todas.

Entonces el mal es parte del ser divino imputable a su arbitraria y libre voluntad.

Lo siento, es así. No cabe otra explicación.

¡Cachis en la mar! Me queda una duda: La omnipotencia de Dios llevada al absoluto acaba siendo una inmanencia también absoluta. De ser así, no tiene sentido la voluntad de Dios ya que una voluntad implica un querer algo; y, si alguien quiere algo es que algo le falta y a Dios no le falta nada, por tanto Dios en su omnipotencia queda convertido en absoluta inmanencia. Y entonces la conciencia humana se convierte, como quien dice, en la conciencia de Dios en busca del conocimiento de sí mismo. Y entonces volvemos al individuo humano en su existir en el mundo. Es todo un círculo vicioso. Hegel (antes Spinoza) me parece que sabía mucho de esto.

NO HAY MANERA CON ESTA HUMANIDAD

El mal es inevitable. En cualquier teoría o en cualquier aplicación practica de la teoría siempre, siempre hay un algo que impide que se haga lo correcto. Esa cosa que queda fuera, quizás se pueda dominar y controlar, pero al controlarlo luego sale otro algo que cuestiona o impide o nos toca las narices con un problema, un error, una laguna, unas consecuencias imprevistas, etc. Acabo de leer el libro de Mark. C. Taylor ya mencionado (Después de Dios. Siruela 2011) y al final propone una manera de situarse en la vida donde los absolutos han de dar lugar a absolutos relativos y los relativos a relativos absolutos. Llevándolo a los mercados como ejemplo Taylor dice que no se debe tomar el mercado como un absoluto al que se ha de dejar libre con el mínimo de regulaciones, pero tampoco se trata de regular por imperativo doctrinal socialista. Se trata de dejar el mercado por su cuenta, hasta cierto punto; o, regular también hasta cierto punto. De la misma manera, se trata de fomentar la competitividad hasta cierto punto, pero una competitividad sin algún grado de cooperación puede ser nefasto. Lutero decía: desregular lo privado, y cuando sea necesario, regular lo público. Otras versiones protestantes inmiscuidas en la política americana dicen: desregular lo público y regular lo privado.

Bueno, el caso es que la postura de Mark. C. Taylor parece ecuánime, de acuerdo con los últimos descubrimientos del genoma humano, del funcionamiento de las redes de información, donde las estructuras dejan de ser fijas para dar entrada a lo emergente y viceversa, en un constante devenir sin finalidad alguna. Pero el asunto es que esta sana y equilibrada manera de estar en el mundo, no deja de ser otra postura “correcta” y entonces Taylor ha de arremeter contra el “error” absolutista” o fundamentalista (en religión o ideologías diversas); o, contra el relativismo desenfrenado que acaba siendo destructivo, etc. En definitiva, el mal siempre aparece por algún sitio tocándonos las narices y no hay teoría crítica o axiología práctica que lo resuelva: siempre hay una molesta e inquietante exterioridad tocándonos los tolanos o los ovarios. Incluso el fallecido Derrida (RIP), a pesar de su concepto de “differance”, donde nunca hay posibilidad alguna de situarse en un presente porque el presente cuando se “presenta” ya es pasado (un siempre-ya-ha sido); pues no deja de ser también una putada que la gente no comprenda esto y muchos sigan empeñados en agarrarse a cualquier idealismo eurocéntrico o falocrático, con promesa de estabilidad y dominio. Parece como si estuviésemos condenados a un inexorable dualismo. Incluso el panteísmo más panteísta de los panteísmos, el de Spinoza, no nos deja situarnos en esa razón mística tan silenciosa como beatífica de quien ya ha superado todo dualismo. Nada. De pronto viene algo o alguien que te da un empujón por la espalda y vuelta a la puñetera realidad del conflicto.

Y en la Biblia pasa lo mismo.

En Génesis Dios crea el mundo de la nada, pero ya en esa primera creación, va incluido un caos y unas tinieblas a las que hay que poner orden con la Palabra. En la segunda versión de la creación, el Paraíso Terrenal de Adán y Eva se ve trastocado por la serpiente que procede de esa otra realidad maligna y tenebrosa. Luego la criatura humana peca a diestro y siniestro. Dios se arrepiente de haberlo creado y hace limpieza en el planeta con el Diluvio. Luego hay nuevo pacto con Noé. Pero el pacto no se guarda y vuelta a cometer errores y maldades hasta que Dios escoge a Moisés y le da la Ley para cumplirla y ser buenos, o, tan siquiera mínimamente decentes; pero nada de nada: unos pocos sí son decentemente buenos, pero los demás construyen el becerro de oro y fornican con las mujeres que no deben (el sexo siempre anda por ahí en plan gamberro y sino que se lo pregunten al Rey David) y cometen idolatría blasfema y sacrílega y entonces Dios con su ira borra del mapa del desierto a miles y miles de rebeldes y hasta al mismo Moisés ha de castigar. Luego, con el exilio babilónico, aparecen los profetas predicando la ética del bien, de la solidaridad con el pobre, de la justicia que ha de establecerse en el corazón antes de ser algo visible en forma de ofrenda física en el templo (el catolicismo clásico era un poco así: de visibilidad, más que de corazón). Se empieza a vislumbrar una era gloriosa de Justicia que traerá el Mesías de Jehová. O sea, la promesa es una intervención divina en la historia, que hará posible de forma definitiva, esa Justicia y esa Verdad de la Torá.

Luego viene Cristo, Jesucristo, y, según los evangelios, hay mal por doquier en el Israel de entonces. Hay injusticia, hipocresía, engaños, adulterios, miserias, opulencias; opresores romanos y judíos; hay demonios malignos que toman posesión de las almas de unos pobres desgraciados y los hacen vivir el mismo infierno en la tierra (ya de por sí bastante infierno). Jesús tiene que hacer milagros y expulsar demonios, predica una ética de desprendimiento casi total (e imposible en algunos casos), una medicina radical de ir a la raíz del mal apostando por el amor y muere para, según los evangelios, salvarnos de ese pecado y de esa maldad para siempre. Física y materialmente nada parece haber ocurrido en el planeta, todo sigue aparentemente igual que siempre, salvo los cambios temporales y un grupo de judíos seguidores de Jesús que viven una expereincia impactante. Luego viene Pablo y dice que la Torá que seguían practicando estos primeros cristianos pues hay que entenderla de otra manera; y, que es la fe y la resurrección, lo que constituye la fe absoluta que salva y que los gentiles no tienen por qué cortarse el pito para pasar a ser de la sinagoga de Cristo (que seguía siendo Israel, pero un Israel abierto a los gentiles de un modo más “fácil”; sin seguir la Torá o reinterpretando la Torá de tal modo que solo queda la profesión de fe). Otra cosa es que los judíos en su gran mayoría no se hacen seguidores de Jesús y entonces Pablo ha de injertar a los nazarenos de algún modo teológico en Israel.

En definitiva, el mal sigue ahí; el dualismo sigue ahí. Luego volveremos con algunas preguntas a botepronto sobre la teodicea

21 abril, 2011

EL MAL NUESTRO DE CADA DÍA

En los evangelios está la expulsión de los demonios. Los demonios son el mal personificado. Como manifestación de la malignidad odian a Dios y a Jesucristo. Por lo que se puede leer de ellos actúan como seres resentidos, envidiosos, destructores de lo bueno y son así mismo los que están detrás de muchas enfermedades desestabilizando el sistema inmunológico tanto psíquico como físico de la pobre gente de Galilea y Judea. Entonces se vuelven locos de amarrar o les salen llagas y tumores raros. Jesucristo sabe que detrás de muchos de estos locos desgraciados está un demonio o una legión de ellos que viven sin pagar renta y además haciendo destrozos en sus cuerpos y almas. Una personificación indica una exterioridad que nos posee. Hay algo ahí que nos posee, que nos domina y nos fuerza a doblegarnos a su voluntad destructiva, irracional y caprichosa. En esta antropología evangélica podemos hablar de la posibilidad del mal de actuar a través del hombre y vivir a través de él. Pero el mal en este caso aparece como algo radicalmente externo a nosotros. Una alteridad como dirían los posmodernos. Para ser todavía más posmoderno: una alteridad con la que no hay posibilidad de diálogo dentro de la diferencia. O se le echa por la fuerza; o si no, nos amarga la existencia con rabia y furor sádico.

Que anden por ahí sueltos estos entes tan malignos, prueba que hay algo por ahí invisible que está al acecho para fastidiarnos bien fastidiados. Pero si están por ahí estos bicharracos sobrenaturales con su estructura jerarquizada y con jefes tan poderosos como Satán, Lucifer, Belial, Belcebú y otros que no me acuerdo; eso quiere decir que Dios les permite actuar o que quizás son una fuerza todavía salvaje dentro de la creación y conviene atarlos o destruirlos cuanto antes. Incluso Jesucristo tuvo que pasar la prueba en el desierto y esa prueba nos revela mucho de lo que los demonios controlan y regulan: poder, riquezas, apetitos y deseos, etc. Curiosamente son las fuerzas irracionales de la historia y de la persona. Son los apetitos desmesurados de la carne y del dinero, las fuerzas inconscientes que tanto nos incordian, nos vuelven tan neuróticos e inestables; tan desasosegados. En definitiva, esos demonios son la anulación de la voluntad o el yo humano para así realizar la toma de poder por parte de la locura maligna. Freud tuvo que haber indagado más en las escrituras cristianas.

La razón de por qué los evangelios nos muestran a los demonios de esa forma tan “visible” y tan dramática tiene que ver con lo que luego viene con la muerte en la cruz como destrucción del poder del mal. Jesucristo expulsa a los demonios como preludio de una mayor “paliza” mortal que les espera. La muerte de Jesús en la cruz es también la victoria sobre el mal en todas sus dimensiones. Se vence a la muerte y se vence al pecado: o sea, el mal en toda su radicalidad y modalidad. La resurrección de Jesús es la prueba palpable de la victoria sobre todo lo maligno. Si Jesús hubiere quedado en la tumba pudriéndose como cualquier mortal, entonces el mal hubiese así quedado como soberano absoluto de este mundo. Sería indescriptible el sufrimiento atroz que estaríamos experimentando ahora con llagas por todo el cuerpo trabajando 24 horas en minas inmundas de mercurio y fósforo; recibiendo latigazos sin parar y otras cosas indescriptibles marcadas a fuego. Pero no. No fue así.

La Resurrección de Jesús fue la victoria sobre el mal.

Pero el mal sigue. La gente se sigue volviendo loca y nos matamos entre nosotros, engañamos al prójimo; explotamos y nos explotan; andamos inquietos por la vida con millones de miedos. Ni siquiera los que se llaman cristianos se salvan de esta inquietud maligna. La salvación entonces no es una salvación universal real, o sea, de hecho en la vida real de los sentidos, de carne y hueso. El mundo sigue igual con los demonios sueltos, pero ahora son llamados virus, esquizofrenias, bacterias, depresiones, manías, violencia demencial psicótica, ideologías excluyentes e incluyentes, etc., ¿Será que esa salvación tiene poder a niveles espirituales y no terrenales? Entonces habría que decir que el arquetipo de la resurrección y la salvación del mal, se pueden inocular en la mente o alma en forma de fe y esperanza hasta que llegue la hora de la consumación y el Apocalipsis final. Mientras tanto se deja a las fierecillas malignas actuar, pero sabiendo que ya están caput, vencidas. Cuestión de tiempo. Mientras hay que anunciar la Buena Nueva al mundo, a este triste mundo.

Es curioso que el mal ya aparezca desde el primer día de la Creación: con la creación ya viene el caos y las tinieblas de afuera. Es como si en Dios mismo ya habitara la exterioridad y la alienación. Es evidente que había necesidad de crear al ser humano. ¿Para qué? ¿Para conquistar esa exterioridad a través del hombre? ¿Era necesario que el hombre cayera víctima del mal, para así conquistar esa sombra que queda “suelta” desde el mismo día de la creación?

¿O es que la conciencia humana se ve obligada a explicar su triste condición de alguna manera en forma de relatos imaginativos y significativos? La resurrección y la salvación se basan en la fe y la fe es la certeza de lo invisible, etc..

19 abril, 2011

LA CLAVE PROTESTANTE DE LA POSMODERNIDAD

Creo que estamos en una exploración muy interesante donde el protestantismo es clave fundamental. Comparemos estas lecturas y reflexionemos en la estructura de conciencia y de significación en la que estamos viviendo. La descentralización de significados, de iglesias (bautistas, metodistas, independientes, etc.), de mercados desligados de su contenido: riqueza real (escribí artículo en LNE en su día sobre esto), etc, etc. Es toda una aventura de descubrimiento.

Atención a lo que dice Peter Berger en su libro Sacred Canopy (pp. 151-52):

La situación pluralista multiplica el número de estructuras plausibles que compiten entre sí. Ipso facto, esto relativiza sus contenidos religiosos. Más concretamente, los contenidos religiosos se «desobjetivizan», es decir, dejan de ser considerados evidentes, realidades objetivas de la conciencia. Se «subjectivizan» en un doble sentido: su «realidad» se convierte en un asunto «privado» de los individuos, es decir, pierde la cualidad plausible autoevidente intersubjetiva, de manera que uno ya «no puede seguir hablando» realmente de religión. Y su «realidad», en la medida en que es mantenida por el individuo, es aprehendida como arraigada en la conciencia del individuo, más que en ningún sitio del mundo exterior. Así pues, la religión ya no se refiere al cosmos o a la historia, sino a la Existenz o a la psicología individual.

Fijaros lo que ahora dice Baudrillard en Simulations.:

Una revolución ha puesto punto final a esta economía «clásica» del valor, una revolución del valor mismo, que lleva al valor más allá de su forma de mercancía, hasta su forma radical. Esta revolución consiste en la dislocación de los dos aspectos del valor, que se consideraban coherentes y eternamente ligados como por una ley natural. El valor referencial es aniquilado, dando preferencia al juego estructural del valor. La dimensión estructural se hace autónoma excluyendo la dimensión referencial; la primera se instituye sobre la muerte de la segunda. Se ha acabado el sistema de referencia de la producción, de la significación, del sentimiento, de la sustancia y de la historia, toda esta equivalencia con un contenido «real», que carga al signo de «utilidad», de gravedad, su forma de equivalencia representativa. Ahora tiene preferencia el otro estadio del valor, el de la relatividad total, la conmutación general, la combinación y la simulación; simulación en el sentido de que todos los signos se intercambian de ahora en adelante entre ellos sin intercambiarse contra lo real (y lo relevante no es que se intercambian entre ellos, sino que solo lo hacen a condición de no intercambiarse más con lo real). La emancipación del signo: el signo elimina esta obligación «arcaica» de designar algo y finalmente se libera, se hace indiferente y totalmente indeterminado, en el juego estructural o combinatorio que sucede a la norma previa para determinar la equivalencia. la misma operación tiene lugar a un nivel del poder del trabajo y del proceso de producción: la aniquilación de todo fin relativo a los contenidos de la producción permite que el proceso de producción funcione como un código y que el signo monetario, por ejemplo, se escape en una especulación infinita, más allá de toda referencia a cualquier realidad de la producción, o incluso a un patrón oro. La flotación del dinero y signos, la flotación de las «necesidades» y los fines de la producción, la flotación del mismo trabajo, la conmutabilidad de cada término, viene acompañada por una especulación y una inflación ilimitadas.

Y, por último, fijaros en lo que dice el Reverendo Clarton Warren en uno de sus escritos:

Pero ¿podemos saber quién tiene fe verdadera en comparación con quien sólo la aparenta o está autosugestionado por ella sin tenerla? No. La conducta de una persona, las palabras religiosas de cualquier supuesto creyente, la retórica de cualquier pastor o maestro santo; las buenas obras de fulano o zutano que dice creer en Dios, etc. Nada de eso nos prueba que esa persona tiene fe. La fe es un acontecimiento personal, íntimo, indestructible. Revoluciona el escenario de nuestra mente, psique, alma; pero es un acontecimiento interno, subjetivo; intransferible e incomunicable a otra persona. Quien tiene fe no puede explicar su fe con conceptos, con ideas, con discurso; con arte, con música. Tan solo puede expresar su fe en su vida, en su hacer, en toda su existencia. La fe se manifiesta en forma de afectos, de apreciaciones, de descubrimientos, de sorpresas, de sobrecogimiento. Pero nada de eso puede objetivarse para los demás como fe: eh ahí una persona con fe. No. Entonces ¿cómo podemos saber quién es creyente de verdad?
Nadie lo sabe, salvo D-ós y el creyente mismo.

15 abril, 2011

MARK C. TAYLOR Y LA REVOLUCIÓN PROTESTANTE

Acaba de salir la traducción de un excelente libro sobre el impacto de la religión en el mundo actual y sus modalidades. Se trata de “Después de Dios: la religión y las redes de la ciencia, el arte, las finanzas y la política”. Ediciones Siruela. Madrid 2011. El autor, Mark C. Taylor es profesor de Columbia University y autor de más de veinticinco libros sobre el tema, además de colaborador habitual en The New York Times y Los Angeles Times. Reproduzco un párrafo interesante del libro dentro del capítulo "La Revolución Protestante".

La modernidad es una invención teológica. En su reciente libro sobre la Reforma, Patrick Collinson señala que Thomas Carlyle afirmó: “Si Lutero no se hubiese mantenido en sus trece ante la Dieta de Worms, donde se plantó ante el Santo Emperador romano, negándose a retractarse (“Aquí estoy”), no hagría habido Revolución francesa ni americana: el principio que inspiró estos acontecimientos cataclísmicos habría muerto en el útero”. Aunque la noción de historia que la observación de Carlyle representa ha devenido últimamente sospechosa, no hay duda alguna que la modernidad, tal como ha aparecido en Occidente y se ha extendido por todo el mundo, no sería lo que es sin la Reforma. En realidad, no es exagerado insistir en que Lutero y los teólogos y filósofos que inspiraron su obra (es decir, los místicos renanos y los nominalistas medievales) fueron, de hecho, los primeros modernistas. Lo que empezó como una revolución teológica se convirtió en una revolución social, política y económica que hoy en día sigue transformando el mundo. Las instituciones características del mundo moderno-la democracia, el estado-nación y el libre mercado-son inseparables del protestantismo y de su historia. Evidentemente, esto no significa que otras tradiciones socioculturales nunca puedan llegar a ser modernas; pero sí supone que la actual interacción entre modernidad y occidentalización habría sido imposible si no hubiesen tenido los cambios que la Reforma puso en marcha. Los conflictos religiosos y políticos que hoy siguen desgarrando el mundo no pueden comprenderse sin tener en cuenta la genealogía teológica de la modernidad. Es, pues, necesario extender el famoso análisis de Max Weber sobre "la ética ética protestante y el espíritu del capitalismo";  a un estudio del protestantismo y el espíritu de la globalización.

14 abril, 2011

EL SÉPTIMO SOBRE DEL REVERENDO WARREN: LA CRUZ

Abrí el séptimo sobre. Era el último y estaba cubierto de polvo casi negro. Lo saqué y cerré el baúl. Afuera hacía frío. Boston es una ciudad fría. Pero a medida que fui leyendo este séptimo sobre iba sintiendo el calor espiritual que impartía la reflexión personal del Reverendo Clarton Warren. Comencé a leer allí mismo sentado en el suelo, muy pronto el Señor Matthiew, uno de los presbíteros, me llamaría para cerrar el desván. Me había dado una hora, aunque ya habían pasado dos horas. Cuando acabé, cerré el sobre y los metí todos de nuevo en el baúl. El séptimo escrito decía … 

Solamente podemos tener seguridad absoluta de una cosa: la fe. La fe es, dice la epístola a los Hebreos (11:1): “./. la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” Y sigue (11:3): “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.” (Traducción al español de Casiodoro de Reina y posteriormente revisada por Cipriano de Valera). Así mismo el evangelio de Juan dice: “En el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios. La Palabra, pues, era divina: estaba en el principio con Dios. Por ella llegó todo ser, y sin ella nada llegó a ser. Lo que llegó a ser por ella era la Vida, y la Vida era la Luz de los hombres. Y la Luz brilla en las Tinieblas, y las Tinieblas no pudieron extinguirla.” (Traducción al inglés de Hugh J. Schonfield). La fe y la Palabra se complementan y la Palabra abarca toda la creación. Vayamos ahora a la Tanak sobre Sofía, Sabiduría, en Proverbios (8:22 en adelante): “El Señor me estableció al principio de sus tareas, al comienzo de sus obras antiquísimas. En un tiempo remotísimo fui formada, antes de comenzar la tierra . /. yo estaba junto a él, como aprendiz, yo era su encanto cotidiano.” (Traducción de J. Alonso Schökel y Julián Mateos). La fe nos es dada por gracia, ya que no es posible, desde la insondable e inestable conciencia del hombre, llegar a una certeza de lo invisible. Cuando no hay certeza de lo invisible hay incertidumbre, inseguridad; hay duda. La vida es como una fuerza ciega a la que sólo la conciencia del hombre es capaz de imponer un orden, siempre provisional, siempre susceptible a los cambios; un orden relativo. No hay certeza de nada invisible.

D-ós es D-ós de certeza, de seguridad, de significado absoluto, pero la firmeza de la fe es solo la apertura de la puerta y el principio de un camino de conocimiento y perfección que ya no depende del ser humano. La llamada de la fe implica la conexión de la insondabilidad humana con la Sabiduría divina a través de la Palabra. Pero hay algo más: según la Biblia; D-ós viene a nosotros, hacia la insondabilidad humana; vive como hombre sin abandonar su naturaleza divina; y, muere, víctima de los poderes religiosos y políticos que rigen el mundo. Las historia humana es la historia de la defensa de privilegios, de relaciones de fuerza y poder; las confrontaciones entre significados religiosos, políticos, morales, los cuales conllevan el odio, la violencia, y la posible eliminación del contrario. Pero es también la guerra con uno mismo, la visceral inseguridad y el miedo congénito a una existencia siempre inestable; la confrontación de interna de pasiones, afectividades, tensiones, dudas, desplazamientos de significado, desconfianza. Esa es la tragedia humana.¿Sólo humana?

Según la Revelación, la Biblia, D-ós mismo asume esa naturaleza humana para vivirla desde dentro y sentir el mal en su raíz y radicalidad. El mal. La Biblia habla del mal, del Diablo, del Demonio. A veces lo hace en plural. Quizás, esta personificación del mal es la mejor manera de representar la absoluta exterioridad o alteridad que amenaza de continuo al hombre. ¿Pero solo al hombre? El mal se manifiesta así mismo como personalidad maligna, con inteligencia sádica y perversa. Es también un espíritu que puede encarnarse en las personas de una manera efectiva; también actúa a través de los sistemas de poder, en muchas de las creencias humanas. La insondabilidad del hombre implica el mal como exterioridad o alteridad radical en continua amenaza y desplazamiento; en continua desestabilización social y moral; en la siempre inseguridad de las enfermedades, y de la misma naturaleza. Pero ¿no será la exterioridad radical con su malignidad y peligro algo que afecta de alguna manera a alguna dimensión de D-ós consigo mismo?

¿Cuál es la fuerza opuesta al mal? ¿Cuál es el antídoto contra el mal? El amor. Pero el amor no es una simple palabra abstracta que se puede sentir a voluntad. Tampoco es fácil de vislumbrar su correcta aplicación. Es un profundo sentimiento que surge de la seguridad y de la certeza que produce la fe y que requiere de la Sabiduría y de la Palabra (Espíritu Santo) para llevarlo a la práctica con acierto. Jesús trata de enseñar ese camino de amor al mismo tiempo que confronta con firmeza los poderes religiosos y políticos del momento que a veces asocia a las fuerzas espirituales del mal. Jesús va directamente a los demonios que ocupan los cuerpos de los enfermos y los expulsa. Pero, según la Revelación, todo ello le va conduciendo a la muerte en la cruz. Es, sin embargo, una muerte con un significado mucho más profundo y que ha de sellar definitivamente la relación de D-ós con el hombre. La muerte en la cruz sella un nuevo pacto entre la insondabilidad divina de D-ós y la naturaleza insondable humana. En el centro donde se unen los palos de la cruz está el sello de la fe. La verticalidad divina y la horizontalidad humana se unen en la fe. El hombre recibe certeza y Revelación; y, D-ós recibe y aprueba la experiencia humana, por medio de la fe, como válida dentro de su ser insondable. Quizás así puede redimirse también la misma escisión y fisura surgido en el mismo cielo con la rebelión del mal: el nacimiento de una exterioridad en D-ós mismo que dio motivo y necesidad de la creación y la creación de la criatura humana. Insondable misterio. Volvamos a la Tanak en Génesis 1:3: "En el principio creó Dios los cielos y la tierra, y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tienieblas estaban sobre la faz del abismo, y el espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz, y fue la luz." (Traducción Reina-Valera 1960).  La creación comienza con la Palabra y sigue con la palabra.

Es hora de meditar y reflexionar. Sola fide.

13 abril, 2011

EL REVERENDO WARREN Y LAS CLAVES DE LA REVELACIÓN

Abrí el sexto sobre con cierto miedo. El Reverendo se me estaba revelando como una mente tan arriesgada como inspiradora. Seguí leyendo...

Me quedé un tanto meditativo una vez que hube descubierto la objetividad irrefutable de mi fe. Sí la meditación sobre las Escrituras hebreas y cristianas me han llevado a la constante de la fe, entonces para mí esa es una prueba de que ellas son la Revelación de D-ós. La Biblia está escrita en diferentes épocas, por diferentes mentes y mentalidades, con diferentes estilos y discursos. La Biblia es un texto complejo, ambiguo, metafórico muchas veces, simbólico otras; realista muchas veces. La Biblia abarca muchas facetas de lo que entendemos por Historia Sagrada. Hay diversas teologías que se entremezclan. Hay un texto visible, pero hay un texto sombra que se puede deducir a través del texto visible. La Revelación de las verdades bíblicas han de ir sucediéndose a través de una lectura cuidadosa; una lectura racional, una lectura que se basa en hacer preguntas para obtener respuestas. Por un lado está la insondable mente humana que se desconoce a sí misma, pero que posee el lenguaje como herramienta hermenéutica; y, por otro está el misterio insondable de D-ós que también utiliza el lenguaje para aproximarse al hombre. De nuevo, el encuentro entre D-ós y el hombre se hace a través del lenguaje.

Curioso. Es el momento de meditar y reflexionar. Sola fide.

12 abril, 2011

EL REVERENDO LLEGA AL MEOLLO DE LA FE

Abría el quinto sobre y con cierta intriga comencé a leer. ¿Adónde le conduciría al Reverendo este giro de reflexión tan en la línea del pensamiento individualista e intimista protestante? Me temía que iba a descarrilar en cualquier momento. Pensaba que en este sobre surgiría la desesperación típica de quien trata de explicar lo inexplicable. Sin embargo fui leyendo y quedé pegado a las palabras. Decía así este quinto escrito...

El anhelo profundo es algo que no desaparece a pesar de mis caprichos pensantes, o de mi errática imaginación. Si ese anhelo de D-ós sigue a pesar de mi humano desasosiego mental, de mis olvidos e inconsciencias; de mis desvaríos charlatanes e irracionalismos por necesidad de vida; entonces ese anhelo es una constante, una fuerza objetiva inerrable que rige mi conciencia. Esto es un descubrimiento importante. Ese anhelo, esa fuerza objetiva, es el nexo entre un yo complejo, complicado; irracional; y, por otro lado D-ós. Ese anhelo es fe; fe firme e inconmovible. Entre D-ós y yo está la fe como mediadora. No es algo que yo haya producido, creado por medio de la razón o de la imaginación; es un hecho que está ahí; que me ha sido dado como referente objetivo en la misma invisibilidad de la conciencia. Por un lado jamás podré conocer mi propia esencia; ni por otro lado, jamás podré conocer la esencia de Dios. Solo manifestaciones de ambas esencias unidas bajo el vínculo objetivo y constante de la fe. Este descubrimiento me hizo saltar de alegría. ¿No era eso revelación en el sentido cristiano?

A D-ós solo se lo podemos conocer a través de lo que él quiera manifestarnos. El lenguaje a través de la palabra es la única posibilidad de comunicación entre dos esencias invisibles. Mi yo, mi alma; y, D-ós se encuentran en la palabra revelada. D-ós “ve” en la invisibilidad de la conciencia y me provee de su palabra de revelación como medio de conocerle. Entonces mi fe, mi anhelo, tiene la palabra-revelación como medio de conocer aquello que D-ós quiere que conozcamos. De esa palabra-revelación manan los valores, los significados, las esperanzas, por las que hemos de encauzar nuestras vidas. De ahí mana, así mismo, la apreciación de lo sagrado, de nuestra vida como “apartada” para D-ós y ofrendada en el “templo” de la existencia.

Esa revelación ocurre o no ocurre. Los artificios mentales se agotan; pierden poder afectivo, y quedan como esqueletos sin vida. Es lo que ocurre con el conocimiento, con las creencias políticas o religiosas, las supersticiones, la propaganda. La fe es inagotable como fuente de significado en nuestras vidas una vez alimentada por la revelación. No procede de nosotros, porque el “nosotros” no tiene consistencia alguna; se mueve en la más pura contingencia. Ha de proceder necesariamente de D-ós, única fuente de permanencia, de consistencia en la invisible dimensión de nuestras conciencias. He ahí el milagro de la fe. 

Es hora de meditar y reflexionar. Sola fide.

10 abril, 2011

LA FE DEL REVERENDO CLARTON WARREN

 Encontré el cuarto sobre y esta vez quedé sorprendido. Saqué el escrito y era nada más que este párrafo. Algo curioso, muy curioso que me hacía admirar más a este pastor. Me puse a leer y esto era lo que iba leyendo...

 La fe me abre la posibilidad de creer en en una profundidad consciente e inteligente. Se trata de el ser que sostiene la creación ahora mismo. En este mismo momento. No es el ser del budismo. Tampoco el de Spinoza. No el impersonal dios panteísta. Tampoco es la voluntad ciega de Schopenhauer. Cuando se vive este anhelo tan imperativo y profundo, entonces surge el milagro de la fe.

Es hora de meditar y reflexionar. Sola fide.

09 abril, 2011

LA BIBLIA COMO REVELACIÓN

Abrí el tercer sobre y me di cuenta que ya había sido abierto. Cuando leí el texto, la prosa seguía siendo la poderosa y firme prosa del Reverendo Clarton Warren. He quedado extático en mi cama descubriendo los misterios de la interpretación bíblica. El texto empieza así....

Cuando el creyente lee la Biblia lo que hace es reverberar con el texto. Quien dispone de fe lee con los ojos de la fe y entonces el texto se abre en su multiplicidad de sentidos e interpretaciones todos ellos ricos en significados terrenales y espirituales. Cada palabra, frase y oración es una meditación y camino o sendero espiritual que se va abriendo a nuevas puertas y dimensiones de D-ós y su Reino. También a los misterios de la existencia, de la historia, de las motivaciones humanas; del pecado y la gracia. Las palabras bíblicas reverberan en el espíritu del creyente como absoluto referente pero imposible de agotar en sus infinitas interpretaciones sagradas, míticas, reales, místicas; morales, éticas. He ahí el Libro de los Libros, clave de interpretación de las grandes obras literarias del mundo, del arte, de la música, de la ciencia y sus logros; de los anhelos filosóficos y las angustias existencialistas. Clave de interpretación de utopías necias, substrato arquetípico de las revoluciones modernas. El creyente ve en la Biblia la Revelación en múltiples niveles, en infinitos significados. Lectura solitaria o lectura en comunidad de Iglesia: la Biblia invita a la meditación de ojos cerrados para dejar que entre el significado divino hasta reposar en nuestra mente para luego visualizar, imaginar, captar; y, así actuar sabiendo qué es correcto y qué es incorrecto. La Biblia es la guía de nuestra perfección una vez salvos; la vía hacia las infinitas dimensiones o reinos de D-ós a través del Cristo, del Mesías crucificado y resucitado.

Es hora de meditar y reflexionar. Sola fide.

NO HAY PECADO NI ARREPENTIMIENTO DESPUÉS DE LA SALVACIÓN

Después de haber leído aquel sobre en aquella iglesia reformada de Boston, volví al mismo baul y me di cuenta que había más sobres ennegrecidos por el tiempo. Ahora aparecía este corto sermón y me di cuenta que aquella iglesia había pasado por un período de fuertes controversias. ¿Habrían quedado zanjadas? ¿Qué habría pasado después? Di la vuelta al sobre y leí un nombre: Reverendo Clarton Warren. Habría de investigar quién era y qué había pasado. Lo leí y quedé de nuevo prendado por aquella poderosa prosa, tan segura de sí misma. Comenzaba......

Quien ya tiene fe sabe que todo error y toda caída que pueda suceder a partir del momento en que ha sido llamado, son necesarios para hacer crecer su espíritu. Es parte del plan divino para cada uno de sus hijos, con lo cual esa duda que muchos tenían sobre qué pasa en la vida del creyente después de ser llamado a la fe; queda disipada, queda borrada: la vida del creyente queda bajo la guía y necesidad del Espíritu Santo. Es decir: el creyente pasa a estar en un estado especial de preparación “en la carne”, pero sin estar ya bajo el dominio del pecado. No se puede pensar que después de haber recibido la fe, esta se puede perder por nuestras obras, por nuestros errores, por nuestras faltas. No. Esto significaría la vuelta a la salvación por méritos personales, la salvación condicionada a nuestra voluntad humana; sería la negación pura y dura de la salvación de Cristo en la Cruz.
Es también falso creer que aunque vivamos ya en la fe; luego, si cometemos pecados, errores, transgresiones; hemos de arrepentirnos y volver a pedir perdón a D-ós, para volver al estado de Gracia. No. Esto significaría que nada habría cambiado en realidad y que estamos en la misma o similar situación que antes de recibir la fe. Iglesias Reformadas y Luteranas hay que piden constantemente en oración que nos guarde D-ós de caer en tentación, en pecado, en transgresión, etc. No. Se debe pedir que nos ayude a soportar las pruebas por las que necesariamente hemos de pasar. Se trata de un período de pruebas necesariamente guiadas por el Espíritu Santo para el fortalecimiento del espíritu y de la fe con el fin de prepararnos para cosas mayores en otras dimensiones del Reino de D-ós. Habremos de caer donde el Espíritu nos tenga preparado caer, pero para levantarnos en el momento adecuado con una experiencia profunda aprendida. No hay arrepentimiento de nada, porque ya nos hemos arrepentido de forma total y absoluta en el momento de recibir la fe. No hay ya tentación posible, porque estamos en las manos de D-ós para la eternidad y no tienen poder las tentaciones sobre nosotros. Nuestra situación es el estado de Gracia todavía en la carne pero con una función absolutamente diferente: la perfección con sus pruebas necesarias con vistas a nuestra nueva vida en el Cielo.

Es hora de pensar y reflexionar. Sola fide.

08 abril, 2011

EL MILAGRO DE LA FE

Mirando en un viejo baúl de un desván en una iglesia protestante del siglo XIX de Boston, encontré este manuscrito metido en un sobre oscurecido por el tiempo. Lo abrí y he aquí lo que salió. Lo leí con cierta inquietud, con cierto desasosiego; al final no sabía qué decir. Lo metí en el bolsillo y lo volví a leer en la cama antes de dormir. El efecto de la lectura fue extraño y sorprendente... Ya no sé qué decir...Comienza así:


La fe es algo que cuando aparece ya no se suelta nunca. La fe es algo imperecedero porque proviene de D-ós. Cuando oigo de alguien que creyó pero que luego perdió la fe, ese alguien debería de pensar seriamente si alguna vez tuvo fe. Quizás fue un amago de fe, pero no fe sustentada en el Creador; fe que proviene de Adonai, el Señor; y, si proviene del Creador es fe imperecedera y eterna. Quien ha recibido la fe nunca la perderá. Incluso en momentos de aparente rechazo, de intentos de renegar; jamás podrá perder esa fe que seguirá apareciendo con fuerza, a veces con más fuerza, como un rebrote que traspasa costras de tierra y cemento para seguir mirando hacia el sol. La fe es un milagro. Aparece en un momento dado y queda prendada en la mente, en el alma. La fe hace posible que algo en nuestro cuerpo quede habitado por una partícula de incondicionalidad, de esencia inmutable que jamás se desprende de nosotros. Eso es la fe. La fe no es una idea que elaboramos y luego pretendemos que nuestra creencia basada en esa idea, es, supuestamente, la fe. No. La fe no es la autosugestión de cualquier sectario religioso que por sufrir un edema cerebral cree que ya tiene fe. La fe no es la aceptación de ningún credo, o la iniciación a cualquier religión. No. La fe tampoco es, quizás, quizás; la de quien dice que “soy salvo por la fe”. La fe es algo que se tiene o no se tiene; que surge o no surge. La fe es un milagro que no tiene que ver con nosotros. No puede ser producto de una mente, ni tampoco una elección supuestamente libre. La fe nos es dada por gracia, de forma gratuita.

Pero ¿podemos saber quién tiene fe verdadera en comparación con quien sólo la aparenta o está autosugestionado por ella sin tenerla? No. La conducta de una persona, las palabras religiosas de cualquier supuesto creyente, la retórica de cualquier pastor o maestro santo; las buenas obras de fulano o zutano que dice creer en Dios, etc. Nada de eso nos prueba que esa persona tiene fe. La fe es un acontecimiento personal, íntimo, indestructible. Revoluciona el escenario de nuestra mente, psique, alma; pero es un acontecimiento interno, subjetivo; intransferible e incomunicable a otra persona. Quien tiene fe no puede explicar su fe con conceptos, con ideas, con discurso; con arte, con música. Tan solo puede expresar su fe en su vida, en su hacer, en toda su existencia. La fe se manifiesta en forma de afectos, de apreciaciones, de descubrimientos, de sorpresas, de sobrecogimiento. Pero nada de eso puede objetivarse para los demás como fe: eh ahí una persona con fe. No. Entonces ¿cómo podemos saber quién es creyente de verdad?

Nadie lo sabe, salvo D-ós y el creyente mismo.  Es hora de meditar y reflexionar. Sola fide.

06 abril, 2011

DILEMA PROTESTANTE

Los protestantes decimos: la persona se salva por la fe. No las obras, sino la fe. Obras, esfuerzo humano, se opone a fe. Fe es Gracia, concesión, dádiva. Obras implica mérito, ganancia, merecimiento, recompensa. Pero ¿cómo ejercemos fe? Para que esa fe no sea producto de las obras, o de esfuerzo alguno por nuestra parte; o no surja de ningún lugar en nuestro cuerpo y mente; es evidente que la fe ha de provenir de Dios mismo. Es decir: un creyente de verdad ha de recibir su fe como un milagro que le viene concedido por gracia. Si dice que la fe la ejerce él, como acto de su libre albedrío para conseguir esa gracia, entonces entramos en una contradicción. El acto que surge de su libre albedrío no deja de ser un acto suyo, un “esfuerzo” suyo; una decisión libre y voluntaria condicionada a su voluntad. Por lo tanto esa fe es debido a sus obras, a su esfuerzo de voluntad. La fe entonces es por obras.

Si la fe es un milagro que Dios concede por su gracia al margen de las obras o méritos humanos, entonces la fe la concede Dios a quien quiere por su libre Decisión y Voluntad. Dios elige a quien quiere para salvarse, para concederle la fe y la gracia. Y Dios rechaza a quien quiere para recibir tal salvación. Entramos ineludiblemente en el asunto de la predestinación. Es inevitable.

Pero si entramos en el asunto de la predestinación, entonces esa salvación está condicionada y garantizada por Dios, no por mérito alguno, ni obra alguna del creyente. El creyente vive por la gracia y por la fe, pero este estado de gracia implica más cosas. Veamos. Si yo estoy ya salvo y nadie me puede arrebatar tal salvación porque no depende de mí, entonces mi vida, mis obras como fruto de esa fe, han de ser siempre perdonadas por Dios que jamás las ha de tener en cuenta (cruz de Cristo). Yo no puedo caminar en santidad o perfección por mis méritos, pues ya no tienen validez alguna; yo tampoco puedo pedir nada desde mi conciencia humana. Toda mi vida depende de la Gracia que Dios me concede.

Y ahora llegamos a lo duro del tema: si la gracia de Dios gobierna mi vida de forma incondicional, entonces mi vida habría de ser perfecta, la “carne” debería de estar controlada, nada de miedos, de inseguridades, de tentaciones. Porque si sigue siendo así, si el creyente sigue estando sometido a las debilidades y contingencias humanas, entonces ¿qué sentido tiene esa gracia? ¿Qué fruto es el de esa fe que todavía está sometida a las tentaciones y debilidades? Estaríamos todavía bajo la condición de pecado, el pecado reina y tiene potestad a juzgar por esos miedos y tentaciones y debilidades.

Como la realidad dice y muestra a todas horas que el creyente sigue estando bajo el “poder de la carne”, uno se pregunta si esa Gracia y Fe divina existen de verdad o son solo producto de nuestra imaginación y todo ello es un cuento. Si esa Gracia y Fe fueran una realidad entonces no habría posibilidad de miedos, ni debilidad alguna. Sería una existencia absolutamente inmanente y de presente absoluto. Pero no es así. Amigos protestantes, ¿Cómo solucionamos este dilema?

04 abril, 2011

ISLANDIA Y SU POLÍTICA ECONÓMICA. ¿Estás de Acuerdo?

 Circula esto por ahí: e-mails, prensa alternativa, El País, etc. ¿Qué pensáis de esta política económica islandesa? Polémica creativa asegurada. El texto de la introducción en cursiva no es mío.
Si alguien cree que no hay censura en la actualidad, que me diga si así como se ha sabido todo lo que pasa en Egipto, porqué los periódicos no han dicho nada de nada sobre lo que pasa en Islandia :

En Islandia, el pueblo ha hecho dimitir a un gobierno al completo, se nacionalizaron los principales bancos, se decidió no pagar la deuda que estos han creado con Gran Bretaña y Holanda a causa de su mala política financiera y se acaba de crear una asamblea popular para reescribir su constitución.
Y todo ello de forma pacífica. Toda una revolución contra el poder que nos ha conducido hasta la crisis actual.

He aquí, por qué no se han dado a conocer hechos durante dos años :
¿Qué pasaría si el resto de ciudadanos europeos tomaran ejemplo?

Esta es, brevemente, la historia de los hechos:

2008. Se nacionaliza el principal banco del país. La moneda se desploma, la bolsa suspende su actividad. El país está en bancarrota.

2009. Las protestas ciudadanas frente al parlamento logran que se convoquen elecciones anticipadas y provocan la dimisión del Primer Ministro, y de todo su gobierno en bloque. Continúa la pésima situación económica del país.

Mediante una ley se propone la devolución de la deuda a GB y Holanda mediante el pago de 3.500 millones de euros, suma que pagarán todos las familias islandesas mensualmente durante los próximos 15 años al 5,5% de interés.

2010. La gente se vuelve a echar a la calle y solicita someter la ley a referéndum. En enero de 2010 el Presidente, se niega a ratificarla y anuncia que habrá consulta popular.
En marzo se celebra el referéndum y el NO al pago de la deuda arrasa con un 93% de los votos.
A todo esto, el gobierno ha iniciado una investigación para dirimir jurídicamente las responsabilidades de la crisis. Comienzan las detenciones de varios banqueros y altos ejecutivos. La Interpol dicta una orden, y todos los banqueros implicados, abandonan el país.

En este contexto de crisis, se elige una asamblea para redactar una nueva constitución que recoja las lecciones aprendidas de la crisis y que sustituya a la actual, una copia de la constitución danesa. Para ello, se recurre directamente al pueblo soberano. Se eligen 25 ciudadanos sin filiación política de los 522 que se han presentado a las candidaturas, para lo cual sólo era necesario ser mayor de edad y tener el apoyo de 30 personas. La asamblea constitucional comenzará su trabajo en febrero de 2011 y presentará un proyecto de carta magna a partir de las recomendaciones consensuadas en distintas asambleas que se celebrarán por todo el país. Deberá ser aprobada por el actual Parlamento y por el que se constituya tras las próximas elecciones legislativas.

Esta es la breve historia de la Revolución Islandesa: dimisión de todo un gobierno en bloque, nacionalización de la banca, referéndum para que el pueblo decida sobre las decisiones económicas trascendentales, encarcelación de responsables de la crisis y reescritura de la constitución por los ciudadanos.
¿Se nos ha hablado de esto en los medios de comunicación europeos?
¿Se ha comentado en las tertulias políticas radiofónicas?
¿Se han visto imágenes de los hechos por la TV? Claro que no.


El pueblo islandés ha sabido dar una lección a toda Europa, plantándole cara al sistema y dando una lección de democracia al resto del mundo.

Ahora quieren entrar en Europa, pero ¿no podríamos ser todos islandeses?"